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Dom, Abr
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Casi medio centenar de personas asesinadas de los que siete son niños, es lo que hasta ahora dejó la nueva masacre que perpetraron las Fuerzas Armadas israelíes contra la Franja de Gaza.

Durante el fin de semana, las fuerzas armadas israelíes continuaron lanzando cohetes hacia la Franja de Gaza, pese a que su gobierno aceptó el alto al fuego propiciado por el gobierno de Egipto, que suscribieron la Yihad Islámica Palestina (YIP) y asesor de Seguridad Nacional de Israel, Tzachi Hanegbi.

Hasta el viernes, los ataques de Israel habían dejado un saldo de 33 gazatíes asesinados de los que siete son niños, al tiempo que la réplica de la YIP provocó dos muertes. Pero también debe contabilizarse la destrucción de infraestructura civil que generó esta nueva agresión sobre la devastada Franja de Gaza lo que incluye, básicamente, viviendas familiares y objetivos que son fundamentales para la economía gazatí.

Esta vez el ataque se dirigió principalmente hacia sectores agrícolas y ganaderos, granjas productivas e infraestructura perteneciente a la red de agua y electricidad, así como a zonas donde se almacena combustible. Todo esto provoca que, entre otras cosas, la Franja de Gaza corra el riesgo de tener que paralizar las atenciones hospitalarias.

Pero esto no es todo. Casi en simultáneo, tropas israelíes destruyeron el edificio de una escuela primaria ubicada en un pueblo del sur de la Cisjordania ocupada por Israel y el gobierno que encabeza Benjamín Netanyahu dice que lo hizo “por razones de seguridad”. El establecimiento educativo al que concurrían 45 pibes, ya había sido destruido por tropas israelíes durante 2019, tras lo que el edificio fue reconstruido con financiamiento de la Unión Europea que ante este nuevo ataque se limitó a declarar su “consternación”.

Como ya es habitual, hacia adentro del esquema de poder israelí, se echa mano a una masacre de palestinos para limar asperezas. Desde que volvió a asumir, el gobierno que lidera Netanyahu no la tiene fácil: a las movilizaciones que respondieron a su intento de reforma del sistema judicial, se suma una composición interna bastante inestable en la que quien marca la cancha es el fundamentalismo religioso que encarna el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir.

Y fue precisamente Ben Gvir, quien hace dos semanas, hizo temblar al Gabinete cuando boicoteó las reuniones del equipo de gobierno para protestar contra lo que consideró como “debilidad” del Netanyahu, ante las protestas palestinas contra de la ocupación militar israeñí que se registraban por esos días. A los pocos días, los aviones de la Fuerza Aérea y las lanzaderas de cohetes israelíes, volvían a cebarse con sangre palestina.