Mineros, maestros, transportistas, campesinos y otros sectores trabajadores junto a las departamentales de Central Obrera Boliviana llevan más de dos semanas movilizados contra el llamado ¨Gasolinazo¨ del Decreto Supremo 5503 del gobierno derechista de Rodrigo Paz.
Por Ignacio Cámpora*
La crisis desatada a partir del decreto 5503 hace ya 19 días en Bolivia era difícil de prever después de las últimas elecciones en 2025 con un MAS fragmentado entre evistas y arcistas en una lucha intestina de cuatro años, que sumado a la crisis de divisas por la caída de la producción de gas y combustibles generó el caldo de cultivo ideal para la llegada al poder del ¨moderado¨ demócrata cristiano Rodrigo Paz después de un ballotage con Tuto Quiroga de la derecha clásica del país vecino.
En la previa de navidad la Central Obrera Boliviana en voz de su Secretario ejecutivo, Mario Argollo, dirigente de los mineros de la FSTMB, sindicato neurálgico de la COB, declaró la huelga ante una medida del nuevo gobierno que tiene un impacto directo sobre el precio de la nafta y en consecuencia de la vida de todos los bolivianos y bolivianas. Pero no solo eso, ya que declara la emergencia económica, eliminando subsidios al combustible, reducción del gasto público en general y de incentivos fiscales para la inversión privada en mineria, energía, hidrocarburos y agroindustria. Es decir, una receta neoliberal clásica o, mejor dicho, ¨Paquetazo¨ como lo denomina con justeza la clase obrera boliviana.
La primera semana de conflicto estuvo concentrada en La Paz y más precisamente en torno a la plaza de gobierno, la Plaza Murillo, donde mineros y maestros comenzaron la huelga y bloqueos al centro paceño. El gobierno a través de los medios de comunicación tradicionales y redes sociales sumado al aparato mediático público heredado del gobierno anterior atacó fuertemente a la dirigencia sindical con acusaciones de corrupción, de ser partidarios de Evo, de ser un freno al saneamiento del país que quiere dejar atrás el socialismo, entre otras tantas estigmatizaciones a la lucha típicas de la derecha para justificar el ajuste. Faena que se completó con el intento de comprar a sectores “dialoguistas” para romper la huelga. Pero todo fue en vano: la huelga es contundente y continúa. Mientras tanto, el ejecutivo dejó plantados a los dirigentes sindicales combativos en un primer intento de dialogo que incluyó represión por parte de las fuerzas de seguridad.

Los pueblos tienen memoria y luchan. Bolivia tiene toda una tradición al respecto. A los trabajadores mineros y del magisterio se les sumaron con el correr de los días transportistas y campesinos y comenzaron las huelgas en ciudades como Cochabamba, Oruro, Potosí y otras, con movilizaciones masivas hacía la capital boliviana. El acierto de la lucha fue su permanente discusión entre las bases y la conducción junto a un trabajo de difusión del decreto 5503 y su impacto en la vida cotidiana. A esto hay que sumar un trabajo fenomenal de comunicación que se puede ver en Facebook y YouTube, principalmente de parte de medios sindicales y comunitarios para difundir el conflicto. Además del importante trabajo de las radios locales para contrarrestar a los medios masivos de comunicación que siguieron con sus intentos de estigmatizar la lucha.
Con el año nuevo, la COB, después de diez días de movilización y huelga ininterrumpida, incluso en Navidad y el primero de enero, definió en un ampliado que el pasado sábado 3 marcharían durante el fin de semana desde Calamarca, a 61 kms de la capital, para llegar el 5 a La Paz y asistir a la segunda convocatoria al dialogo con el gobierno y otros sectores en la Casa Grande del Pueblo. Ese día el Presidente Paz, reunido con su gabinete en Sucre, dijo a la televisión que no iba a retroceder en nada. El titular de la COB, Mario Argollo se retiró de la negociación y declaró que comenzaban los bloqueos en las principales rutas del país, que continúan hasta hoy. El 6 intentaron detener a Argollo y otros integrantes de la dirección sindical en la sede de la central, así como a otros dirigentes en distintas ciudades, sumando dramatismo a un escenario ya de por sí difícil.

Desde el miércoles 7, ante la perspectiva indefinida de la huelga, el gobierno abrió una mesa de negociación con Ministros y el ejecutivo de la central obrera para intentar acordar modificaciones y alcances del 5503. En este contexto, la COB sostiene que es abrogación (es decir, anulación del decreto) o siguen los bloqueos. Mientras que el gobierno declaró que hay un principio de acuerdo en la discusión (que continuaba al cierre de esta edición), durante la jornada de ayer trascendió que modificaría 40 artículos del decreto. No obstante, los cortes continuaban en 40 puntos estratégicos en todo el país, cuando el gobierno de Paz cumple apenas dos meses.
Es difícil anticipar el resultado de la crisis. Aunque en el gobierno ya se ven las fisuras entre Paz y su vice, Edmand Lara, quien aseguró que va enviar sus propias modificaciones al decreto. Por otro lado, el progresismo y la izquierda boliviana no parecen tener hoy capacidad de reacción a pesar del escenario favorable de movilización de la COB y los campesinos. Ese espacio político lamentablemente todavía sigue fragmentado después de la derrota electoral de agosto pasado y las internas del MAS. Pero la esperanza popular sigue viva: los huelguistas nos recuerdan que la única lucha que se pierde es la que se abandona.
*Responsable sindical del Partido Comunista de la Argentina, integrante del Consejo Directivo de ATE Capital y de la coordinación argentina de la Federación Sindical Mundial.