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Política
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A fuerza de dibujar cifras, la Presidencia Milei corre hacia delante con el DNU 70/2023 y su Proyecto de Ley Bases 2 ¿Se está acercando a un punto crítico? Pasó el paro nacional, pero debe continuar la movilización.

A fuerza de meter parche sobre parche, el gobierno corre hacia delante confiado en que todavía tiene resto para mantener un nivel aceptable de consenso social y en que si cumple con aquello que exige lo más concentrado de la clase capitalista que actúa en el país, va a seguir gozando de la gobernabilidad que hasta ahora y a fuerza de asimilar desplantes e insultos, le brinda la mayor parte de un bloque de representación política en el que las placas tectónicas no terminan de acomodarse tras el cimbronazo que representó el triunfo de La Libertad Avanza.

Queda claro que la Presidencia Milei es, en buena medida, consecuencia de una situación que reconoce razones endógenas y de componentes que responden al lugar que el sistema capitalista que atraviesa una crisis estructural, le asigna a una formación estatal de segundo rango como es Argentina. Pero también es consecuencia de lasfragilidades y torpezas de quienes no advirtieron o no quisieron ver a tiempo, cuáles son los límites reales que tiene aquello que insisten en denominar “capitalismo bueno”. 

En este contexto coexisten aduladores que ponen sus fichas a que lo de Milei sea un liderazgo que vino para consolidarse, como aquellos que confían en que la próxima vez, sí o sí, el “capitalismo bueno” va a poder mostrar todo su potencial. Pero lo cierto es que más allá de los discursos de unos y otros, el DNU 70/2023 continúa haciendo estragos entre los trabajadores, ya que está vigente porque Diputados no se reunió para decidir si es o no es constitucional, mientras que el Proyecto de Ley Bases 2 avanza en el Senado donde, al parecer, recibiría algunos retoques lo que mandarían de nuevo a la Cámara Baja.

El paro del jueves le dio continuidad a todo un estado de ebullición de diferentes actores del universo del trabajo, que están en la primera línea de los agredidos por la Presidencia Milei. Y más allá de los signos de interrogación que quedan abiertos, la pregunta es si ese estado de movilización va a ser capaz formar un insumo para la articulación de una resistencia, que presenta su hito más inmediato en el tratamiento del Proyecto de Ley Bases 2. La otra pregunta es si va a poder tener un correlato político (Ver ¿Y ahora cómo se sigue?).

Esto es así porque el DNU y la Ley Bases son herramientas con las que el gobierno cuenta para robustecer su gestión de la crisis pero, con o sin ellas, lo que ya se consolidó es una vuelta de rosca más de una historia que expresa el carácter del capitalismo como sistema que se materializa en un modelo económico, social, ideológico y político, pero también como una forma de organización social diseñada para beneficiar a un minúsculo conjunto de sectores en concreto, que no es otro que el que compone la clase capitalista.

Es que una de las cosas que se dirime ahora mismo como pocas veces antes, es qué papel pretende jugar Argentina, en tanto formación estatal, en un escenario absolutamente dinámico como el que plantea la globalización que, vale reiterarlo, no es otra cosa que una suerte de eufemismo para señalar a la nueva fase del imperialismo que surgió tras la disolución de la Unión Soviética. Por eso es que todos los esfuerzos que se hagan para articular lo diverso que hay en el sujeto social agredido por la Presidencia Milei, trascienden incluso el resultado que pueda tener la apuesta que hace el actual mandatario por medio de estas dos herramientas y al destino de su propio gobierno.

Y en este marco La Rosada se juega sin empacho a sacar adelante una iniciativa como la del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (Rigi) que, desde el corazón del Proyecto de Ley Bases 2, busca otorgar por tres décadas beneficios propios de una factoría a multinacionales e inversionistas cortoplacistas básicamente en los sectores minero, hidrocarburífero y agropecuario en lo que por sus características podría acabar con la estructura industrial y consolidaría a nuestro país como un mero exportador de commodities. Además de convertir a Argentina en una cloaca fiscal (Ver Argentina ¿una cloaca fiscal?).

Pero de todos modos y como la cosa va en buena medida del equilibrio que se pueda establecer entre coyuntura, táctica y estrategia, vale la pena preguntarse si el actual gobierno se está acercando a un punto crítico. Cuando todavía no llevaba un mes en La Rosada, en contra de lo que autoriza la Carta Orgánica de la entidad, Santiago Bausili, dio luz verde a una transferencia desde el Banco Central hacia el Tesoro Nacional por 3.200 millones de dólares, provenientes de las reservas, para pagar intereses de deuda externa. Pero a poco más de tres meses, eso ni la devaluación del 119 por ciento que forzó en diciembre, alcanzan para sostener la estabilidad macroeconómica que, parche sobre parche y dibujo sobre dibujo, la Presidencia Milei se jacta de haber conseguido.

