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Mié, May
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Política
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El presidente de la FIFA volvió a defender que la Copa del Mundo se juegue en Qatar, esta vez recurriendo a un discurso anticolonialista y en defensa de los migrantes que quieren entrar a Europa ¿El muerto se ríe del degollado?

El martes pasado hubo un terrible batacazo en la Copa del Mundo 2022, con la inesperada derrota por 2 a 1 de la Selección Argentina contra el -visto con el diario del miércoles- no tan modesto Arabia Saudita, en el debut mundialista del equipo de Lionel Scaloni.

Antes del partido inaugural entre Qatar y Ecuador que tuvo lugar el domingo, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, defendió la decisión de seguir adelante con la realización de la Copa del Mundo a pesar de las críticas de organismos de derechos humanos sobre la explotación de trabajadores migrantes que se encargaron de la construcción y remodelación de los estadios.

En este sentido, dejó en claro que “las críticas por el Mundial son una hipocresía” y lo hizo de una manera inesperada, ya que recurrió a un discurso en contra del colonialismo europeo. Esto suena raro viniendo de un organismo que habitualmente demuestra tener una doble vara muy marcada con cuestiones geopolíticas, siempre en favor de las potencias occidentales. (Ver Por acción o por omisión siempre es punto para occidente).

El domingo pasado hubo manifestaciones en París, para protestar contra la realización de la cita mundialista en Qatar y para criticar a la FIFA por organizar un torneo en un país que se cobró la vida de miles de trabajadores inmigrantes. Mientras que en el Estadio Internacional Jalifa, el brazalete con los colores del arco iris del capitán inglés, Harry Kane, fue otro de los símbolos de protesta en el derby que Inglaterra jugó con Irán.

 

Autovictimización

 

Así las cosas y antes del que provocaron los goles de Al-Shehri y Al-Dawsari, fue el propio Infantino quien dio el primer batacazo del Mundial cuando para defender su inclaudicable postura de escoger Qatar como anfitrión del Mundial, trató de “hipócritas” a quienes cuestionan esa decisión y, para hacerlo, apuntó contra la política de exclusión hacia los migrantes que llevan a cabo de muchos países europeos.

“Nosotros, en Europa, cerramos nuestras fronteras y no permitimos el ingreso de ningún trabajador de esos países”, argumentó y sostuvo que “si a Europa, realmente, le importase el destino de esta gente, esta gente joven, entonces Europa debería hacer lo que Qatar hizo”.

A lo que redobló la apuesta: “Por lo que los europeos hemos hecho durante los últimos tres mil años deberíamos estar pidiendo perdón los próximos tres mil, antes de dar lecciones de moral a los otros”, por lo que recalcó que “estas lecciones de moral son simplemente hipocresía”.

Tras lo que aludió a su historia personal -es hijo de trabajadores migrantes-, cuando remarcó que conoce lo que es ser discriminado por ser extranjero y dijo que en su Suiza natal los inmigrantes que buscan trabajo son mirados de “reojo”. Y añadió: “cuando era niño fui discriminado porque era pelirrojo, porque tenía pecas, era italiano y hablaba mal el alemán. Lo que pasa en este momento es profundamente injusto”.

En ese sentido, Infantino remarcó que “la FIFA es uno de los pocos actores en preocuparse por las condiciones de trabajo” y responsabilizó por las condiciones laborales a Qatar y a las empresas que construyeron los estadios e infraestructura mundialista.

“Entre las grandes empresas que ganan miles de millones en Qatar ¿cuántas se han preocupado por la suerte de los trabajadores migrantes? Ninguna, porque un cambio en la legislación quiere decir menos ingresos. Nosotros lo hemos hecho”, señaló y preguntó “¿Por qué nadie reconoce este progreso?”. Y definió: “hoy me siento qatarí, hoy me siento árabe, hoy me siento africano, hoy me siento gay, hoy me siento discapacitado, hoy me siento un trabajador migrante”.

Lo que dijo sobre los países europeos es verdad, tal como lo es que ninguno de ellos se animó a boicotear un Mundial que les reditúa mucho económicamente, pero suena hipócrita que estas palabras provengan del titular de FIFA, entidad que siempre veló por los intereses de quienes ahora critica.

La FIFA se subordinó a la OTAN y sin otorgar derecho a réplica, sobre fines de febrero, sancionó a la Federación Rusa de Fútbol, separándola de toda competencia internacional a nivel selecciones y clubes, lo que la eliminó del Mundial 2022.

También se trata de la misma organización que, ya con la conducción de Infantino, nada dijo cuándo el régimen instaurado en Kiev tras el golpe de Estado de 2014, comenzó a perpetrar su estrategia de limpieza étnica en la zona de Donbass. Y, al tiempo que sanciona a los equipos rusos, nada hace contra los de EE.UU. y el resto de países de la OTAN que, ahora mismo, proveen de armamento con el que Ucrania bombardea a la población civil de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk, así como de las regiones de Zaporozhie y de Jersón.

Pero lo que hace más cuestionable el discurso de Infantino, es que se escuda en temas tan sensibles y se compara con un trabajador migrante para defender una sede que lo único que trajo fueron beneficios económicos a la FIFA a costa del sufrimiento y muerte de miles de inmigrantes que trabajaron en condiciones infrahumanas. Aunque en su niñez haya sido víctima de lo que sufren los inmigrantes, su gestión al frente de la FIFA está muy lejos de condecirse con esa autovictimización.