¿La hora del Big Stick?

Política
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Kristalina Gueorguieva dice “actúen ahora”, lo que en castellano quiere decir hiperajuste y una hiperdevaluación. Si se pagan los vencimientos de enero y febrero ya se habrá saldado el diez por ciento de la deuda que resulta del Stand-By de 2018 ¿Qué pasa si el ejecutivo señale la línea roja para negociación? Una vieja doctrina que parece volver con inusitada violencia.

“Crecimos casi diez puntos durante 2022 y vamos a crecer alrededor de cuatro este año”, dijo la semana pasada el ministro de Hacienda de Colombia, José Manuel Restrepo, en una entrevista que le brindó a El Espectador, en la que según este diario, utiliza esos datos para “tranquilizar a los mercados” de cara al año electoral en curso. Y, aunque la balanza comercial de 2021 dejó un saldo negativo de 15.205 millones de dólares, esto es del cinco por ciento del PBI, la situación parece no quitarle el sueño a nadie en el Palacio Nariño.

Seguro que la sonrisa de Restrepo sería más amplia todavía, si la balanza comercial de su país hubiera tenido en 2020 un superávit de 12.500 millones y catorce mil millones en 2021 como la que tuvo la de Argentina, país cuya economía creció durante el año que acaba de terminar a un ritmo similar al de Colombia.

¿Pero entonces cuál es la diferencia que lleva a que “los mercados” se calmen con los datos que suministra Restrepo, mientras que con datos similares -e incluso mejores- amenacen con entrar en un nuevo frenesí en esta parte del planeta?

La respuesta es sencilla: la deuda. Una buena fracción del superávit de la balanza comercial de 2020, fue destinado a cancelar deuda y algo parecido pasó con el del año siguiente, lo que explica una parte de por qué las reservas del Banco Central no crecieron significativamente. La otra parte sustancial de la explicación es que una cantidad importante de las divisas que dejó el superávit, se utilizó para mantener a raya a un mercado cambiario sumamente volátil y especulativo, es decir, a “los mercados”.

Este juego de comparaciones, puede servir para exponer con claridad dónde está el problema clave que tiene hoy el país, que además de no tener dificultades con su balanza de pagos, durante 2020 renegoció la deuda con prestamistas privados con los pagos sustanciales se patearon recién para 2027.

Pero también hay que tener claro que lo que se está jugando, es un partido que excede lo que pase en Argentina y que tiene claros componentes geopolíticos, geoestratégicos y geoeconómicos ¿Será por eso que “los mercados” le dan una mano a Iván Duque en un año electoral, después de un 2021 en el que profundizó el ajuste neoliberal con un saldo represivo que se pagó con más de setenta personas asesinadas por protestar?

Es que a la hora de ponerle nombre y apellido, políticamente e ideológicamente, esos “mercados” son la misma task force que hoy, desde el Congreso y La City, operan para que La Rosada firme el acuerdo con el FMI en las condiciones que intenta imponer ese organismo, lo que cerraría el círculo que ellos mismos comenzaron a trazar el día que Mauricio Macri asumió la Presidencia y que tuvo su hito más claro en el pedido de Stand-By que se formalizó durante 2018.

Tal como lo viene haciendo desde que el macrismo se consolidó como uno de los dos actores del esquema de representación política vigente en el país, “los mercados” y ese bloque político son dos partes indisolubles del mismo tándem.

Entonces el problema es político, por sus orígenes y por sus consecuencias. Por eso, tal como lo vienen haciendo desde el mismo instante en que Alberto Fernández entró a Balcarce 50, la horda de economistas sabiondos de la tele, machacan y machacan con que se viene una devaluación a la espera de que la profecía, finalmente, se cumpla.

