La sombra del Plan Cóndor: una doctrina que Estados Unidos quiere revivir de la mano del avance de la derecha en el continente. Sobre este hecho alerta y reflexiona en la siguiente columna para NP el historiador Horacio López.
Cierto es que la administración Trump no perdió tiempo en este 2026 buscando reafirmar su dominación sobre todo el continente americano. Después del inédito secuestro del presidente Nicolás Maduro en Venezuela, dio a luz inmediatamente lo que el New York Post definiera como la “Doctrina Donroe” (combinación de la famosa doctrina Monroe de 1823 y del apellido del actual presidente), de la que el propio Trump se ufanara en afirmar: "La Doctrina Monroe es un gran asunto, pero la hemos superado mucho, muchísimo. Ahora la llaman Doctrina Donroe", declaró en su conferencia de prensa del 3 de enero, prometiendo que Washington "ya no olvidará" los principios de ese documento. La misma se basa en la premisa de que Estados Unidos es la mayor potencia del hemisferio occidental y, por lo tanto, tiene la capacidad y el derecho de dictar cómo deben funcionar las cosas en la región.
A comienzos de marzo EE.UU. realizó la llamada “Cumbre Escudo de las Américas”, a la que asistieron funcionarios gubernamentales de la mayoría de los países de Latinoamérica, entre ellos ocho presidentes de raigambre derechista, seguidores a ultranza de Trump, en la que Pete Hegseth, ministro de guerra, señaló que Washington reforzará su presencia en el hemisferio norte del continente americano, mientras que en el sur de la línea terrestre del ecuador promoverá un mayor reparto de responsabilidades en seguridad, lo que significa delegar en sus lacayos virreyes parte de sus tareas sucias. El objetivo declarado es combatir el narcotráfico y el terrorismo enquistado, según Hegseth, en redes asociadas en la región. Obviamente no concurrieron los presidentes de izquierda o progresistas que gobiernan los países más grandes de Nuestra América, como Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil); Gustavo Petro (Colombia) y Claudia Sheinbaum (México) y no fueron invitados Cuba, Venezuela, Nicaragua y Uruguay.
A mediados de julio, en pleno desarrollo del Mundial de Futbol, se convocó en Washington a la “Cumbre contra el Terrorismo Político y la Extrema Izquierda” con el fin de restablecer la funesta Doctrina de Seguridad Nacional, reunión no ya de representantes del continente americano sino a nivel global, a la que acudieron funcionarios de más de 60 países.
La misma fue presidida por el presidente Trump y el Secretario de Estado, Marco Rubio. Entre los asistentes participó el Canciller argentino, Pablo Quirno. El objetivo de la reunión quedó claro desde el vamos con el nombre elegido y refrendado en las palabras de Rubio, quien afirmó: “Bajo la dirección del presidente Trump, Estados Unidos, por primera vez, está construyendo la estrategia para luchar contra el flagelo del terrorismo de extrema izquierda”. No quedó claro en la reunión, sin embargo, a quienes define así el imperio del norte.
El Plan Cóndor
Si como dice el Secretario de Estado yanqui, por primera vez se piensa en crear la estrategia para tal fin, hay que concluir que se está pensando en un plan infinitamente más represivo, más asesino, más violatorio de los derechos humanos, que el siniestro plan Cóndor que instrumentaran, con la complacencia y participación de las dictaduras latinoamericanas, en la década del ´70. El mismo incluía operaciones de inteligencia coordinadas que llevaban a la desaparición, asesinatos, atentados, torturas y, en el mejor de los casos encarcelamientos, contra opositores a los gobiernos del continente como Argentina, Bolivia, Chile, Uruguay, Paraguay, prácticas que luego se ampliaron a Brasil, Perú y Ecuador.
Podemos mencionar los casos más conocidos como los secuestros y asesinatos de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz, legisladores uruguayos, el asesinato con una bomba en pleno centro de Washington de Orlando Letelier, ex Canciller chileno del gobierno de Salvador Allende; también con coche bomba la muerte de Carlos Prats González, ex Comandante en Jefe del Ejército chileno, asesinado junto a su esposa en Buenos Aires y el secuestro y acribillamiento de Juan José Torres, ex Presidente de Bolivia, hecho producido en San Andrés de Giles, provincia de Buenos Aires.
Bien sabemos los argentinos lo que fue el terrorismo de Estado, con el Plan Cóndor para cazar selectivamente, y con el accionar masivo de las Fuerzas Armadas, policía y patotas fascistas civiles también secuestrando, también torturando, también fusilando a militantes populares, para dejar, sólo en nuestro país un tendal de 30.000 desaparecidos. A tantas décadas de ese infierno planificado y ejecutado por Estados Unidos y sus lacayos militares en el poder, todavía siguen apareciendo restos de militantes del campo popular, rescatados sus pocos huesos por la labor inconmensurable del equipo de Antropología Forense, como el último caso en el campo de exterminio de La Perla en la provincia de Córdoba.
