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De la cacerola al intento de magnicidio, la derecha es un viaje de ida ¿Quiénes son los patrones de La banda de Los Copitos, la banda de Los Caputos y Revolución Federal?

Sobre el filo de la semana pasada, las detenciones de cuatro de los integrantes más prominentes de Revolución Federal (RF), sumado al mensaje que desde la prisión hizo Fernando Sabag Montiel, cuando solicitó que Hernán Carroll se haga cargo de conseguir su defensa, fueron corroborando algunas cosas que van aclarando bastante la trama que se esconde detrás del atentado que se perpetró contra la vicepresidenta.

Las pruebas que acumuló la investigación que comandan el juez Marcelo Martínez de Giorgi y el fiscal Gerardo Pollicita sobre Jonthan Morel y los otro tres detenidos, es contundente pero todavía parece que no alcanza para que la causa en la que se los investiga por amenazas y otros hechos públicos de violencia, sea unificada con la del intento de magnicidio que está en manos de la jueza María Eugenia Capuchetti, tal como solicitó hace rato el magistrado.

En este sentido, tal como lo viene planteando la querella que representa a Cristina Fernández, cada vez resulta más evidente que existe un factor común entre la banda que rodea a Sabag Montiel y RF. Y que ese factor común tiene inocultables vasos comunicantes con el tándem político que integran los grupos presididos por Javier Milei, José Luis Espert y el PRO, así como con un esquema sustentado en una aceitada red de propaladoras massmediáticas y cobertura en el propio aparato estatal.

Así las cosas y mientras resta preguntarse qué tan profundo puede profundizarse la investigación judicial, es prudente advertir que aunque nunca antes había llegado tan lejos, este esquema que tuvo su punto más alto en el atentado del 1° de septiembre, funciona y registra un crecimiento constante desde hace más de una década.

Y aunque sería ingenuo pensar que se trata de un fenómeno exclusivamente local, cabe recordar que en Argentina su presentación en sociedad se remonta a 2008 en el contexto de la situación que desató la Resolución 125.

Aquel fue un hito que favoreció un proceso constitutivo en el que, como pocas veces antes en Argentina, la derecha logró interpelar a un sujeto social que por su propio individualismo tiende a la dispersión, para convertirlo en un bloque identitario bastante homogéneo.

Y a partir de eso logró construir una mística, estética y hasta carácter epopéyico en torno a la objetivación de un enemigo al que se percibe como cercano, peligroso y extraño, un chivo expiatorio ideal para depositar la carga negativa que surge de las fantasías rocambolescas con las que representa lo opuesto al orden que el sistema vende como bueno, correcto y apropiado, algo que en forma confusa expresa en valores centrales del universo capitalista como la propiedad privada individual, el consumismo, la autocomplacencia, la frivolidad, lo efímero y el propio individualismo.

Por otra parte, desde ahí, ese universo de derecha exhibe capacidad de mover masas y de actuar con un sentido foquista que, incluso, excede el diseño de laboratorio que le dio al PRO el tándem integrado por Durán Barba y Marcos Peña. Y lo hace a punto tal que ese sujeto galvanizado identitariamente, impone condiciones al propio liderazgo de su esquema de representación política.

Así, la internalización y naturalización de un discurso que interpela la frustración y ausencia de horizonte que el propio capitalismo provoca, aporta a la construcción de una masa crítica con claro sentido identitario y épico. Y, desde ese lugar, la radicalización de la derecha construye una masa de maniobra que le da un sólido sustento.

Entonces, con esta materia prima, se construyó un colchón social diseñado para proteger y servir a las necesidades de la clase capitalista, pero también para establecer un modelo totalitario que vacía de contenido conceptos como “democracia”, “solidaridad” y “libertad”, mientras apunta a restringir derechos consagrados, incluso, por la tradición liberal burguesa.

 

Flojos de papeles

 

La investigación que realizan Martínez de Giorgi y Pollicita pone en la mira el financiamiento de RF. Y, en esta dirección traza una línea entre la extraña contratación que hizo Rossana Pía Caputo, quien integra el grupo Caputo Hermanos, que le permitió a Morel y su banda hacerse con algo más de siete millones de pesos por el pago de un trabajo que, al menos, aparece como flojo de papeles.

