El editor de la revista Crisis analiza el cambio de etapa que atraviesa la política argentina. Mario Santucho habla de la llegada de la ultraderecha al poder, del concepto de posdemocracia, de los paralelos con los años 90 y del desafío que enfrenta hoy el campo popular para reabrir un horizonte emancipatorio.(*)
Sociólogo formado en la UBA, editor de la revista Crisis e integrante del equipo de investigación política Edipo, Santucho nació en 1975 y se crió en Cuba, de allí el béisbol, antes de llegar a la Argentina en el año 93, con 18 años, después del exilio.
Mario Santucho atendió el llamado de Informe de Pájaros, en Radio con Aguante con una lesión en la rodilla que lo tiene parado hace un par de meses. Eso explica, bromearon en el programa, por qué Lionel Scaloni no lo convocó al Mundial.
Además del repaso por la actualidad, había también otro motivo: la presentación del número 72 de Crisis y una conversación que se extendería, días después, en el ciclo Conversaciones insurgentes, junto a Raquel Robles.
El eje de la charla fue la línea editorial que viene sosteniendo la revista: la idea de que estamos ante una época que obliga a repensar las herramientas de la política popular.
Mario Santucho y los nuevos tiempos
“Nosotros venimos planteando la necesidad de registrar un cambio de la etapa que estamos atravesando”, dijo Santucho. “Se define, digamos, en hasta qué punto cambiaron las reglas del juego, del conflicto político, de la lucha, voy a decir democrática, pero también de la lucha por la transformación social”.
Ese cambio, para él, tiene un nombre preciso: la llegada de la ultraderecha al poder. “Nos pone ante desafíos que no hayamos vivido, creo yo, como generación. Uno podría decir desde el 83 hasta acá”.
Lo primero que constatan desde la revista es el cierre de dos ciclos: el de los gobiernos progresistas, que tuvieron vigencia a lo largo de este siglo en Argentina y en el continente, desde la insurrección de 2001 en adelante, y el de ciertas reglas propias del juego democrático. “La llegada de la ultraderecha a los gobiernos reinstala una dinámica más bien bélica, donde la enemistad, la idea de que la política se dirime entre sujetos antagónicos”. De ahí surge el concepto central que trabaja la revista: la posdemocracia.
“¿Cómo hacer para no solo definir o tener hipótesis y planteos teóricos que estén a la altura de este dilema, de estos desafíos que afrontamos, sino también prácticamente cómo hacemos para que nuestras organizaciones, nuestras narrativas, asuman este momento que vivimos y empecemos a poner en juego subjetividades y prácticas que estén a la altura de este cambio de dinámica?”
La pregunta no es retórica. Santucho ve que las herramientas de movilización y conquista de derechos que funcionaron hasta hace poco “entran en cuestión, no logran la eficacia que tenían antes y entonces nos obligan a replantear cómo actuamos, cómo operamos, cómo pensamos”.
Los 90, la trampa democrática y el escrache
Cuando se le pregunta sobre si veía algo parecido al clima de los años 90, Santucho fue preciso. “En ese momento veníamos de una derrota muy fuerte. Una derrota en Argentina muy claramente a partir del 76, con la dictadura militar, con la derrota, precisamente, del movimiento revolucionario”.
Esas ideas de transformación radical, anticapitalistas, habían quedado “como en el pasado, luego de ser derrotadas políticamente y ser derrotadas también militarmente, con un aniquilamiento de buena parte de la militancia en aquella época”.
Cuando llegó a Argentina en el 93, encontró una escena específica: esa militancia había sido demonizada. “Recuerden la teoría de los dos demonios, la idea de que quienes habían luchado por ese cambio radical eran considerados demonios y estaban fuera del juego político, con todas sus ideas, salvo que se arrepintieran de ellas y entraran al juego político que conocíamos hasta ese momento, que era el juego electoral, el juego dentro de las reglas democráticas”, explica.
A nivel global, la caída del Muro en 1989 y la de la Unión Soviética en 1991 sellaban esa sensación. “Fin de la historia significaba que no estaba más en cuestión el capitalismo como sistema. Que se podían conseguir prerrogativas, que se podían conseguir derechos, pero el cuestionamiento del capitalismo como tal quedaba fuera del juego de la discusión”, afirma Santucho.
