El autor del proyecto de ley que logró la anulación de la impunidad a los genocidas impuesta por las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, Carlos Zamorano, le dedicó a su compañera de lucha unas palabras de despedida que compartió para Nuestra Propuesta. Reproducimos a continuación el texto del abogado de la Liga Argentina por los Derechos Humanos y militante del Partido Comunista.
A poco de comenzar este siglo XXI, los argentinos de la democracia y del ardor revolucionario teníamos una muy grave situación a resolver para intentar el saneamiento de la vida nacional consagrandoel fin de la impunidad de los crímenes más aberrantes que habíamos padecido, y de esa manera proveeral desmantelamiento del siniestro aparato de provocación, desestabilización y represión político social.
Fue en esta circunstancia tan feliz de movilización nacional por la Justicia, que paradójicamente se habían dictado las leyes de "punto final" y de "obediencia debida", que podían invocar en su defensa cualquiera de los asesinos que convocáramos ante los Tribunales. Una defensa óptima para ellos. Son las célebres "leyes de impunidad" que en mala hora el Congreso de la Nación había dictado.
Pero también fue el momento cuando la militante Patricia Walsh llegó al estrado legislativo, votada por el pueblo como diputada nacional. Ella me designó como su asesor parlamentario y muy particularmente para el área de tarea de construir un proyecto de ley a fin de que la Cámara de Diputados (y sucesivamente después la de Senadores) debatiera declarar la "insanable nulidad" desde el preciso instante cronológico en que cada una de las dos leyes de impunidad habían sido votadas en el Congreso tiempo atrás, perdiendo así cualquier efecto durante ese período histórico.
Por ello fui testigo del inmenso, apasionado y al final provechoso esfuerzo que puso Patricia para persuadir a una cincuentena de diputados (de diversas procedencias) para que apoyaran su proyecto.
Afortunadamente así lo hicieron, y ello fue la base política para confluir con el vastísimo movimiento de masas bajo la bandera de "Verdad y Justicia". Hubo veinte mil personas que rodearon el edificio del Congreso, a conciencia del altísimo debate que los legisladores estaban realizando en su interior, lo que dio sitio a un triunfo popular incuestionable e histórico.
Hoy ya es más fácil distinguir su enorme trascendencia. Basta contemplar que mil doscientos (1200) represores y genocidas fueron condenados y los juicios continúan. Jamás podría suponerse que sin la ley "de nulidad" habría podido suceder tal cosa. Hubiera resultado todo al revés. Gloria a Patricia.
Sí. Digamos con convicción: ¡GLORIA A PATRICIA!
Carlos Zamorano