Esto es lo que dijo el Secretario General del Partido Comunista, Jorge Alberto Kreyness, sobre el discurso de Javier Milei en la apertura del período de sesiones ordinarias 2026 del Congreso. Afirmó además que “el gobierno pretende regresar al siglo 19 y entregarnos a los Estados Unidos genocidas”. También puntualizó que estamos en presencia de un parlamento con una “oposición estéril y sin proyecto transformador”, por lo que remarcó la pertinencia de darle impulso en este contexto a una “fuerza revolucionaria”.
“Una sesión patética, con un oficialismo que pretende regresar al siglo 19 y entregarnos totalmente a los Estados Unidos genocidas y una oposición estéril y sin proyecto transformador”. De esta manera, el Secretario General del Partido Comunista, Jorge Kreyness, describió lo sucedido ayer por noche en el Congreso Nacional en ocasión de la Asamblea donde con su discurso, Javier Milei dejó inaugurado el año legislativo. En virtud de lo cual, Kreyness fue claro al señalar que todo esto confirma la necesidad de que “irrumpa una fuerza revolucionaria” y que “en eso trabajará el Partido Comunista”.
El mensaje presidencial estuvo atravesado por mentiras, datos incomprobables, insultos, bajezas y amenazas. Pero por sobre todas las cosas volvió a evidenciar la sumisión rastrera que Milei tiene con el tándem compuesto por Estados Unidos e Israel y, en particular, con Donald Trump. Para no dejar dudas el representante del imperialismo en la Casa Rosada aseguró que su gobierno aportará a “hacer América grande nuevo”. Mientras, el embajador yanqui, Peter Lamelas, aplaudía de pie y registraba sonriente con su celular la juramentación explícita a defender los intereses de Washington que hacía su marioneta local.
En cuanto a algunos de los objetivos que este gobierno neofascista y neocolonial se propone de cara a la segunda mitad de su mandato, destacan las modificaciones a los códigos Penal y Civil y Comercial, así como una preocupante profundización en la participación de la Secretaría de Inteligencia del Estado en tareas inherentes a la seguridad interior y la concreción de una reforma política que por su características trastoca el espíritu de la Constitución Nacional y volvería todavía más restrictiva a esta democracia burguesa. Sin que se inmutaran los miembros de la Corte Suprema, quien detenta el Poder Ejecutivo y no el Judicial indicó que la expresidenta Cristina Fernández tiene que seguir presa pero que las acusaciones por corrupción que apila su gobierno “son todas operaciones”.
Por otra parte, Milei volvió a hacer un guiño a las patronales del agronegocio cuando anunció que “continuaremos el sistema de baja de retenciones de forma responsable y sólo en la medida en que el superávit fiscal lo permita” y en ese sentido anticipó que se propone avanzar en una reforma tributaria, ya que “necesitamos menos impuestos” (entiéndase que para los ricos y especuladores). Sin hacer alusión al industricidio en marcha, reafirmó que va a profundizar la apertura comercial y de importaciones, por lo que ratificará el acuerdo que su gobierno celebró con Estados Unidos y va a buscar reformar el Código Aduanero. En esa sintonía, remarcó que va a impulsar iniciativas que “barrerán con una montaña de cadenas regulatorias” y, a confesión de parte, comparó el acuerdo Mercosur-UE con el ALCA.
Asimismo, y a poco de hacer añicos la Ley de Glaciares, el presidente ratificó que impulsará herramientas legales tendientes a potenciar la explotación de los recursos naturales, algo que desde su particular mirada, busca “remover las barreras que se interponen entre la sociedad y su riqueza” y tildó a los movimientos soberanistas en defensa de nuestros recursos naturales de promover “prejuicios ambientalistas absurdos”.
Para la hoja de ruta planteada donde queda bien clara la intención de radicalizar sus políticas de ajuste, entrega y represión, detalló que “cada uno de los ministerios ha preparado diez paquetes de reformas estructurales, por lo que todos los meses presentaremos un paquete de proyectos a ser tratado por este Congreso”. De esa manera, haciendo alarde de su megalomanía, sostuvo que va a “crear la infraestructura jurídica y política para los próximos cincuenta años”. Es en ese marco en el que se inscribe su idea de reformar el Código Procesal Civil y el Código Penal a partir de un esquema más punitivista que el actual.