¿Y qué mejor momento para hacerlo, que cuando la carroza que traslada a Kristalina Gueorguieva se transforma en calabaza? “Actúen ahora”, dijo en estos días la titular del FMI, durante una videoconferencia que tuvo lugar en el contexto del Foro Económico de Davos, para advertir acerca del efecto que el aumento -que se ve venir- de las tasas de interés de la Reserva Federal de EE.UU. (FED), puede tener para los países que tienen elevados niveles de deuda denominada en dólares.

“Si puede ampliar los vencimientos, hágalo. Si tiene descalces de moneda, ahora es el momento de abordarlos para reprogramar los vencimientos hacia delante”, completó Gueorguieva en una frase que los optimistas que quedan en La Rosada, ven como un guiño a Argentina que, entre otras cosas, algo de eso es lo que pide. Pero para los sabiondos de la tele, la misma frase se traduciría al criollo así: “¡firmen ya mismo cualquier cosa que el Fondo les ponga sobre la mesa!”.

Es verdad que si EE.UU. sube las tasas, es como si prendiera una aspiradora de los dólares que andan repartidos por el planeta, lo que en este juego de fabricar escasez, le sube el precio a la divisa estadounidense, por lo que es una pésima noticia para cualquiera que esté endeudado en esa moneda.

Pero también lo es que una medida así por parte de la FED, le daría otro empujoncito para abajo a una economía global que andaba mal en 2019 y quedó muy castigada por las restricciones que impuso la pandemia. Y, en este contexto, hacerle caso a esas lumbreras televisivas, sería algo así como intentar asirse de un salvavidas de plomo, con la esperanza de poder zafar de la tempestad.

Para ponerlo en cifras: el principal punto en el que se estancó la negociación es en el del déficit. El FMI quiere que Argentina se comprometa a bajar el déficit durante este año a un punto porcentual del PBI, lo que quiere decir 2,3 puntos menos que el que el Gobierno preveía en su Proyecto de Presupuesto.

Sin tener que sacarle mucho la punta al lápiz, esto se traduce en un hiperajuste y una hiperdevaluación capaz de llevarse puesto al Gobierno, y que traería consecuencias letales ya que podría hacer que la cantidad de personas que viven en situación de pobreza, trepe por encima del cincuenta por ciento.

¿Y qué pasaría con las jubilaciones que durante los últimos dos años apenas salvaron la ropa, tras cuatro años donde padecieron una caída de veinte puntos? Con el ajustazo que postula el Fondo, se derrumbarían en alrededor de un quince por ciento de acuerdo a lo estimado por el Centro Economía Política Argentina.

Pero también destruiría trabajo y, por ende, consumo interno, lo que llevaría que se resienta la recaudación que en el esquema local tiene un componente clave en el IVA, lo que fomentaría que las empresas que intervienen en las cadenas de valor que acaban en los precios de góndola, hagan lo que mejor saben: ajustar por precio.

Esto, además del terrible costo social, esto es del daño que causaría a personas concretas, en Argentina sería matar a la gallina de los huevos de oro, ya que el principal motor de la economía, es el consumo interno que explica el setenta por ciento del crecimiento.

Entonces, a la vuelta de la esquina, la inflación de precios se va a acabar comiendo el escenario de cierto equilibrio que es la excusa a la que se echa mano para promover el ajuste y la devaluación. Y la consecuencia es que para volver a ordenar variables y precios de la economía, volverían a tocar el tipo de cambio y, por lo tanto, a devaluar otra vez.

Como se ve, todo esto sólo llevaría a recomenzar el círculo vicioso que, a la vuelta de la esquina, traería aparejada la insolvencia para el pago de la deuda en las condiciones pautadas en el acuerdo inicial que dio comienzo a todo este rollo.

Esta receta está lejos de ser una solución, pero sí es un flor de negocio para poquitos y una pésima opción para la mayoría de los argentinos, incluida la vecina de la "carerola" que aunque haga calor, se pasa todo el día con la sonda enchufada a LN+, donde comentaristas y economistas sabiondos se ponen ceñudos para decirle que no queda otra que devaluar.

