La reforma judicial, lucha política y de clase

Política
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Con el 2020 casi cerrado, el proyecto de reforma judicial presentado por el gobierno duerme el sueño de los justos en la cámara baja ¿Por qué resulta tan difícil y complejo avanzar con una reforma judicial? Para Dinani, abogado de la Ladh, “la participación popular es el único factor que puede inclinar la balanza hacia una reforma del Poder Judicial”.

“La reforma judicial es la batalla política más importante y difícil del gobierno en el mediano plazo, porque implica enfrentarse de verdad con uno de los poderes reales de la Argentina” analizó Pedro Dinani, abogado comunista y miembro de la Liga Argentina por los Derechos Humanos (Ladh), en el marco de las repercusiones generadas por el informe final elaborado a fines de noviembre por el Consejo Consultivo para el Fortalecimiento del Poder Judicial y del Ministerio Público, en el que el grupo de especialista recomendó al Poder Ejecutivo emprender una serie de reformas sobre el Poder Judicial.
Con el 2020 casi cerrado, y luego de obtener media sanción en la cámara de Senadores, el proyecto de reforma judicial presentado por el gobierno duerme el sueño de los justos en la cámara baja. Al respecto, Dinani afirmó que “al tratarse de un proyecto de alto contenido político en el sentido conflictivo del término, es decir, de enfrentamiento con una parte del poder real en Argentina, es necesario incrementar el caudal de apoyo al proyecto para lograr su aprobación”.
Harto conocido es uno de los argumentos más sólidos para emprender una reforma judicial en el país: en términos formales jueces, fiscales y defensores integran el único poder del Estado cuyos miembros no son elegidos por el voto popular. Luego, su desempeño como funcionarios del poder público tampoco es sometido al escrutinio electoral. Esta formalidad consagrada por el Estado liberal tiene consecuencias profundas, materiales y concretas, en la vida cotidiana de todas las personas y afecta especialmente a los sectores populares: trabajadores, pequeños y medianos empresarios, pequeños y medianos productores, etc. Bien sabido es que los mecanismos de selección y evaluación de los miembros del Poder Judicial tienden a fortalecer su espíritu de cuerpo, su escisión respecto a gran parte de la población y su consecuente comunión de intereses con el poder económico, del que resulta tanto garante como parte. Entonces: ¿por qué resulta tan difícil y complejo avanzar con una reforma judicial?
Una hipótesis posible que explicaría esta dificultad podría ser, justamente, una prolongación del problema planteado: la impotencia o falta de voluntad política, por parte de los promotores de dicha de reforma, de constituir una voluntad popular encarnada en un sujeto colectivo que participe de los debates y propuestas de reforma y que pueda pugnar, con perspectivas de éxito, frente a las resistencias generadas por la comunión de intereses entre el poder económico y judicial. En ese sentido, Dinani remarcó que “la participación popular es el único factor que puede inclinar la balanza hacia una reforma del Poder Judicial que vaya más allá de la regulación de un poder del Estado devenido en corporación”.