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Política
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Desde el universo del capital marcan el terreno y aprovechan la pandemia ¿Por qué será que le apuntan a los salarios y convenios laborales? ¿Quién gana y quién pierde con el precariado?

El grupo Techint que lidera Paolo Rocca, quiere bajar -a la mitad- los salarios a los trabajadores de Tenaris Siat, al menos hasta fin de año y pese a que incluso con la pandemia sostuvo su actividad.
La decisión significa un nuevo putsch contra derechos adquiridos por los trabajadores que se declararon en estado de “asamblea permanente”.
Desde que comenzó, esta multinacional con sede en la cloaca fiscal de Luxemburgo, quiso aprovechar la pandemia para maximizar su tasa de rentabilidad a costillas de los operarios.
Apenas inició la pandemia, y pese a que ya regía la prohibición de despedir personal, intentó deshacerse de más de 1.450 trabajadores.
Ya en abril, metió la mano en el bolsillo de los empleados cuando quitó un plus por productividad, lo que implicó un recorte del quince por ciento en el salario de bolsillo. Después se inscribió para cobrar ATP y en la lista metió de contrabando a personal jerárquico y gerentes.
Vale recordar que de acuerdo a su último balance publicado, el holding cerró con un positivo de 1.662 millones de dólares, lo que representa un incremento del 62 por ciento respecto al año anterior.
Y que, según la revista internacional Forbes, con una fortuna de 9.600 mil millones de dólares, Rocca es el argentino más rico.
El Grupo también controla alrededor de cincuenta mil puestos de trabajo y es parte vital de la Asociación de Empresarios Argentinos, que representa algo de lo más concentrado del universo del capital que actúa en el país.
¿Pero será que lo de Techint es un caso aislado? Y, en tal caso, qué será lo que están buscando.
Casi en simultáneo, dese la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (Copal) su presidente, Daniel Funes de Rioja, reclamó que el Estado se haga cargo de los despidos del sector privado y, para eso, propuso una fórmula: cambiar indemnizaciones por seguros de desempleo.
Lo de la Copal nada tiene de nuevo. Esta corporación sabe que representa un sector que incide sobre el precio de góndola, lo que le otorga una capacidad de lobby importante.
¿Pero será esto suficiente como para que le pida al Estado que, otra vez, asuma el costo de la merma de rentabilidad que el sector privado traduce en despidos?
Como se ve, una vez más, las patronales echan mano a un apotegma fundante del capitalismo: privatizar ganancias, socializar pérdidas.
Eso sí, a la hora de las definiciones, Funes de Rioja, reclamó que el mismo Estado que quiere que garantice seguros para que las patronales puedan despedir sin indemnizar, no intervenga para prohibir despidos y suspensiones. Y recalcó: “la solución no es duplicar indemnizaciones”.

