Por Alexia Massholder (*)
Lo que aconteció esta madrugada con el brutal ataque de los EEUU a la República Bolivariana de Venezuela deja una vez más en evidencia que los discursos sobre la democracia, los DDHH, el narcotráfico y el terrorismo sólo se utilizan cuando los intereses del imperialismo así lo consideran.
Ayer nada se hizo cuando EEUU operó para asesinar a Salvador Allende por pretender una política soberana de sus recursos. Nada se hizo por Jacobo Arbens. Se insiste en desligar los intereses norteamericanos de los acontecimientos en nuestra América Latina. Pero hoy ya no hace falta acudir a documentos desclasificados. Laura Richardson del Comando Sur dijo hace solo dos años que Chile, Argentina y Bolivia tienen el “triángulo de litio”, Venezuela “su valioso petróleo” y Brasil “el pulmón del mundo” además del 31% del agua dulce en la región, y que esos recursos eran cuestión de “seguridad nacional” para los Estados Unidos por la posible injerencia de China y Rusia en la región, sus enemigos uno y dos respectivamente según ellos.
En reiteradas oportunidades y en diferentes contextos, como recientemente en el encuentro de “Think Tanks” del Sur Global en China, escuchamos una y otra vez afirmar que el sistema de instituciones internacional impuesto por occidente tras el fin de la Segunda Guerra Mundial está caduco. Ya no permite abordar la complejidad y gravedad de la geopolítica actual, donde sólo operan como fachadas colectivas cuando realmente son controladas por unos pocos “en nombre del orden internacional”, que no es otro que el que EEUU pretende imponer.
Porque nada se hizo frente al genocidio en Gaza, nada se hace contra la pobreza y el hambre por evadir derechos mínimos de la población. Nada se hace cuando las causas por narcotráfico afectan a los “amigos”. El desacuerdo político que algunos sectores puedan tener con la política interna venezolana no admite en lo más mínimo la posibilidad de posiciones tibias de algunos gobiernos que han manifestado estar “siguiendo atentamente lo que sucede en Venezuela” aparentando una preocupación que de nada sirve cuando mueren civiles y se viola completamente la legislación internacional.
En épocas en las que la supervivencia de la especie humana por la avaricia sin fin de unos pocos corre peligro, la tibieza y el silencio son actos de complicidad. Si la comunidad internacional no repudia ni siquiera el incumplimiento de los acuerdos que ella misma dice defender, será una muestra más de la inoperancia absoluta de la institucionalidad internacional en nuestros días. Por eso más que nunca avanzar en nuestra región y en el mundo con una política antiimperialista coherente, es nuestro deber en la hora actual.
Alexia Massholder es historiadora y directora del Centro de Estudios y Formación Marxista (CEFMA)