Para garantizar este recorrido, es que el Fondo exige reservarse la potestad de monitorear cada tres meses las decisiones que tome el Gobierno ¿Pueden ser tan obtusos en el FMI para no advertir esto? Lejos de eso la postura responde a la decisión política de un organismo que formalmente es multilateral, pero que en la práctica está supeditado a la decisión de lo que digan los representantes de EE.UU. Y que, formalmente, tiene por finalidad limar las distorsiones pero que en la práctica se dedica a otra cosa.

 

¡Pero mirá quién habla!

 

Cuando todavía no se había terminado de acomodar en el despacho de Hipólito Yrigoyen 250, Alfonso Prat Gay ejecutó la decisión de liberar el tipo de cambio que, en la práctica, se tradujo en un ajuste ortodoxo que representó una devaluación del peso del cincuenta por ciento que empujó a decenas de miles de personas a la pobreza, al tiempo que abrió la espiral acelerada de bicicleta financiera y fuga de divisas que en menos de dos años llevó a que se le cerrara a Argentina la posibilidad de endeudarse en plazas privadas, lo que generó las condiciones para que Macri embocara a todos los argentinos con el Stand-By de 2018.

Se trata del mismo Prat Gay que, hace poco, hiciera una declaración pública que Macri hizo propia para explicarle a su vecina (la de la sonda) por qué ni él ni Dujovne ni Vidal ni Rodríguez Larreta tienen nada que ver con lo de la deuda con el FMI y por qué, además, ahora tienen la posta de lo que hay que hacer para resolver la situación.

Concretamente, Macri retuiteó a Prat Gay, para defender al sistema de Afjp, pero también para aseverar que cuando se hizo cargo del Gobierno había una situación de descalabro económico, el Banco Central estaba saqueado, el Estado estaba fundido y se había aumentando la deuda pública en 129 mil millones de dólares.

Los argumentos de Macri son tan pedestres como mentirosos y hasta el propio Dujovne los desmintió cuando (Ver Cuentas claras conservan los amigos…y exponen a los enemigos).

Un setenta por ciento del total de la deuda pública está nominada en dólares y esto es merced a lo que dejó la Presidencia Macri, ya que desde diciembre de 2019 el endeudamiento en divisa estadounidense sólo se incrementó un ocho por ciento. Cuando Macri entró a La Rosada, la deuda en dólares era de treinta mil millones y la aumentó 82 mil millones.

Esto es bastante distinto a lo que durante estos días propalan las bocas de expendio de los principales conglomerados massmediáticos que, en tándem con el staff macrista, mezclan dólares con pesos para cerrar el argumento falaz de que el Gobierno Cambiemos endeudó “pero poquito”.

Si se la compara con el PBI, el actual Gobierno la disminuyó 21 puntos respecto a la que encontró y pese a que la deuda pública total es de un 82 por ciento del PBI, el crecimiento del propio Producto ayuda a licuarla, algo a lo que también ayuda que, mayormente, La Rosada viene tomando deuda en pesos y sólo colocó deuda en dólares por algo así como mil millones, pero con el Banco Central.

Queda claro que pese a que el actual escenario está lejos de constituir un mundo feliz, también lo es que en eso mucho tiene que ver el rumbo que eligió la Presidencia Macri, sobre todo por la subordinación al FMI que implica un claro condicionamiento a cualquier estrategia de desarrollo que pretenda tomar el actual Gobierno.

Con este telón de fondo, desde el bloque político que anteayer endeudó al país por cien años, ahora se hacen los distraídos y exigen que el actual Gobierno presente un plan económico. Y en esta escalada tan sínica como rocambolesca, la semana pasada Gerardo Morales dijo que Juntos por el Cambio (JxC) se niega a reunirse con el ministro Martín Guzmán para enterarse en qué estado está la negociación con el FMI, porque hacerlo sería “convalidar el ajuste”.

