Economía

Días de capitalismo recargado20.07.2017

¡Precariados del mundo, desuníos!

Crece la flexibilización de la relación entre capital y trabajo ¿Se acuerda cuando decían que el Estado no debía intervenir en la economía? Como ya pasó en países de economías capitalistas centrales, el Gobierno Macri avanza en su “cambio cultural” que tiene un capítulo central en la aniquilación de la conciencia de clase.

La profundización de la flexibilización de las relaciones laborales ya es un hecho que, entre otras cosas, fomentan las políticas del gobierno nacional. Así se desprende de un informe de la Universidad de San Martín (UnSam) que muestra la presencia de un rotundo deterioro en las condiciones de empleo en relación de dependencia y un preocupante crecimiento del trabajo por contratos temporarios.

La cosa es clara: se está precarizando el mercado laboral, tal como lo revela el Boletín de Coyuntura Sociolaboral del Centro de Estudios del Trabajo y el Desarrollo de la UnSam que advierte que el cambio de perfil que se verifica en el mercado laboral argentino atenta contra los derechos laborales, el acceso a la protección social y la capacidad de agremiación.

Todo, como consecuencia de una creciente precarización que, además, provoca serias incertidumbres en las personas a la hora de planificar su propio futuro.

El informe da cuenta de que “el análisis de las series de empleo y actividad económica, evidencia que el modelo económico vigente redujo el empleo registrado durante la fase contractiva, mientras que, durante la incipiente etapa de recuperación, creó una menor cantidad de puestos” y explica que “la tasa de desocupación actual es la más elevada de los últimos diez años y los niveles de precariedad laboral entre la población ocupada van en aumento”.

Asimismo, plantea datos inquietantes acerca de la evolución de los indicadores socioeconómicos y laborales que dejó el semestre inicial de 2017 y, en esta dirección, explica que el impacto de las políticas establecidas desde diciembre de 2015, alteró la organización de la vida cotidiana de los sectores de ingresos medios y bajos, ya que significó un golpe terrible sobre estos espacios de población, así como para las pymes.

Y advierte que hay “un virtual estancamiento del empleo asalariado en empresas privadas y un crecimiento en la participación de las modalidades contractuales con menos beneficios laborales”. Esto es precarización laboral, por lo que “la totalidad de la expansión del empleo formal durante los últimos meses, se explica por el crecimiento de las modalidades de contratación que cuentan con beneficios laborales acotados, como lo son las contrataciones a plazo fijo y las llevadas a cabo a través de agencias de empleo eventual”.

 

Para desmitificar

Este informe corrobora, una vez más, que queda claro que lejos de ponerse al margen del proceso económico como pretende el discurso neoliberal, también ahora y en Argentina, el Gobierno que adscribe a esa ideología, interviene con toda la fuerza que posee el Estado y regula para favorecer el desarrollo de un determinado modelo social.

Para ello utiliza las herramientas que suministra el corpus de leyes propias del Estado Liberal Burgués, que se instrumentan –básicamente- por medio de un Código Penal y la fuerza policial. Todo para defender a la propiedad privada, de aquellos que no la poseen.

Con estas herramientas, el Gobierno Macri avanza en un camino que espera profundizar tras los comicios de medio término. ¿Pero por qué profundizar normas que así como están le permiten al Estado Liberal Burgués regular en favor del capital y en detrimento del trabajo?

Tras el breve interregno abierto con la finalización de la Segunda Guerra Mundial, el capitalismo ingresó en su Segunda Crisis de Larga Duración. El fracaso del modelo de trabajo fordista en las economías capitalistas desarrolladas, ubica el principio de un momento caracterizado -entre otras cosas- por una acelerada carrera hacia adelante en la que quienes poseen el capital concentrado necesitan avanzar vertiginosamente en un proceso de mayor concentración de poder y maximización de ganancias. Pero también de búsqueda de legitimación.

En este contexto global, entre las tareas en las que se avanzó rápidamente, está la imposición de aquello que el Gobierno Cambiemos y su massmeedia asociada denomina “cambio cultural”. Provocar este “cambio cultural” es un objetivo que tiene muchos capítulos, pero uno de ellos –y central- es aquel que persigue aniquilar la conciencia de clase.

Es que la conciencia de clase es la punta de hilo de un ovillo en el que, con sólo tirar un poco, podemos descubrir una construcción atávica y un desarrollo histórico basados en la solidaridad como mecanismo organizativo de resistencia hacia las injusticias, pero asimismo como práctica de apoyo mutuo y acción colectiva por parte de las clases subalternas ante el ataque de aquellas dominantes.

Esto quiere decir que a partir de esta dinámica de acción colectiva, también se modificó la percepción entre pares y respecto a otras clases antagónicas.

Por eso es que en esta etapa, los ganadores del capitalismo ponen tanto énfasis a la hora de generar condiciones capaces de favorecer la transformación de proletariado en precariado. Esto no es una locura, en los países de economías capitalistas avanzadas ya se dieron pasos preocupantes en la obtención de este objetivo.

Por eso, el Gobierno Macri insiste en la tarea de avanzar en la revisión de la relación entre capital y trabajo, fácticamente y por medio de ese “cambio cultural” que necesariamente deberá apuntalarse en un cuerpo de leyes que garanticen condiciones para que, tal como ya está pasando en Europa y EE.UU, se naturalice el desempleo, la flexibilización y la precariedad prolongada en el tiempo, acompañada de una baja en el nivel salarial y una profunda incertidumbre que ensombrezca todo el universo del trabajo.

¿Pero por qué? Para responder a esta pregunta es prudente volver algunos párrafos atrás y recordar esto del neoliberalismo y su carácter intervencionista en un Estado Liberal Burgués absolutamente permeable a que esto suceda.

Entre las premisas del Estado Liberal Burgués está garantiza a rajatabla la propiedad privada. Esto lo hace –e hizo- con gobiernos de derecha o con aquellos que pretendían propiciar el advenimiento de “un capitalismo bueno”.

Pero lo cierto, es que en la actual etapa del desarrollo capitalista, inmersa a escala global en su Segunda Gran Crisis de Larga Duración, un papel medular de quien administra el aparato del Estado Liberal Burgués, es asegurar que la renta estatal transmute en capital financiero que garantice la prosecución de la ronda de concentración y apropiación de recursos naturales, intelectuales y simbólicos.

De ahí que el Estado Liberal Burgués, en tándem con las corporaciones, regule por medio de la legislación para garantizarle la maximización de ganancias. Y, en la otra cara de la moneda, también regule, esta vez avanzando en normas que desestimen –y hasta impidan- cualquier tipo de asociación entre integrantes de las clases subalternas. Es decir, trabajar para que el proletariado se convierta en precariado.

“La lucha de clases existe, pero la estamos haciendo nosotros los ricos”, dijo con impune sinceridad, el estadounidense Warren Buffett, uno de los hombres más poderosos del planeta cuya fortuna asciende –según la revista Forbes- a 75.600 millones de dólares.

Un escenario atravesado por la desindustrialización y la deslocalización, robotización y empresas en red, así como la asociación corporativa que por medio de la terciarización favorece la flexibilización, configura un panorama que plantea a los trabajadores incertidumbre y fragmentación.

De ahí que una parte importante de la tarea sea resistir y reconstruir un imaginario social de clase, así como desmitificar aquello que se pretende presentar como atributo sacralizado del capitalismo. Porque todavía queda por ver si, como desliza Buffett, este será el final de la historia.

Crisis alimentaria en el país 18.07.2017

Hambre en el supermercado del mundo

El conurbano bonaerense, Santa Fe y Bahía Blanca son algunos ejemplos del efecto “metástasis” que las medidas del gobierno tienen sobre el tejido social. Mientras, en La Rosada, se preocupan por los índices que publican los diarios y cambian la metodología para medir la inflación.

La profundización del proyecto económico-social de la derecha, cuyo objetivo es el rediseño de la estructura productiva del país, tiene entre sus consecuencias más graves los problemas alimentarios que se corresponden al incremento de la pobreza y la indigencia por un lado y, por el otro, a la agudización de un modelo productivo basado en el monocultivo y la agroexportación.

Si una mala alimentación condiciona la calidad de vida de las personas, la falta de un plato de comida coloca el problema en una dimensión que, en vastas regiones del país, se traduce en una situación de crisis humanitaria con precedentes similares a la de 2001. Como en aquella época, no hay que ir muy lejos de la Ciudad de Buenos Aires ni alejarse de los centros urbanos para ver las consecuencias. El conurbano bonaerense, Santa Fe y Bahía Blanca son algunos ejemplos claros del efecto “metástasis” que las medidas del gobierno tiene sobre el tejido social.

Mientras el gobierno nacional está preocupado por los índices que se publican los diarios y cambió la metodología para medir la inflación. De esta manera, recurriendo a modificaciones técnicas en el registro y medición de los precios de los productos de la canasta básica, el Indec que conduce Jorge Todesca busca acercarse a la meta de inflación estipulada por el Banco Central en un 17 por ciento.

¿A qué se debe ésta modificación a mitad de año? A que el gobierno sabe que los números no le cierran por ningún lado. Los aumentos de fines de junio, marcados por una devaluación del siete por ciento, convencieron hasta a los más obsecuentes de que la meta inflacionaria sería rápidamente rebasada. Sin embargo, por más que la administración Cambiemos haga esfuerzos para evitarlo, el deterioro del nivel de vida es algo que se ve día a día. La pérdida del poder adquisitivo del salario, el crecimiento del desempleo y la destrucción del mercado interno está provocando una crisis social en todo el país, la cual, se sabe dónde y cómo empieza pero no dónde y cómo termina. Es allí donde el recuerdo vivo del 2001 se hace carne en millones de trabajadores que comienzan a ver escenas de una película que a esta altura resulta conocida.

Este es el escenario cotidiano en el que los dirigentes comunistas despliegan su labor política, social y sindical para hacer frente a las consecuencias del proyecto económico de la derecha. Bahía Blanca, La Plata, Almirante Brown y Santa Fe son algunas de las grandes ciudades del país que sufren a diario el desempleo, la pobreza y la indigencia.

 

Encima, tarifazos

Los tarifazos sobre los servicios públicos y el aumento incesante en el precio de alimentos y bebidas son algunos de los fenómenos que ayudaron a que, en apenas un año y medio de gestión macrista, la cuestión alimentaria sea uno de los problemas más importantes para millones de personas en todo el territorio nacional.

Para Rubén Sala, Secretario del PC de Santa Fe y candidato a concejal, “hay un sector grande de la sociedad que venía tambaleando hace dos años y hoy quedó definitivamente sumergido en la pobreza”. Como siempre, “el sector que cae primero es aquel que se encuentra precarizado y que cualquier variación de precios le implica no poder acceder a una alimentación mínima, ni siquiera adecuada”. El candidato, no dudo en afirmar que “esta situación llego a los sectores populares y más desprotegidos de la sociedad”.

En este marco, se da una particularidad: “esta situación que se está viviendo no solamente es por falta del empleo formal, sino que cuando aumenta los servicios, uno de los sector que más trabajo genera, como es la clase media, deja de contratar al pintor, al jardinero, etc., por lo que comienza a crecer la desocupación y la marginación”.

Todas estas son cosas que afectan la alimentación diaria de los sectores populares. Por eso, en Almirante Brown, zona sur del conurbano bonaerense, “los merendero y comedores están creciendo por todos lados”. Quien lo cuenta es Jairo Corbalán, integrante de la lista Violeta del Suteba de la localidad y referente barrial de la CoNaT y del MTL.