Doctrina Renovada
En el afán de lograr mantener al continente americano bajo su control, el gobierno de Trump ha ido renovando su arsenal de imposiciones a los países amigos y a los enemigos (según ellos), para tener control total para evitar que las fuerzas del mal logren penetrar en sus dominios. Rubio, para definir a esas difusas fuerzas habló de un “resentimiento ponzoñoso disfrazado de un lenguaje de igualdad, justicia y liberación”. No hay que disfrazarse para sostener y defender los principios de igualdad, justicia y liberación. Son parte del ADN popular y parte de nuestros objetivos a lograr. Javier Milei, en tanto, le fue en tanto, le fue en saga semas después hablando de “terroristas disfrazados de docentes, investigadores, estudiantes y periodistas”.
Ya no existen límites diplomáticos o morales; una muestra de ello fue el secuestro de Nicolás Maduro y Celia Flores, en un acto bélico sin precedentes. Ahora Washington amenaza con replicar algo similar en Cuba. No existe hoy organismo internacional que pueda frenar esa prepotencia imperialista. Les queda a los pueblos buscar la resiliencia necesaria y la solidaridad y unidad entre ellos para intentar impedirla.
Ahora nos amenazan con esta nueva doctrina de Seguridad Nacional. En su discurso en el encuentro mencionado, Rubio destacó entre otras cuestiones: a) La amenaza transnacional. Señaló que las organizaciones operan de forma internacional (recaudan fondos, reclutan y atacan en diferentes países) y agregó que el régimen cubano ayudó a construir estas redes en el continente. Ataca a Cuba con esa provocación, sumando argumentos para justificar el plan que ya tienen para intervenir en la isla heroica y para reprimir a organizaciones populares en nuestros países. b) Crítica al "doble rasero": Denunció que los ataques de la extrema izquierda son minimizados o ignorados por la academia y la prensa tradicional, comparándolos con el extremismo violento de ultraderecha. Critica a la academia, o sea a los intelectuales progresistas y de izquierda que denuncian los atropellos de los nuevos fascistas en el poder, y no escatima en atacar a la prensa tradicional, como para que no se animen a salirse de las reglas impuestas de sumisión al sistema capitalista. Según Rubio, los medios hablan de un “trágico exceso de idealismo” si el atacante (de un atentado terrorista) es un “revolucionario marxista”. Es parte de la habilidad retórica deformante realizar esas falsas definiciones para denostar al periodismo y al mismo tiempo amenazarlo.
Como no podía ser de otra manera, Marco Rubio ensalza a su patrón para quedar bien y al mismo tiempo alentar el apoyo de Trump a su posible futura candidatura a presidente. Dijo en ese discurso: “Bajo la dirección del presidente Trump, Estados Unidos, por primera vez, está construyendo la estrategia para luchar contra el flagelo del terrorismo de extrema izquierda”. No se sabe bien a qué organizaciones se refiere cuando habla de “extrema izquierda”, pero además de las catalogaciones que refieran a organizaciones políticas, sociales, de derechos humanos, etc., de los países latinoamericanos, no caben dudas de que también le preocupan a la administración actual de la Casa Blanca, fuerzas sociales en su propio país, pasando por los propios inmigrantes, a los que reprime y expulsa con su trágicamente famosa policía ICE, organizaciones progresistas como “Antifas” y de izquierda, como el propio Partido Comunista, hasta la organización política que llevó al gobierno en Nueva York al actual alcalde, primer musulmán en ese cargo, Zohran Kwame Mamdani , miembro del Partido Demócrata y de la organización Socialistas Democráticos de América. Un dato que muestra la confrontación con Trump, es la respuesta de Mamdani a una pregunta de un periodista acerca de su decisión sobre la presencia futura de Benjamín Netanyahu en las Naciones Unidas, en la que dijo que consultaría con sus cuerpos legales la factibilidad de apresarlo para cumplir con el pedido de la Corte Penal Internacional. ¡Apresar al Primer Ministro de Israel!, el amigo llamado cariñosamente “Bibi” por Donald Trump, mentor del genocidio en Gaza y de la guerra contra Irán y socio principal de EE.UU..
Seguramente para Trump el terrorismo internacional también se ha instalado en la Alcaldía de Nueva York.
El Secretario de Estado concluyó su perorata ante los serviles que acudieron a la reunión a la que fueron invitados, señalando apocalípticamente que ante la realidad de la expansión de la izquierda en el continente, “no tenemos otra opción más que enfrentarlos”.
En el país del Presidente Milei
Rápidamente en el Parlamento argentino la oposición exigió al Canciller Quirno que transparente qué compromisos asumió en dicho encuentro internacional. Es que conociendo la postura genuflexa del gobierno libertario, es de suponer que las agencias de inteligencia argentinas se pondrán a disposición de EE.UU. para sumarse a la política represiva anunciada. En consonancia con ello Milei aumentó los gastos reservados para la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE); se sabe que gastos reservados implica usar ese dinero para actividades “non sanctas”, lo que significa que no conviene difundirlas ni detallarlas.
El reimplantar una nueva, o más bien vieja, Doctrina de Seguridad Nacional, según los dictados del patrón imperial, nos retrotrae a épocas que creíamos superadas, además de que alentará y profundizará aún más la política represiva que el gobierno de la Libertad Avanza utiliza indiscriminadamente como su método más disuasivo en aras de convencer sobre las “bonanzas” de su gestión en esta parodia de democracia.