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Persisten los bombardeos a hospitales, escuelas y campos de refugiados en la Franja de Gaza. Un inquietante documento del Ministerio de Inteligencia israelí, amenaza con una nueva vuelta de rosca en la limpieza étnica que sufre el pueblo palestino.

El secretario general de la ONU, António Guterres, dijo que está “horrorizado” por el ataque perpetrado el viernes pasado, por Israel, sobre un convoy de ambulancias en las inmediaciones del hospital Al Shifa de la Franja de Gaza. “Las imágenes de cuerpos tirados en la calle junto al hospital son desgarradoras”, sostuvo e insistió con que es preciso que Tel Aviv respete el Derecho Internacional, en un contexto en el que la posibilidad de alto al fuego sigue bloqueada por el veto que EE.UU. impuso a la iniciativa que oportunamente presentó Brasil en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Pero mientras tanto la masacre no se detiene y según pudo saberse, ya son alrededor de trescientos mil los soldados israelíes que actúan sobre la Franja de Gaza, por medio de ataques aéreos pero también de incursiones de tropas terrestres. Y persiste el bloqueo que implica que la población de esta región no pueda recibir alimentos, al tiempo que se le cortó el suministro de agua potable e Internet, pero también el de energía eléctrica lo que deja a toda la zona a oscuras y condena a muerte a pacientes que están hospitalizados porque los escasos grupos electrógenos no alcanzan para abastecerlos.

Después del ataque misilístico que destruyó el hospital Al-Ahli, que era el principal de la Franja, se sucedieron otros que apuntaron especialmente a acabar con toda la infraestructura sanitaria, así como establecimientos educativos y campamentos de personas refugiadas que deambulan de un sitio a otro esperando poder huir del horror.

Un caso terrible es el que atraviesan las alrededor de cincuenta mil mujeres embarazadas que hay en Gaza. Un reciente informe de cuatro agencias de la ONU da cuenta de que más de 180 dan a luz cada día y de ellas el quince por ciento es probable que experimente complicaciones relacionadas con el embarazo o el parto, por lo que necesitan atención médica adicional que es imposible encontrar en una zona sin energía eléctrica y sometida a constantes bombardeos.

“Cada día mueren o resultan heridos 420 niños, algunos de ellos de sólo unos meses”, denunciaron en un el comunicado conjunto Unicef, la Agencia de la ONU para los Refugiados de Palestina en el Medio Oriente, la Agencia de ONU para la salud sexual y reproductiva y la Organización Mundial de la Salud.

Ahí también se recalca que mujeres, niños y recién nacidos son los más afectados, ya que “soportan de manera desproporcionada la carga” de esta escalada de las hostilidades, ya sea porque son “víctimas directas o porque no pueden tener acceso a los servicios de salud”. Y remarca que “los bombardeos, las instalaciones de salud dañadas o que no funcionan, los niveles masivos de desplazamiento, el colapso del suministro de agua y electricidad, así como el acceso restringido a alimentos y medicinas, están perturbando gravemente los servicios de salud materna, neonatal e infantil”.

Pero también estas agencias de la ONU advierten que desde que comenzó este nuevo capítulo de la masacre que perpetra Israel, ya fueron destruidos en la Franja de Gaza catorce hospitales y 45 centros de atención sanitaria, por lo que “algunas mujeres se ven obligadas a dar a luz en refugios, en sus casas, en las calles entre escombros o en centros de salud saturados, donde las condiciones sanitarias empeoran y el riesgo de infección y complicaciones médicas”, algo que necesariamente va a traer aparejado un considerable aumento en las muertes dada la falta de acceso a una atención adecuada. Y a esto se suma el problema de la desnutrición que, a raíz del bloqueo, ya era elevada entre las mujeres embarazadas, con el terrible impacto que esto tiene sobre la posibilidad de supervivencia sus bebés y el posterior desarrollo infantil.

 

¿Deportación masiva?

 

Hace pocos días, un sitio habitualmente bien informado, Local Call, difundió una información que es inquietante, ya que da cuenta de la existencia de un documento del Ministerio de Inteligencia de Israel en el que se recomienda el traslado forzoso y permanente de los 2,2 millones de palestinos que viven en la Franja de Gaza, hacia la península del Sinaí que es territorio de Egipto.

Esta es una de las tres alternativas que, de cuerdo a este documento, evalúa el gobierno israelí a modo de solución permanente para su relación con la población gazatí. Y en este punto cabe señalar que si prospera una resolución de este tipo, se estaría asistiendo a la comisión de un crimen de guerra conforme lo establece el derecho internacional, pero también a un nuevo capítulo de la limpieza étnica que con particular voracidad viene perpetrando el Estado de Israel desde hace varias décadas.

¿Qué grado de verosimilitud y aplicabilidad puede tener lo que se presenta en este documento? Lo cierto es que durante el último mes, las fuerzas Armadas israelíes ordenaron que alrededor de un millón de palestinos evacuaran el norte de la Franja, empujándolos hacia el sur donde los esperan más bombardeos y, quizás, la posibilidad de huir del terror por el paso fronterizo de Rafah que lleva hacia el Sinaí.

Es que expulsar población palestina más allá de las fronteras que impone Israel no es cosa nueva y tampoco lo es que esas personas nunca puedan volver a sus casas. Y para perpetrar ese acto atroz, es mejor que no haya cerca miradas incómodas.

Vale recordar que a poco de que comenzara la nueva andanada de bombardeos israelíes, Guterres pidió en el Consejo de Seguridad de la ONU un alto el fuego inmediato para poner fin a lo que calificó como “sufrimiento épico” en la Franja de Gaza y aseveró que los ataques aéreos y el bloqueo suponen un “castigo colectivo hacia el pueblo palestino” y violan el derecho internacional.

Esa vez el secretario general de la ONU también fue claro cuando definió que “los agravios al pueblo palestino, no pueden justificar los atroces ataques de Hamas” y reclamó que esa organización “brinde un trato humano y libere a todos los rehenes inmediatamente y sin condiciones”.

La postura fue suficiente para que el gobierno que encabeza Benjamin Netanyahu lance otra ofensiva, esta vez contra la ONU y su titular. Inmediatamente Israel hizo saber que deniega el visado al jefe de asuntos humanitarios de la ONU, Martin Griffiths, algo que fue explicado con claridad por el embajador de Israel ante el organismo, Gilad Erdan, quien en declaraciones públicas señaló que “debido a sus comentarios (los de Guterres), nos negaremos a expedir visados a los representantes de la ONU” ya que, amenazó, “ha llegado el momento de darles una lección”.