Un trabajo del colectivo OCIPEx, que se dedica al estudio y seguimiento de la política exterior argentina, da cuenta de que el setenta por ciento del aumento de las reservas del Banco Central que celebra el gobierno nacional, se explica por el no pago de importaciones. Al respecto puntualiza que dos tercios de los 10.413 millones de dólares de reservas acumulados durante enero y febrero responden a esta razón. Y añade que durante ese bimestre, que es el último del que ya se tiene el registro, el saldo acumulado de importaciones impagas base caja asciende a 7.076 millones de dólares.


Una ayudita para los amigos


La Presidencia Milei precisa dólares para sortear la coyuntura y por eso envía señales hacia donde espera poder encontrarlos. La semana pasada, el secretario de Planeamiento y Gestión para el Desarrollo Productivo y de la Bioeconomía, Juan Pazo, sostuvo que el precio del dólar oficial se encamina a cotizar cerca de los 550 pesos, lo que implicaría una caída fuerte desde los actuales 870 que se pagan hoy por cada billete verde.

El escenario del mensaje no fue elegido al azar. Pazo es un estrecho colaborador del ministro de Economía Luis Caputo y lanzó ese pronóstico durante su exposición en el congreso A Todo Trigo, que tuvo lugar en Mar del Plata con un auditorio plagado de empresarios y productores rurales.

Pero lo que intentó ser una señal de fortaleza, lejos quedó de serlo en medio del fuego amigo que disparan quienes vienen insistiendo en que hay un retraso en el tipo de cambio oficial, por lo que cada vez en voz más alta reclaman una nueva devaluación, como un paso inexorable para que el agronegocio liquide dólares que el gobierno necesita como el mismísimo aire.

Todo esto va dando pautas de que el programa de gobierno ya rascó el fondo de la olla y, por eso, La Rosada está echando mano a los últimos recursos que le quedan para mantener la farsa de superávit, al menos en las actuales condiciones ¿Pero podía ser de otra manera para una economía que por decisión de la Presidencia Milei dejó de producir?

“Hay un complot de un grupito de políticos, periodistas y empresarios que no pueden aceptar que perdieron el poder y están desesperados por hacer cualquier cosa para volver”, aseveró públicamente la semana pasada el mandatario, en declaraciones más flojas de papeles que cuando dice que el salario le está ganando a la inflación. Lejos de cualquier hipótesis conspiranoica, todos los datos que provoca la gestión del actual gobierno son terribles y tienen consecuencias horribles en la vida cotidiana de los trabajadores. La supresión de la inversión estatal, lo que desde las propaladoras massmediáticas se suele denominar “gasto”, persigue satisfacer la malsana necesidad gubernamental de exhibir déficit cero, así como el disciplinamiento social y la caída de la calidad de los servicios que presta el Estado por medio de sus empresas, para propiciar su entrega.

Y si para muestra alcanza con un botón. Desde que Milei es presidente se notó una pronunciada caída en la calidad del servicio que presta la red de trenes, como producto del vaciamiento, en este caso, de la Sociedad Estatal Administración y Estructuras Ferroviarias que es la empresa que tiene a su cargo la gestión de los sistemas de control y mantenimiento de la estructura ferroviaria.

Durante el cuatrimestre inicial de este año, ese organismo recibió sólo el ocho por ciento del dinero que percibió durante el mismo período de 2023. Resulta evidente que fue un milagro que el choque de trenes de la Línea San Martín no acabara en una tragedia, pero también que no es exagerado aseverar que la Presidencia Milei expresa una de las caras más criminógenas del sistema capitalista.

Porque el ajuste mata por goteo y eso no le importa mucho a la clase capitalista, ya que se puede disimular más fácilmente, pero el viernes pasado estuvo a punto de hacerlo a gran escala y en un solo episodio.

Pero lo cierto es que, aunque se pasea por el mundo para asistir a foros donde lo peor de la clase capitalista aplaude sus excentricidades, ese mismo mundo capitalista no parece muy dispuesto a soltar ni un dólar para financiar lo que, al menos hasta ahora, parece ver como poco más que una aventura. De esto da cuenta el propio FMI, que al tiempo que con moderación elogia los logros de su Presidencia, sigue sin aflojar un centavo de los que sin pudor suplica Caputo (Ver Pedido urgente para San Expedito).

Es que a Milei y su troupe le caben las generales de la ley que señala que, en este sistema, los gobernantes de los Estados son sólo cuadros intermedios al servicio del capital, ya que desde que el capitalismo se desarrolló como una economía-mundo, política y economía son lo mismo y, entonces, el papel asignado al Estado Liberal Burgués y a quienes lo gobiernen, es el de atender las necesidades de acumulación de la clase capitalista.

Por eso es que el DNU y el Proyecto de Ley Bases son instrumentos que es necesario derrotar, pero no son el fin en sí mismo. Y es preciso vencerlos por las consecuencias catastróficas que traen aparejados, pero también por el carácter simbólico que tienen y ya que a partir de la resistencia a estas iniciativas se está logrando interpelar a un actor amplio, pero bastante disperso, que configura buena parte del sujeto social agredido por la Presidencia Milei.