Por ello, Jairo junto a un grupo de vecinos impulsó la creación de una pizzería comunitaria y un merendero: “lo hacemos con la ayuda de los vecinos y las panaderías de la zona” comentó y enfatizó que “ahora al merendero no solamente vienen los chicos sino sus familias”. Y explicó: “somos los movimientos sociales lo que estamos generando las herramientas para articular a los vecinos para salir de la crisis junto al resto de la comunidad”.

La situación que se vive en Santa Fe y Almirante Brown no es ajena a Bahía Blanca, la segunda ciudad con mayor índice de desempleo del país detrás de Mar del Plata. Para Guillermo Memo Colantuono, titular del PC bahiense, lo que estamos viviendo son “las consecuencias de un proyecto político de dominación”, el cual, se caracteriza por “la profundización del sistema capitalista que, en momentos de crisis, redunda en mayor represión”. La implementación de políticas neoliberales, traen consigo “un gran deterioro de las condiciones de vida de la población”. Entre los factores más determinantes se cuentan la pérdida del poder adquisitivo y el incremento de alimentos, lo cual, “hace estragos en las familias de trabajadores, no solamente en la alimentación sino en la salud de la población”.

 

El drama de no comer

Corbalán no dudó en afirmar que “cuando aumenta la carestía de la vida nada importa más que un plato de comida diario”. Esto, hace que “en la actualidad haya personas que diario tienen que decidir entre comer o pagar los servicios, comer o tomar un colectivo para ir a buscar trabajo”. El panorama extremo que configuran las políticas económicas del gobierno, “hace que se generen mejores condiciones para que los patrones comiencen a recortar derechos, ya que el trabajo escasea y se hace cualquier cosa a cambio de un salario que permita alimentar a la familia”.

En esa dirección, el candidato santafesino remarcó que “cuando hay niños en la familia la situación es dramática” y explicó que “la alimentación de una persona en la niñez es un elemento que condiciona de por vida su desarrollo como persona” por lo que “además de satisfacer una necesidad primaria se trata del futuro de nuestras generaciones”.

Es que más que el futuro, los niños y niñas son el presente de nuestro país. Pero el modelo de sociedad que aspira a consolidar el gobierno los excluye: según Unicef, en Argentina hay más de cinco millones y medios de menores de edad sumergidos en la pobreza y un millón y medio pasa hambre a diario.

Las cifras son contundentes. Al respecto, Memo Colantuono puntualizó que “con el hambre aparecen los problemas de concentración para estudiar y las enfermedades por falta de nutrientes elementales para el desarrollo de las personas ya que no se ingieren las calorías necesarias para crecer sanamente”.

El cinismo de la ceocracia que administra el Estado no tiene parangón. “Hambre cero” fue uno de los slogans de campaña con la que Durán Barba busco humanizar a una lista de candidatos que, por su procedencia de clase, estaba claro que venían a saquear el Estado a costa de millones de personas.

En idéntica dirección, Sala remarcó que “uno de los problemas que se derivan de la crisis alimentaria es el mal desarrollo físico y mental de los niños” y abogó por un tipo de sociedad en la que “el acceso a un plato de comida y a la práctica deportiva sea un derecho de todas las personas”.

En sintonía con Colantuono y Sala, el dirigente de Suteba Brown, Jairo Corbalán, enfatizó que “desde lo biológico sabemos que hasta los cinco años de vida, los niños deben tener una buena alimentación e ingerir todos los nutrientes, porque si no, tendrá repercusiones en su rendimiento intelectual y físico a lo largo de su vida”.

Pese a esta realidad que sacude día a día a millones de personas, el gobierno nacional insiste con campañas de marketing en medios de comunicación y redes sociales porque, si hay hambre, que no se note.

Imagen del cambio 18.07.2017

Cuando ahorrar no es una opción

Extensas colas para acceder a un beneficio bancario en un supermercado dejó expuesto, una vez más, la profunda crisis económica y social que se vive en el país. Esta vez, fue en La Plata.

Una promoción bancaria en La Plata, difícil de desestimar en tiempos de crisis, provocó una serie de imágenes y situaciones propias de un país en el que el acceso a los productos de la canasta básica es un verdadero privilegio para gran parte de la población.

El Banco Provincia, dependiente de la gobernadora María Eugenia Vidal, lanzó una nueva etapa de descuentos bancarios para compras en supermercados y mayoristas. Si en junio había sido el turno de Coto, en julio las promociones de 50 por ciento de descuento por compra llegaron a Nina, uno de los supermercados mayoristas más importantes de La Plata.

Si la primera imagen del día fue el de una fila que por la madrugada alcanzaba las 8 cuadras de extensión, porque nadie se podía perder los descuentos, a la noche la jornada terminó con miles de clientes secuestrados al interior del local. Es que la gerencia comercial del supermercado cerró sus puertas para “evitar” que el caos sea mayor, ya que con el correr de las horas eran cientos las personas que pugnaban por entrar y acceder a los descuentos.

“Mientras los medios oficialistas buscaron caracterizar la situación como un furor o fiebre de consumo, en realidad se trató de un exponente de la grave crisis social que se vive en el país y La Plata”, afirmó Gastón Varesi, secretario del PC platense.

El dirigente no dudó en afirmar que “lo que revelan las infinitas cuadras de cola, que se extendieron por más de cuatro horas para entrar y otras tantas para salir, es el deterioro del poder adquisitivo del salario de sectores medios de la sociedad platense que hoy se están empobreciendo muy rápido”.

Esto es consecuencia de “del proceso inflacionario más alto de los últimos quince años”, el cual, se ve combinado con “paritarias muy por debajo”. Así las cosas, “estamos asistiendo a una pauperización de los trabajadores y sectores medios, mientras que parte de los mismos está cayendo en el desempleo y ni siquiera tienen la posibilidad de acceder a ahorrar con una gran compra a principio de mes, por la falta de ingresos”.

Varesi remarcó que “un signo claro de la época y el proyecto económico que se está implementando en el país es que alimentación es uno de los rubros que más aumentos registró en lo que va del año”. Esto, “es culpa de las políticas de Cambiemos, de la devaluación, la baja de retenciones y la eliminación de cupos a la exportación, mientras se pone un cepo al salario y no se protegen los puestos de trabajo”.

Para salir de esta situación, remarcó el titular del PC platense, “son bienvenidos los paliativos –como comedores, merenderos y demás- pero lo que se necesita es un giro de ciento ochenta grados en las políticas públicas, aplicando medidas contrapuestas a los intereses concentrados que defiende el macrismo”.

 

Palabra autorizada 18.07.2017

Una dieta de la pobreza

La falta de recursos hace que, las personas que se pueden alimentar, lo hagan mal, lo que produce problemas crónicos y severos como obesidad, diabetes e hipertensión, incluso, en etapas muy tempranas como la niñez.

Qué el tipo de alimentación de una familia está determinado por sus condiciones materiales de existencia es una verdad de Perogrullo que ni el más liberal de los economistas negaría. Salvo los que toman como propios los principios del darwinismo social, nadie se podría oponer a consignas como “hambre cero”. Un claro ejemplo de ello es que, el gobierno que hizo campaña con ese slogan, es el máximo responsable de que la crisis alimentaria sea, nuevamente, un problema de millones de personas en el país.

Las diferencias estructurales existentes en la estructura productiva del país, sumado a las condiciones que impone una sociedad capitalista como la nuestra, hizo que los problemas alimentarios se registren en toda la historia argentina, independientemente de la política económica del gobierno de turno. Pero, hay modelos económicos que reducen el problema alimentario a casos focalizados y otros, como el actual, que la generalizan. Nadie duda que en la actualidad, nuestro país se encuentre sumergido en una enorme crisis alimentaria.

Al respecto Miriam Kita Gorban, licenciada en Nutrición y dirigente histórica del Partido Comunista de la provincia de Buenos Aires, remarcó que “en una situación como la que estamos viviendo, la gente comienza a alimentarse con los que es más barato”. Este tipo de dieta, “se basa en los azucares y las harinas”. De este tipo de alimentación se derivan problemas severos como “la obesidad de la pobreza, enfermedades crónicas no trasmisibles como la diabetes y la hipertensión, entre otras”.

Mientras, “los alimentos que más necesitamos, como carnes, frutas, verduras fresca y lácteos” son los más caros. “En los últimos meses los incrementos más sensibles se registran entre estos artículos que deberían componer la canasta básica de cualquier persona”.

Esto hace que los trabajadores “no puedan tener acceso a una alimentación saludable”. Lo que sucede en la actualidad es que “los alimentos orgánicos son para exportar, son para los ricos y nosotros comemos alimentos de segunda, para los pobres, porque la gente se mantiene a mate con azúcar”.

La especialista destacó que “el mate es un estimulante y la azúcar aporta calorías y así estamos, sin nutrientes y con anemias”. Este tipo de alimentación es la que explica que “estamos registrando un cuarenta por ciento obesidad infantil en el país y aparecen problemas de hipertensión y de colesterol alto en los niños”.

Al respecto, comentó que “recientemente estuve en Corrientes y ahí me entero que están operando a chicos de nueve años de piedras en la vesícula, algo que era de gente mayor, eso es por la comida chatarra y barata”.

Para la especialista, de lo que se trata es de “cuestionar el modelo productivo, que es la capitalismo salvaje acá y en el mundo entero, pero nos vendieron el verso de que hay una sola forma de producir que es la de los agrotóxicos”. En ese sentido, exclamó que “no es cierto que la única manera de trabajar la tierra sea con estos productos químicos altamente nocivos” y detalló que “trabajamos por una agroecología y planteamos que hay que subsidiar a los agricultores familiares que son los llevan el setenta por ciento de la comida que llega a nuestra mesa, no son los sojeros”.

Por último, dejó en claro que “el costo de los alimentos esta manejado por los grandes monopolios que tenemos en la industria alimentaria” y enumeró: “ellos son Molinos, Nestle, Arcor y Kraff, son las que concentran la mayor parte de los alimentos que están en las góndolas de los supermercados; y mientras este problema exista y no se meta la mano en los monopolios no hay control en los precios”, fustigó.

Mejora la calificación Argentina 17.07.2017

¿Un salto hacia el mundo?

La Property Rights Alliance le hizo un mimo al Gobierno Macri. Este grupo de lobby con sede en Washington vino a Buenos Aires para avalar sus avances en la protección de los derechos de propiedad ¿De qué tipo de propiedad hablará?

“El respeto a los derechos de propiedad alienta el crecimiento económico y el desarrollo de la sociedad, ya que los derechos de propiedad alientan la innovación y son el mecanismo más eficaz para garantizar los derechos y libertades civiles”, dijo Sara Levy-Carciente y añadió que “los derechos a la propiedad privada terminan siendo una protección a las libertades individuales”, por lo que “la importancia de los derechos de propiedad van más allá de la propiedad de las cosas. Se relaciona con la defensa de la libertad personal y la promoción de la prosperidad”.

¿Pero quién es la autora de esta verdadera declaración de principios? Levy-Carciente representa a la Property Rights Alliance (Alianza de Derechos de Propiedad), un think tank cuya sede está en Washington y tiene como objeto “proteger los derechos de propiedad física e intelectual a nivel internacional”.

La Alianza de Derechos de Propiedad y la Fundación Libertad y Progreso dieron a conocer los resultados del Indice Internacional de Derecho de Propiedad 2017 (Ipri) y, para ello, Levy-Carciente viajó a nuestro país acompañada por Lorenzo Montanari. Aquí desde el canal de televisión online Agrositio, ambos lo presentaron para todo el planeta y dieron la buena nueva: Argentina mejoró su puntuación en respeto al derecho de propiedad.

