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País
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Un paro que fue contundente y una lucha que recién comienza ¿Podrá la movilización popular frenar el Proyecto de Ley Bases 2 en el Senado y hacer que Diputados declare la inconstitucionalidad del DNU 70/2023? Cosas de la coyuntura, táctica y estrategia para una historia que tiene un final abierto.

El paro de ayer fue contundente en todo el país y expresó con contundencia que esta vez no funcionó el intento de mantener atomizado el conflicto y que, tal como se viene dejando en claro con la Marcha Federal Universitaria y la jornada del Día Internacional de los Trabajadores, la calle no se dividió y la demanda que surge desde abajo actúa como un acicate para una CGT que aunque su posibilidad de intervención directa en el conflicto social sea relativa, conserva capacidad catalizadora de ese conflicto. Por lo que la pregunta es hasta dónde está dispuesta a avanzar o, dicho de otra manera, cuándo va a comenzar a mostrar ante el gobierno sus cualidades de mediador y neutralizador de ese conflicto social.

Es verdad que en esta oportunidad y a diferencia de otras recientes que tuvieron como protagonistas a varios de los integrantes de la actual cúpula cegetista, la cosa está mucho más complicada para los trabajadores, lo que le deja a la cúpula cegetista menos margen para la negociación con un gobierno que en palabras del propio Presidente, persiste en su idea de “mearlos a todos”.

Pero no es menos cierto que, paradójicamente, el Proyecto Bases 2 presenta segmentos que interesan particularmente a la comandancia de la CGT que ya exhibió su capacidad para influir sobre la letra chica, cuando la iniciativa se analizaba en la Comisión de Presupuesto y Hacienda de la Cámara Baja. Ahí, aunque en relación a otros momentos, la representación formal de la CGT es minúscula, consiguió que se modifiquen los capítulos inherentes a la baja de la ultraactividad en los convenios, así como aquel inherente a la prohibición de las contribuciones solidarias de los trabajadores no afiliados a los sindicatos.

Entonces al tiempo que corre el reloj en el compás de espera para ver qué resolución puede tener el Proyecto de Ley Bases 2, parece que La Rosada acusó el golpe que significó, al menos par a el narcisismo presidencial, la jornada de ayer. El vocero Mauel Adorni dijo que se sienten “traicionados por la CGT”, también que el paro fue “inentendible y netamente político” y aseveró que por culpa de la medida de fuerza, “muchos trabajadores hoy no pueden poner un plato arriba de la mesa porque les hicieron perder el día”.

Que el paro fue político está claro, tan político como es cada una de las medidas gubernamentales que Adorni debe salir a explicar cada día, incluidas aquellas que de verdad hacen muy difícil que los 3,2 millones de argentinos que la Presidencia Milei arrojó a la pobreza, puedan poner un plato de comida sobre la mesa.

Otro que salió a sobreactuar la reacción, es el gobernador de Tucumán, quien en ronda de prensa aseveró que “no comparto para nada” el paro nacional y después sostuvo que tal postura se fundamenta en que “el país está en una situación de crisis total” y por eso “no creo que parando el país, no trabajando, no produciendo, no industrializando, lo único que estamos haciendo es perdiendo, estamos perdiendo todos”.

Lo que no tuvo en cuenta, es que precisamente a raíz de las políticas gubernamentales que él defiende, sólo en el sector pyme se acumulan más del ochenta por ciento de los despidos de trabajadores, con lo que apenas en cuatro meses, Javier Milei empató la marca que a Mauricio Macri le costó alcanzar en cuatro años. Un reciente informe de Industriales Pymes Argentinos, da cuenta de que son alrededor de sesenta mil los puestos de trabajo perdidos durante este período. Entonces es evidente que fracasó cualquier intento por circunscribir el conflicto a una cuestión meramente sindical reivindicativa y, a su vez, el de negar la relación que esa parte del problema tiene con una realidad social que a esta altura es límite para muchos trabajadores. Y quedó e evidencia que cualquier abordaje va a demandar una vía de resolución política.