No aprovechar este estado de movilización para la articulación de una resistencia, sería caer en la trampa que propone el ciudadanismo y su intento por vaciar la política hasta reducirla únicamente a la gestión de lo que ya existe, de acuerdo a las reglas prefijadas y resignando la capacidad de imaginar nada más allá del capitalismo.

Con la blitzkrieg que encabeza Milei, se puso en cuestión el paradigma de la representación y el Estado Liberal Burgués como mediador en el resguardo de la reivindicación de derechos, el reforzamiento de las instituciones y sus valores positivos, así como el mito de que un perfeccionamiento del sistema político sería suficiente para enfrentar las injusticias que provoca la fase de fincierización que atraviesa el capitalismo para construir, al final del camino, un “capitalismo bueno”.

Entonces, lejos de cualquier hipótesis que hable de errores no forzados o mala praxis, la cosa para por una cuestión de clase. Es desde esa mirada, desde donde se planta la mayor parte del esquema de representación política para tolerar las impertinencias que les arroja Milei y a la hora de esforzarse para que prosperen instrumentos como el DNU 70/2023, el Proyecto de Ley Bases 2 y el Paquete Fiscal.

Porque, a fin de cuentas, se paren donde se paren dentro de los límites de ese esquema, su tarea es la de apuntalar la gestión de los procesos productivos por medio del establecimiento de mecanismos de mediación social capaces de galvanizar la relación de poder de clase, así como dinámicas de integración o exclusión social y formas de fidelizar a los trabajadores dentro del orden social para favorecer la apropiación del plusvalor. Todo esto también da cuenta de la persistencia del antagonismo insalvable entre la clase trabajadora y capital, pero asimismo sobre la internalización social de conceptos y prácticas que en sí hablan de un cambio cultural que no es fácil desarmar, algo que contribuye a comprender por qué Milei se pudo calzar la Banda Presidencial y por qué puede avanzar con su blitzkrieg que se está llevando puestos a tres de cada cuatro argentinos.

Y esto representa una nueva fase todavía más criminógena de las formas de acumulación del capital, que tiene su correlato en la consagración de una mayor extensión y profundización de las formas de la explotación ¿Será posible entonces una recomposición del pacto social que existía previamente a este momento, cuando con la actual vuelta de rosca se modificó drásticamente buena parte de la relación entre los universos de capital y trabajo? (Ver Las oscuras obsesiones del señor Milei).

La pregunta queda abierta. Pero lo que está más claro es que, así como existe una relación directa entre forma de acumulación y de explotación, la lucha de clase se produce en relación a la propia explotación. De ahí que siempre esté, al menos, en forma latente. Y también por eso es que atender la tarea que implica la reorganización de la lucha de clases, es más importante que el posible pacto hacia el que pueda mutar el momento del desarrollo capitalista al que asistimos y combatimos.

Entonces, otra vez la cosa pasa por hablar, denunciar y actuar sobre lo que es evidente, porque es en momentos como el actual cuando los elementos de la explotación se vuelven más claros, ya que adquieren un carácter epidérmico lo que debe facilitar la interpelación de niveles de consciencia más profundos.

Porque por más que puedan tener una mirada pequeño burguesa, muchos de los miles de pibes Franja Morada que se movilizaron el 23 de abril, lo deben haber hecho porque saben que por el actual camino se quedan sin universidad. Por eso puede ser un buen ejercicio intentar ver qué les pasa cuando los legisladores de la UCR rosquean el DNU y la Ley Bases. Lo mismo cabe con los trabajadores de cualquiera de los sectores de la economía que están en franca caída, que son la abrumadora mayoría, por lo que sus salarios y fuentes laborales peligran. Porque está claro que los límites los va a ir poniendo el propio sujeto social agredido, pero una ayudita no se le debe negar a nadie.

Es que la razón de ser primordial del Estado Liberal Burgués, es legitimar ante la sociedad los problemas que como la desigualdad y explotación trae aparejada la acumulación que perpetra la clase capitalista. Es decir, aquellos que se explican por los propios fundamentos del capital.

“La principal responsabilidad del gobierno es proteger a la minoría de los opulentos frente a la mayoría”, porque el sistema constitucional -según quien dijo esto- debe construirse para que asegurar “los intereses permanentes del país como el derecho de propiedad”. La frase es de James Madison, el cuarto presidente de EE.UU. y uno de los que diseñaron la Constitución de ese país que es, en esencia, inspiración de gran parte de las cartas magnas de la región, incluida la Argentina.

Va quedando claro, entonces, de qué va todo esto que está pasando -aquí y ahora- en nuestro país. Pero también la correlación insalvable entre lo local y lo global, lo pasado y el presente. Ya que el capitalismo jamás puede ser justo, porque en su ADN está la explotación de unas personas por otras personas, algo sobre lo que pueden dar cuenta los alrededor de seis mil millones de seres humanos a los que les arranca la posibilidad de vivir decentemente. Algo que también en Argentina, cada día que pasa se vuelve imposible para muchos.