Vale citar que el Ipri en el que Argentina acaba de subir del puesto 106 al 97, es un indicador producido anualmente por el grupo de lobby Americans for Tax Reform que otorga un puntaje de diez para los “países más respetuosos del derecho de propiedad” y cero en el caso de los que considera menos respetuosos. Nuestro país mejoró 0,45 puntos, lo que le permitió saltar de 4,12 a 4,57.

Para los autores del Ipri, Argentina mejoró en lo que va del año en independencia judicial, seguridad jurídica, estabilidad política, control de corrupción y acceso al crédito, algo que –explica- constituyen datos fundamentales para atraer “inversiones extranjeras”.

Entre otros, en la lista de quienes consultan este índice están The Economist, Financial Times y Forbes, a quienes se suman organismos como el Banco Mundial, la Ocde y el FMI.

“La defensa de los derechos de propiedad no es una bandera de los empresarios y los ricos. Afecta profundamente a los más pobres”, recalcó Levy-Carciente durante el lanzamiento, al tiempo que otro de los presentes, el integrante de Libertad y Progreso, Marcos Hilding Ohlsson, complementó: “la falta de respeto al derecho de propiedad afecta primero que nada a los más pobres”.

 

Mensaje

El mensaje que deja el informe es claro, tanto como lo es el mensajero. Argentina mejoró y supera a Venezuela pero está peor que Chile, lo que en sí muestra una hoja de ruta que el Gobierno está dispuesto a recorrer.

¿Pero de qué se habla cuando se habla de propiedad? ¿Existe un sólo tipo de propiedad? Está claro que cuando desde estos voceros del poder real se habla de propiedad, se desestima cualquier forma –como la comunal y la social- que escape a la que se consolidó y profundizó como resultado del proceso que gestó el advenimiento del Estado Liberal Burgués.

Así, con la victoria de las revoluciones políticas de los siglos 18 y 19, la burguesía avanzó en transformaciones que construyeron un tipo de Estado acorde a las necesidades de la minoría propietaria.

Desde entonces consolida un relato basado en un concepto de la propiedad que se pretende universal, pero que no es otra cosa que una forma de legitimar el orden social existente.

Así, para asegurar sus intereses, para garantizar que los no propietarios respeten a la propiedad privada y el uso que de ella haga, la minoría propietaria construye una relación simbiótica con el Estado.

De este maridaje nace el código penal que persigue cualquier intento por cuestionar este derecho de propiedad y el orden económico que de él deviene. Para hacerlo cumplir, legislación y la fuerza policial, al tiempo que se establece un registro de la propiedad y todo un aparato burocrático estatal.

De esta forma se consolida la preeminencia de la gran propiedad individual sobre la colectiva que encuentra su modelo en el sistema político de los países capitalistas centrales que se promueven como garantistas del derecho a la propiedad privada que homologan con libertad individual, crecimiento y bienestar.

Los ganadores del largo proceso que asegura el derecho de propiedad para pocos, señalan como dogma de progreso a la correlación de fuerzas establecido que no es otro que el que permite ese estado de cosas.

Es que la trampa está en hablar de derecho de propiedad, cuando, en realidad, debería hablarse de derecho a la propiedad. La contradicción entre estos conceptos ya estuvo presente en los albores de la Revolución Francesa y su resolución regresiva exhibe las limitaciones estructurales del Estado Liberal Burgués que devino de ella.

Este diseño basado en la inmutabilidad del derecho de propiedad asociado arbitrariamente a libertad individual y progreso material, pone como condición -tal como lo señala la Property Rights Alliance- el cumplimiento de tópicos como independencia judicial y seguridad jurídica, pero en realidad lo que busca es legitimar un orden existente y resguardar sus intereses de clase que consagran los derechos de propiedad por encima de los del resto de la sociedad.

Para conseguirlo, cuenta con la “seguridad jurídica” que le brinda un marco legal definido a partir de sus propios intereses de clase y, si es cuestionado, puede contar don el órgano de Poder Judicial que, merced a su independencia “corregirá” cualquier distorsión.

Es que el derecho de propiedad implicó un proceso de apropiación de bienes y derechos que, una vez privatizados, se rigen por una dinámica mercantil que sólo busca la maximización de la ganancias de pocos.

La buena noticia es que se trata de procesos dinámicos que se transforman como resultado de correlaciones de fuerzas determinadas que pueden variar. De ahí que aunque prevalece la dinámica de privatización-mercantilización, las propias características del proceso de acumulación capitalista puedan coadyuvar a la generación de condiciones para la desmercantilización. En todo caso, se trata de un escenario en el que es preciso acumular fuerzas, pero asimismo comprender que es posible desarrollar formas de producir trabajo y riqueza diferentes a la que plantea –de una manera sacralizada- la relación entre corporación y Estado Liberal Burgués y que para ello se puede comenzar por revalidar formas de organización del trabajo y autogestionadas que vehiculicen el uso colectiva de recursos.

¿Propiedad mata trabajo? 17.07.2017

Preguntale a PepsiCo

Estado Liberal Burgués y corporación, una relación simbiótica al servicio de los poderosos y el orden social imprescindible para su reproducción.

¿Pero entonces la defensa a ultranza de los “derechos de propiedad”, deben ser considerados una bandera de los pobres? La desmentida a la aseveración de Levy-Carciente y Hilding Ohlsson tiene una procedencia inesperada. La semana pasada cuando dispuso que un impresionante operativo policial desalojara la planta que PepsiCo posee en Florida, la titular del Juzgado de Garantías de San Isidro, Andrea Rodríguez Mentasty, decidió priorizar el derecho a la propiedad de la patronal por encima de aquel que, a trabajar, intentaban hacer prevalecer los operarios.

Durante 2016, PepsiCo Argentina facturó 4.800 millones de pesos, un 26 por ciento más que en 2015, lo de que de acuerdo a datos que publica la revista Mercado, la coloca dentro del selecto ranking de las empresas instaladas en Argentina con mayor facturación.

Este caso no es el único y es elocuente para desenmascarar otra falacia a la que, recurrentemente, echa mano el discurso liberal. Sí, también en su versión liberal burguesa, el Estado se inmiscuye, lo que echa por tierra la máxima que señala que el Estado no debe intervenir porque la economía sólo tiene que ser regulada por el mercado. Si alguien creyera lo contrario, ahí está el ejemplo de PepsiCo: dos órganos de poder del Estado intervinieron y lo hicieron con contundencia.

Queda claro que el compromiso y la actitud activa del Estado con la consolidación de la propiedad privada fue desde el inicio –y sigue siéndolo- determinante.

Así, lejos de limitarse a despejar el camino para todos puedan disfrutar del uso de la propiedad, regula para obturar cualquier posibilidad de que las clases subalternas cuestiones y, mucho menos, pongan en peligro el orden establecido a partir de la propiedad.

 

Pérdidas y beneficios

La cosa es clara, el mercado necesita del Estado que en su versión liberal-burguesa mantiene y protege a la propiedad privada para lo que, si lo necesita, apela a la violencia. Es que así regula el orden social y permite su reproducción.

Para esto también es central el papel que tiene el derecho que lleva una marca de clase y, por eso, protege el proceso de acumulación de capital, ya que –hay que insistir en esto- Estado Liberal Burgués y corporaciones mantienen una relación simbiótica en la que el mercado garantiza la acumulación y valorización del capital.

Así, socializa perdidas y privatiza los beneficios en un contexto en el que la propia forma jurídica le facilita la tarea, porque hablar de capitalismo es hablar de capital que es –por sobre todas las cosas- una forma de relación social, basada en la propiedad privada de los medios de producción.

Un sistema sustentado en la desigualdad y la explotación de unos seres humanos por otros, sólo tiene una posibilidad de perpetuarse: reparte caramelos o palos y sus propias contradicciones lo llevan –cada vez más- a la necesidad de echar mano a la segunda opción. Por eso y en forma creciente, el Estado Liberal Burgués renuncia a porciones de legitimidad y profundiza el uso de la violencia.

“El gobierno civil, en tanto que fue instituido para la seguridad de la propiedad, ha sido instituido para la defensa de los ricos contra los pobres o de aquellos que tienen propiedad contra los que no tienen nada”, dijo el padre del liberalismo, Adam Smith, y un siglo y medio después está claro que no se equivocaba.

 

Crisis social en la Ciudad 17.07.2017

Invierno sin techo

Al calor del negocio inmobiliario crece también la cantidad de inquilinos y de personas en situación de calle, las cuales, que quedan expuestas a temperaturas bajo cero como las de ayer. Mientras, el gobierno porteño incumple con una ley sancionada en 2010 que lo obliga a tomar cartas en el asunto.

“Basta de proletarios, tiene que haber más propietarios” vociferó como funcionaria de Carlos Menem, la ex titular del Banco Hipotecario, Adelina Inés Dalesio de Viola, cuadro dirigente de las clases dominantes formada en la UCeDé.

De proletarios a propietarios fue el sueño húmedo con el que el menemismo quiso conquistar a una “clase media” que, tras el retorno a la democracia y la debacle económica alfonsinita, seguía proyectando su futuro de acuerdo a las aspiraciones de su par europea y estadounidense, al tiempo que alimentaba así mito fundacional de fracción “protagónica” en la historia argentina.

Pero el transcurso de los años y las consecuencias del proyecto-económico social que le había permitido “pensar en grande” durante los noventa, culminó con la crisis económica más severa que recuerde nuestro país y un estallido social que dejó decenas de muertos en Plaza de Mayo. A casi treinta años del primer gobierno menemista, no sólo los trabajadores asalariados no se convirtieron en propietarios sino que, tal como lo indica un informe de la Subsecretaría de Fortalecimiento Familiar y Comunitario de la Ciudad de Buenos Aires, creció el número de personas que viven en la calle.

Los datos publicados por el ente gubernamental porteño no hace más que confirmar una realidad que salta a la vista con tan solo recorrer las calles de barrios como Constitución, Balvanera, San Cristóbal, La Boca, Congreso, Once, Almagro, Flores, Parque Patricios y Pompeya, sólo para nombrar algunos de los barrios que, en sus calles, albergan a familias enteras que debido a las medidas económicas del macrismo, ya no puede pagar un alquiler o una pieza de pensión.

En apenas siete meses hay 600 personas más que pasan sus días y noche al intemperie. Hace un mes, con la primera ola de frío del invierno porteño, una persona murió por hipotermia en Plaza Houssay, frente a la Facultad de Medicina. Vaya paradoja, la facultad pública que instruyó al Premio Nobel cuya plaza lleva su nombre en homenaje al médico que realizó importantes aportes al estudio de la diabetes en el mundo, fue testigo de uno de los dramas más notorios de la Ciudad: la falta de un techo digno para cientos de personas que, en la Meca del negocio inmobiliario, no tienen si quiera donde guarecerse ante las bajas temperaturas invernales.

Para ser claros, la presencia del Estado macrista ante esta problemática es bien fuerte pero al revés de lo que toda lógica indicaría. Por qué, si por un lado propicia y permite el negocio inmobiliario, por el otro desconoce la ley 3.706 que obliga al gobierno porteño a realizar relevamientos anuales de personas en situación de calle y, a partir de esos datos, a brindar soluciones políticas para paliar la situación. Esta fue la situación que llevó a que más de cuarenta organizaciones de la Ciudad realizaran el “Primer Censo Popular de Personas en Situación de Calle”, el cual será presentado el miércoles en conferencia de prensa.

 

Problema estructural

La problemática del alquiler es estructural tanto en la región metropolitana como en los grandes centros urbanos del país. En la Ciudad de Buenos Aires ya hay más inquilinos que propietarios. Mientras los alquileres y las expensas se disparan con aumentos de hasta un 60 por ciento y la inflación de los productos de la canasta básica no para de crecer. En ese marco, el PRO consolida su perfil neoliberal donde la lógica ciudad-empresa domina la gestión de Larreta. De esta manera el gobierno local, con el apoyo de La Rosada, desarrolla una habilidad novedosa de intervención sobre el espacio público: impulsar negocios privados allí donde hay una necesidad.

