El fondo del tarro

Política
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El FMI aprieta y Kristalina no sabe de amores. La Banda Cambiemos se robó hasta el parquet y va por más. Macri sigue en su gira, mientras las reservas del Tesoro comienzan a hacer agua ¿Alguien sabe quién gobierna?

“Ya ni el Banco Central ni la Anses tienen recursos”, reconoció el canciller Jorge Faurie en el ocaso de un gobierno que endeuda a todos los argentinos a un ritmo de 1.032 dólares por segundo, de ellos, alrededor de 150 mil millones ya se fugaron.

En sus dos primeros años, la Presidencia Macri transformó al país técnicamente desendeudado que recibió en otro al que nadie le quería prestar, sencillamente, porque a fuerza de pedir para fugar, se transformó en insolvente.

En este contexto, con la clara influencia de EE.UU., la decisión del FMI fue financiar al Gobierno Cambiemos para garantizar su reelección y así la agenda de ajuste y reformas regresivas.

Pero, otra vez, el staff gobernante tardó menos de dos años en patinarse el stand-by que llevó a que Argentina pasara a concentrar el sesenta por ciento de los préstamos que tiene asignados el organismo.

Ahora, Trevor Alleyne, titular de las oficinas que el gobierno le cedió al FMI en el propio edificio del Banco Central, sale con los tapones de punta. “Si el próximo gobierno quiere una refinanciación de los vencimientos, tendrá que poner en marcha un programa de reformas a paso acelerado”.

¿Qué quiere decir todo esto? Sencillo: que quien suceda a Mauricio Macri, deberá formalizar por medio de leyes, reformas regresivas en lo laboral, previsional y tributaria.

“Argentina tocó a nuestra puerta”, recalcó no hace mucho, Christine Lagarde, para desmarcarse del desastre del que es cómplice.

En septiembre de 2018, confiado en que el acuerdo con el FMI abonaría el camino a su reelección, Macri invitaba a “que toda la Argentina termine enamorada de Christine”.

Pasó apenas un año, Macri está de salida, Lagarde dice que nada tuvo que ver y Kristalina Georgieva pasa la factura de la festichola de la Banda Cambiemos que, como tantas veces, debemos pagar los argentinos. 

 

Línea de flotación

 

Así las cosas, se profundiza el saqueo, mientras Macri sigue en su ridícula gira, el hambre crece a niveles jamás vistos y el Estado sólo se hace presente para mandar policía a apretar pobres en estaciones ferroviarias.

En este contexto, la Banda Gobernante está rascando el fondo del frasco y saca de donde puede para pagar vencimientos de deuda y obligaciones que el propio gobierno tomó.

El problema es grave incluso después del reperfilamiento de deuda, sobre todo porque el FMI no habilita el último tramo del desembolso del Stand-by, consistente en algo así como el diez por ciento de los cincuenta mil acordados.

Por eso y para evitar blanquear el default al que hace rato arrastró a la Argentina, la Presidencia Macri se está patinando –literalmente- las reservas del Tesoro que ya llegan a límites preocupantes.

Y es aquí cuando vale preguntarse hasta dónde puede llegar el Gobierno Cambiemos. Está claro que desde lo ético y moral su degradación no reconoce límites ¿Pero qué pasa con el fondo del frasco?

A la hora de tranquilizar, desde La Rosada y el Banco Central, aseveran que las reservas brutas son de 48.340  millones de dólares, pero cuando se desmenuza esa suma, rápidamente puede advertirse que no todo lo que brilla es oro.

La parte más importante, algo así como 19.257 millones, corresponden al swap con la República Popular China (RPCh), esto es un mecanismo por el que -en este caso- dos Estados, acuerdan cambiar divisas en montos, cuotas y plazos predeterminados. Esto quiere decir que no son divisas a las que se puede echar mano de forma inmediata.

Este mecanismo es una de las herramientas que utiliza la RPCh, para ganar terreno en un universo financiero donde tienen supremacía el dólar y el euro. Y lo hace atendiendo situaciones particulares de formaciones estatales que, por decisión propia o fuerza mayor, quedan afuera del circuito dólar.

Cuando Argentina avanzó en este mecanismo, al negociar un crédito en yuanes equivalente a once mil millones de dólares, el principal cuestionamiento provino de quienes, poco después y ya en La Rosada, lo convirtieron en salvavidas.

Entonces, el swap está pero no sirve para tapar un agujero y menos si la cosa es urgente ¿Qué queda entonces? 

Ahí están 8.109 correspondientes a encajes bancarios, esto es una parte de los depósitos de particulares. Pero meter mano de lleno ahí provocaría más desconfianza en el sistema, lo que suele traer consecuencias peores que el remedio.

Otro tanto lo constituye el paquete de alrededor de tres millones acordados con organismos internacionales que no son el FMI.

Y entonces llegamos a las joyas de la corona, es decir, el fondo que el FMI dispuso, en teoría, para blindar la posición del Banco Central. Según lo acordado, este fondo no se puede tocar sin autorización del FMI, pero el Gobierno Cambiemos ya metió la mano (¡hasta el codo!) y se cargó cerca de la mitad, sin pedir autorización formal.

En clave de campaña electoral, sólo durante la última semana de septiembre, en su afán por contener la disparada del precio del dólar y para pagar vencimiento de obligaciones, reventó más de tres mil millones de dólares de los 7.154 originales.

Con estos datos el FMI endurece su postura y marca la cancha para después del 10 de diciembre. Y lo hace ante la perspectiva de que se jugó cincuenta mil millones de dólares a las patas de un matungo que no pudo hacer –del todo- las reformas regresivas que prometió y, encima, se mejicaneó buena parte del stand-by.

En consonancia, la Banda Cambiemos sigue minando el terreno porque, con todo esto, al Tesoro le están quedando algo así como diez mil millones de dólares para enfrentar cualquier cimbronazo.

O peor aún, alguna corrida que a modo de despedida, pudiera provocar la intransigencia del FMI o, incluso, alguna movida de aquellos que ganaron con la Presidencia Macri y, ahora, rascan el fondo del tarro para ver qué más se pued