La delegación de Cuba abandonó el auditorio ante los nuevos ataques del presidente estadounidense, quien también amenazó con “aniquilar y mandar al infierno a Irán”. Mientras que el presidente de la República Islámica, Masouf Pezeshkian, recordó que no fue su país quien inició la guerra y se solidarizó con Palestina. “Brasil no es el patio trasero de nadie”, sostuvo Lula. Como era de esperar, Milei se disfrazó de malvinero y ratificó su sumisión a Trump y Netanyahu.
“Incapaz de justificar el castigo contra el pueblo de Cuba y su guerra económica genocida, el presidente Trump repite en la ONU que Cuba representa una amenaza”. De esta manera el mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel, salió al cruce de los nuevos agravios proferidos por Donald Trummp. Esta vez el ámbito elegido para lanzar amenazas a todo aquel que no esté dispuesto a aceptar las órdenes del Imperio fue el estrado que le provee la Asamblea General de la ONU, desde donde dedicó un segmento particular a Cuba, calificándola como un “Estado fallido”.
No conforme con esto, Trump dijo que no va a dudar “en usar la fuerza en Latinoamérica”. Y fue aún más allá, explicitando que “nuestras acciones en Venezuela son la prueba de que Estados Unidos ya no permitirá que las amenazas contra América se afiancen en ningún lugar del hemisferio occidental y, si es necesario, utilizaremos nuestro poderío militar sin igual para salvaguardar los intereses nacionales vitales de Estados Unidos”.
Con el mismo tono bravucón que lo caracteriza, agregó que en Cuba “el régimen comunista está bajo una enorme presión, la mayor que jamás haya sufrido. Es un Estado absolutamente fallido, está fracasando como nunca antes y caerá". Con ese ímpetu golpista, Trump soltó también en su discurso en la ONU que “como ha detallado nuestro Departamento de Estado, han (los funcionarios cubanos) cultivado vínculos con grupos subversivos y radicales como el Partido Comunista de Estados Unidos, Antifa y los Socialistas Democráticos de América. El comunismo nunca llegará a Estados Unidos, pero sí la libertad llegará a Cuba”. Habría que avisarle que la libertad a Cuba llegó el 1 de enero de 1959, cuando el Ejército Rebelde al mando de Fidel Castro y con un masivo apoyo popular derrocó a la tiranía de Batista, subordinada al imperialismo yanqui.
Ante esta sarta de agravios, teorías conspiranóicas y amenazas, la delegación diplomática de La Isla abandonó el hemiciclo de la Asamblea General de la ONU, que está celebrando por estas horas su 81° edición en Nueva York. Mientras, Trump seguía destilando su veneno contra Irán preguntándose si su país debería llegar a un acuerdo con la República Islámica o “aniquilarla y mandarla al infierno”. Frente a semejante provocación, el presidente Irán, Masouf Pezeshkian, recordó que su gobierno “nunca inició la guerra”, pero dejó bien claro que su pueblo “nunca se doblegará”. A la vez, manifestó que la cuestión palestina “es una herida abierta en la conciencia de la comunidad internacional” y que es imposible alcanzar una paz estable en la región sin justicia y reconocimiento para el Estado Palestino.
Por su parte, el ministro de Relaciones Exteriores cubano, Bruno Rodríguez, recalcó que su país “no es una amenaza para Estados Unidos ni para ningún país”. Por lo que demandó que Washington tiene que reconocer el derecho de Cuba a constituirse como un Estado independiente y soberano. “Ninguna de las falsedades del presidente de Estados Unidos en la ONU y ninguna calumnia pueden ni podrán negar ese hecho”, puntualizó Rodríguez desde la Nueva York gobernada por Zohran Kwame Mamdani, quien se reconoce socialista y aboga por el fin del bloqueo a Cuba y el fin del genocidio contra el pueblo palestino. Asimismo, Rodríguez cuestionó severamente el bloqueo impuesto por EEUU, que se profundizó desde enero de este año con el cerco energético establecido por el régimen de Trump.
En idéntica sintonía, desde La Habana, Díaz-Canel hizo hincapié en que las declaraciones de Trump no modifican la posición cubana respecto de la soberanía y el derecho a la libre determinación de su pueblo. De tal forma que remarcó que “seguiremos luchando por la paz, defendiendo nuestra soberanía y trabajando de conjunto para superar la agresión despiadada que nos impone el gobierno estadounidense”.