Así las cosas, los brotes verdes en la ciudad crecen en forma de ladrillos y son sólo para unos pocos. Si el acceso a la vivienda digna es desde hace décadas uno de los problemas estructurales más serios que afecta a los trabajadores, desde la implementación de las medidas económicas impulsadas por el macrismo, la situación se agravó sensiblemente.

Como muestra de ello, mientras las cámaras de propietarios exigen a los inquilinos aumentos de hasta el 60% para la renovación de los contratos de alquiler, se profundiza una tendencia: al ritmo que crece el déficit habitacional, aumenta la construcción de edificios nuevos y la rentabilidad del negocio inmobiliario. Lo que es ganancia para unos, los mismos de siempre es pura pérdida.

En la Argentina alrededor de tres millones y medio de personas viven en condiciones inhumanas, hacinadas, en zonas no aptas para el hábitat -donde escasea el acceso a los servicios públicos básicos como red cloacal, agua, luz, gas- y en viviendas precarias que ponen en peligro la integridad física de sus residentes. En su gran mayoría, se trata de viviendas que son alquiladas u ocupadas por trabajadores de bajos ingresos, trabajadores informales, estudiantes e incluso jóvenes profesionales.

Como contrapartida a este proceso, los grupos económicos vinculados a la construcción –Irsa, Roggio o Calcaterra- aumentan sus dividendos gracias a las facilidades que otorga el modelo económico del gobierno: blanqueo de capitales, exenciones impositivas, cesión de terrenos fiscales y mega-proyectos de “urbanización” como los de la Villa 31 que no son más que arreglos cosméticos pagados como obras colosales.

 

Alquilar, una utopía

A partir de los datos difundidos se desprende una conclusión que por obvia no deja de ser grave. La utopía de la casa propia desapareció para que surja una nueva, que da cuenta del deterioro del nivel de vida de los trabajadores: el del acceso a un techo digno. Si comprar resulta imposible, alquilar es una verdadera utopía.

Para colmo, las condiciones impuestas por inmobiliarias y propietarios a los inquilinos son leoninas y abusivas, exigiendo garantías propietarias en un contexto donde hay cada vez menos dueños o garantías bancarias que tienen un costo que los locatarios tienen que prorratear e incorporar a sus gastos corrientes.

Como si esto no fuera poco, el gobierno tiene cajoneado en Diputados la nueva ley de alquileres, cuya media sanción en Senadores fue alcanzada el año pasado. No sólo el ejecutivo no da señales a sus legisladores para que traten el proyecto sino que, en los hechos, desalienta el debate ¿por qué?

Entre los puntos que favorecen a los inquilinos, el proyecto establece que los aumentos deberán ser siempre anuales y estarán sujetos a un promedio entre la inflación y el progreso de los salarios, evitando así incrementos arbitrarios y abusos tales como los aumentos semestrales y acumulativos. Además fija especialmente que las expensas y los impuestos inmobiliarios deberán ser pagadas por el propietario, cosa que sucede cada vez menos en la práctica.

Palos aquí, palos allá14.07.2017

Es la lógica del capitalismo

¿Por qué el Gobierno quiere establecer un nuevo tipo de relación entre el trabajo y el capital? Miseria, a otros tantos a la persecución y violencia institucional, claves de la existencia del Estado Liberal Burgués.

¿Se acuerdan de la metáfora que usó Prat Gay para referirse a la ecuación que regiría la relación entre trabajo y salario en la Era Cambiemos? “Cada sindicato sabrá dónde le aprieta el zapato y hasta qué punto puede arriesgar salario a cambio de empleo”, había anticipado en enero de 2016 quien era ministro de Hacienda.

Lo de Prat Gay anticipatorio. Durante el primer año de Gobierno Macri el salario perdió alrededor de diez puntos respecto a la inflación, lo que no es un obstáculo para La Rosada insista –y en muchos casos lo haya logrado- en ponerle un techo ridículo a la recomposición salarial en las paritarias.

Pero para garantizar que la brutal transferencia regresiva de riqueza siga perpetrándose, necesita que pueda plasmarse en un cuerpo normativo que avale el Congreso de la Nación.

A la clara señal que dio el ejecutivo con los masivos despidos de trabajadores estatales, que comenzaron apenas se instaló Mauricio Macri en la Casa de Gobierno, el universo del capital respondió con otros despidos y cierres de unidades productivas.

La represión forma parte de este paquete del compromiso gubernamental con el establishment, pero también es una forma de adelantar, en la práctica, de qué habla cuando dice que vino a instaurar un “cambio cultural”.

 

Trabajo vs. Capital

Queda claro que aunque la toma de ganancias siempre es privada, la producción de bienes es social porque la realizamos -en conjunto- todos los trabajadores. Así, lo que es una premisa básica a la lógica del capital, también se presenta como una buena síntesis para explicar el momento que atraviesa la relación entre trabajo y capital en nuestro país donde, como pocas veces, se da un caso en el que la simbiosis entre la corporación y el Estado Liberal Burgués, sea tan evidente como en la que protagoniza el Gobierno Cambiemos.

En este escenario, muchos actores que desde hace varias décadas fagocitan al Estado y diluyen sus rojos entre toda la sociedad –entre los que el Grupo Macri es paradigmático-, están ahora en el Gobierno desde donde hacen lo mismo, sólo que en forma más descarada y grosera.

Es que la corporación, que por definición es una maquinaria especializada en socializar perdidas y privatizar beneficios, cuenta para esto con un contexto amable que le suministra la organización jurídica del Estado Liberal Burgués.

De ahí que el tándem corporativo que ahora está en La Rosada, recorre a paso acelerado el camino de regulaciones que le permitan avanzar -todavía más- sobre el universo del trabajo, es decir, sobre el cuerpo de normas que protegen a los trabajadores de la extrema codicia del capital y establecen derechos que fueron adquiridos merced a años de lucha obrera y popular.

Pero –es bueno aclararlo- el papel regulador del Estado Liberal Burgués nunca es imparcial, por lo que cuando asume el presunto rol de mediador entre trabajo y capital, siempre opera en mayor o menor medida, como facilitador del crimen corporativo, ya que sus regulaciones establecen condiciones que garantizan el proceso de acumulación de beneficio de la corporación.

Entonces, si el cuerpo legal que sostiene –en cualquiera de sus manifestaciones- al Estado Liberal Burgués es una herramienta de poder que brinda garantías para el proceso de acumulación de beneficio corporativo en detrimento de la clase trabajadora ¿por qué el Gobierno quiere establecer un nuevo tipo de relación entre el trabajo y el capital?

La razón reside en que convenios laborales y negociación paritaria son –de alguna forma- expresiones de avanzada que anticipan una sociedad diferente a la capitalista. Para hablar de capitalismo hay que hablar de capital, es decir, de una manera de relación social basada fundamentalmente en conseguir mercancías y garantizar la propiedad privada a costillas de los trabajadores.

Por eso la corporación es una institución central del capitalismo, ya que en su contexto los propietarios acumulan beneficios explotando trabajo humano. La empresa es por definición la herramienta operativa que la clase capitalista pone al servicio de la acumulación. Y, entonces, en un Gobierno de empresarios no se puede esperar otra cosa que la reformulación regresiva del marco normativo de las relaciones entre trabajo y capital que permitan una mayor maximización de ganancias, por supuesto, para el capital.

Sea cual fuere el signo del gobierno, el Estado Liberal Burgués opera como línea de defensa de los propietarios del capital. Desde que asumió Macri, la corporación tiene las manos libres para desplegar todo su potencial criminal, lo que incluye condenar a cientos de miles a la miseria, a otros tantos a la persecución y violencia institucional sólo por ser pobres o, como sucedió en el caso de PepsiCo, por querer defender su propia fuente laboral.

El G20 pasó por Hamburgo 10.07.2017

Flamean banderas de desigualdad

En una ciudad sitiada se redobló el apoyo al libre comercio y la fuerte condena al proteccionismo. May y Macrón cancelaron las reuniones acordadas con Macri que, tras su deslucido paso por la Cumbre, espera repuntar en que el año venidero lo tendrá como anfitrión.

Sin las voces disonantes que se hicieron oír en citas anteriores, con los grandes jugadores haciendo lo suyo y los chicos más convidados de piedra que nunca, se llevó a cabo la cumbre del G-20 celebrada en Hamburgo, con un claro mensaje de apoyo al libre comercio y fuerte condena al proteccionismo.

Nada nuevo adentro ni afuera, donde la ciudad anfitriona fue invadida por un imponente operativo conjunto de fuerzas policiales, militares y de inteligencia de Alemania, Austria, Holanda y EE.UU. que exhibieron nuevas herramientas y tácticas de represión de la protesta popular que no cesó durante las jornadas en las que se celebró el encuentro, lo que dejó un saldo de cuatrocientos detenidos y varias decenas de personas heridas.

Fue la cumbre en la que se vieron las caras –por primera vez en forma oficial- Donald Trump y Vladimir Putin, quienes en la agenda pública de la reunión bilateral que mantuvieron, acordaron poner un paréntesis –habrá que ver cuánto dura- a la confrontación en el sudoeste de Siria, hablaron sobre Ucrania y la necesidad de “luchar contra el terrorismo” y en la de cooperar en asuntos de ciberseguridad.

Pero no fue esta la única cara que mostró EE.UU. “G19”, tituló el diario local Der Spiegel para aludir a la negativa estadounidense de dejar en claro su compromiso con el Acuerdo del Clima, algo que muchos leen como un nuevo desplante de Trump hacia Angela Merkel. Otro desaire de Washington hacia la canciller que, en un año en el que necesita exhibir resultados ante su base electoral, no pudo aprovechar la cita de Hamburgo para establecer un canal de diálogo para descongelar el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones.

Otro de los jugadores fuertes, Xi Jinping, también tuvo su mano a mano con Trump. Muchos gestos de cortesía, nada que decir oficialmente sobre la creciente tensión que suscitó la presencia de un destructor estadounidense en aguas del mar de China Meridional, cerca del archipiélago de las Islas Spratly. Y recriminaciones mutuas por la Península de Corea. Trump quiere que Xi apriete a Pyongyang y el presidente de la República Popular China reitera su oposición al despliegue estadounidense del sistema anti-misiles Terminal de Alta Altitud (Thaad) en la República de Corea.

 

Decepción

Por su parte y pese a los esfuerzos por “insertar a Argentina en el mundo”, la cumbre no fue lo que el gobierno esperaba. Después de que la premier británica, Theresa May y el presidente francés, Emmanuel Macron, cancelaran los encuentros bilaterales agendados con Mauricio Macri, el gobierno tuvo que conformarse con la foto de Juliana Awada junto a Brigitte Macron, la esposa del mandatario galo, paseando por el puerto de Hamburgo, “el segundo más importante de Europa”, según se encargó de aclarar Awada en su cuenta de twitter que reprodujo la revista Gente. Toda una paquetería.

Con quienes sí tuvo bilaterales fue con su par de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, y con los primeros ministros de Singapur, Lee Hsien Loong y de India, Narendra Modi, a quien le dijo que Argentina está deseosa de recibir fábricas indias ¿Será para que reproduzcan aquí las condiciones de explotación que se naturalizan allá?

