Después de varias semanas de movilización estructuradas a partir del movimiento obrero, el gobierno encabezado por Rodrigo Paz tuvo que retroceder con el Decreto Supremo 5503, una especie de “Ley Bases” de Bolivia. Con supervisión de la Central Obrera Boliviana, se reemplazó hoy el paquetazo neoliberal de 121 artículos por un nuevo decreto que contempla 32 puntos. El titular de la COB y líder de las protestas, Mario Argollo, afirmó que “ha ganado el pueblo boliviano”.
“Este lugar de la ciudad de El Alto, el mercado campesino Tupac Katari, va pasar a la historia de un nuevo ciclo entre obreros y campesinos trabajadores”, sostuvo el titular de la Central Obrera Boliviana (COB), Mario Argollo, al destacar el papel que esa populosa localidad jugó en la movilización que durante varias semanas se extendió para enfrentar al Decreto Supremo 5503, por el que el presidente Rodrigo Paz suprimió los subsidios estatales a los carburantes, algo que provocó una suba de alrededor del ochenta por ciento en el precio de la gasolina y del doble en el caso del diésel, y que disponía toda una serie de medidas económicas con el sello distintivo del neoliberalismo.
La respuesta fue contundente y deja algunos datos que vale la pena considerar, ya que todo el proceso de lucha estuvo estructurado por la COB, repercutió en bloqueos, marchas y acciones alrededor del país y obligó a que el presidente, Rodrigo Paz, quien asumió hace apenas dos meses, retirara el Decreto. Pese a que el capítulo referido a los subsidios a los combustibles persiste en el nuevo decreto 5516, acordado entre la central y el Ejecutivo, mediante el cual se frenaron muchos otros recortes y se garantizó el incremento salarial y el aumento de bonos sociales, quedó planteado un escenario en el que los trabajadores movilizados y organizados lograron torcerle el brazo a un gobierno que arrancó dispuesto a ir fondo con el neoliberalismo y que se vio obligado a barajar y dar de nuevo.
Si bien queda claro que no se está ante una capitulación del gobierno de Paz, lo concreto es que el flamante mandatario acaba de perder la primera batalla en su idea de avanzar de buenas a primeras con un paquetazo de medidas regresivas y, como consecuencia de ello, debe reconocer a la COB como un actor de peso en la política nacional, ante quien se comprometió a elaborar nuevos decretos que, tal como subrayó Argollo, puedan contribuir a superar la crisis económica pero sin afectar los intereses populares.
La marcada escasez de dólares que signó la crisis durante la presidencia de Luis Arce hasta los últimos comicios presidenciales en Bolivia se acabó “curiosamente” ni bien comenzó a gobernar la derecha. Durante buena parte de 2025, prácticamente la única manera de acceder a la divisa norteamericana era a través del mercado paralelo, donde oscilaba entre los 18 y 20 bolivianos. Con la llegada de Paz al Palacio Quemado el dólar comenzó de repente a circular con normalidad en la plaza oficial y pasó a valer 9 bolivianos. Estos cambios automáticos hablan con evidencia de la conspiración de mercado urdida por los capitales concentrados de Bolivia durante la gestión de Arce, la que nunca fue del agrado de los poderes fácticos pese a haber estado muy lejos de las expectativas generadas en el pueblo luego de que el MAS recuperara el gobierno tras el criminal golpe de Estado racista a Evo Morales financiado por Estados Unidos y encabezado por Jeanine Añez, puesta en libertad tras el triunfo electoral de la derecha.
Cuando las fuertes internas del partido y movimiento social que supo poner en marcha un proceso revolucionario plurinacional por la vía democrática, notoriamente estancado durante la administración de Arce, pese a todo hoy preso político producto de otra operación de lawfare en la región (que tiene al propio Evo también en la mira), hacían prever una dispersión de las luchas contra la actual derecha gobernante; emergió en escena el movimiento obrero organizado como factor aglutinador de las protestas, representando los intereses de la clase trabajadora y el pueblo en su conjunto.
Esta situación quedó expuesta con la firma de acta de acuerdo que derogó el “Decreto Supremo” 5503, que fue suscripta entre la COB junto a otros de los actores movilizados y el gobierno. Por eso es que la central obrera no dudó en afirmar que con la derogación del 5503 “ha ganado Bolivia”, ya que se trataba de “un decreto que como estaba no servía”. No obstante, tras levantar las medidas de fuerza que venía realizando, desde la Central se anunció que el estado de alerta permanece y exigen que no prospere el proyecto de ley “antibloqueos”, ya que atenta contra “una herramienta histórica de reivindicación”, con la que sin ir más lejos se alcanzó esta reciente victoria.
Entre otras cosas, la presión ejercida por la movilización, consiguió que el gobierno nacional garantice incrementos salariales y la vigencia de diferentes medidas sociales como el incremento del Bono Juancito Pinto (política de inclusión social dirigida a la infancia y la adolescencia para acompañar todo el proceso escolar primario y secundario y materializada en la primera presidencia de Evo, con Arce como su Ministro de Economía) y de la Renta Dignidad, para quienes no tienen aportes contributivos luego de haber trabajado toda una vida (otro logro de la Revolución Democrática y Cultural que no se toca), mientras que también se crea el Programa Extraordinario de Protección y Equidad, dirigido a atender necesidades de familias que presentan situaciones de vulnerabilidad.
La lucha de la clase obrera boliviana, que en sólo dos meses puso contra las cuerdas al gobierno derechista y proyanqui de Rodrigo Paz y volteó con la huelga y la movilización popular un paquetazo de recortes inspirado en la Ley Bases de Javier Milei, es un ejemplo a seguir por las centrales sindicales de nuestro país de frente al proceso de lucha que tendrá que profundizarse para que no prosperen las reformas laboral, previsional, tributaria, del código penal y de inteligencia, entre otras iniciativas regresivas mandatadas por las patronales, el FMI y el gobierno de Donald Trump, concebidas para profundizar el ajuste, la entrega y la represión y acrecentar la concentración y la fuga de la riqueza.