El ajuste avanza sobre un organismo estratégico para la soberanía energética y científica. Los despidos y el vaciamiento consolidan un rumbo de dependencia y subordinación a intereses extranjeros y la represión se hace presente para que el saqueo se haga posible.
“En CNEA no sobra nadie” dijo Ignacio Cámpora, Secretario Sindical del Partido Comunista y responsable de la Corriente Nacional Agustín Tosco al solidarizarse con sus trabajadores en la sede central de este organismo estatal en la Ciudad de Buenos Aires. Con esa definición sintetizó el sentido de la lucha que sostienen trabajadores y trabajadoras frente a una nueva avanzada del gobierno nacional. El también dirigente de ATE Capital denunció la represión y los despidos y llamó a enfrentar en unidad el ajuste y la entrega del programa nuclear argentino al imperialismo yanqui. La imagen de la Gendarmería ingresando a las oficinas de la CNEA para desalojar la protesta, así como la de la policía reprimiendo a los trabajadores de la ciencia, y hasta al muñeco que representaba a la Estrella de Mar que se volvió famosa con el prestigioso streaming desde el fondo del océano Atlántico producido por investigadores del CONICET, son toda una postal de época.
La situación en la Comisión Nacional de Energía Atómica es un caso testigo de una ofensiva, más amplia y persistente, que se proyecta sobre el conjunto del sistema científico y tecnológico. Este organismo atraviesa un nuevo episodio de despidos que afecta a decenas de trabajadores con años de experiencia acumulada. Las cesantías fueron comunicadas mediante mecanismos administrativos impersonales que reflejan el desprecio oficial por el trabajo especializado. La medida se inscribe en un proceso sostenido de reducción del personal y deterioro de las condiciones laborales. En los últimos años este órgano perdió centenares de trabajadores entre despidos y renuncias forzadas por salarios deprimidos. El resultado inmediato es la desarticulación de equipos técnicos y la interrupción de líneas de investigación estratégicas.
La política de ajuste no se limita a los despidos y se expresa en un recorte presupuestario de magnitud que compromete el funcionamiento integral de la institución. La reducción real de los recursos viene afectando áreas sensibles vinculadas a la seguridad nuclear, la investigación aplicada y el desarrollo tecnológico. Esta contracción impacta en la capacidad de sostener proyectos en curso y de planificar a mediano y largo plazo. Por su parte, la caída del financiamiento erosiona la infraestructura y limita la adquisición de equipamiento clave. Se configura así un escenario de vaciamiento progresivo que debilita la autonomía científica del país y que sienta las condiciones para que empresas vinculadas al imperialismo yanqui avancen sobre nuestros recursos estratégicos. El desfinanciamiento del proyecto soberano del reactor CAREM (Central Argentina de Elementos Modulares) para entregarlo a capitales norteamericanos y la suscripción al programa de energía nuclear civil FIRST de Estados Unidos, que fuera impulsada por Demián Reidel cuando aún era titular del Consejo de Asesores de Nucleoeléctrica Argentina, antes de salir eyectado del puesto por denuncias de corrupción, sobreprecios e irregularidades en el manejo de fondos públicos y licitaciones; hablan a las claras de una subordinación absoluta a Washington por parte de este gobierno neocolonial.
La gravedad de esta situación se vuelve más evidente al considerar el papel histórico de la CNEA en el desarrollo nacional. Desde su creación, el organismo impulsó una política de investigación orientada a usos pacíficos de la energía nuclear. La construcción del primer reactor experimental de América Latina y la formación de cuadros científicos de excelencia marcaron un hito en la región. A lo largo de décadas la institución consolidó capacidades en áreas que van desde la generación de energía hasta la medicina nuclear. Este acervo científico y tecnológico constituye un patrimonio estratégico que hoy se encuentra amenazado.
