En una cadena nacional que buscó apropiarse de la causa Malvinas, Javier Milei se presentó como defensor de una soberanía que en los hechos su gobierno vulnera sistemáticamente. El discurso presidencial quedó desmentido por su propia política exterior, por la subordinación a Washington y por la creciente presencia militar estadounidense en el Atlántico Sur. El Partido Comunista y su Secretario General, Jorge Kreyness, salieron al cruce de una puesta en escena que, detrás de una repentina retórica nacionalista, pretende ocultar la entrega del país.
Javier Milei habló por cadena nacional sobre Malvinas y anunció sanciones contra empresas que operen sin autorización argentina en las islas, el envío al Congreso de un proyecto sobre defensa de la soberanía y la construcción de una Base Naval Integrada en Tierra del Fuego. El mensaje llegó luego de que Donald Trump deslizara vagamente la posibilidad de revisar la histórica posición de Estados Unidos respecto a Malvinas. Aunque no es esta la primera vez que el presidente yanqui juega esa carta para presionar a Gran Bretaña con el propósito de que eleve su presupuesto destinado a la OTAN y se involucre de lleno en la aventura guerrerista de Washington contra Irán.
Mientras, el gobierno libertario en momentos en que todas las encuestas reflejan los mayores niveles de desaprobación social hacia su gestión en estos tres años, se agarra desesperadamente de los dichos de su patrón del norte y procura exhibir preocupación malvinera después del reimpulso que cobró el tema tras la victoria en el Mundial de la Selección Argentina ante Inglaterra, donde el equipo de Scaloni mostró la bandera prohibida con la leyenda “Las Malvinas son Argentinas” y fortaleció un sentimiento patriótico en nuestro pueblo que terminó volteando el proyecto de ley de Extranjerización de la Tierra.
Pero las palabras de Milei tropiezan con una realidad que se impone con claridad meridiana. Nuestro país ya cuenta desde 2011 con la Ley 26.659, que establece sanciones para quienes desarrollen actividades hidrocarburíferas en la plataforma continental argentina sin autorización nacional. La norma prevé inhabilitaciones de entre cinco y veinte años y sanciones penales para determinadas actividades. Es decir, las herramientas que Milei presenta como una novedad ya existen.
El Proyecto Sea Lion para la exploración y explotación petrolera en la cuenca Malvinas Norte se reactivó con la inversión de la empresa Israelí Navitas Petroleum el año pasado. Nada hizo desde entonces el gobierno del presidente “más sionista del mundo” y “fanático de Margaret Thatcher” teniendo las herramientas en la mano para intentar evitarlo. En este período, se avanzó con las obras emplazadas en la plataforma marítima de nuestras aguas y el proyecto británico-israelí podría comenzar a operar a principios de 2027.
El problema, entonces, no es la ausencia de leyes sino la voluntad política de aplicarlas y de sostener una política exterior soberana. “No se puede hablar de que las Malvinas son argentinas mientras se entrega todo el país a los Estado Unidos. Ya Galtieri lo hizo para salvar a la dictadura y confió entonces en Alexander Haig (Ndr: Secretario de Estado estadounidense durante la Guerra de Malvinas). Ojo ahora con la geopolítica de Trump y Netanyahu. Soberanía o nada”, advirtió Jorge Kreyness, Secretario General del Partido Comunista de la Argentina, en su cuenta en la red social X.
La contradicción entre la retórica y los hechos resulta todavía más evidente por el contexto en el que Milei pronunció su discurso. Horas antes había estado en Chile, donde reivindicó el legado económico de la dictadura sangrienta de Augusto Pinochet, estrecho colaborador de Inglaterra durante la guerra, y se reunió con José Antonio Kast. En simultáneo, el gobierno chileno avanzó en el anuncio de nuevos vínculos aéreos con las Islas Malvinas desde Punta Arenas, una conexión que históricamente constituye uno de los principales nexos de las islas con el continente. Punta Arenas es, de hecho, uno de los puntos fundamentales de la conectividad aérea de Malvinas y una solución para los problemas logísticos de Gran Bretaña. La imagen, por lo tanto, resulta tan patética como elocuente. Mientras Milei intenta apropiarse de una bandera profundamente arraigada en el pueblo argentino, su administración profundiza una política internacional subordinada a Washington y estrecha vínculos con quienes sostienen relaciones materiales con el enclave colonial británico, facilitadas por el acuerdo Foradori-Duncan que fuera sellado durante la presidencia de Mauricio Macri y rescatado por este gobierno.
Las contradicciones evidentes entre lo anunciado y lo actuado
Las palabras de Kreyness acompañaron lo publicado en redes por el Partido Comunista al terminar la cadena nacional. “Milei no se cansa de mentirle al pueblo en la cara. Pensar que su gobierno vendepatria va a defender ahora la causa Malvinas y nuestra soberanía nacional es tan absurdo como creer que su política económica, por la que nos endeudamos cada vez más para poder comer y pagar tarifazos, sacó de la pobreza a millones de argentinos”, sostuvo el PC. Y enumeró hechos concretos que desmienten la retórica presidencial. “La admiración de Milei por Margaret Thatcher, su discurso un 2 de abril a favor de la ‘autodeterminación’ de los kelpers, la fuga del oro del Banco Central a Inglaterra, el nulo reclamo durante años contra la explotación petrolera en las aguas de nuestras islas, la autorización de una base militar yanqui en Ushuaia para que sirva de apoyo a la base de la OTAN en Malvinas o el permiso para que un buque petrolero británico operara en el puerto intervenido de Tierra del Fuego son algunos de los tantos hechos que demuestran de sobra que la bandera que defiende no es precisamente la celeste y blanca”.
