En la ciudad de Salta se rindió tributo a la memoria del ex gobernador, a medio siglo de su secuestro y desaparición. Ahí estuvo la Liga Argentina por los Derechos Humanos y también Fernando Pequeño, nieto de Miguel Ragone, quien recordó a su abuelo como alguien que “trascendió la posición política del peronismo al que pertenecía”.
“Gobernador secuestrado en este lugar por el terrorismo de Estado”, reza una placa austera en una esquina de la ciudad de Salta. En ese lugar, el 11 de marzo de 1976 Miguel Ragone fue interceptado, golpeado y secuestrado por una patota integrada por miembros de la policía provincial, el Ejército y la Triple A. En el mismo operativo, asesinaron a Santiago Arredes e hirieron a Margarita Martínez, quien sobreviviría para ser testigo en el juicio en el que, en 2011, resultaron condenados por estos hechos los ex jefes policiales y militares Miguel Raúl Gentil, Virtom Modesto Mendiaz y Joaquín Guil.
Ya durante 2019, el ex juez federal Ricardo Lona también fue condenado a quince años de prisión por su participación en el secuestro y desaparición de quien es recordado como “el médico del pueblo”. Ragone se convirtió en mandatario de Salta por el voto popular y supo abrir las puertas de la gobernación al pueblo, algo que la derecha nunca le perdonó. Fue víctima de un golpe de Estado avalado por la entonces presidenta María Estela Martínez y, finalmente, secuestrado y desaparecido.
Por tal motivo ayer se honró su memoria con un acto convocado por la Asociación Dr. Miguel Ragone, Familiares de Detenidos Desaparecidos por Razones Políticas, Nunca Más, Mesa de Derechos Humanos de Salta, Asociación de Derechos Humanos Coca Gallardo, Hijos, Asociación Lucrecia Barquet y la Liga Argentina por los Derechos Humanos (Ladh), desde donde Mariana Leonard enmarcó este acto en las actividades previas a la jornada del 24 de marzo: “Siempre esta previa es muy importante en el ‘Marzo por la Memoria’, que es como nosotros llamamos a lo que pasa durante estos días acá en Salta”.
El punto de reunión fue el busto que recuerda al gobernador Ragone en la capital de su provincia. Allí se pudo hacer un importante trabajo de concientización, como puntualizó la integrante de la Ladh: “Pudimos hablar con la gente que transita por el lugar, recordando quién fue Ragone: el gobernador, el médico del pueblo que trabajaba gratis atendiendo a quienes lo necesitaban, un hombre muy solidario”.
Mariana Leonard también destacó que fue un buen momento para afianzar la articulación de unidad entre sectores populares: “Construir unidad y Memoria para que no se pierda el legado de Ragone”. Luego destacó el papel de la Liga dentro de la Mesa de Derechos Humanos de Salta, que sostiene un trabajo permanente de cara a la comunidad dando charlas en colegios y en otros ámbitos, llegando a personas de diferentes edades para hablar sobre lo que pasó en aquellos años y “mantener viva la memoria”.
En idéntica dirección se pronunció Fernando Pequeño, nieto de Miguel Ragone y presidente de la Asociación Dr. Miguel Ragone: “Conviví con él hasta los ocho años y después pude reconstruir parte de su trayectoria a través de relatos familiares y los de quienes conocieron a este médico que se formó con Ramón Carrillo, pero que fue además fue un militante incansable por la dignidad de los pobres; que tenía claro que para ejercer la medicina había que entender a la persona que era su paciente y que si había hambre nunca habría cura, porque sin agua limpia y un techo digno la enfermedad siempre estaría al acecho”.
Por eso, recalcó, “cuando él caminaba los barrios no lo hacía para asistir, sino para organizarse con quienes vivían en ellos, esa era su mirada de la medicina popular, la del médico que después los salteños convirtieron en su gobernador”.
Ragone se había recibido en Buenos Aires y llegó a Salta siendo muy joven. Allí tuvo un papel clave en el armado del primer hospital público de la provincia, que hoy lleva su nombre, un nombre respetado y querido desde todo el campo popular. Tal como lo recuerda su nieto, “trascendió la posición política del peronismo al que pertenecía, para transformarse en un paradigma de justicia social que hoy sigue siendo reivindicado”.

Al hablar con Nuestra Propuesta sobre su abuelo, los recuerdos surgen como borbotones que se traducen en anécdotas de la infancia que quedaron marcadas en la memoria de quien hoy preside la Asociación Dr. Miguel Ragone. A esos recuerdos se une aquello que Pequeño fue reconstruyendo para dar mejor forma a ese legado: “asumió como gobernador para transformar el Estado en una herramienta al servicio de la justicia social, de las mayorías postergadas”. Una imagen quedó grabada desde su mirada de niño de cinco años, aquel 25 de mayo de 1973, cuando su abuelo asumió la gobernación salteña: “caminando entre el pueblo, rodeado por una multitud, sin escoltas, formando parte de una manifestación absolutamente popular y muy sentida”. Porque cuando entró a la Casa de Gobierno, Ragone “no lo hizo para sentarse en un sillón muy elegante, sino para abrir las puertas de esa casa, porque su proyecto de gobierno era muy claro y tenía que ver con que el Estado debía dejar de ser un club para pocos privilegiados, para convertirse en un escudo que proteja a los empobrecidos, a los de abajo y eso fue el gobierno de Miguel Ragone”.
La gestión se sostuvo dieciocho meses, hasta que fue intervenida por María Estela Martínez. Al mirar hacia atrás Fernando no sólo piensa en la marca impresionante que su abuelo dejó en “la Salta feudal y extractivista”, también imagina otros rumbos posibles que también nos interpelan hoy: “si no lo hubieran asesinado la estructuración política, jurídica e institucional de la provincia podría haber sido muy diferente”. Por lo tanto, “con su memoria y legado, tenemos un insumo para construir una estrategia que sirva a la hora de armar resistencia e identificarnos, entendiendo que la política debe estar al servicio de las personas en un país en el que debemos entrar todos y no para regalar el país para que se lo lleven”. Y esto también habla de la necesidad de construir unidad “desde una historia que no solo pertenece a Salta, ya que une a los peones rurales de la zona extractivista salteña con los jóvenes de barrios populares de Buenos Aires o de Rosario que padecen el abandono del Estado”. Todo esto, afirmó, “se une en la visión política que tenía mi abuelo en la que se imbrica la justicia social para todos los sectores, por eso me siento orgulloso de que no sea una estatua de bronce, sino que se haya transformado en un fuego sagrado para muchos”.
Fernando Pequeño nos cuenta que siempre participó de los relatos de un peronismo de centro hasta que, hace algunos años, en un homenaje a las víctimas de la Masacre de Capilla del Rosario, en Catamarca, conoció a ex militantes del PRT y de otros sectores de izquierda. Piensa en ellos y, junto a la emoción, crece el significado de este homenaje: “Eso me ayudó a entender las disputas y el sentido de apropiación que tiene el peronismo ortodoxo con la figura de Miguel Ragone, comprendí por qué mi abuelo trascendió esa cosa tan pequeña que es el peronismo cuando se lo concibe como un partido político único y también por qué las izquierdas lo reivindican”. Y concluyó que “si a Miguel Ragone no lo hubieran desaparecido, tal vez otra habría sido la historia del crecimiento de la izquierda en Salta”.