En este contexto y desde el presupuesto básico de que el FMI es aquello que dice su carta orgánica, el abordaje del Gobierno fue, hasta ahora, intentar convencer a quienes tienen voto en el Directorio del organismo de algo tan evidente como que para garantizar el repago, la economía argentina debe crecer. Y también de que si el Stand-By de 2018 fue otorgado irregularmente, el pago de todo o al menos de una parte de la deuda consecuente, debe tener un tratamiento excepcional (Ver ¡A brindar que se acaba el año!).

Con estas premisas, durante los últimos dos años, el Gobierno buscó con relativo éxito aliados en el extranjero e hizo lo propio, aunque con escasos resultados, hacia adentro de las fronteras del país.

El viernes que viene, Argentina debe enfrentar un vencimiento de 730 millones de dólares, correspondientes a capital de la deuda contraída por Macri con el FMI, y el mes que viene vencen 350 millones de intereses. En todos los casos hay márgenes de flexibilidad para efectuar los desembolsos y hasta aquí el Gobierno tiene con qué estirarse para pagar, aunque sea rascando el fondo del tarro. Pero la línea roja se ubica en marzo, cuando hay un vencimiento de 2.800 millones cuyo pago podría descalabrar las reservas del Banco Central.

De todos modos, si cumple con los pagos de enero y febrero, más lo que ya desembolsó durante septiembre y diciembre de 2021, Argentina ya habría pagado algo así como 4.500 millones de dólares, esto es, alrededor del diez por ciento de la deuda que resulta del Stand-By de 2018.

Junto con el esfuerzo fiscal que hizo y anticipa que va a seguir haciendo el Gobierno, este es el argumento de peso que la semana pasada Santiago Cafiero puso sobre la mesa cuando fue recibido por Antony Blinken. Los resultados de ese encuentro están tan abiertos a interpretaciones varias, como los que provocó la reciente declaración de Gueorguieva ante el Foro de Davos.

Pero lo cierto es que, así como va la cosa, la posibilidad de que Argentina entre en default va dejando de ser una opción para convertirse en una imposición que, aunque parezca paradójico, hace el propio FMI.

Y esa lejos está de ser la mejor alternativa, ya que encarecería todavía más el acceso al crédito en dólares para una economía que los precisa para la obra pública y para abastecer a la industria de partes e insumos, es decir, para dos dispositivos clave para la estrategia de crecimiento y generación de empleo que tiene el Gobierno. Pero también porque esto contribuiría a fomentar tensiones en el mercado cambiario, con el impacto que eso trae aparejado para la cadena que forma los precios de góndola.

Por eso durante estas horas La Rosada baraja diferentes posibilidades y la prioridad parece ser la resolución de “la mejor manera posible” del problema de liquidez que se presenta en la actual coyuntura, que permita descomprimir la situación que plantean los vencimientos pautados para el año actual que son imposibles de pagar, ni siquiera creciendo a una tasa del diez por ciento (algo impensable) como la de 2021 y si se repitiera el superávit comercial de ese año.

El Gobierno confía en que con la matriz exportadora que promueve por medio de su Plan Plurianual, el país podría crecer a una tasa sostenida de alrededor de cuatro puntos anuales, pero incluso así habría que sortear los cuellos de botella de 2023 donde hay que pagar 19.367 millones y de 2027 cuando los vencimientos son por algo así como veinte mil millones correspondientes al Stand-By de 2018 y a deuda con acreedores privados que fue renegociada.

Pero, en este tipo de escenario, La Rosada confía en que si se exhibe un crecimiento constante y, sobre todo, si se logra atraer inversiones con la oferta de buenos negocios como los que promueve la matriz exportadora, se abre la posibilidad acceder al mercado de préstamos y renegociar pagos o refinanciar vencimientos con el FMI. De esto va el encuentro entre Cafiero y Blinken, pero también los que Alberto Fernández va a mantener el mes que viene con Vladímir Putin y Xi Jinping.

