Su médico personal, Jorge Rachid, hizo saber que la líder de la Tupac Amaru que desde hace más de diez años es una presa política, “está mal” y añadió que se encuentra “muy frágil y rota, apagó el teléfono y no quiere hablar con nadie”. La libertad de Milagro es una gran deuda pendiente de esta democracia restringida.
Durante el último fin de semana, el médico que la asiste, Jorge Rachid, dijo que Milagro Sala “está mal” y añadió que se encuentra “muy frágil y rota, apagó el teléfono y no quiere hablar con nadie”. Como se recordará, la líder de la Tupac Amaru se encuentra prisionera desde hace más de una década, primero en la cárcel Alto Comedero ubicada en Jujuy, donde debió permanecer hasta que a raíz del deterioro que esa situación provocó en su salud, fue trasladada primero a una vivienda ubicada en la capital de esa provincia y más tarde hasta las afueras de La Plata, donde viene alternando entre la hospitalización y la prisión domiciliaria en una vivienda en Gonnet.
A lo largo de estos años, la salud de Milagro se fue deteriorando constantemente, algo que los sucesivos episodios de violencia institucional y vulneración a sus derechos que desde entonces viene padeciendo profundizaron de forma grave. A este cuadro de situación se le sumaron las pérdidas personales que sufrió: la de su compañero de vida Raúl Noro y su hijo Sergio Chorolque.
“No se quiere levantar, ahora por suerte aceptó un equipo que le mandamos que la está atendiendo”, dijo Rachid, que también reveló que “no quiere comer, se quiere morir” y recordó que la ex diputada provincial jujeña “sigue con la pulsera electrónica después de diez años y siete meses de prisión, algo que ningún asesino tiene en Argentina”. Tras lo que hizo hincapié en que en medio de este escenario el Poder Judicial “la sigue acosando”.
Esta injusta situación fue denunciada reiteradamente por la Liga Argentina por los Derechos Humanos, el Partido Comunista, La Fede y la Corriente Lohana Berkins (CLB), que no dejan de solidarizarse con la líder de la Tupac Amaru y exigen que sea puesta en libertad, tal como el resto de presos y presas políticas que hay en nuestro país. “El encarcelamiento arbitrario que padece Milagro Sala es una clara violación a los Derechos Humanos que sistemáticamente se le ha impuesto desde el Estado Argentino a través del sistema judicial, el gobierno de la provincia de Jujuy y también los gobiernos nacionales, no sólo con la derecha macrista y mileísta, sino también durante la presidencia de Alberto Fernández, quien no asumió la voluntad política de indultar a la compañera Milagro”, denunció oportunamente la Secretaria de Géneros del Partido Comunista, coordinadora de la CLB y militante de HIJOS, Solana López.
La libertad de Milagro es una gran deuda pendiente de esta democracia restringida. Y conquistarla, una obligación de todo el movimiento popular.