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En su visita a Kenia, el rey británico evitó reconocer la responsabilidad del Reino Unido en el genocidio y el expolio perpetrado en este país africano. “Encarna un símbolo de robo desenfrenado del sur global”, denunció el Partido Comunista.

“Su presencia sirve como un recordatorio discordante de un orden del viejo mundo, una reliquia que se desvanece de fuerzas feudales redundantes y derrotadas que una vez dominaron Europa”, advirtió el Partido Comunista de Kenia (PCK) sobre la visita del rey Carlos III a este país africano, y en este sentido recalcó que el monarca es un exponente del legado colonial británico y “encarna un símbolo de robo desenfrenado y de la explotación del sur global”.

El jefe de Estado del Reino Unido está en Kenia desde el martes pasado en una visita oficial que se va a extender hasta mañana viernes y durante una cena de Estado ofrecida por el presidente, William Ruto, lamentó “los momentos dolorosos de nuestra larga y compleja relación”, pero no pidió perdón por las diferentes formas de violencia perpetradas por el colonialismo británico desde que declaró su “protectorado” sobre la región en 1895.

Esta situación de colonialismo se prolongó hasta 1964 y durante esos años la usurpación de tierras, asociada a la expoliación de los recursos naturales, fue impuesta por medio de un genocidio brutal. Esta situación se extendió después de la declaración de la independencia keniata.

Por eso, tal como lo señalan los comunistas de Kenia, la visita del rey británico “es bienvenida por unos pocos elegidos entre la clase depredadora, los inmensamente ricos, pero su visita ha provocado un descontento generalizado entre la mayoría de los kenianos”. Esto es verdad a punto tal que la policía reprimió duramente manifestaciones convocadas para repudiar su presencia que “reflejan una sociedad que está en una encrucijada, luchando con el peso de su pasado y el deseo de un futuro más equitativo”.

Al respecto, el PCK exigió “una disculpa pública y una compensación por los atroces crímenes cometidos por la administración colonial británica durante su gobierno sobre Kenia”, al tiempo que indicó que “las cicatrices de esta historia opresiva aún están profundamente arraigadas en nuestra sociedad”, por lo que “es nuestra responsabilidad colectiva garantizar que prevalezca la justicia”.

Porque “no se puede subestimar el sufrimiento de nuestro pueblo a manos de los colonialistas británicos”, destacó y añadió que “el dolor, la pérdida y el trauma experimentado por las familias kenianas continúan atormentándonos hasta el día de hoy”, por lo que “las luchas, las vidas perdidas, los recursos saqueados y el patrimonio cultural robado durante este período oscuro de nuestra historia no pueden ignorarse ni dejarse de lado”.

Y por eso, el PCK hizo hincapié en que también es preciso que el Reino Unido “proporcione una compensación justa a las víctimas y a los descendientes de quienes soportaron la brutalidad del dominio colonial”, algo que “no debe verse como caridad sino como una obligación moral de corregir las injusticias históricas perpetradas por las potencias coloniales”.