 

¿La hora del Congreso?

 

¿Pero junto al esfuerzo que se hace fronteras hacia afuera, qué puede hacerse hacia adentro? Lejos de cualquier expectativa que tuviera el Gobierno, todo JxC se abroqueló como quintacolumnista del FMI y, como tal, corre el arco a cualquier posibilidad de acordar criterios respecto a la negociación abierta por la deuda y, al mismo tiempo, buscan horadar el poder gubernamental y que la actual Presidencia cargue con el peso que implicaría un ajuste como el que exige el Fondo, al que se ofrecen como alternativa para consolidarlo a partir de 2024.

En este sentido, vale volver a señalar que buena parte de la primera mitad de la gestión del Frente de Todos, fue absorbida por la demanda que provocó la pandemia y por la negociación por la deuda con acreedores privados y el FMI. Por eso es que en La Rosada saben que cualquier dilación en la puesta en marcha de un plan de gobierno que decididamente supere estas contingencias puede ser letal. Ese plan, se llama Plurianual y para aplicarlo hay que dar vuelta -aunque sea parcialmente- la página de la deuda (Ver Lecciones de Syntagma para Plaza de Mayo).

Cada día que pasa juega a favor del FMI y su quintacolumnista que gana tiempo con la mira puesta en 2024, mientras hace formidables negocios a caballo de la zozobra que, justificadamente o no, provoca la incertidumbre respecto al desenlace que pueda tener la negociación abierta por la deuda.

Cuatro piezas clave de la matriz exportadora que intenta desarrollar La Rosada, aparecen entre el paquete que se espera que esta semana envíe al Congreso para que sea tratado en sesiones extraordinarias. Se tata de los proyectos de Ley de Hidrocarburos, Agroindustria, Promoción industrial Automotriz y el de Electro Movilidad.

Quizás sería interesante que también se revitalizara a la Comisión Bicameral Permanente de Seguimiento y Control de la Gestión de Contratación y de Pago de la Deuda Exterior para que investigue a los procedimientos que se emplearon para que Argentina firme el Stand-By de 2018, pero también qué se hizo con ese dinero que no aparece en obras públicas ni otros beneficios para el país.

Está claro que de ahí no va a salir una resolución de un día para otro y que su funcionamiento va a ser atacado tal como ocurre, en estos días, con la Comisión Bicameral de Fiscalización de Organismos y Actividades de Inteligencia, pero también lo es que evaluación ex post hecha en diciembre pasado por el Directorio del FMI, es tan elocuente como lo son declaraciones en idéntico sentido hechas por Mauricio Clavert y el propio Macri (Ver Roma no cree en lágrimas). Y también lo es que incluso si se toman por ciertas las explicaciones que da el staff de JxC sobre el destino que habrían tenido los 45 mil millones que giró el FMI, hay al menos veinte mil millones que nadie sabe dónde fueron a parar.

Por eso la Comisión también podría recibir los aportes que, desde la academia, brinda el trabajo que recientemente publicaron Karina Patricio Ferreira Lima y Chris Marsh (Ver ¿Viejo trayecto o Nueva Ruta?) y escuchar a Claudio Lozano y al abogado Eduardo Barcesat que realizaron denuncias penales a raíz del Stand-By.

Pero asimismo y como es evidente que el principal bloque de oposición no tiene interés de comprometerse con algún tipo de resolución del tema, sería útil que se envíe un proyecto para que Legislativo señale al Ejecutivo cuáles son las líneas rojas que nunca debería pasar en la negociación con el FMI.

 

Un dólar marcado

 

¿Pero entonces por qué insiste el FMI en sostener y endurecer su posición, si tiene claro que el otorgamiento del Stand-By estuvo flojo de papeles y que en las condiciones que quiere imponer, su pago lo vuelve de imposible cumplimiento aún si Argentina accediera a hacerse el seppuku?

