Pese a la recesión, la inflación no cesa

Economía
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El IPC de junio informado por el Indec y el informe del Fondo sobre la economía argentina dan cuenta de una economía “atada con alambres”. Los pronósticos, lejos de ser alentadores, tienden a confirmar la profundización de la recesión.

La economía argentina está en crisis y no lo dice la oposición. Lo dice el FMI y lo confirma el Indec. Esta semana ambos organismos difundieron información sobre la situación económica nacional: el Fondo elevó el pronóstico inflacionario para este año, recortó la perspectiva de crecimiento para el próximo y admitió que la situación financiera del país es “volátil”; en tanto, el Indec difundió el IPC de junio: 2,7 por ciento, 22,4 el acumulado y 55,8 el interanual. Sin embargo, el gobierno profundiza su campaña electoral desconociendo la realidad.

Pese a la profunda recesión en la que está inmersa la economía, el gobierno no puede detener el ritmo inflacionario. Si tenemos en cuenta que la economía está en retracción, los aumentos son siderales. Una inflación de casi tres puntos para uno de los meses en el que suele registrarse los índices más bajo, con el dólar “planchado” y los aumentos de tarifas pospuestos hasta después de las elecciones, invita a preguntarse: ¿es bajo el índice anunciado por el Indec? Al revés de lo que plantea el gobierno y sus usinas de difusión mediática, las cifras son altísimas. Así se vive en las góndolas de los supermercados, en las farmacias, en el ocio y en las calles. Los rubros que más subieron fueron comunicaciones (7,1), recreación y cultura (3,7), salud (3,6), equipamiento y mantenimiento del hogar (3,4), alimentos (2,6) y prendas de vestir (1,9).

Donde más se siente la inflación es, una vez más, en productos de consumo de primer orden para los trabajadores. En el último año, la leche en sachet aumentó un 82,1 por ciento; el detergente 108,5; 87,5 la lavandina; 80,5 el pollo; 79,9 los fideos secos y 74,5 el arroz blanco. El pan y la carne picada, por ejemplo, siguen muy de cerca estos incrementos.

Entonces ¿se está desacelerando la inflación tal como sostiene el gobierno? Una lectura sesgada y descontextualizada de los números, podría permitir una interpretación de este tipo. Pero la verdad es que con la economía parada –cierre de industrias, caída del consumo, etc.–, con el poder adquisitivo del salario en baja y con una tasa de interés superior al 60 por ciento, resulta difícil sostenerlo. En realidad, la pregunta correcta sería ¿cómo es posible que en estas condiciones la inflación interanual roce los sesenta puntos?

Una vez más, hay que colocar al proceso inflacionario en su justo lugar, como fenómeno que habla de la puja distributiva al interior de un país. Con el dólar “estable” y las tarifas “congeladas” hasta fin de año, la remarcación de precios sigue siendo una herramienta para los formadores de precios. En una economía altamente concentrada y con fuerte presencia de grandes empresas internacionales, la remarcación de precios es una herramienta más fácil de usar para los sectores patronales que la negociación paritaria para los trabajadores. Esto, sumado a la alianza estratégica, fundada en intereses de clase que el gobierno tiene con el sector privado, explica en parte porque los salarios aumentan cada vez menos en relación con la inflación.

 

El informe del Fondo

 

Al tiempo que el gobierno festejaba los guarismos difundidos por el Indec, ya que entendía que frente a una inflación de 6,5 puntos como la registrada en septiembre del año pasado, 2,7 puntos consistían un logro, el Fondo Monetario daba a conocer un nuevo informe en el marco del acuerdo que Macri tiene con el organismo multilateral. Si para la realidad concreta de los trabajadores los números difundidos por el Instituto de estadísticas no fueron buenos, menos lo fue para el gobierno las noticias que llegaban desde Washington.

El informe elaborado por la misión que encabeza en el país Roberto Cardarelli resultó un golpe para el Ejecutivo. Rendido ante las evidencias de la situación económica de la Argentina, el FMI se vio obligado a aumentar el pronóstico de inflación para el 2019 (de 30,5 a 40,2), recortó la previsión de crecimiento para el año próximo, advirtió sobre la volatilidad “financiera” del país y reconoció que a partir del año que viene será más difícil avanzar en el programa debido a la falta de consenso para impulsar las tres reformas que contempla: la laboral, la previsional y la impositiva. Así las cosas, una vez más la Argentina es sometida a las imposiciones del Fondo.

Por ejemplo, el informe incluye un apartado de “autorizaciones”, lo que da cuenta de la pérdida total de la soberanía política y económica del país. Allí el FMI autoriza al Bcra a tener una mayor intervención en el mercado de dólar a futuro: podrá vender hasta 3.600 millones de dólares bajo este concepto. También, sugiere al gobierno mantener altas las tasas de interés.

Las sugerencias, pedidos y órdenes que el FMI le hace al gobierno se llevan a cabo mientras sigue financiando las posibilidades electorales de Macri. Financiación que el país deberá pagar hasta el último centavo pero del que aún hoy el gobierno no puede dar cuenta. En estos días –justo en mes antes de las Paso–, el Fondo realizó un nuevo desembolso: 5.400 millones de dólares. Al día de la fecha, Macri recibió el 78 por ciento del valor total del préstamo acordado. En septiembre, otra vez justo un mes antes de las elecciones generales, llegarán otros tantos. ¿Se animará el Congreso a partir del 10 de diciembre, con una nueva composición, a convocar a Macri y a su equipo para que rindan cuentas sobre qué se hizo con el dinero y por qué?