El impacto del desmantelamiento no se restringe al plano energético y alcanza también al campo de la salud pública. La CNEA produce radioisótopos esenciales para el diagnóstico y tratamiento de enfermedades complejas como el cáncer. Los desarrollos en medicina nuclear y en técnicas avanzadas como la protonoterapia dependen de equipos altamente calificados y de inversiones sostenidas. La pérdida de recursos humanos y financieros compromete la continuidad de estas prestaciones. En suma, se trata de un retroceso que afecta directamente a amplios sectores de la población, especialmente a los trabajadores y a las trabajadoras.
En paralelo al ajuste interno, el gobierno promueve iniciativas que abren la puerta a la injerencia de capitales extranjeros en el sector nuclear. Luego de los despidos, el nuevo vocero presidencial anunció un proyecto para la construcción de una central con financiamiento privado y participación de una empresa sin trayectoria en el área. La decisión no es un hecho aislado; antes bien, confirma que los intereses detrás de los despidos son los que denuncian los trabajadores. Se articula así un marco normativo que favorece condiciones excepcionales para la inversión externa, en vista a la aprobación en el Congreso —con el apoyo de los gobernadores colaboracionistas— del denominado Súper RIGI— o súper entrega—. La combinación de vaciamiento estatal y apertura indiscriminada sienta las bases para la consolidación de un esquema de transferencia de capacidades y riquezas hacia intereses ajenos al país. El resultado es una creciente dependencia tecnológica y económica.
En este marco, la Asociación de Trabajadores del Estado denunció que el objetivo oficial es degradar la CNEA hasta convertirla en una estructura sin capacidad operativa y sin salarios dignos. La pérdida de poder adquisitivo empuja a profesionales altamente calificados a migrar hacia el sector privado o al exterior, algo que viene sucediendo desde que Javier Milei asumió como presidente. Este proceso implica una fuga de cerebros que resulta funcional a la estrategia de debilitamiento del sistema científico nacional y que nutre a las empresas privadas que despotrican contra el gasto público.
El cientificidio en pleno desarrollo también quedó en evidencia en los últimos días cuando este miércoles la Policía de la Ciudad reprimió a los trabajadores del CONICET frente a la entrada del Polo Científico Tecnológico en el marco de una jornada federal de lucha contra los despidos a 400 becarios del organismo y el desmantelamiento de su obra social. Al igual que frente a la sede de la CNEA, ahí estuvieron presentes la CoNAT y la Corriente Liberación de Universidad y Ciencia. “Esto es un desperdicio, están llevando a un éxodo de científicos y científicas”, declaró en ese marco Nuria Giniger, dirigente de Liberación e investigadora del CONICET.

La orientación general de la política nuclear del gobierno de Milei se inscribe en una lógica de subordinación a los intereses de los Estados Unidos. La entrega de áreas estratégicas y la desarticulación de capacidades propias responden a un modelo de país dependiente, sumiso, de rodillas frente al imperialismo. La pérdida de soberanía es un objetivo explícito de este gobierno, que se constata en estas decisiones —justo en las vísperas de la celebración por la independencia de Estados Unidos— como en fechas importantes, como los 2 de abril cuando el reclamo popular por Malvinas se contrapone al entreguismo del gobierno frente a Gran Bretaña. En esta línea, el debilitamiento de la CNEA facilita la inserción de actores externos, como tentáculos del imperialismo, en condiciones óptimas para sus planes.
Frente a este escenario, la defensa de la Comisión Nacional de Energía Atómica adquiere un carácter central en la lucha por la soberanía. La unidad de los trabajadores y de las organizaciones populares postulada por el Partido Comunista y por las organizaciones sindicales aparece como condición necesaria para enfrentar y derrotar el ajuste y la entrega. La preservación del sistema científico y tecnológico exige políticas públicas que prioricen la inversión y el trabajo nacional. La experiencia histórica demuestra que el desarrollo nuclear argentino fue posible gracias a una decisión política sostenida que, en este contexto histórico, solo puede nacer de los trabajadores y del campo popular organizado, con una fuerte conciencia patriótica y antiimperialista.