Frente a las sanciones extremas y las amenazas militares de Estados Unidos, China y Cuba profundizan una cooperación estratégica basada en energías renovables que busca aliviar la crisis eléctrica y energética cubana en uno de los momentos más tensos de las últimas décadas.
En medio del recrudecimiento del bloqueo estadounidense y de una ofensiva política cada vez más agresiva de Washington, China y Cuba consolidan una alianza estratégica en materia energética que apunta a fortalecer la soberanía de la isla y garantizar la resistencia del pueblo cubano frente a las presiones imperiales. La cooperación entre ambos países se ha convertido en uno de los pilares centrales para enfrentar la crisis del Sistema Eléctrico Nacional y avanzar hacia un modelo energético más independiente.
La asistencia china se concentra en el impulso masivo de las energías renovables y el desarrollo de capacidades propias para la extracción de petróleo y gas. Bejing ha puesto en marcha un ambicioso programa de cooperación que prevé la construcción de más de 90 parques solares antes de 2028. El objetivo es que Cuba pueda generar cerca del 10 por ciento de su energía mediante fuentes solares, reduciendo la dependencia de combustibles importados y fortaleciendo la seguridad energética nacional.
En apenas un año, la participación de la energía solar en la matriz eléctrica cubana pasó del 5,8 por ciento a más del 20, un salto histórico para un país sometido durante décadas al cerco económico estadounidense. Como parte de esta ofensiva energética, China también donó 5.000 sistemas fotovoltaicos domésticos de 2 kilovatios destinados a comunidades aisladas, hospitales e instituciones estratégicas.
La cooperación incluye además el envío de ocho grupos electrógenos de 1,8 MW para la rehabilitación de la central de Guanábana y otros equipos destinados a aliviar los prolongados apagones que afectan a la población. Paralelamente, las exportaciones chinas de paneles solares hacia Cuba alcazaron los 117 millones de dólares.
En paralelo al desarrollo de energías limpias, ambos países avanzan en proyectos de exploración petrolera y gasífera para consolidar la soberanía energética cubana. Especialistas chinos trabajan junto al Centro de Investigaciones del Petróleo (CEINPET) en la elaboración del primer Atlas Geoquímico de Cuba, herramienta clave para identificar nuevos yacimientos de hidrocarburos en territorio nacional.
La transferencia tecnológica constituye otro eje fundamental de la alianza. China aporta equipamiento avanzado para análisis de laboratorio, exploración terrestre y estudios geológicos, además de colaborar en investigaciones sobre el potencial geotérmico de la isla como fuente adicional de energía limpia.
Toda esta cooperación se desarrolla en un contexto de creciente hostilidad de Estados Unidos. El presidente Donald Trump profundizó las sanciones económicas contra Cuba mediante una orden ejecutiva firmada el 1 de mayo de 2026, dirigida a bloquear cualquier operación vinculada con sectores estratégicos como energía, minería, finanzas y defensa. Las medidas buscan estrangular el ingreso de divisas y aislar económicamente a la Revolución Cubana.
A ello se suman amenazas militares directas. Durante un discurso en Florida, Trump afirmó que Estados Unidos podría “tomar el control” de Cuba “casi de inmediato”, mencionando incluso el despliegue del portaaviones USS Abraham Lincoln frente a las costas de la isla. Las declaraciones fueron condenadas por el presidente Miguel Díaz-Canel, quien denunció una escalada “peligrosa y sin precedentes” de agresividad imperial.
La respuesta cubana no se hizo esperar. Tanto Díaz-Canel como la Cancillería reafirmaron la doctrina de “Guerra de todo el pueblo”, estrategia defensiva inspirada en las luchas vietnamitas y concebida para convertir cualquier intento de ocupación en un costo político y militar insoportable para Washington. La doctrina plantea que cada barrio, cada fábrica y cada espacio del territorio cubano se transforme en un núcleo de resistencia popular.
Por su parte, la cooperación estratégica y la solidaridad internacionalista entre China y Cuba posee una rica historia recíproca. Cuba fue el primer país de América Latina en establecer relaciones diplomáticas con la República Popular China en 1960, marcando un hito en la articulación internacional de los países socialistas. Un año después, Ernesto Che Guevara visitó Beijing y firmó acuerdos de cooperación económica y tecnológica.
Tras décadas de vínculos políticos, comerciales y tecnológicos, China se consolidó como el segundo socio comercial de Cuba y uno de sus principales aliados estratégicos. En ese camino de hermandad entre los pueblos ha financiado proyectos en transporte, telecomunicaciones, salud y energía, además de condonar miles de millones de dólares de deuda. Empresas como Huawei y Yutong participan actualmente de forma activa en la modernización de la infraestructura cubana.
Esta relación bilateral alcanzó un nuevo impulso con la visita de Xi Jinping a La Habana en 2014 y la construcción, desde 2022, de una “Comunidad de Futuro Compartido” entre ambos países. En momentos en que el imperialismo yanqui intenta redoblar el cerco contra la isla, la cooperación energética chino-cubana emerge como una herramienta concreta de resistencia, soberanía y solidaridad internacionalista en un mundo multipolar que pugna por la paz y la dignidad de todos los pueblos por igual.