Lo cierto es que la presencia de Macri en Hamburgo -como la de sus pares de la región, Michel Temer y Enrique Peña Nieto- fue tan devaluada como ajena al tono discordante que supieron tener, en años anteriores, Cristina Fernández, Dilma Rousseff y Luiz Inácio Lula Da Silva.

Sin reproches a las guaridas fiscales ni a la concentración de la riqueza y el desequilibrio norte-sur, esta edición de la Cumbre tuvo un tono monocorde y, en cierto modo, lánguido. Pero también exhibió que con la postura que tienen los actuales gobiernos de Argentina, México y Brasil, estos países son sólo convidados de piedra a una mesa en la que se cocina mucho, pero en la que pocas son las sobras.

Macri viajó a Hamburgo con la meta de obtener posibles acuerdos comerciales que pueda exhibir como “brotes verdes” para Argentina y también para acelerar un arreglo entre el Mercosur y la UE algo que, en los términos con que sueña La Rosada, sería sumamente perjudicial para nuestro país. Pero nada de esto consiguió y se tuvo que contentar con lograr ubicarse en la zona central de la foto porque Argentina ya había sido designada anfitrión de la Cumbre 2018. Encima, no pudo librarse de un nuevo escrache. “Presidente Macri, no vendas nuestra Argentina”, se leyó en alemán, en un cartel exhibido por un numeroso grupo de personas.

Pero, de todos modos, Macri tuvo su tribuna para instar, sin sonrojarse, a que se “vele por el trabajo de calidad, porque nos debe preocupar la gente más vulnerable”, tras lo que convocó a “ser optimistas frente a la globalización”. Asimismo, pasó uno de sus avisos de costumbre al pedir que los países que constituyen este foro se interesen “en las violación de los derechos humanos en Venezuela”.

Y tuvo su touch de gloria en Hamburgo cuando se subió al escenario y, ante una multitud reunida para asistir a un recital de Shakira y Coldplay, aprovechó para invitar a la cantante a asistir a la cita que la cumbre tiene, en 2018, en Buenos Aires, ya que como les anticipó al resto de mandatarios que concurrieron al G20, pueden venir a Argentina “a comer la mejor carne del mundo y bailar tango”.

Lo que dejó la Cumbre 10.07.2017

Una mirada desde Alemania

Desde el DKP se cuestionó a Angela Merkel y a la Cumbre que confeccionó un documento final a la medida de los poderosos. “Los más mediocres compromisos fueron resaltados como avances”, dijo a NP diario de noticias, Günter Pohl.

“La cumbre G20 ha sido un fracaso”, definió desde el Partido Comunista Alemán (DKP), Günter Pohl, y recordó que aquella a quien desde la massmedia dominante titulan “líder del mundo libre”, la canciller, Angela Merkel, “ya fracasó en su intento de acordar con Donald Trump el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones” y, ahora, “no pudo consensuar nada respecto a los problemas calientes que tiene el mundo, entre otros, sobre cambio climático, el creciente número de refugiados y de guerras de intervención imperialista”.

Así, en este contexto, al conversar con Nuestra Propuesta diario de noticias, Pohl hace hincapié en que “los más mediocres compromisos fueron resaltados como avances”, pero “lo único que fue realmente un avance dentro de la Cumbre, fue el acuerdo de una zona de seguridad en el sur de Siria, hecho por Vladimir Putin y Donald Trump”.

Asimismo, el dirigente del DKP fustigó la actitud de “algunos provocadores de los servicios del Estado que, en conjunto con grupos infiltrados de extrema derecha, lograron que jóvenes del llamado ‘bloque negro’, comenzaran a destruir un barrio hamburgués de tradiciones y prácticas de izquierda”.

Y, en tal sentido, recalcó que “son quienes dicen ser anarquistas, pero son unos desesperados que no saben cómo expresar su furor sino con violencia”, algo que “en un mundo de catástrofes cada vez más apremiantes, los lleva, sin querer, a actuar así al servicio de políticos conservadores que inmediatamente piden que se agraven las leyes ‘antiterroristas’, cosa que siempre sucede cuando alguna manifestación de la izquierda termina violentamente”.

Por eso, insistió, “meten provocadores, para así lograr su propósito de influir en la opinión pública, buscando confundir homologando a los neofascistas con la izquierda antifascista”.

 

Documento final

¿Pero cuáles fueron los compromisos plasmados en el documento final de la Cumbre? Al presentar la declaración, Merkel resaltó que “queremos que los mercados permanezcan abiertos”, por lo que “rechazamos el proteccionismo y el comercio injusto”. Y, tras reconocer que los beneficios del comercio internacional “no han llegado a todos”, subrayó que en esta tarea tiene un papel central la Organización Mundial de Comercio (OMC), para trazar las “reglas globales” sobre las que tienen que basarse los intercambios y acuerdos bilaterales. Como no podía ser de otra manera, es sólo más de lo mismo. Pero también le hizo un guiño a Trump cuando, después de rendir pleitesía al libre comercio, habló sobre el derecho a emplear lo que denominó “instrumentos legítimos de defensa comercial”.

El documento, que ampulosamente anuncia que brinda premisas para afrontar “los mayores retos globales económicos y contribuir a la prosperidad”, vuelve a hablar de la necesidad de avanzar “hacia un crecimiento fuerte, sostenible, equilibrado e inclusivo”, al tiempo que incluye acuerdos inherentes a lo sanitario, el combate contra la corrupción, lo financiero, migración y el cambio climático.

La declaración se refiere a la problemática de la migración y los refugiados, pero nada dice de las atrocidades que algunos países europeos y EE.UU. perpetran contra personas migrantes ni de los motivos, provocados por los países capitalistas centrales, que empujan a cientos de miles a emigrar.

También respalda el libre comercio y, por supuesto, nada dice sobre las asimetrías cada vez más marcadas entre el norte y el sur, tras lo que en una verdadera declaración de principios pide que se preserven medidas “monetarias, fiscales y estructurales” para garantizar el crecimiento ¿Adivinen a qué tipo de medidas se refiere? Y en lo que es un verdadero decálogo neoliberal, coloca a la educación como único factor para limar la desigualdad.

Asimismo, se refiere al sistema financiero como si fuera una estructura aséptica carente de ideología y responsabilidad en la situación global. Por eso pide que sea “moderno y justo”, tras lo que insta a acordar estándares internacionales de transparencia para combatir “la corrupción, el fraude fiscal, la financiación del terrorismo y el lavado de dinero”. Nada dice sobre las guaridas fiscales.

Otros puntos interesantes son los inherentes a mujer y violencia de género. Se habla de igualdad y de la necesidad de superar la discriminación, pero sin señalar la contradicción entre este postulado y la presencia de Arabia Saudí en el foro.

Por su lado, en lo relacionado a energía y cambio climático, se coincidió en que es preciso bajar las emisiones de gases contaminantes y de promover las energías limpias, pero no se dijo ni una palabra sobre la exacerbación del consumismo que lleva a la depredación medioambiental, fundamentalmente, a partir de conductas de las que se benefician EE.UU. y Europa.

En idéntica dirección, se resaltó la necesidad de mejorar los mecanismos de prevención y reacción en crisis o emergencias sanitarias, sin decir que la mejor manera de comenzar a hacerlo, sería garantizando que toda la humanidad coma como se debe, en un planeta donde se producen más alimentos de los necesarios. Y se plantea luchar contra la hambruna en Sudán del Sur, Somalia, Yemen y Nigeria, algo difícil de realizar en un sistema en el que la comida es mercancía y no derecho.

 

Alternativa comunista y obrera 10.07.2017

La otra cara de la moneda

Convocados por el DKP, alrededor de 150 participantes debatieron alternativas para un mundo diferente al que intenta imponer el liderazgo del G20. “Un mundo sin explotación ni guerra sería posible si se ve reforzada la unidad en la lucha contra el imperialismo”, se definió ahí.

El férreo operativo represivo desplegado en la ciudad portuaria que los alemanes denominan “La puerta al mundo”, no impidió que multitudinarias manifestaciones antiimperialistas ganaran la calle. También, en este contexto, el viernes pasado se llevó a cabo una cumbre alternativa en esta ciudad, en la que participaron representantes de fuerzas comunistas y obreras de diferentes puntos del planeta.

Ahí, convocados por el Partido Comunista Alemán (DKP), entre otros, representantes de sus pares de Suecia (SKP), Venezuela (PCV), Portugal y Bohemia y Moravia (Kscm), así como del Partido del Trabajo de Bélgica (PTB), se dieron cita para participar del encuentro “Alternativas al G20-Alternativas al imperialismo”.

Fueron alrededor de 150 participantes que debatieron alternativas para un mundo diferente al que intenta imponer el liderazgo del G20 y, en este sentido, se coincidió en que “un mundo sin explotación ni guerra sería posible si se ve reforzada la unidad en la lucha contra el imperialismo”.

En la Cumbre del G20, nuestro continente estuvo representado por Mauricio Macri, Michel Temer y Enrique Peña Nieto. Mejor suerte tuvo América Latina y el Caribe en la contracumbre, donde las referencias a la nuestra región aparecieron a la hora de señalar experiencias como las de los procesos abiertos en Cuba y Venezuela, como contracara de lo que pasaba en el encuentro de jefes de Estado.

Fue la representante del PTB, Alice Bernard, quien resaltó los logros alcanzados por Cuba, “que sólo son posibles, porque este país emprendió un camino socialista” y, en la misma dirección, el presidente del SKP, Andreas Sörensen, reflexionó: “si un país pequeño y desde hace más de cincuenta años bloqueado por el imperio más poderoso del mundo puede hacer tantas cosas buenas para su pueblo y otros pueblos del mundo, cuánto más podrían hacer los países más ricos de Europa”.

 

Ejemplos

Por su parte, el delegado del PCP, Miguel Viegas, no dudó cuando aseveró que Cuba y Venezuela “son los principales ejemplos de la lucha anticapitalista en Portugal”, tras lo que el secretario internacional del PCV, Carolus Wimmer, celebró la tenacidad revolucionaria de Cuba: “Nuestra América y el mundo de hoy serían diferentes, si el pueblo cubano hubiera abandonado la lucha por su independencia y el socialismo”, sentenció.

Mientras tanto más de veinte mil policías alemanes, otro tanto llegados de Holanda y Austria, además de soldados y buques de guerra y cientos de agentes armados del servicio secreto de EE.UU., se sumaban a helicópteros policiales y drones para sitiar la ciudad.

“Aquí, en Hamburgo, podemos ver en estos días como actúa nuestro enemigo de clase actúa”, destacó el representante del Kscm, Vladimír Sedláček, en tanto que Wimmer complementó haciendo hincapié en que “el enemigo ataca y los procesos a la cumbre G-20 son la prueba de lo que la lucha de clase existe también aquí”.

Tras lo que advirtió que “los capitalistas saben que la lucha de clase se agrava y que puede llegar el momento donde las mayorías se defiendan y cambien los papeles” y fue claro cuando puntualizó que EE.UU. “sabe que no puede ganar ninguna guerras más, pero puede destruir países para apoderarse de sus materias primas como intenta en Venezuela”, por lo que insistió en la necesidad de avanzar en la construcción de un “frente popular contra el imperialismo y fascismo”, ya que “quien quiere la paz, tiene que organizarse”.

Aumento del dólar e inflación06.07.2017

Cuando el techo es el piso

La meta inflacionaria del 17 por ciento que planteó el gobierno es una utopía y sólo sirve para justificar una política económica que afecta a los sectores más vulnerables de la población, especialmente, trabajadores precarizados, desocupados y jubilados.

Así como es cierto que la economía Argentina no está dolarizada, también es verdad que su estructura desnuda grandes rasgos de dependencia expuestos en la importancia que tienen determinados artículos y bienes importados. Así las cosas, y pese a que tanto el presidente como sus ministros los desmientan, la escalada del dólar impactará fuertemente en la inflación del mes de julio.

