¿Quién fabrica la pobreza?

Política
Typography
  • Smaller Small Medium Big Bigger
  • Default Helvetica Segoe Georgia Times

¿Si comer en Argentina es barato, por qué hay veinte millones de pobres? Una historia de verdades canónicas con un final anunciado que se paga a la hora del almuerzo.

Los datos que reveló el Indec son lapidarios: el 42 por ciento de las personas que viven en el país fueron empujados a la pobreza. Para ponerlo en dimensión, alcanza con decir que se trata de 19 millones de argentinos, algo así como si toda la población de las provincias de Buenos Aires y Santa Fe viviera en la pobreza.
De acuerdo al informe que refleja lo que pasaba durante el segundo semestre de 2020, si se la compara con los datos del inicio de la pandemia, el indicador trepó sólo 1,1 puntos, algo atribuible al impacto positivo de las medidas de asistencia social que dispuso el ejecutivo. También señala que en el segundo semestre de 2020, el 7,8 por ciento de los hogares se encontraban por debajo de la línea de indigencia.
Así las cosas, si se compara el segundo semestre de 2019 y el mismo periodo de 2020, se advierte que la pobreza creció 6,5 puntos porcentuales, lo que significa que algo así como 2.900.000 personas que cayeron bajo la línea de pobreza. Pero cuando se toma el período que va de los semestres iniciales de 2018 y 2019, se ve que fueron 3.761.305 personas. La pandemia fabricó pobres, pero no tantos como el Gobierno Cambiemos.
¿Pero qué es lo que tiene en cuenta el Indec para considerar que una persona es pobre? Básicamente si puede adquirir los productos de la canasta básica que, entre otras cosas, contiene carne bovina.
“No hay chance de que baje el precio de la carne”, sentenció Miguel Schiariti, casi en simultáneo con el momento en que el Indec daba a conocer la cifra de la pobreza. Se trata del presidente de la Cámara de la Industria de la Carne, que reaccionó así porque el Gobierno prorrogó el programa Precios Máximos hasta el 15 de mayo.
En este contexto y mientras despotricaba, Schiariti dijo que comer en Argentina es “baratísimo”. Queda claro que hay alrededor de veinte millones de argentinos que, a estas horas, deben pensar diferente.
No se sonroja Schiariti como, seguramente, tampoco lo hacen los millonarios que presentan cautelares para no hacer el aporte solidario que les corresponde de acuerdo a lo previsto por la Ley 27605. Desde la Afip estiman que de cuatrocientos a ochocientos millonarios analizan judicializar el pago del aporte.
Tampoco lo hacen los alrededor de mil sobre los que, ahora mismo, puso la lupa la Afip que está interesada en saber por qué antes de que se presentara el Proyecto reconocían patrimonios personales superiores a los doscientos millones que, de un día para el otro se esfumaron de sus respectivas declaraciones juradas, como por arte de magia.
Queda claro que la pobreza no pasa sólo por la canasta de alimentos, pero seguro que quienes tienen dificulta para comer todos los días, son pobres.
Pese a los encuentros sectoriales que viene propiciando el Gobierno, para intentar establecer qué pasa con la cadena que acaba en los precios de góndola (Ver La quimera por el oro). Durante la cuarta semana de marzo los alimentos se aceleraron, en promedió, 1,1 por ciento lo que lleva a una suba del cuatro acumulada para todo el mes, según un informe de la consultora LCG.
En este contexto, la Mesa Nacional de la CTA anunció que va a iniciar “una campaña de denuncia pública contra las grandes compañías productoras de alimentos que siguen remarcando para ampliar sus ganancias a expensas de una inflación que castiga a millones de trabajadores”.
En este punto, vale volver a recalcar que los actores que desde el universo del capital definen los precios de la canasta básica, son un puñado de conglomerados de empresas que disfrutan de posiciones dominantes en la producción, circulación y comercialización de los productos que la integran.
Del otro lado quedan muchísimos trabajadores a los que no les queda otra cosa que pagar cualquier precio, por lo que necesitan para algo tan básico como comer. De esto va lo de la puja distributiva que, por eso, no es otra cosa que otro episodio de la lucha de clases (Ver Puja distributiva ¿quién se come la torta?).
Esto es así porque, en esencia, la dinámica que fomenta la fábrica de pobres, tiene como garante al mecanismo simbiótico que existe entre el Estado Liberal Burgués (ELB) y la estructura corporativa empresarial capitalista.
Y esto va más allá de que quien gobierne sea una banda de forajidos como la que estuvo en La Rosada hasta diciembre de 2019, o una expresión reformista que confía en un “capitalismo bueno” capaz de armonizar la puja por la hegemonía social, por medio de pactos que puedan reorganizar a las diferentes facciones del capital y que, además, logren sustentabilidad.

Propiedad y privada

Así las cosas y más allá del intento gubernamental de avanzar en acuerdos que buscan morigerar los precios de la canasta e incluso de las denuncias públicas que puedan hacerse, está claro que la propia construcción del ELB, lleva en su propio ADN la tarea de blindar a la propiedad privada para garantizar la defensa de las clases propietarias ante cualquier intento de avance hacia formas de igualitarismo económico.
Y ahí está una de las claves de este asunto. La cantidad de pobres es un dato que entrega la coyuntura, pero es apenas un índice de una trama de relaciones sociales, económicas y políticas concretas que son las que impone el sistema capitalista.
¿Pero será que está todo perdido? Quizás la clave esté en aceptar que es posible construir un futuro donde se invierta la polaridad de esas relaciones, aprovechando las condiciones que un momento como el actual permite.
Esto es, pequeñas hendijas para imaginar e ir construyendo –a la escala de lo posible- herramientas populares capaces de generar trabajo y excedente social a partir de relaciones sociales no capitalistas (Ver Se viene la pospandemia ¿y si vamos por otro tipo de normalidad?).
Esto es formas autogestionarias y colectivas en las que, desde una verdadera democracia, los propios productores determinen qué, de qué modo, cómo y para qué se produce. Es decir mecanismos que permitan socializar la producción y participación de los trabajadores en la economía.
Sobre esto los movimientos sociales tienen mucho para decir, ya que son los protagonistas de la lucha en esa primera línea donde aparecen las necesidades más urgentes.
Hay áreas de la economía vinculadas a la producción y circulación de las que el sector privado se repliega, tal como sucede cada vez que la crisis capitalista se expresa con un pico. Sería interesante que el gobierno fomente, con acciones concretas y al menos en este tipo de casos, la participación de formas autogestionarias viabilizadas por medio de movimientos sociales ¿Acaso, para esta tarea, hay alguien más calificado?
Es que el capitalismo es exitoso a la hora de expropiar los medios necesarios para la subsistencia y mercantilizar absolutamente todo. Pero lo es todavía más a la hora de imponer como verdad canónica ideas tales como que el problema es la escasez y no la desigualdad, ya que es la propia clase capitalista la que fabrica ambas cosas.
Así, el problema es que por su propia información genética, el capitalismo es antagónico con la democracia. Y esto es bueno tenerlo en cuenta a la hora de advertir por qué en Argentina, cuatro de cada diez personas, es empujada a vivir en la pobreza.