Flexibilizar

Durante la Presidencia Macri, según datos oficiales, se destruyeron 239.700 puestos de trabajo asalariado formal. Esto es muchísimo y apenas tres meses después, la pandemia encorsetó cualquier posibilidad de reactivación.
En este contexto, desde el universo del capital aparecen algunas muestras de originalidad, claro que siempre con la mira puesta en cercenar derechos laborales.
Tal es el caso de empresas que se prestan empleados como si fueran jugadores del fútbol. Para ello recurren a acuerdos por los que, en lugar de contratar nuevos trabajadores, suman personal temporal de firmas cuya actividad cayó por la pandemia.
A este recurso están echando mano empresas integradas en la Cámara Argentina de la Industria del Software y Mercado Libre, cuya facturación se benefició con las restricciones que impone el Covid-19.
Con este telón de fondo, un reciente trabajo del Observatorio de Derecho Social de la CTA Autónoma, revela un crecimiento importante de las suspensiones que alcanzaron al 7,5 por ciento del universo del trabajo formal en abril y casi el nueve por ciento en mayo.
Asimismo, resalta que entre abril y junio, apenas se firmaron 55 acuerdos paritarios por rama de actividad. Pero de ellos, sólo aceiteros, desmontadores y bancarios llegaron a acuerdos anuales, mientras que en el resto de los casos, la mayoría pactó por períodos de tres a seis meses.
Y al parecer, esta es una tendencia que difícilmente vaya a revertirse durante este año. Un relevamiento que hizo la consultora People & Organisation de PwC Argentina entre 180 compañías locales, señala que los encuestados prevén paritarias por debajo de la inflación “como efecto de la pandemia”.
El relevamiento habla de que tras los ajustes presupuestarios de las patronales, el promedio de recomposición salarial estaría en el treinta por ciento, al tiempo que calcula una inflación del 43.
Por eso, a nadie sorprende cuando figuras como revisión de convenios y flexibilización laboral, vuelven a ensombrecer el horizonte de cientos de miles de trabajadores.
Entre quienes picaron en punta está la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (Afac), que no hace mucho fue recibida por el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, a quien abiertamente le pidió luz verde para modificar los convenios colectivos del sector, para poder acordar por empresa y, así, avanzar en “acuerdos individuales”.
De acuerdo a Afac, esto permitiría que las empresas avancen en un diseño que contemple suspensiones rotativas y reducción de jornada laboral “mientras dure la caída de demanda” ¿Una vez internalizado este esquema, alguien se imagina lo que puede costar desarmarlo?
Pero así las cosas, a la hora de encontrar respuestas rocambolescas, siempre aparece algún representante de Juntos por el Cambio.
Esta vez la defensa incondicional -¡y hasta el ridículo!- del universo del capital le tocó al diputado nacional José Luis Patiño, quien propuso que se declare a los feriados como días no laborables, para que los empleadores sean quienes definan si otorgan el correspondiente asueto a los trabajadores.

¿Dónde está la plata?