Sin saber a ciencia cierta cómo impactara esta devaluación del 7,5 por ciento, pero con el antecedente reciente de los costos que tuvo para las clases populares la eliminación de la restricción a la compra de moneda estadounidense, que encareció el costo de vida y sumergió en la pobreza a millones de personas, ya hay indicios de cómo evolucionará el índice inflacionario.

Los aumentos acumulados en este 2017 ya alcanzan un 13,5 por ciento y aún falta saber que pasara este mes tras la escalada del dólar. Los que es seguro es que los incrementos en Naftas y gasoil -7 y 6 por ciento respectivamente- influirán fuertemente sobre los costos de los productos, especialmente alimentos y bebidas.

Eso se explica, en gran parte, porque insumos elementales como envases plásticos, vidrios y conservantes de alimentos se importan y, por tanto, tienen precio dólar. Si a eso se le suma el aumento de nafta y gasoil, que repercute en toda la cadena de valor ya que se traslada a los costos logísticos y, por ende, en el precio final del producto, queda claro que es factible plantear que tras culminar julio se podría alcanzar el 80 por ciento de la meta inflacionaria para este año.

Mientras, el mercado interno profundiza su crisis y el consumo ya registra una disminución del 8 por ciento respecto al año pasado. En economías de tipo capitalista como la Argentina, ya se ha demostrado que si cae el consumo cae la producción y, por ende, el empleo. Lo que resulta de ello es un combo letal montado a una economía que, por su estructura dependiente, cabalga al ritmo del precio del dólar.

Un dato que confirma esta tendencia es que en nuestro país un tercio de los productos industriales demandan insumos importados, por tanto, una variación en el precio del dólar incide en el costo final del producto.

Todo apunta a un indefectible encarecimiento del costo de vida y, por tanto, en un aumento de la carestía de la vida en un contexto de aumento del desempleo. Si a esto se le añade la peligrosa posibilidad de un desabastecimiento del mercado interno a causa de que los productores de alimentos -carnes especialmente- prefieran exportar sus productos, se entiende porque los grandes medios de comunicación, verdaderos escuderos del proyecto económico-social de la derecha en el país, monten campañas de distracción y apunten sus cañones a debilitar la figura de Cristina Kirchner.

Como si no fuera poco, la corporación judicial hace su parte, interviniendo sindicatos y sancionando fallos que ponen en serio peligros los derechos de los trabajadores en el marco de allanar el camino a una futura flexibilización laboral que, de hecho, ya se viene imponiendo en el país.

 

 

Endeudamiento y fuga de capitales06.07.2017

Un matrimonio neoliberal

El perfil liberal burgués que el macrismo le imprime al Estado nacional confirma, una vez más, que endeudamiento y fuga de capitales van de la mano.

Como respuesta al fuerte incremento del dólar, el Banco Central decidió aumentar las tasas de Lebac y así evitar que la devaluación impacte en los precios y, por tanto, en los índices inflacionarios de julio.

Con este objetivo, la entidad que conduce Federico Sturzenegger elevó la tasa al 26 por ciento, veinte puntos básicos más respecto a cómo arrancó esta semana y 50 puntos más respecto al primero de junio. En tan sólo un mes, el órgano financiero que conduce la política monetaria del país subió la tasa casi un punto.

¿Qué significado adquieren estas medidas en este contexto devaluatorio? El gobierno, conocedor de las maniobras a las que suelen recurrir los grandes tenedores de bonos y el sistema financiero, teme una corrida bancaria. No es para menos. Frente a la escalada del dólar, precisa mantener la rentabilidad de la inversión en Lebacs. Desde el gabinete económico leyeron como una llamada de atención el hecho de que, tras el último vencimiento, sólo fueron renovados 425 mil millones de los 548 mil millones totales. El vencimiento, que significaba el 80 por ciento de la base monetaria, dio una muestra clara de hasta dónde están dispuestos a acompañar la política de endeudamiento los que invierten en la bicicleta financiera. El límite es claro: si conviene más el dólar, el stock de Lebacs -que equivale al 9 por ciento del Producto Bruto Interno- migrará, indefectiblemente, a la moneda estadounidense.

Así los cosas, la bicicleta financiera podría correr el riesgo de dejar de ser rentable a pesar de la fuerte política de endeudamiento. La demanda de dólares ha ido creciendo a medida que se ha ido confirmando que para este 2017 tampoco habrá brotes verdes. Los especuladores no entienden de amistades ni lealtades. Que los mismos se hayan volcado masivamente a comprar bonos y letras del gobierno nacional y las provincias, no quiere decir que, si el dólar sigue en aumento, decidan salir de esta bicicleta. El problema radica en que fue el propio gabinete nacional el que sentó los pilares fundamentales de su modelo económico a base de endeudamiento y bicicleta.

Si como muestra hace falta un botón, alcanza con observar los movimientos del Banco Central, que sostiene la política de pagar tasas más altas en los plazos más largos y así aliviar los vencimientos que debe enfrentar el Estado nacional. El gobierno se metió en un atolladero en el que, la salida puede ser muy costosa para las finanzas públicas y drásticas para los sectores de la economía cuya actividad y nivel de vida dependen del mercado interno, el empleo y el costo de los alimentos.

Ahora, cuando la cantidad de pesos en Lebacs supera ampliamente a la base monetaria nacional, los riesgos de una corrida bancaria y de una disparada del dólar están más vigente que nunca. Si a ello se le suma las presiones que ejercen los sectores agroexportadores para profundizar la devaluación y la creciente demanda de dólares que las grandes multinacionales demandan para fugar sus dividendos del país, el futuro es preocupante. Si los brotes verdes se mostraban marchitos antes de ser cultivados, con estos últimos comportamientos macroeconómicos, sumado al deterioro en el nivel de vida de los trabajadores, el neoliberalismo más que un bosque floreciente dejará tierra arrasada.

 

Fuga y más fuga

Endeudamiento y fuga de capitales son dos piedras angulares de cualquier proyecto neoliberal que se instale en países cuyas estructuras económicas son de parcial a completamente dependientes. Argentina, que conjuga dependencia económica en sectores estratégicos y un agudo proceso de concentración de la riqueza, demuestra que a endeudamiento récord se corresponde niveles de fuga de capitales con precedentes solo comparables a los alcanzados tras la crisis del 2001 y la salida de la convertibilidad.

Mientras el dólar no detiene su escalada, la fuga de divisas se profundiza y el Banco Central busca un tipo de cambio flotante a base de financiar su precio con aumento de la tasa de interés.

Vale recordar que un informe de la Universidad de Avellaneda reveló que durante el primer bimestre del 2017 se fugaron del país casi 4 mil millones de dólares, en concepto de giro de utilidades de empresas multinacionales a sus casas matrices, cuentas off shore -como las de Macri y compañía en Panamá-, etc. Estos son los datos que echan por tierra profesiones auto cumplidas anunciadas por el gabinete económico y sus escuderos mediáticos: si algo queda claro en poco más de año y medio de gestión cambiemita es que lejos de llegar inversiones, los dólares se fugan o se atesoran.

La cidra de 4 mil millones de dólares fugados es la más elevada desde 2003 hasta la fecha. No es casualidad. Cuando llegó Néstor Kirchner al gobierno, Argentina aún se encontraba asediada por los coletazos de la salida de la convertibilidad. Hoy la situación es radicalmente diferente. Al asumir la presidencia, Mauricio Macri recibió la administración nacional con niveles de endeudamiento mucho menores al del 2003 -no en términos nominales, sino en términos relativos entre deuda externa y PBI- y en tan sólo 18 meses, multiplicó el endeudamiento y colocó a la Argentina en el primer lugar de países en vía de desarrollo que más deuda tomaron.

Entre diciembre de 2015 y mayo de 2017 Cambiemos endeudó al país en 96 mil millones de dólares. Respecto al total de la deuda externa, según datos publicados por el Ministerio de Finanzas en diciembre de 2016, la deuda pública total registró un total de 275 mil millones de dólares, 35 mil millones más que al momento de asumir el macrismo.

Sólo para tomar un punto de comparación, vale recordar que al momento del golpe cívico-militar de 1976 la deuda externa era de 7 mil millones dólares y para 1983 ya había superado los 45 mil millones. En otras palabras, en un año de gobierno Macri endeudó al país igual que la última dictadura.

En términos relativos, la relación deuda-PBI al 10 de diciembre de 2015 era del 39 por ciento. Hoy se ubica en el 54 por ciento, es decir, 15 puntos más. El crecimiento es significativo y, más aún, si se tiene en cuenta para que se utilizaron esos recursos: financiar el déficit fiscal, gastos corrientes, fuga de capitales y bicicleta financiera.

Recientemente, el ministro de economía, Nicolás Dujovne, justificó la política de endeudamiento al sostener que “tres de cada cuatro veces que hemos emitido deuda, ha sido para cancelar deuda”. Sin embargo, la deuda en dólares duplicó los "compromisos heredados".

La deuda en dólares del Estado nacional supera los setenta mil millones de dólares y "compromisos heredados" apenas alcanzaban los 30 mil, incluyendo vencimientos de 2016 y 2017. Por lo cual, la deuda se multiplicó más de 2,4 veces lo requerido por el Estado nacional para hacer frente a "las necesidades financieras". A la luz de los hechos, que desmientan las afirmaciones del ministro, Argentina se endeudó un 60 por ciento más que lo que demandaba estos compromisos.

Todos estos números sirven para demostrar como la relación simbiótica endeudamiento-fuga de capitales-bicicleta financiera está produciendo una herida letal sobre la estructura económica argentina, la cual además, atraviesa un severo proceso de reprimerización. El futuro es incierto y sólo hay lugar para una certeza: con este modelo económico, la fiesta neoliberal la pagaran, una vez más, los trabajadores.

Devaluación y ajuste06.07.2017

¿Tiene techo el dólar?

En apenas una semana el dólar subió casi 8 puntos. Este aumento impactará fuertemente en los precios y en la bicicleta financiera que el mismo gabinete fomentó ¿A qué se debe esta crecida?

Las presiones de los sectores agroexportadores y la decisión de los tenedores de Lebacs de comenzar a migrar al dólar, produjo en los últimos días una devaluación que alcanza el 7,5 por ciento. Tras estos fuertes incrementos, los más fuertes desde la decisión de salir del “cepo”, el aumento del dólar respecto al peso acumula ya un 80 por ciento. En resumen, se trata de once días consecutivos en los que la divisa norteamericana valúa su precio en detrimento del peso. Los datos de la economía -los del Indec pero también los institutos y observatorios especializados- coinciden en señalar que los tan mentados brotes verdes sólo crecen en los sectores más concentrados de la economía y, dentro de ellos, la de los exportadores y el sistema financiero internacional con intereses en el país.

El aumento del dólar se da en un contexto en el que el Banco Central y el Tesoro Nacional no intervienen. Lejos de tratarse de un problema de “gestión” técnica o administrativa, es una decisión política de Mauricio Macri, Nicolás Dujovne, Luis Caputo y Federico Sturzenegger mantener un “tipo de cambio flotante” en un contexto en que la economía no muestra indicios de recuperarse en ninguna de sus variables macroeconómicas.

Esta política despertó críticas, incluso, en el seno de consultoras y centros económicos privados y ortodoxos que asesoran al gobierno. La crítica principal, realizada desde lugares como la Fundación Libertad y Progreso o Econométrica, es la de considerar el precio del dólar como un elemento aislado respecto al resto de los precios de la economía, especialmente, el de los alimentos. La preocupación principal, se entiende, es la de una escalada inflacionaria que no se detiene en un año electoral. Para todos los especialistas, liberales, heterodoxos y marxistas no quedan dudas ya de que la meta inflacionaria del 17 por ciento planteada por el gobierno será superada con creces este año.