La cuestión militar ocupa un lugar central en esta trama y, como era de esperar, parece ser la frutilla del postre que Milei le quiere servir a Trump antes de las elecciones presidenciales del año próximo. En efecto, la anunciada Base Naval Integrada de Tierra del Fuego no se proyecta en un vacío geopolítico. En abril de 2024, Milei llegó a Ushuaia junto a Laura Richardson, entonces Jefa del Comando Sur de Estados Unidos, en una actividad realizada precisamente en el marco de la visita de la máxima autoridad militar estadounidense para América Latina.
La relación tampoco terminó allí. En abril de este año el mandatario argentino aterrizó en la cubierta del portaaviones nuclear estadounidense USS Nimitz para participar de ejercicios militares organizados por el Comando Sur y la Embajada de Estados Unidos junto con la Armada nacional. Las maniobras incluyeron defensa aérea, operaciones navales y entrenamiento conjunto en el Atlántico Sur. No se trata de episodios aislados. La sucesión de visitas de altos funcionarios militares estadounidenses, el interés estratégico de Washington por Ushuaia y la integración creciente de las Fuerzas Armadas argentinas a dispositivos y operativos estadounidenses permiten comprender el verdadero sentido de la política oficial. El propio gobierno presenta a Ushuaia como un punto estratégico para la proyección hacia la Antártida y el Atlántico Sur; proyección guiada, claro está, bajo los intereses del imperialismo yanqui.
Por eso, la cuestión no es meramente si Milei se pronuncia a favor de la soberanía argentina en las islas. Ya que el posicionamiento sea noticia, tratándose del Jefe de Estado, da cuenta del grado de entreguismo de su gobierno. La cuestión reside en para quién se organiza el supuesto dispositivo estratégico que el gobierno dice estar construyendo en el extremo sur del país porque la soberanía nacional no puede recuperarse subordinando la política exterior, la defensa y los recursos estratégicos argentinos a los intereses de Estados Unidos.
En línea con las contradicciones entre la cadena nacional y la política exterior del Gobierno, el Partido Comunista resaltó otro episodio simbólico que revela la verdadera esencia antipatria del mileísmo: “la prohibición de que la hinchada argentina entrara banderas de nuestras islas y su repudio al banderazo de la Scaloneta reivindicando en la cancha que ‘Las Malvinas son Argentinas’, luego de ganarle a la selección pirata, deja en claro para qué equipo juega este títere del imperialismo”.
Otro dato ilustrativo al respecto se conoció hace un par de semanas. Nada menos que la Secretaria de Malvinas, Antártida, Política Oceánica y Atlántico Sur, Paola De Chiaro, quien en los papeles debería estar en la primera línea del reclamo soberano por nuestras Islas, forma parte en representación de Argentina Global, una ONG fundada por ella en 2019, de un programa de “formación de cuadros” llamado Future Leaders (Líderes del Futuro). Se trata de una iniciativa impulsada por el Ministerio de Relaciones Exteriores británico que busca reclutar a empresarios y profesionales para que vayan a estudiar a Inglaterra y hagan carrera diplomática desde la visión y los intereses del Reino que ocupa ilegalmente nuestro territorio austral. La misión de la oenegé de De Chiaro, según consta en su propia página web, es la “búsqueda de un futuro donde la Argentina desarrolle todo su potencial integrada al mundo”.
Unir las luchas contra el ajuste y la entrega para transformar la bronca en rebeldía popular
Las declaraciones públicas del PCA apuntan más allá de la impostura de la cadena nacional. “Unamos todas las luchas contra el ajuste que está matando a nuestro pueblo y contra la entrega de la patria que nos está convirtiendo en colonia. ¿Si no podemos llegar a fin de mes por qué tenemos que seguir esperando hasta las elecciones?”, planteó el Partido Comunista al cierre de la inverosímil perorata nacionalista de Milei. Y cerró con una convocatoria que vincula soberanía nacional y lucha popular: “Transformemos la bronca en rebeldía popular y construyamos una alternativa política dispuesta a avanzar hacia la liberación nacional y social”.
La “unidad nacional” declamada anoche por el presidente argentino, emulando el anuncio de Leopoldo Galtieri en su declaración de guerra a Inglaterra en plena dictadura genocida y vendepatria, opera en los hechos como una cortina de humo ante un pueblo endeudado como nunca para poder sobrevivir al que, cumpliendo con esmero las órdenes dictadas por el FMI, este gobierno no para de ajustar.
Malvinas constituye una causa popular y antiimperialista. Su recuperación no será obra de quienes colocan a la Argentina bajo la tutela de una potencia extranjera. La soberanía no se declama desde la cubierta de un portaaviones estadounidense ni se construye entregando posiciones estratégicas del territorio nacional. Se defiende con independencia, con unidad latinoamericana y con una política exterior al servicio de los verdaderos intereses del pueblo argentino.