Romper todo

Política
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¿Por qué en lo peor de la pandemia Rodríguez Larreta de pone el saco de Patricia Bullrich? El salario se diluye en las góndolas, en medio una puja distributiva en la que el trabajo se transforma en dinero especulativo ¿Quién gana con todo esto?

Para mañana martes, el Ministerio de Trabajo convocó el Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil que desde marzo es de 21.600 pesos, mientras que hoy el ejecutivo debe presentar ante la Corte Suprema, un informe en el que defiende la constitucionalidad del artículo 2 del DNU 241, que fue cuestionado por el jefe de Gobierno de la Ciudad.
El efecto del DNU alcanza a la zona Amba y se extiende hasta el viernes y su impacto es mínimo si se lo cuantifica en cantidad de horas de clase presenciales afectadas (Ver Educar a puro escupitajo).
¿Pero entonces por qué una reacción tan desmedida como la que encabezó Horacio Rodríguez Larreta? La respuesta del jefe de Gobierno debe ser leída como una señal hacia adentro del bloque del bloque político y social al que pertenece, que por sus características no permite dudas ni disensos, mucho menos en un año electoral.
Es que el bloque que sintetiza JxC, es el espacio de representación política de un sujeto social que, aún contra sus intereses concretos, es irracionalmente refractario a cualquier mirada que plantee políticas que busquen distribuir excedentes, por más tibias que fueran.
Pero también y fundamentalmente, es la herramienta político-institucional de las diferentes facciones que coexisten hacia adentro del universo del capital que actúa en Argentina.
Incluso para el universo del capital, durante 2020, la irrupción de la pandemia, provocó inicialmente un cimbronazo que en Argentina fue paliado por la intervención del Estado que, vía subsidios directos e indirectos, favoreció condiciones para que la ralentización de la tasa de rentabilidad de estos sectores sea apenas moderada.
Este es un dato que se verifica en cada sector de la economía productiva y las finanzas. Pero asimismo, se puede constatar empíricamente que la respuesta de esos mismos actores lejos estuvo de ser solidaria.
Probablemente, el caso más evidente sea el de la rebelión de multimillonarios contra la aplicación de la Ley 27605, más conocida como de Aporte Solidario, que hasta ahora sólo pudo recaudar el diez por ciento de lo previsto.
Alrededor de ochenta son los que picaron en punta, a la hora de presentar amparos para evitar que la Afip les cobre. Ahí aparecen Carlos Tevez y el ex socio de Carlos Rosenkrantz, Gabriel Bouzat, asi como Cristiano Rattazzi.
También Héctor Magnetto, Lucio Rafael P Pagliaro y José Antonio Aranda, todos directivos y accionistas de Clarín, conglomerado massmediático que durante 2020 recibió alrededor de setecientos millones de pesos en concepto de pauta oficial.
Y tampoco faltan integrantes del otro gran conglomerado. Matilda Noble Mitre de Saguier es vicepresidenta de La Nación SA, grupo empresarial que tiene una deuda millonaria con el Estado en concepto de IVA y Ganancias por su actividad entre 2002 y 2003, que evita pagar merced a una cautelar presentada hace 18 años por la Asociación de Editores de Diarios. Todo un récord que ayuda a pensar por qué estos dos conglomerados juegan fuerte a que se rompa todo.