Así las cosas, esta nueva escalada del dólar se sabe cuando empezó pero no cuando termina ¿Los precios de la economía persiguen el aumento del dólar o la moneda estadounidense corre detrás de los aumentos de precios? Difícil poder hacer esta distinción en el marco de una estructura económica dependiente como la Argentina y en el que las importaciones no paran de crecer. De hecho, se confirmó que en junio se acentuó el déficit de la balanza comercial, es decir, que las importaciones son mayores que las exportaciones, lo que implica, en términos prácticos, la destrucción de empleo -como se observa diariamente- y la dolarización de la estructura de costos de producción que luego impacta en los precios (por ejemplo envases plásticos o de vidrio, conservantes, etc.).

Pendientes de esta situación, los sectores agroexportadores, se mantienen expectantes y presionan para que el dólar siga creciendo. Para este sector de la economía, cuanto más alto el precio de la moneda estadounidense, mayor rédito económico. Por ello, los grandes pool de siembra no liquidan las exportaciones ¿La razón? Confían en que el dólar seguirá subiendo, entonces ¿para qué liquidar ahora si en el futuro inmediato la ganancia puede ser mayor? Sólo se trata de esperar el "momento oportuno", algo a lo que sólo pueden apelar los sectores más concentrados, con la espalda necesaria para guardarse el stock de la cosecha. Los que no pueden esperar son los pequeños y medianos productores campesinos y la agricultura familiar, para los que no paran de encarecerse los costos logísticos y de comercialización. El reciente aumento de la nafta y el gasoil es uno de los tantos movimientos inflacionarios que afecta sensiblemente la cadena de valor y que terminan pagando los pequeños productores y los consumidores.

Por ejemplo, desde la llegada de Macri el precio internacional del barril de petróleo descendido un 29 por ciento, pero las naftas en nuestros país ya registran un alza del 51.

 

El brote verde era el dólar

La crecida del dólar tiene una especial particularidad en este momento del país y derriba uno de los principales argumentos de los liberales que defienden la política de endeudamiento masivo y largo plazo. "El ingreso masivo de dólares vía endeudamiento mantiene baja su cotización ya que la oferta cubre la demanda" se suele repetir entre las huestes ortodoxas. Sin embargo, tras confirmarse una emisión de deuda a cien años con una tasa anual del 8 por ciento -casi inédita en el mercado para emisiones de estas características-, el dólar trepa al récord de 17,40. Ello en el año en que la Argentina encabezó el ranking mundial de países en vías de desarrollo que más deuda tomaron en el globo. ¿A qué se debe, entonces, esta situación?

Rápidamente se puede afirmar que, una vez más, en la práctica, los postulados liberales quedan reducidos a mito y relato. Pero en un año electoral, con una economía estancada, descenso de la actividad industrial, destrucción del mercado interno y aumento del desempleo, la pobreza y la indigencia, estos esta situación adquiere connotaciones de índole estructurales que delatan los objetivos del rediseño económico-social que el macrismo está llevando adelante.

Se trata, ni más ni menos, de la fuerte presión que los sectores agroexportadores se encuentran realizando y no es más que un anticipo de la profundización de la política de ajuste que el gobierno intentara imponer tras las elecciones, independientemente de los resultados.

Si es cierto que una victoria de Cambiemos en la provincia de Buenos Aires y en los principales distritos del país significarían un impulso importante para que el gobierno avance con la concentración de la riqueza, la flexibilización laboral y la entrega de los recursos naturales y económicos del país, también es verdad que de sufrir resultados adversos, igualmente intentará avanzar en ese sentido bajo la premisa de "el mayor ajuste posible en el menor tiempo posible sin mayores consecuencias".

En ese sentido, se preguntaban ayer en El Cronista Comercial, el diario económico del establishment: "sube el dólar, bajan las Lebacs y recupera la soja: ¿y ahora qué hacemos?" Hace dos semanas, cuando se produjo un vencimiento de Lebacs por 548 mil millones de pesos, los tenedores de bonos dieron una señal: si los bonos dejan de ser rentables, migrarán al dólar. El sólo hecho de que esta posibilidad se presente como hipótesis factible, abre la puerta a una corrida bancaria que se encuentra a la vuelta de la esquina, aún más cuando los brotes verdes no florecen.

 

 

¿Baja la inflación? 21.06.2017

¡Suben los precios!

Gobierno y formadores de precios sentados del mismo lado para que paguen siempre los mismos. Celia González y una mirada desde adentro de la Villa 21/24.

¿Pero es verdad, como dice Macri, que el gobierno está controlando la inflación? Para desmentirlo, esta semana y a poco de que el presidente y sus propaladoras massmediaticas se jactaran del escaso descenso que exhibió la inflación de mayo, se conoció un dato demoledor cuando supermercados recibieron las nuevas listas de precios.

La cosa parece ser clara, cae la demanda interna pero se sigue aumentando precios para mantener la tasa de ganancia y maximizarla, lo que conlleva más presión sobre el salario, claro está, en el caso de los trabajadores que aún lo perciben.

Así las cosas, esta nueva oleada de remarcaciones se registra, fundamentalmente, en rubros sensibles al bolsillo popular. Los lácteos y el aceite pican en punta y a ellos se le suman polenta, fideos, galletitas, gaseosas, jugos, conservas de alimentos y artículos de limpieza.

Este nuevo atentado contra el consumo popular, tuvo lugar sólo dos días después de que Macri recibiera al CEO de Arcor, Luis Pagani. En ese encuentro, la foto tuvo que ver con el anuncio de la inversión de 230 millones de dólares que el grupo industrial concreta al adquirir la empresa de envases flexibles Zucamor, con lo que Arcor incrementó su participación en el segmento de los envases integrados con producción de papeles y cartón corrugado.

Mientras Arcor como emblema de la producción de alimentos en el país sigue concentrando e n su posición dominante en el mercado, también impone condiciones y, como queda claro, quienes deben pagar son principalmente los sectores populares.

Y si para muestra alcanza con un botón, en este nuevo aumentazo, Arcor incrementó el precio de sus productos en un promedio del ocho por ciento. Por su parte, Procter lo hizo en un nueve, Peñaflor un diez y Danone un cuatro. Otros que también se sumaron son Quilmes, Coca Cola y Pepsi.

 

A remarcar

En este contexto, ni lerdos ni perezosos, las grandes cadenas comerciales salieron al ruedo y, rasgándose las vestiduras, anticiparon que no absorben estos aumentos y los trasladan a las góndolas.

Esta decisión de quienes concentran una parte más que importante de la producción de alimentos y casi la totalidad de los espacios en las góndolas, fue adoptada con la mirada puesta en el aguinaldo.

Pero ante este panorama nadie puede dejar de advertir que el consumo sigue en picada y que mayo significó un nuevo mes de caída de las ventas en supermercados e hipermercados al cerrar con una baja del cinco por ciento interanual.

Un dato que revela la peligrosidad de lo que está pasando es el que da cuenta de que las ventas disminuyeron, incluso, en cadenas que comercializan segundas y terceras marcas y que, por lo tanto, presentan precios más accesibles para el consumo medio y medio bajo. Al respecto, la patronal Asociación de Supermercados Unidos que concurre la misma cantidad de gente pero compra menos y, cada vez más, se inclina por marcas más baratas.

¿Pero cómo se vive esto entre aquellos más pobres? “Ya estamos viendo chicos desnutridos, porque hay familias en las que nadie tiene trabajo”, recalcó Celia González, militante comunista y embajadora honoraria de la ONU quien desde hace más de cuarenta años milita en la Villa 21/24, la más grande de la Ciudad, donde además vive.

“La desnutrición es terrible y como a raíz de esto muchos tienen las defensas bajas la gripe hace estragos y mata” señaló y añadió que “antes en los centros del salud teníamos promotoras con las que trabajábamos todos estos temas, pero ahora se redujeron los recursos por lo que hay cada vez menos personas trabajando, casi la mayoría somos voluntarias de comedores que atendemos, que salimos de urgencia cuando hay que llevar a los a la salita donde, si hay ambulancia, es común que no tenga nafta o no ande”.

Por eso es que con este panorama a nadie debería sorprender que a puro pulmón los propios vecinos sumen nuevos comedores y redoblen la tarea en los que ya existían.

“Familias enteras que traen a los chicos y se quedan esperando a ver si sobra algo y si no hay, si no alcanza, comen de un mismo plato con los chicos”, es una de las escenas cotidianas que con mezcla de bronca y dolor relata Celia.

Esta situación repercute en toda la vida de quienes la padecen. “Esto repercute en la deserción escolar y también en la desnutrición porque las porciones que comen los chicos son cada vez más escasas: las porciones de pollo no se les da como antes, ahora se parte todo y se hace un guiso por lo que el chico no come la cantidad de carne que tiene que comer, por eso avanza la desnutrición”, relata Celia.

Y, es en este contexto donde la mesa está servida para los punteros vinculados al narco. “Los punteros macristas ahora están apurados en abrir las obras públicas porque ahí están el negocio de ellos, no les importa los comedores ni el hambre” puntualiza Celia y sin dudarlo resalta: “estamos como en un estado de abandono, le dejan terreno a la droga y el paco, porque para ellos los pibes sobran”.

Pero pese a esto y a la violencia institucional que avanza, también lo hace la tarea de la Comisión de Derechos Humanos del barrio que desarrolla su actividad desde hace un cuarto de siglo. “En su creación estuvo el Partido”, recuerda Celia y añade, “trabajamos junto a la Iglesia, somos los que estamos aquí metidos con el tema de los jóvenes y aunque hay cosas que sentimos que nos superan, seguimos luchando”.

Ni haciendo bien los deberes 21.06.2017

Morgan bochó a Macri

Pese al esfuerzo gubernamental la consultora financiera Morgan Stanley Capital Investment evitó incluir a Argentina en el índice de mercados emergentes. Para atravesar la border line hay que ajustar todavía más, fue el mensaje.

El lunes, en la licitación mensual de Lebac, el Banco Central sostuvo los rendimientos de las letras de referencia para el mercado en 25,5 y 25,25 por ciento para la de 28 días y 56 días de plazo en cada caso. Así, la autoridad monetaria volvió a reconocer que la recesión persiste, pero también que la receta elegida por el Gobierno ante este escenario donde la inflación sigue trepando es echar mano a las recetas monetaristas clásicas.

Y también el endeudamiento que, esta semana, tuvo su capítulo más bochornoso –al menos hasta ahora- con la toma de deuda a un siglo y con una tasa exageradamente elevada. Pero, como en las películas de Hollywood, en este caso, parece que el crimen no paga, ya que aunque se esmeró en hacer bien los deberes, el Gobierno no logró que la consultora financiera Morgan Stanley Capital Investment (Msci) incluya a Argentina en el índice de mercados emergentes del que saliera allá por 2009 como una reacción a medidas proteccionistas que llevaba adelante el gobierno que encabezaba Cristina Fernández. Ante eso, hoy, la timba financiera respondió con una huída de capital especulativo y con retroceso de los precios en la bolsa.

¿Qué quiere decir esto? El índice que elabora Morgan Stanley, un banco que significativamente lleva el apellido de dos famosos piratas, es tomado como referencia fondos financieros cartelizados que –a veces casi a ciegas- echan mano a sus informes para decidir donde vuelcan parte de sus portafolios.