Esta mirada parece preocupar a buena parte del bloque de representación política que se opone al gobierno pero sin decidirse a abandonar su zona de confort y, asimismo, a una parte de la cúpula cegestista ¿Podrá el staff gobernante fomentar la dispersión de los focos de resistencia y lucha que se multiplican hacia adentro del universo del trabajo, echando mano a la utilización de la chequera y garrote? Parece incuestionable que se equivocó quien pensó que el paro de ayer podía servir para descomprimir la presión que sube desde las bases. Pero también lo es que todavía no se ve con claridad cuál es la hoja de ruta más apta para enfrentar lo que se viene a la vuelta de la esquina. Porque los despidos se multiplican, el endeudamiento público se acelera junto con la destrucción del aparato productivo y la profundización del cercenamiento de derechos laborales, sociales, políticos, de ciudadanía y humanos. Y esto puede normativizarse si prospera el Proyecto de Ley Bases 2 y si Diputados persiste en no sesionar para declarar la inconstitucionalidad del DNU 70/2023.


Unidad para la acción


¿Podrá la contundencia de la jornada de ayer, convertirse en insumo para profundizar el estado de movilización que diferentes sectores vienen protagonizando, para intentar que se frenen el Proyecto de Ley Bases 2 y el DNU 70/2023? Si se logra construir un escenario así, se sacaría la lucha del plano de la estricta reivindicación salarial, que es más fácil de atomizar, para poner en el centro de la escena la pelea de fondo que existe inexorablemente en los universos del capital y el trabajo, al tiempo que necesariamente llevaría a que las reivindicaciones laborales se imbriquen con el conflicto social y la lucha política.

Si no se consigue dar esta vuelta de rosca, el tándem de poder que ocupa La Rosada por medio de la Presidencia Milei puede permanecer más tranquilo, porque en ese escenario siempre va a seguir teniendo un as en la manga para administrar la puja entre ambos universos y, por ende, para sostener su capacidad de dosificar las respuestas, siempre parciales, que formule para intentar morigerar el conflicto social.

La historia reciente es elocuente. En un escenario que por lo coyuntural y la proyección que tiene es cada vez más horrible para los trabajadores y el pueblo, una parte del bloque de representación política que pretende mostrarse como opositor, apela a “la gobernabilidad” e intenta obturar la posibilidad de que se avance en la construcción de un plan lucha que salga al cruce de un gobierno que le pide complicidad a la hora de convertir en Ley un instrumento que, entre otras cosas, resigna soberanía nacional, política y económica, al tiempo que condiciona la gobernabilidad de las próximas presidencias. Y esto es apenas una parte de una construcción que, desde una mirada de clase, así como desde factores geoestratégicos, geoeconómicos y geopolíticos que exceden al propio gobierno, ensombrece el presente y el futuro de nuestro pueblo.

Pero nada de esto opaca el paro de ayer que, entre otros mensajes, deja en claro que comienza a existir un escenario propicio para la construcción de unidad en la acción para actuar sobre la coyuntura, pero con una mirada táctica y estratégica que permita comprender de qué va esto de la Presidencia Milei y el “cambio cultural” que la clase capitalista intenta consolidar por su medio.

En este camino una cita insoslayable es la que se aparece a la vuelta de la esquina, porque la movilización popular puede salir al cruce del Proyecto de Ley Bases 2 y mover el fiel de la balanza de un Senado en el que todavía no está dicha la última palabra.

Y en esto los comunistas podemos aportar desde una perspectiva de clase y un acerbo identitario importante, para la tarea de sumar masa crítica a la hora de resistir y reconstruir un imaginario social de clase, algo que es posible sólo si antes desmitificamos lo que se presenta como atributo sacralizado del capitalismo, aquello que ahora mismo pretende naturalizar la Presidencia Milei por medio de su blitzkrieg. Pero esto es posible sólo si se comprende que existe otra forma de relación humana y social y que, esa forma, es no capitalista.