Pero no menos flojo de papeles aparece el propio fideicomiso por el que Caputo Hermanos dice haber contratado los servicios del novel -¡pero afortunado!- carpintero Morel, cuya primera factura fue por un trabajo de más de siete millones de pesos que, tal como lo reconoció, ni siquiera estaba en condiciones de realizar.

Es que este particular fideicomiso nunca declaró su actividad ante el fisco, durante los dieciocho años que lleva funcionando, por lo que ahora es investigado por la Inspección General de Justicia que deberá establecer cuánto pudo evadir durante esos años.

¿Pero alguien puede sorprenderse con este tipo de actitudes de prominentes representantes de la clase capitalista que actúa en Argentina?

El más conocido del grupo Caputo es Luis, quien como ministro de Finanzas fue uno de los principales ejecutores del ajuste dispuesto por el Gobierno Cambiemos que, apenas asumido, provocó una devaluación y ajuste por medio de la eliminación de los subsidios a la energía y de las retenciones a la exportación de productos agrícola-ganaderos como el trigo, carne bovina y maíz junto con la reducción a las de la soja.

Pero asimismo, se ocupó de instrumentar la liberación de la venta de dólares que llevó a que el peso sufriera la primera depreciación de las que padeció durante la Presidencia Macri. Y, en su papel de Messi de las Finanzas, fue artífice del acuerdo con los holdouts que habían judicializado bonos de deuda argentina, lo que le permitió a los Fondos Buitre cobrar más de lo que habían solicitado por medio de la demanda que cursaba el juez Thomas Griessa.

Y como no podía ser de otra forma, todas estas medidas devinieron en el desastre que derivó en una feroz fuga de capitales que, con Caputo en la Presidencia del Banco Central, condujo hacia un proceso en el que para poner a resguardo a la clase capitalista que ya había hecho el negocio propiciado por Mauricio Macri, se embocó a toda la sociedad argentina con una deuda que subió hasta llegar, en todo concepto, a algo así como cien mil millones de dólares.

Esa misma lógica, aunque en una escala mucho más menor, es la que rige esto que ahora sale a la luz cuando alguien se anima a escarbar un poco en la superficie de un fideicomiso que no tributa hace casi dos décadas, lo que aporta a que el Estado reciba menos ingresos y, por ende, redunda en más déficit fiscal.

¿Cuántos Caputo habrá en situación similar? Vale preguntar esto sobre todo cuando esta semana va a comenzar a debatirse en el Congreso el Proyecto de Presupuesto en el que a instancias de lo acordado con el FMI para refinanciar la deuda que dejó el tándem Macri-Caputo, Argentina debe llevar su déficit a 1,9 lo que va a significar necesariamente recortes en áreas sensibles.

Pero también cabe reflexionar sobre el papel que ocupan grupos como RF en el esquema político de la derecha, que se nutrieron de las periódicas irrupciones caceroleras que a lo largo de más de una década, realizaron reclamos que van de lo reaccionario a lo rocambolesco.

Esa fue la génesis del proceso que desembocó en el Gobierno Cambiemos y todas las consecuencias que trajo. Y dentro de esa misma lógica, pero recargada, estas especies de freikorps del siglo 21 se presentan como los garantes de lo que Mauricio Macri adelanta en su nuevo libro, “Para qué”.

La dictadura de 1976, el menemismo, la Alianza y el macrismo encuentran un factor común en lo criminógeno que los caracteriza pero, fundamentalmente, en que son momentos necesarios del proceso de la Crisis de Larga Duración del Sistema Capitalista que se expresa -entre otras cosas- en la toma de posiciones por parte de la facción de ese sistema que ve una salida a la crisis, en la creciente y extrema financierización.

Esto, aquí y ahora, se manifiesta en la transformación de trabajo en capital financiero con el que se especula y que, finalmente, fuga de la economía nacional para engordar fondos especulativos y cloacas fiscales. Se trata de un dispositivo que lleva al recurrente sobreendeudamiento que acaba recayendo sobre el pueblo por medio del mecanismo de ajuste y licuación, que ya logró enajenar buena parte del patrimonio de Argentina y ahora busca su consumación con la consolidación de una sociedad mucho más asimétrica con una matriz económica reprimarizada.