Es oportuno preguntarse porque en los últimos meses desapareció de las portadas de los principales medios de comunicación occidentales el conflicto en Europa del Este entre la Federación de Rusia y el tándem Ucrania-OTAN. ¿Qué hay detrás de esta decisión?
Por Rubén Darío Guzzeti (*)
Los gobiernos de las principales potencias europeas han tomado la postura de escalar la agresividad y provocación contra Rusia para obligarla a una reacción y tener de esta manera una excusa que justifique la preparación de sus sociedades al sacrificio de una militarización, relegando conquistas sociales para enriquecer a accionistas de las empresas que fabrican armamentos. Es decir, que cuando Rusia pase a responder con armamento pesado puedan salir a demonizarla e intentar volcar la opinión pública internacional en su contra.
Por supuesto que detrás de estos objetivos están los factores de poder que realmente determinan las políticas a seguir por los gobiernos: el capital financiero globalizado, los intereses de las poderosas empresas fabricantes de armas y los lobbies europeos y estadounidenses que no pierden la esperanza de doblegar a Rusia, desmembrarla y apoderarse de las enormes riquezas del país con mayor territorio del planeta.
La operatoria que han priorizado estas bandas de desaforados que están desafiando a la principal potencia nuclear es utilizar al gobierno pro nazi de Kiev para ejecutar actos de provocación mediante ataques terroristas.
Como en el terreno del enfrentamiento militar en el Donbas, es decir en los cuatro “oblas” (Jerson, Luhansk, Donetsk y Zaporozhie) que en 2022 mediante referéndums se adhirieron a la Federación de Rusia, el avance ruso es lento pero sostenido y en esta guerra de desgaste en que la OTAN no puede conseguir ningún objetivo estratégico, ahora recurren al terrorismo en el propio Donbas y en territorio de Rusia.
En ese plano se sucedieron asesinatos de altos jefes militares rusos. El último de ellos se perpetró el 9 de junio pasado donde fue ultimado con un coche bomba el Gral. Damir Davydov, responsable del suministro de misiles y municiones de artillería del ejército. Previamente, con tres descargas de drones murieron 21 jóvenes y 64 resultaron heridos en un centro universitario en Luhansk. También en Crimea otro dron destruyó un ómnibus de pasajeros matando ocho personas. Todo esto sumado a ataques permanentes a la mayor central nuclear de europea en Zaporozhie. Si bien estas hechos de terrorismo y provocación se suceden desde hace años, tal vez la gota que rebalsó el vaso fue el ataque sufrido por un depósito de combustible a pocos kilómetros de la ciudad de San Petersburgo, en plena realización del Foro Económico Internacional (SPIEF) que se organiza anualmente en esa ciudad con la presencia, en esta oportunidad, de más de veinte mil participantes de 30 países, principalmente autoridades políticas y empresariales de China, India, de todos los países de la ASEAN, de los cinco continentes y por supuesto de Rusia. Una nueva confirmación de que el Kremlin, lejos de estar aislado, es capaz de generar este tipio de encuentros.
Lo cierto es que la estrategia occidental está llevando a Moscú a una disyuntiva altamente peligrosa y de enorme responsabilidad.
Se le presentan por lo menos tres opciones a la dirigencia que encabeza el presidente Putin.
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No responder con armamento más pesado y por lo tanto las provocaciones continuarán con hechos de mayor gravedad.
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Responder con armas convencionales del tipo de misiles hipersónicos, que ya utilizó, pero en mucha mayor cantidad y/o armas nucleares tácticas teniendo como objetivo instalaciones en toda Europa, no solo en Ucrania, lo cual escalaría peligrosamente la guerra y Rusia acabaría cayendo en la trampa tendida sobre todo por el Reino Unido, Alemania y Francia.
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Continuar como hasta ahora respondiendo de manera quirúrgica, pero sin posibilidad de modificar el rumbo elegido por Occidente.
Este es el gran desafío que enfrenta Vladímir Putin. Rusia ha dado muchísimas advertencias de la peligrosidad de la situación. Está claro que nadie puede ganar una guerra a una potencia nuclear. Pero lo que sí puede pasar es que la situación interna pueda modificarse en esa potencia. A nadie escapa que la presión que está sufriendo el gobierno ruso desde dentro de sus propias filas y de parte de la sociedad para que termine de una vez esta guerra, que lleva cuatro años y cuatro meses, y mucho más si contabilizáramos lo que viene sucediendo desde el golpe de estado de 2014 en Ucrania, es cada vez mayor. Por ahora no hay graves consecuencias económicas, pero mueren a diario civiles rusos por actos terroristas.
Rusia ha sido muy contemplativa evitando desatar una destrucción masiva de infraestructura ucraniana con lo cual generaría miles de muertos civiles, pero la paciencia del “oso” se está acabando, y eso con lo comprensible que resulta es altamente peligroso.
Además, el rumbo tomado por la guerra en Asia Occidental con la derrota del eje estadounidense-israelí a manos del coraje y la decisión política del pueblo y gobierno iraní pone más presión al Kremlin, ya que quedó demostrado que un país que aparentemente no posee armas nucleares pudo enfrentar a los genocidas y salir, por ahora, airoso.
Los dirigentes occidentales piensan que Rusia nunca responderá con armas nucleares, tácticas o estratégicas, pero ya lo advirtió Putin: “No es de interés un mundo sin Rusia”.
¿Cuándo, cómo y dónde responderá Rusia? Esa es la incógnita
Por lo tanto, es necesario denunciar las políticas de los gobiernos occidentales que llevan a la humanidad a su destrucción, movilizarnos y hacer conciencia sobre el momento que vivimos y la complicidad de la mayoría de los medios de Occidente, que oculta la verdadera gravedad de la situación.
(*) Director del IADEG, Instituto Argentino de Estudios Geopolíticos; e integrante del CEFMA, Centro de Estudios y Formación Marxista