Pedro Fortunato "Ito" Gómez fue secuestrado el 15 de agosto de 1977 y asesinado bajo tortura. Pasaron 49 años y el Partido Comunista de Corrientes lo recuerda y rinde homenaje por medio de esta columna escrita por Jeremías Giordano, periodista y Secretario Político de la FJC.
A casi medio siglo del asesinato de Pedro Fortunato "Ito" Gómez, hay historias que no regresan desde los archivos ni desde los expedientes judiciales. Regresan desde los rostros.
Hay encuentros que parecen improbables. No porque el tiempo los haya vuelto imposibles, sino porque hubo un proyecto político que hizo todo para que nunca ocurrieran. Romper vínculos, sembrar el miedo, desarticular las redes de solidaridad. Esa fue una de las tareas del terrorismo de Estado.
Sin embargo, hay derrotas que no figuran en ninguna sentencia.
Hace un tiempo, Inés Thomson y Fabio Acevedo volvieron a verse después de décadas. Apenas hicieron falta unas palabras para reconocerse. Había algo que seguía intacto: una noche de 1977, una casa allanada, un hombre secuestrado y dos niños que, en medio del horror, encontraron refugio en otra familia.
El encuentro fue breve. Pero alcanzó para demostrar que algunas historias nunca terminaron.
Este 15 de agosto se cumplieron 49 años del asesinato de Pedro Fortunato "Ito" Gómez, militante del Partido Comunista y responsable de distribuir clandestinamente en Corrientes Nuestra Palabra (Ndr: nombre que tenía entonces la prensa del PC). Ito fue secuestrado aquel 15 de agosto de 1977 y trasladado al Regimiento de Infantería 9, donde funcionó un centro clandestino de detención. Allí fue torturado hasta la muerte.
La dictadura había llegado buscando a Gladys López, compañera de militancia. Ella no estaba. En la casa quedaron sus hijos y quien los estaba cuidando: Ito.
Lo golpearon incluso antes de llevárselo. Tiempo después también secuestrarían a Gladys. Ella sobrevivió. Ito no.
Uno de aquellos chicos tenía apenas siete años. Mientras los grupos de tareas destruían la vivienda, le apuntaron con una ametralladora para que dijera dónde estaba su madre. No habló. Ese niño era Fabio Acevedo.
Después del secuestro, la vida quedó suspendida. Su padre no estaba. Su madre permanecía detenida. Entonces apareció otra forma de resistencia.
Inés Thomson abrió la puerta de su casa. Allí convivieron durante meses ocho chicos: sus seis hijos y Fabio con su hermano Rolando.
No fue un gesto extraordinario para quienes compartían aquella militancia. Era la continuidad natural de una práctica donde cuidar también era una forma de hacer política. Porque la dictadura no perseguía únicamente organizaciones. También perseguía esas formas cotidianas de construir comunidad.
En Corrientes, cuando el aparato represivo alcanzó su mayor intensidad, la estructura guerrillera ya había sido derrotada. Lo que siguió fue una persecución sistemática contra la militancia política, sindical, estudiantil y social. Contra quienes organizaban un barrio, distribuían un periódico, discutían ideas o sostenían una red de solidaridad.
Como recuerda Inés, había una vida visible y otra clandestina. Ito pertenecía a esa segunda.
No era un dirigente de discursos grandilocuentes. Militaba en silencio. Distribuía Nuestra Palabra. Colaboraba con enfermos cardíacos a través de Cordic. Ayudaba donde hacía falta. "Tenía muy claro lo que estaba bien y lo que estaba mal", recuerda Inés. "Tenía muy clara la defensa de la gente pobre y el lugar que ocupaba."
Los testimonios de quienes sobrevivieron sostienen que, durante las torturas, se negó a delatar a otros compañeros. Esa decisión permitió salvar vidas.
Sin embargo, casi cinco décadas después, su asesinato todavía no cuenta con una sentencia judicial específica. La Justicia logró condenar a responsables del circuito represivo en Corrientes, pero la historia particular de Ito continúa esperando un fallo que la nombre.
Quizás por eso aquel reencuentro tuvo un peso que excedía la emoción. Fabio volvió a mirar a la mujer que lo había cuidado cuando todo parecía perdido. "Gracias, tía. Gracias por todo, por ese cariño", le dijo.
Y también volvió a nombrar a Ito.
"Pedrito era un hombre muy inteligente, muy instruido. Leía mucho, muchísimo. Estaba muy convencido de sus ideales. Sabía enfrentar las discusiones, no se ponía nervioso. Siempre tranquilo, muy sencillo. Era de esos que no solo leían mucho, sino que hacían todavía más."
A veces la memoria no sobrevive únicamente en los documentos ni en los actos oficiales. Sobrevive en quienes se niegan a olvidar. En quienes protegieron a otros cuando hacerlo podía costar la vida. En quienes resistieron sin hablar bajo la tortura. En quienes todavía pueden reconocerse después de casi medio siglo.
La dictadura asesinó a Ito Gómez hace 49 años.
No consiguió matar aquello que él ayudó a construir.
Hay vínculos que sobreviven incluso al terror.