Desde que comenzó a reorganizarse tras la Segunda Guerra, el sistema capitalista creó instituciones que regulan la actividad económica y, entre ellas, la más importante es el FMI que en los papeles tiene como función sostener al sistema financiero mundial en equilibrio estable ante los problemas que trae la acumulación. Y, así, resolver cosas que las formaciones estatales no pueden, como para legitimar a la acumulación y, así, al propio sistema.

Lo que ya a esta altura está claro, es que se trata de una institución internacional que resuelve los problemas del capital y de “los mercados”, que no son otra cosa que conglomerados de la clase capitalista que cuentan con un fuerte componente del capital financiero. Y, también, que en un sistema como el capitalista que se especializa en fabricar escasez y desequilibrios al punto de que seis de cada siete seres humanos no logra vivir en condiciones de dignidad, al FMI nunca le va a faltar trabajo en esto de estabilizar. Aunque sea verdad que a la hora pensar en este criterio de estabilización, no es correcto imaginar un fiel ubicado en un punto equidistante de ambos brazos de la balanza.

Con este telón de fondo, el proceso de sobreendeudamiento es parte de las herramientas que alimenta la crisis que conduce a más deuda, que no hace otra cosa que garantizar clientes que precisen comprar muchos dólares de forma sostenida y durante mucho tiempo.

Esto es indispensable para un sistema que una de las cosas que mejor hace, es correr hacia delante para sortear los cuellos de botella que le imponen los propios límites que trae estampados en su ADN (Ver ¿Al Fondo? ¡Mejor a fondo!). Y siempre privatizando beneficios, al tiempo que socializa riesgos y deuda.

La facilidad y rapidez con que, a sola firma, el FMI le entregó a Macri un monto excepcional para financiar su campaña electoral y embocar a todos los argentinos con una deuda impagable, contrasta groseramente con las trabas y dificultades con que desde hace dos años viene respondiendo a las propuestas que hace el actual gobierno para pagar esa misma deuda. Este escenario que fabrica el FMI trae inestabilidad ¿Quién gana con esa inestabilidad?

Hasta ahora, el sistema capitalista logró sortear relativamente, los límites que le impone el problema estructural vinculado a una relación que no cierra entre sobreproducción de bienes innecesarios, consumo y extracción de plusvalor. Su salida fue la extrema financierización del sistema ¿Pero hasta dónde podrá sobrevivir un sistema que se llama capitalismo, cuando en lugar de capital se dedica a fabricar dinero que cada vez tiene menos respaldo? Una parte de la respuesta está en el sobreendeudamiento y la otra en capacidad que tiene el eje Wall Strat-London Stock Exchange para hacer prevalecer el rigor de su Doctrina de Libre Defensa Anticipatoria (LDA) a lo largo y ancho del planeta.

De esto va este Big Stick con el que el eje Washington-Londres, esto es el complejo militar-industrial, massmediático y financiero, disciplina propios y amedrenta a extraños. Por eso es ingenuo pensar el proceso de sobreendeudamiento que padece Argentina, como si fuera un hecho aislado del pustch que desarrolla ahora mismo EE.UU. con movimientos que tienen que ver con la toma de posiciones geoestratégicas, geoeconómicas y geopolíticas.

El capítulo de la segunda crisis de larga duración que se manifestaba hacia adentro del sistema capitalista, se profundizó, en parte, como consecuencia de la pandemia (Ver ¡Aguante Corelandia!). Y, en este contexto, lo que en principio se intentó presentar como una guerra comercial, dejó claro que es en realidad una toma de posiciones en el marco de la puja abierta por el reordenamiento global y el liderazgo de cara al nuevo orden capitalista mundial, que va desde aranceles a patentes y revolución tecnológica con el desarrollo de inteligencia artificial en primera línea.

Pero fundamentalmente porque sin prisa ni pausa, la República Popular China (RPCh) desafía a la unilateralidad que prima desde el fin de la Guerra Fría y lo hace desde una mirada en la que prevalece el criterio multipolar, que disputa seriamente el carácter hegemónico que tiene EE.UU. en términos geoestratégicos, geoeconómicos y geopolíticos.