Elogio de la estupidez

La CGT anticipó que va a la cita del Consejo con un reclamo de recomposición del cuarenta por ciento, lo mismo pide la CTA.
El punto que plantean las dos centrales lejos está de ser antojadizo. El relevamiento realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) para marzo, revela que una familia precisó 60.874 para no caer en la pobreza y 25.685 para no ser indigente.
Durante ese mes el precio de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) fue aumentado en un 4,5 por ciento respecto de febrero, al tiempo que en el caso de la Canasta Básica Total (CBT), la suba fue de cinco por ciento.
Así las cosas, las variaciones interanuales de la CBA y la CBT resultaron del 48 y 45, respectivamente y aunque abril exhibe cierta morigeración en estos precios, el acumulado del trimestre inicial del año, significa un duro golpe para bolsillo de los trabajadores, pero también pone en duda que se pueda cumplir con las metas inflacionarias previstas por el Presupuesto.
En este contexto, el ejecutivo ya anunció que va a establecer una nueva canasta de 120 productos alimenticios básicos con valores congelados durante seis meses, modificaciones para la comercialización de la carne bovina y que se va a sostener, hasta el 31 de octubre, los precios de venta vigentes al 1° de abril en los casos de telefonía móvil, televisores, microondas y acondicionadores de aire.
Pero asimismo deslizó que puede avanzar en un esquema de suba de retenciones, en el establecimiento de cupos de exportación y en la aplicación de mecanismos más estrictos que pongan la lupa sobre el sistema de declaraciones juradas para la exportación.
Por supuesto que ante esto la Mesa de Enlace puso el grito en el cielo. “Estas medidas atentan contra la confianza que hay que generar para otro tipo de proyectos que impulsan desde el Gobierno” dijo el presidente de Confederaciones Rurales (CRA), Jorge Chemes, al mostrar la vaina sabiendo que el sector que representa, tiene varias cartas ganadora para jugar en este partido.
Una de ellas es política, ya que la adopción de medidas unilaterales por parte de La Rosada, sería un reconocimiento tácito del fracaso o, al menos, de la poca eficacia que exhibieron herramientas como el Consejo Agroindustrial.
Pero hay otra más fuerte. El último informe que presentó la Bolsa de Rosario, elevó las expectativas y da cuenta de que el Estado podría recaudar 7.200 millones de dólares, como consecuencia de la excepcional demanda de soja por parte de la República Popular China y la baja de la oferta de EE.UU. y Brasil.
El problema es que esa demanda exterior, se traduce en un acople del precio de insumos básicos que incide en la canasta de alimentos de consumo doméstico. Esto explica buena parte de la aceleración de los precios de góndola en los que también es determinante la cartelización y concentración que presenta el esquema de producción y distribución. Y, asimismo, su imbricación con el sector financiero.
Por eso cuando hay buenos precios internacionales para commodity como la soja, el maíz o el trigo, aumentan los precios de los alimentos de consumo interno. Pero también lo hacen cuando los precios internacionales están a la baja.
Entonces, palos si bogas y palos si no bogas. Es que en la lógica que rige a la maximización de la tasa de rentabilidad en esta etapa que atraviesa el sistema capitalista, hace rato que la prioridad dejó de estar puesta en la fabricación de bienes, esto es de capital.
¿Qué es lo que se prioriza entonces? Envuelto en su propia crisis, el sistema corre hacia delante transformando todo lo que puede en dinero fiduciario.
Esto explica el por qué de la creciente participación de fondos especulativos en el escenario del agronegocio y, también, ayuda a comprender los motivos por los que Argentina tiene una tasa de inversión privada asombrosamente baja, mientras que en la otra cara de la moneda presenta una tasa de rentabilidad y fuga muy elevada. Todo en un escenario en el que cuatro de cada diez personas viven en la pobreza.
Y permite comprender la carta más fuerte que tiene el conglomerado agroexportador, que sabe que puede esperar sentado arriba del silobolsa más tiempo del que dispone el La Rosada que, entre otras cosas, debe gobernar en un escenario condicionado por una fuerte restricción externa que se agudizó durante los cuatro a los del Gobierno Cambiemos a lo que se sumó la pandemia.
En medio de todo este tire y afloje, el ejecutivo busca herramientas que permitan desacoplar los precios internacionales de los de góndola y evitar que al menos una parte de los dólares que ingresan al país, acaben siendo apropiados por el universo del capital y se transformen rápidamente dinero especulativo que fuga con demasiada facilidad.
Todo esto en un escenario en el que es preciso que se controle la inflación de los precios de alimentos que se dirime, cada vez más, en una feroz puja distributiva que no es otra cosa que un capítulo de la lucha de clases (Ver Puja distributiva ¿quién se come la torta?).
Y, con este telón de fondo, romper todo es un buen negocio para unos pocos que tienen capacidad de lobby, una clara identificación de clase y fuerza corporativa, así como una herramienta político institucional galvanizada y, sobre todo, un tiliguerío siempre deseoso de convertirse en masa de maniobra dispuesta a inmolarse en un verdadero elogio de la estupidez.