Pero había además un elemento que a Santucho y a toda su generación les llamaba profundamente la atención: los militares que habían llevado adelante el genocidio estaban libres. Habían sido juzgados y condenados, pero el movimiento carapintada había presionado hasta conseguir la impunidad.
En ese aspecto recuerda que “ese era un ejemplo muy claro para nosotros y nosotras de que la democracia tenía un juego restringido. De que el campo democrático se achicaba, había muchos elementos que se sustraían de la soberanía, de la decisión colectiva, de la decisión popular”.
La convertibilidad era el otro gran ejemplo, que Santucho encadena en el análisis: “la pérdida de la soberanía monetaria. El hecho de que un peso valiera un dólar era la idea de que no teníamos moneda”.
Todo el mundo sabía que los militares debían estar presos, había incluso consenso político al respecto, pero no se podía hacer. “¿Por qué no se podía hacer? Precisamente porque la democracia estaba restringida”, define.
Lo que el sistema político y la academia llamaban “transición a la democracia”, Santucho y su generación lo nombraron de otra manera: postdictadura. Y de esa lectura surgió una práctica. “Lo que sentíamos era que la única forma de destrabar esa situación, de abrir el campo de lo posible, era introducir prácticas radicales de cuestionamiento de ese orden”.
Así nació el escrache. Santucho relata que esa fue básicamente la consigna: “si no hay justicia, hay escrache. Lucha directa, acción directa. Íbamos y buscábamos a los militares que estaban libres en sus casas y organizábamos con el barrio lo que llamábamos una denuncia, una justicia popular. Era la idea de que, desde abajo, incluso para fuera de las instituciones y contra las instituciones, desarrollamos prácticas de resistencia y de construcción”.
Las preguntas de hoy
¿Qué preguntas debería hacerse el campo popular para entender la crisis que estamos atravesando?, se le plantea a Mario Santucho, que sonríe del otro lado de la llamada, por el juego entre la crisis que se vive y el título de la revista que dirige
“Lo que estamos viviendo, lo que vamos a atravesar, es la constitución de un régimen posdemocrático en este sentido: se va a estrechar muchísimo el campo democrático. Se están generando en este momento consensos reaccionarios muy fuertes que tienen que ver con la deuda, que tienen que ver también con cierta idea represiva, punitiva muy fuerte, con el desconocimiento del derecho a la protesta, con el desconocimiento en general de los derechos”, enumera y esas definiciones acaso debieran integrar un diagnóstico de la política.
Para Santucho, el sistema político que se está constituyendo “no reconoce al soberano, que es el pueblo. No reconoce que el pueblo tiene derechos y que, por tanto, la función del sistema político y de las instituciones es garantizar esos derechos”.
Entonces, la pregunta urgente es otra: “¿Qué tipo de formas de lucha, qué tipo de construcción de comunidad y de subjetividad rebelde hoy nos van a permitir reabrir ese horizonte?”.
La tarea, dice, se parece a la de los 90, aunque no será una repetición. “Esa imagen del 2001, de un pueblo rebelándose contra un gobierno absolutamente injusto y tirando abajo incluso gobiernos, o aquella otra imagen del Cordobazo en el año 69, que luchó contra una dictadura y logró reabrir el horizonte para efectivamente recuperar el proyecto revolucionario”.
Un proyecto que, durante la etapa kirchnerista, recuperó derechos civiles, pero que como proyecto revolucionario todavía es un debe.
Frente a esa idea Santucho sintetizó que “siempre hay un juego y un debate de hasta qué punto lo democrático, el proceso democrático, pueden devenir en cambios profundos o no. Pero en todo caso, creo que sí, que la gran tarea es abrir ese horizonte emancipatorio, de luchas y de estrategias que efectivamente imaginen un modo de vida que no tenga que ver con el capitalismo. Que creo que es el gran culpable y causante de nuestra infelicidad”.
(*) Gentileza Portal “Puro Contenido”: https://purocontenido.com.ar