La hipótesis de conflicto que el Pentágono plantea para el Mar de China y la zona Asia Pacífico, buscar hostigar a la RPCh que consolida su toma de posiciones en África subsahariana y América Latina y que de acuerdo al plan estratégico que se formula en el documento Made in China 2025, que presentó el Consejo de Estado en mayo de 2017, entre otras cosas se propone que este país pase de ser el actual “gigante de la fabricación” a “potencia de la fabricación” de productos que superen los estándares de calidad de los europeos y estadounidenses.

Asimismo, el Estado chino posee papeles de deuda estadounidense que le meten presión a la FED, lo que plantea una situación que según estiman en Beijín, puede provocar que durante 2030 se tensione el dólar, lo que podría arrastrar a los bancos centrales de Gran Bretaña y Japón.

Por otra parte, la RPCh avanza en la construcción del bloque comercial con el que espera amalgamar lo que denomina Nueva Ruta de la Seda o Un cinturón, una Ruta. Se trata de un programa que espera articular el sudeste asiático con Alemania, para el que Beijín prevé una inversión de alrededor de 1,4 billones de dólares que se van a emplear -entre otras cosas- en la construcción de autopistas y vías férreas para unir el Mar de China con Alemania, atravesando el Asia Central, así como una red portuaria y otros proyectos de infraestructura costera que vinculen a la República Popular con el sudeste asiático, el Golfo Pérsico, África y el norte del mar Mediterráneo. Pero también rutas transpacíficas para unir a este espacio con América Latina. A este acuerdo va a adherir Argentina durante la próxima visita que Alberto Fernández tiene pautada a la RPCh.

La zona involucrada en esta iniciativa posee tres cuartas partes de las reservas energéticas registradas del planeta, por lo que su sinergia tiene la potencialidad de generar alrededor del sesenta por ciento del PBI global y comprende a sesenta países donde viven siete de cada diez personas del globo.

Y, principalmente, todo esto involucra una alianza estratégica con Rusia, algo que preocupa y mucho a Washington lo que explica la creciente aplicación de la LDA en el Mar de China, pero asimismo la que en estos días se verifica con particular violencia a lo largo de casi toda la frontera europea que posee Rusia.

El general del Ejército estadounidense, Wesley Clark, fue comandante supremo de la Otan durante la Guerra de Kosovo y hace más de dos décadas anticipó que su país tenía diseñado el plan que llevaría a desestabilizar y provocar la violencia que después destruyó al Estado libio, llevó a la presidencia egipcia al golpista Al-Sisi, provocó las invasiones de Irak y Afganistán, la guerra civil en Yemen y la desestabilización del Sahel, así como los intentos de hacer lo propio con Irán y Siria, formaciones estatales que desde entonces fueron hostigadas por EE.UU. y Estado Islámico con el financiamiento de Arabia Saudí. Este mismo diseño de LDA es el que se aplicó en Ucrania para que bandas fascistas derrocaran a Aleksandr Lukashenko y el que, sin ir más lejos, hizo lo propio con Evo Morales y lo intento en Venezuela.

Si se rasca apenas la génesis de cualquiera de estos episodios, van a aparecer multinacionales con contratos para destrucción con el empleo de armamento que sale del complejo militar-industrial-financiero, que también engorda con otros destinados a la reconstrucción de lo que acaban de romper, pero también todo el producido que deja movilizar y abastecer a miles de soldados, que va desde armamento a latitas de Coca Cola y mercenarios paramilitares. Y, por supuesto, cuando la cosa se calma un poco, aparece el FMI para asistir financieramente a la “reconstrucción” y para demostrar que está en el principio y el final de esta dinámica de explotación que precisa el capitalismo y que, cada vez, necesita volverse más violenta.