Siguiendo esa misma línea celebró la baja de edad de punibilidad a los 14 años porque, citando y besando a Patricia Bullrich, “el que las hace las paga”; mientras la narcodiputada Lorena Villaverde ovacionaba estas palabras desde su banca y, en primera fila, lo propio hacía su hermana coimera, Karina, la que se robó la plata de los discapacitados desde su cargo de Secretaria General de la Presidencia.
Luego de festejar emocionado con Bullrich la baja de punibiliad para condenar a niños marginados por el capitalismo como si fueran delincuentes insalvables, dijo que su gobierno tiene políticas que benefician a la niñez, pero no quedaría claro cuáles serían esas políticas, a las que prefirió no referirse. En tanto, además de felicitar a la dupla del JP Morgan Caputo-Sturzenegger que hace (otra vez) ruinas nuestra economía, felicitó especialmente a Sandra Petovello, la ministra que no paró de cerrar merenderos y comedores populares que atendían las necesidades básicas de miles de familias en situación de extrema vulnerabilidad. A la vez que saludó las hipotéticas virtudes que su modelo trae para la educación. Algo que no registran para nada los docentes que hoy realizan un paro nacional en el inicio del cilco lectivo ni las universidades que se preparan para otra gran movilización en defensa de un presupuesto que por lo pronto pueda permitirles seguir en pie.
En sus contradicciones permanentes con los hechos resaltaron pasajes insólitos. Sin sonrojarse Milei afirmó que los que niegan la realidad son los que luchan contra su plan de gobierno y espetó, en una reversión del “no la ven”, que los que no acuerdan con el relato oficialista le tienen “alergia a los números”. Entre las contradicciones más provocativas que lanzó sin parar entre insultos y chicanas, puede citarse la verdadera falacia de que se cortó con el ciclo de endeudamiento cuando lo que sucedió es todo lo contrario y Argentina volvió a endudarse con el FMI y, como si esto fuera poco, con el gobierno de Estados Unidos. No se puede soslayar tampoco su fantasiosa afirmación de que está bajando la inflación o la que hizo al asegurar que “se triplicó el salario en dólares” y que ahora “hay libertad para comprar dólares”, cuando más del 70 por ciento de los salarios se ubican por debajo de la canasta básica.
Como no podía ser de otra manera, Javier Milei felicitó al Congreso (al que hasta hace no mucho caracterizaba como “nido de ratas”) por su apoyo a la reforma laboral antiobrera. Y aseveró que en nuestro país el desempleo no es un problema. Sólo que ahora hay “más gente buscando trabajo”.
En este punto, por supuesto, pasó por alto que en los dos años que lleva de gobierno se perdieron 300 mil puestos de trabajo y cerraron más de 20 mil fábricas y empresas. Rodeado de la casta que remató el país en los noventa, lo hizo estallar en el 2001 y volvió a hundirlo desde 2015, repitió una y otra vez el verso de que “el ajuste lo está haciendo la política”, mientras mata de hambre a los jubilados y avanza en hundir en la miseria a una clase trabajadora con menos derechos, para beneplácito de las patronales.
No podía faltar su habitual macartismo en el discurso. Y en este aspecto, ajustándose obedientemente al libreto de Washington, se refirió a Cuba, que se ha caracterizado en sus casi siete décadas de revolución por ser el país más solidario del mundo aún estando criminalmente bloqueada, como una dictadura terrorista. Además, llegó a afirmar en su delirio la barbaridad de que “el fascismo es socialismo pero sin violencia”.
Las declaraciones de Jorge Kreyness en su cuenta de la red social X al término del discurso presidencial en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, poniendo el acento en la necesidad de conformar una fuerza alternativa revolucionaria, tendrán que trabajarse en la práctica, con más lucha de clases y más lucha de ideas, para poder enfrentar y derrotar definitivamente a este proyecto político al servicio del imperialismo y el gran capital trasnacional. Se trata de una tarea a mediano y largo plazo, pero cada día más urgente si apuntamos a refundar y liberar la Patria.