Contexto, verdades y versos
Las primeras jornadas que se viven en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas van dejando varias imágenes que vale la pena citar. Como la del presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, quien ante ese foro denunció la masacre que perpetra el Estado de Israel en la Franja de Gaza, territorio al que calificó como “el campo de concentración más inhumano y vergonzoso de nuestro tiempo”. Después de recordar que más de setenta mil personas fueron asesinadas ahí durante los últimos años por fuerzas de ocupación israelíes, acusó al régimen que encabeza Benjamín Netanyahu de actuar bajo una “mentalidad genocida”. Sin dudas, el suyo es un testimonio muy valioso, aunque con ninguna alusión a los crímenes que la dictadura de Siria, encabezada por el líder de Al Qaeda, Ahmed al-Charaa, comete contra su pueblo; dictadura que cuenta con el apoyo de Turquía..
También es para destacar el mensaje con el que el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, dejó inaugurada la Asamblea. “No permitiremos que los enemigos de la democracia internos y externos atenten contra la voluntad popular”, dijo en ese marco y recordó que hubo “un largo camino para restablecer la voluntad popular” en nuestra región, donde ahora se vuelve a presenciar “injerencia externa en procesos electorales”. Frente a ese injerencismo promovido desde Washington, definió que “la democracia está nuevamente en jaque”. Vale contextualizar que su gobierno viene denunciando la abierta intervención de EE.UU. en favor de Flavio Bolsonaro de cara a las elecciones presidenciales, cuya primera vuelta se va a realizar el 4 de octubre.
“La democracia brasileña pertenece
a los brasileños. Brasil continuará siendo un país soberano. Nadie, nadie nos alejará de ese camino”, recalcó el presidente y líder del PT. Al tiempo que advirtió sobre las “tentaciones hegemónicas” que en América Latina tiene Estados Unidos, defendió el derecho de Cuba a su autodeterminación y fue contundente cuando subrayó que “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”. Al salir del hemiciclo con la frente en alto, evitó abiertamente saludar al Secretario de Estado yanqui, Marco Rubio.
En las antípodas del presidente brasileño, nueve mandatarios de América Latina rindieron pleitesía a Trump en una reunión del Escudo de las Américas que se realizó ayer martes y en la que el estadounidense les dijo, entre otras cosas, que cada uno de ellos está donde está, porque Trump así lo quiere.
“Tuvimos una gran victoria en Argentina, y no hace tanto tiempo, dos veces”, sostuvo a la hora de repasar el total de “sus” victorias en el continente. Mientras que evaluó en ese balance: “creo que voy nueve de nueve, todos a los que he respaldado han ganado”.
A Javier Milei lo sentaron en el fondo de los sitios reservados para los integrantes del Escudo, pero pese a ese ninguneo se las ingenió para volver a alinear a la Argentina con los designios de la administración Trump. “Creemos que en este nuevo mundo la seguridad de un país es extensiva a la de sus vecinos y a los aliados más inmediatos”, dijo y añadió que “por eso queremos tener un rol proactivo en garantizar no sólo la seguridad argentina, sino también la seguridad hemisférica”.
Poco después fue recibido brevemente por el secretario Rubio y horas antes disertó en una institución educativa judía, Yeshiva Darchei Torah, donde brindó un mensaje en el que al desarrollar una tan rocambolesca como peligrosa lectura del Antiguo Testamento, no dudó al aseverar algo así como que el capitalismo es un legado divino y que, por lo tanto, aquellos que no están de acuerdo con ese sistema, son (somos) diabólicos.
Con estos antecedentes inmediatos, durante este mediodía, ya en el marco de la propia Asamblea de Naciones Unidas, Milei ratificó la alianza que sostiene con Estados Unidos y el Estado de Israel. Con el énfasis propio de los conversos, volvió a hacer gala de su nuevo “fervor malvinero”. Es la tercera oportunidad en que Milei habla ante ese foro: en la primera ocasión ni siquiera mencionó el tema, la segunda vez apenas lo hizo tangencialmente y ahora descubrió que para los argentinos “Malvinas es una causa nacional”.
En otra cabriola de muy dudosa honestidad, el admirador de Margaret Thatcher dijo que el argumento del “principio de libre determinación” que, según Gran Bretaña, asistiría a quienes habitan las Islas Malvinas “no aplica en este caso, ya que se trata de una población implantada”. Este es el mismo Javier Milei que, apenas anteayer, decía que Argentina iba a poder recuperar las Islas “cuando los isleños lo deseen”, por lo que convocaba a lograr que “los isleños nos voten por los pies” ¿Habrá que creerle ahora?