Así quedó claro con la feroz represión desatada tras el triunfo de la Selección Argentina sobre Suiza. En Ciudad de Buenos Aires hubo detenidos y heridos. Uno de ellos fue Julián Finoli, quien estuvo a punto de perder un ojo por el impacto de una bala policial. “No debemos naturalizar estas cosas”, subrayó su padre, Nicolás, y puntualizó que “vamos a llevar esto hasta las últimas consecuencias para que a ningún otro pibe le pase lo mismo”.
La pelota es pasión, es un pilar de nuestra cultura, algo que nos identifica como argentinos. Por eso se festeja cuando gana el propio equipo, más aún cuando se trata de la Selección, y ni que hablar cuando eso sucede en un Mundial. Esto es lo que pasó el sábado cuando en Kansas sonó la pitada final que decía que la Albiceleste ya estaba entre los cuatro mejores de la Copa y se que se vería en semis nada menos con Inglaterra. Entonces, instantáneamente una verdadera multitud salió a ganar el espacio público, un espacio que pertenece al pueblo. Aunque algunos, los de siempre, crean lo contrario, como el jefe de Gobierno Jorge Macri, quien tal como había hecho después del partido con Egipto, mandó a la Policía de la Ciudad a reprimir a quienes sólo querían hacer de la felicidad un hecho comunitario.
Se trató de miles de personas que fueron hacia la Plaza de la República para rodear de celeste y blanco el Obelisco que, el 4 de julio, el tándem Macri-Milei tuvo la desfachatez ensuciar con los colores de la bandera yanqui. Y uno de los pibes que fue a festejar es Julián, quien lo hizo junto a sus compañeros del Colegio Nacional Buenos Aires y a quien un artero disparo policial casi le hizo perder un ojo. La bala de goma impactó en la parte superior del párpado por lo cual, por apenas un centímetro, no comprometió el globo ocular, tal como refierió su padre, Nicolás Finoli, quien a dos días del ataque puede decir con alivio que “Juli está bien porque la bala afortunadamente no comprometió su visión”. Aunque la herida que provocó “es considerable y va a dejar una marca de por vida, visible en su cara y también de tipo emocional, de lo que es la represión policial del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires”.
Queda claro que la Gestión Macri está dispuesta a disputar, corriéndose todavía más a la derecha, los votos (y algunos negocios) que en la Ciudad perdió en mayo de 2025 a manos de LLA. Para eso carece de cualquier freno inhibitorio a la hora de reprimir. En un doble y perverso juego, esta actitud también pretende tener un efecto pedagógico e intimidante sobre la sociedad.
“Es una práctica que utiliza para poder provocar un aleccionamiento sobre la gente, tal como vemos cada miércoles cuando reprimen a los jubilados, cuando lo hacen con los discapacitados y la juventud”, reflexionó Finoli, quien es militante del Partido Comunista, y añadió que los gobiernos de la Ciudad y Nacional, “poseen un patrón común que tiene que ver con atentar contra los más débiles”.
En este sentido, recordó que la política represiva que en este caso tuvo como víctima a su hijo no es nueva, pero no dejó de expresar su indignación y su sorpresa. “Cada vez son más los efectivos que aparecen a la hora de apuntar” y añadió que “ahí está el caso de Pablo Grillo y hoy, como padre, puedo decir que por estas cosas la Ciudad es sumamente insegura para los adolescentes”.
Ambos hechos tienen un factor común en una metodología policial que reconoce un antecedente concreto en la represión desatada contra la movilización popular de fines de 2019 en Chile: apuntar a la cabeza. Tanto de un lado de la cordillera como del otro, se trata de “fuerzas que reciben entrenamiento para la represión bajo los instructivos de Israel y Estados Unidos, que de profesionales no tienen nada, y que sólo se ponen al servicio de los intereses de un sector muy pequeño de la sociedad”.
Finoli hizo hincapié en que “aquí no es sólo lo que nos pasó individualmente a mi hijo, a mi familia y a mí, sino que esto es algo que se viene repitiendo sistemáticamente en cada uno de los lugares públicos donde la gente quiere salir a disfrutar” y lamentó que “como padres tengamos que ponernos en alerta y pedirles a nuestros hijos que se cuiden de una Policía que tiene por objetivo dispersar, de manera violenta, a cualquiera porque sin importar si sos joven, grande, viejo...la Policía apunta y dispara sin preguntar”.
Después de recalcar que resulta preciso “no naturalizar este tipo de cosas”, fue contundente cuando indicó que “bajo ningún concepto debemos permitir que esto sea lo común, aquello que pase diariamente”, por lo que “más allá de la denuncia que estamos haciendo con los compañeros de la Liga Argentina por los Derechos Humanos vamos a tratar de llevar esto hasta las últimas consecuencias, para que a ningún otro pibe le pase lo mismo”.