Tiene tres segmentos, el de las economías confiables –para ellos- en el que están EE.UU., Canadá y la mayoría de países de Europa occidental; los emergentes donde entre otros figuran Brasil y la República Popular China y los que coloca como mercados periféricos, es decir, los que tienen menos chances de recibir inversiones, sobre todo, de mediano y largo plazo.

¿Qué se puede esperar ahora? La respuesta la dio un clásico del establishment. El economista, José Luis Espert, quien hoy se encargó de repetir a quien quisiera preguntárselo que no está sorprendido por la decisión de Msci de dejar a Argentina recluida más allá de la border line. “Argentina ha hecho del gradualismo su religión y acá están los resultados” recalcó con una frase que, en idéntica dirección pero de una forma la menos castiza pronunciara no hace mucho, Carlos Melconian. “Esto se va todo a la mierda”, dijo el ex titular del Banco Nación para exigir más ajuste y que, esta vez, sea lo suficientemente brutal como para que no le queden dudas al Msci y las bandas de financistas mafiosos que representa.

 

Contexto

En este contexto, el trabajo y el salario siguen siendo los grandes reguladores, por lo que nadie puede sorprenderse cuando el Indec pone a la desocupación en las puestas de los dos dígitos, un umbral que ya fue superado, según coinciden diversas fuentes calificadas, sobre todo en los grandes conglomerados urbanos del país.

Al respecto, el secretario de la CTA, Hugo Yasky, fue claro cuando señaló que el empleo “está en caída libre”, tras lo que apuntó que la cifra de trabajadores desocupados supera el 1.600.000, algo que atribuyó, entre otras cosas, a las acciones de gobierno llevadas a cabo durante un año y medio de “ajuste sistemático”.

La luz de alarma que enciende Yasky no es antojadiza. Es que, por primera vez en más de una década, la desocupación en el Gran Buenos Aires escaló a casi el doce por ciento, porcentaje similar a los que se registran en las zonas urbanas de Rosario, Mar del Plata y Córdoba.

Por su parte, los datos de la Ciudad de Buenos Aires se ubican en casi un ocho por ciento de promedio según el Indec y casi del diez de acuerdo a la Dirección de Estadísticas y Censos porteña que, además precisó que en la zona sur de la Ciudad este índice se eleva hasta el 14,3 por ciento.

Asimismo, entre la población activa ocupada, más de un catorce por ciento busca trabajar más horas, pero sin lograrlo. Y, del total de desocupados, el sesenta por ciento son trabajadores menores de treinta años, al tiempo que casi el 46 por ciento 45,7 tiene entre 20 y 29 años.

Ante estas cifras, sin dudarlo Yasky reseñó que “la política de achatamiento salarial y desmoronamiento del poder adquisitivo de la población con ingresos fijos, en un contexto de convivencia entre el flagelo de la recesión y la inflación, llevó a una persistente escalada del desempleo”, tras lo que recordó que durante el primer trimestre de 2015 y de acuerdo a los datos del Indec, la desocupación era del 7,1 por ciento y ahora orilla el diez. Por eso reiteró que es preciso avanzar hacia “políticas públicas que remedien la falta de trabajo”. ¿Pero el panorama está mejorando como destaca el presidente Macri? Ocho de cada diez empresas no planean tomar personal durante el tercer trimestre de 2017, mientras que el cinco por ciento anticipa que va a reducir su planta de trabajadores según se desprende de un relevamiento que hizo la consultora Manpower.

El relevamiento también da cuenta de que cuando se compara los valores con los de idéntico período de 2016, se advierte que las expectativas de contratación mejoran en el sector de Minería, Finanzas, Seguros y Bienes Raíces, es decir, algunos de los pocos ganadores del modelo Cambiemos.

 

 

Si te viera Belgrano... 21.06.2017

Mensaje entre vallas

Para Macri el hambre, la incertidumbre, el dolor y la bronca que provocan las medidas que adopta como presidente son sólo producto percepciones erradas.

“Sé que hay mucha gente que no percibe este camino de mejora” dijo sin ruborizarse el presidente, Mauricio Macri, ayer al encabezar el acto por el Día de la Bandera y tras advertir que “todavía falta mucho”, volvió al slogan de campaña y señaló que Manuel Belgrano “es un verdadero ejemplo de que sí se puede”.

Lo hizo en Rosario cerca del sitio exacto en el que, en febrero de 1812, Belgrano izara por primera vez la que después sería la Bandera Nacional. Claro que, esa vez, Belgrano estuvo rodeado por pueblo que se sumaba al movimiento emancipador que había estallado en Nuestra América con la Revolución de Mayo.

Pero ahora, el acto central realizado por el Día de la Bandera estuvo capturado y vallado. El Gobierno nacional ordenó blindar el Monumento a la Bandera. Policías, gendarmes e integrantes de las Fuerzas Armadas emplazaron un doble vallado que impidió que aquellos que no eran invitados especiales, identificados con una pulsera, ingresaran dentro un perímetro de doscientos metros.

Dentro de esa burbuja, protegido del reclamo popular, Macri aseveró que el gobierno que encabeza ya tuvo “resultados positivos” que, aunque no especificó cuáles fueron ni a quién beneficiaron, resaltó que “nos tienen que servir para renovarnos en la esperanza y comprometernos una vez más a trabajar juntos, porque juntos es cómo vamos a lograr ese país grande”.

Y, con particular descaro, sentenció: “hemos recuperado los puestos de trabajo que habíamos perdido en el último año; hemos puesto en marcha el plan de infraestructura más grande de la historia; hemos recuperado el crédito hipotecario; hemos bajado la inflación”.

 

¡¿Qué?!

Pero la verdad está a la vuelta de la esquina y, si bien es cierto que como tácitamente lo reconoció Macri durante su primer año de gobierno hubo una pérdida –brutal- de puestos de trabajo, es mentira que haya una recuperación en tal sentido y, en esto, coinciden desde fuentes críticas al Gobierno hasta el propio Indec.

Por otro lado, si con lo del “plan de infraestructura más grande de la historia” quiso aludir al Plan Belgrano, lo que está claro es que este programa utilizado como caballo de campaña de Cambiemos durante 2015, al menos hasta ahora, sólo puede exhibir inoperancia y sospechas de corrupción como las que envuelven a su titular, José Cano, rozado por el pedido de coimas a empresarios coreanos por parte dos funcionarios del Plan, Alberto Darnay y Osvaldo Barrañeda. Pero esto no es todo. A un año y medio de Gobierno Cambiemos, hablar de Plan Belgrano es hablar de ejecución cero, incluso en aquellos casos de obras viales, ferroviarias y aerocomerciales que estaban licitadas.

Mientras tanto, lejos de experimentar una recuperación, el crédito hipotecario experimenta uno de sus peores momentos, supeditado abiertamente a la eterna timba financiera que tiene su máxima expresión estatal en la tasa de referencia que fija el Banco Central.

Pero, por excesivamente sínica, la cosa ya se torna ridícula cuando el presidente asevera que “hemos bajado la inflación”. Después de un 2016 donde el Gobierno catapultó la inflación por encima del cuarenta por ciento, el 1,3 anunciado por el Indec para mayo después de un abril del 2,6 y un acumulado en el cuatrimestre inicial que se ubica cerca del diez por ciento, se presenta como un resultado muy modesto como para vanagloriarse como lo hizo Macri.

En un escenario de recesión y feroz contracción de la demanda interna, era previsible la tenue desaceleración experimentada tras el impacto que tuvo el tarifazo del trimestre inicial. De todos modos el índice que suministra el Indec se coloca por debajo de los que fijan otros relevamientos, incluso aquellos afines a La Rosada, que coinciden en que se presenta un panorama para lo que va de aquí a octubre. Pero también señalan que, tras las elecciones, se va a producir un nuevo salto como consecuencia de los aumentos de tarifas ya anunciados para noviembre y diciembre, por lo que la inflación anual, en ningún caso, se colocaría por debajo del 24 por ciento. Como se ve, esto está lejos de la meta del 17 en la que insiste el Gobierno cuyo titular se empeña en festejar que “hemos bajado la inflación”.

PARA CONVENCER A LOS “INVERSORES” 21.06.2017

Y darles un crédito a 100 años (Un Siglo)

Pedro Resels es economista y con particular ingenio explica el alcance de la toma de deuda centenaria impuesta por el Gobierno. Haciendo hincapié en lo evidente, Resels desnuda la verdadera cara de otro negocio del staff de Cambiemos.

En primer lugar hay que encontrar un “inversor” que tenga dinero en exceso, es decir imposible de colocar a una tasa de interés que le “asegure” un buen negocio.

Una vez reunido con el mismo, plantearle las dos alternativas posibles:

  1. Una inversión a 17 años a una tasa del dos por ciento anual con pago anual de intereses y devolución del capital a fin del décimo séptimo (17) año.
  2. Una inversión a un siglo, a una tasa del ocho por ciento anual con pago anual de intereses y devolución de capital recién al final los cien años.

Claro que le explicaría que conviene invertir en la primera que “es más segura” y la inconveniencia de invertir a un plazo donde no sabemos si al final existirá el mundo, el sistema financiero o el dólar.

Una vez convencido tomaría el dinero en las condiciones fijadas en la oferta (a) y, a mi vez, lo invertiría en un bono según la oferta (b).

Acá le preguntaría a Paenza: ¿hice bien? Pero como no lo conozco personalmente sino sólo por lo poco que he leído de él, me atrevo a imaginar su respuesta, según detallo a continuación:

Estimado Falsificador de personas:
Ud. hizo muy bien. Supongamos que compró un bono de $ 1.000 y se aseguró un ingreso anual de $ 80 (8%). Estos ingresos podría colocarlos en “bonos seguros” que le rendirían el 2% anual, que acumularía al primero. Es decir tendría un “interés de interés” o como dicen un “interés compuesto”.
Una parte mínima de ese ingreso anual lo destinaría a pagar los intereses de quien le dio el dinero, (es decir los primeros $ 1000) y que rinde $ 20 (2%) por año.
Luego de 17 años de realizada la operación la situación sería:
  1. Ud. recibió por el “bono a 100 años” la suma $ 1.350 en concepto de intereses.
  2. Ud. le abonó al inversor original por el ”bono a 17 años” la suma de $ 1.350, de los cuales son $ 350 en concepto de intereses y $ 1000 por devolución total del capital.
Y Ud. que ganó?
Sólo quedarse con un bono que por 83 años le asegura $ 80 anuales, que suman $ 6.640.00 y cobrar los $ 1.000 del capital original.
Y todo esto es matemáticas. Pero sólo para cuervos rapaces, llamados también “inversores seriales”.

NOTA: este artículo es pura fantasía. Si lo multiplica todo por 2.800.000 se transforma en la operación GENIAL que hicieron….unos cuantos vivos en mi país.

NOTA 2: MULTIPLICANDO POR 2.800.000

Para convertir original realidad
La inversión original $ 1.000 $ 2.800.000.000
Interés Bono 8% anual $ 80 $ 224.000.000
Interés Bono 2% anual $ 20 $ 56.000.000
Y su ganancia por esta operación será de 83 años a razón de $ 224 millones anuales -o sea un total de $ 18.592.000.000
Más la devolución del capital original $ 2.800.000.000
GANANCIA TOTAL DE LA OPERATORIA ... $ 21.392.000.000

Por supuesto que nuestros “inversores seriales” son muy precavidos y toda la operación la hacen en dólares estadounidenses. O sea que su ganancia final será de 21 mil 392 millones de dólares.

Ultimo comentario: Si Ud. tiene un/a hija/o de 43/48 años le asegura una ingreso para cuando se jubile de un millón 800 mil dólares mensuales. Igual importe recibirá su nieto cuando le llegue la edad de su jubilación.