Según un informe de Ecolatina titulado “El empleo en cuarentena”, la tasa de desempleo superó el quince por ciento durante el segundo trimestre y cerraría el año en algo así como 13,5, lo que la coloca en el rango que tenía durante 2003, pero bastante por debajo de 2002 que fue el pico más alto de las últimas décadas. El trabajo destaca que el principal deterioro aparece entre los trabajadores informales y cuentapropistas.
Por su parte, el Ministerio de Trabajo señala que entre diciembre de 2019 y abril de 2020 se destruyó el 2,5 por ciento del total de los empleos formales, lo que supera la caída registrada durante 2018-2019.
A diferencia de aquel período, el deterioro no tiene a los asalariados privados registrados como los más perjudicados. En esto tiene que ver la estrategia desarrollada por medio del programa de Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP), por el que el Estado se hace cargo de hasta la mitad del salario de los trabajadores de las 245 mil empresas beneficiarias.
Pero también por otras políticas contracíclicas como la asistencia de la banca estatal a alrededor de 136 mil empresas con créditos a tasa subsidiada del 24 por ciento.
Por su parte, autónomos y monotributistas son los sectores donde más pérdida de trabajo se presenta con un 5,2 y cuatro puntos negativos respectivamente. Ahí el Estado asiste con más de 350 mil créditos a tasa cero para monotributistas y autónomos, así como los nueve millones de Ingreso Familiar de Emergencia ( IFE).
Como se ve la situación es crítica, pero para el universo del capital, la crisis siempre abre oportunidades y esto lejos está de ser una excepción. Por eso intenta preparar el escenario del día después, instalando que la crisis es consecuencia del Covid-19 ¿Pero será verdad?
Como explicamos reiteradamente desde NP, la pandemia sólo profundiza una crisis prexistente, que es sistémica del capitalismo, y desde hace rato viene dando señales claras como las que se encuentran en la burbuja bursátil que condujo a la sobrevaloración, la degradación del capital material/productivo en beneficio del financiero y el crecimiento exponencial de la deuda pública como mecanismo de apropiación de soberanía en detrimento de las formaciones estatales.
En todos los casos el capital financiero concentrado transnacional es el que va ganando y cuando acabe la pandemia va a tener un bien escaso: liquidez.
Con esto tiene que ver la renegociación de la deuda que está en desarrollo y cuya resolución puede condicionar el escenario financiero, económico y político de la post-pandemia en Argentina, en el que el gobierno intenta instaurar su acuerdo policlasista.
Las idas y vueltas y tensiones que aparecen en esa negociación, hablan de la facilidad con que en el capitalismo, la responsabilidad de la deuda privada acaba recayendo sobre el Estado y el pueblo por medio del mecanismo de ajuste y licuación.
Queda claro que la pandemia expuso en calzoncillos la gravedad de la crisis del capitalismo, que es correlato del estallido de 2009, y que el sistema sólo logró emparchar.
Y, asimismo, que esto pega con dureza en un escenario local en el que, como acabamos de repasar (¡y eso que no hablamos de la banca privada!), el universo del capital no deja de mover sus piezas para condicionar el acuerdo que pretende el ejecutivo, con la intención de colar medidas que permitan flexibilizar los convenios laborales.
Por eso es que en este punto resulta prudente preguntarse qué hizo el universo del capital con lo que viene ganando, por lo menos desde 2007, tal como lo revelan los balances de las principales empresas que actúan en el país.
La pregunta parece boba, pero resulta preciso hacerla si se quiere hablar sobre lo evidente, sobre todo, a la hora de pensar de qué se puede hablar en ese espacio propuesto por el ejecutivo como el Consejo Económico Social.
Ahora es el Estado el que debe salir a subvencionar a las empresas para evitar que despidan trabajadores y, aun así, los despiden. Y es el Estado el que va a tener que salir a bancar el costo de la reconstrucción del día después de la pandemia.
Entonces vale preguntarse dónde pusieron la plata que ganaron todos estos años ¿Será que con el gobierno de Cristina Fernández la “juntaron con pala” y con Mauricio Macri la fugaron con pala? ¿Qué horizonte puede tener un acuerdo que parte de la naturalización de algo así?
Esta pregunta es clave y vuelve a poner en evidencia que en cualquier versión del capitalismo, la producción de bienes y riqueza es social porque la realizamos -en conjunto- todos los trabajadores, pero la toma de ganancias siempre es privada.
Y esto es algo que también la pandemia exhibe en toda su dimensión. Pero asimismo ayuda a volver más epidérmicas las características y consecuencias del capitalismo y su propia crisis.
Porque no es lo mismo hacer la cuarentena hacinado en una villa sin agua y con cortes de luz, que para alguien que la pasa en un barrio privado y ni que hablar para quien puede elegir transitarla paseando por Paris, la Costa Azul y Suiza.
Si alguien dice que lo del antagonismo de clases es un cuento chino, que explique esto.
Entonces, no pueden decir qué hicieron con lo que ganaron todos estos años, durante la pandemia los financiamos entre todos, pero igual ya están pidiendo ventajas para el día después ¿Por qué será todo esto?
Aquí vale aclarar que lejos de ponerse al margen del proceso económico, el Estado Liberal Burgués siempre interviene y lo hace regulando para inclinar la balanza decididamente en favor del universo del capital. Y, a veces, intenta generar ciclos de acumulación acelerada y crecimiento sostenido de la producción de carácter keynesiano, que permiten un acotado reparto del excedente social como el que pretende -a grandes trazos- el acuerdo postulado por el ejecutivo.
Por eso lo que en este caso busca el universo del capital, es avanzar en aquello que la movilización popular frenó durante diciembre de 2019: destruir el cuerpo de leyes que rige a la relación entre los universos de trabajo y capital.
Porque reemplazar el criterio piramidal por el de red, se vincula con la maximización de la tasa de ganancia a costillas de los trabajadores y el consecuente fomento de la tercerización, favorece la desarticulación de la unidad productiva -la fábrica y empresa- como espacio de resistencia y organización de los trabajadores.
Ya que bajo el diseño en red, los trabajadores pueden coexistir dentro de un mismo espacio, pero con actividad regida por diferentes convenios y patronales, empresas que -como mamushkas- se esconden una dentro de otra, tercerización tras tercerización, subcontrata tras subcontrata.
Esto tiene efectos prácticos inmediatos que perjudican a los trabajadores, pero asimismo se trata de algo inscripto en el ADN capitalista: su afán por desarticular el espacio de resistencia y organización, para avanzar en la sustitución del proletariado por otra figura, el precariado. Y, desde ahí, cumplir con su sueño de destruir la lucha de clases.