Lucas Alfieri, presidente del Centro de Estudiantes de Humanidades de la UNSAM y dirigente del Movimiento Universitario de Izquierda (MUI), analizó el crítico panorama de las universidades nacionales, la convocatoria a la cuarta marcha federal y la necesidad de articular la lucha estudiantil con el movimiento obrero frente a las políticas de ajuste del gobierno.(*)
En una entrevista para el programa Informe de Pájaros, en Radio Con Aguante, Lucas Alfieri, dirigente del Movimiento Universitario de Izquierda (MUI) y presidente del Centro de Estudiantes de la Escuela de Humanidades de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), abordó la compleja situación de las universidades nacionales en Argentina, la inminente cuarta marcha federal universitaria, que se hará el martes 12 de mayo, y la lucha por la Ley de Financiamiento Universitario.
La conversación se centró en el contexto político y económico que atraviesa el sistema educativo superior y la respuesta del movimiento estudiantil y gremial.
La Marcha Federal Universitaria y la Ley de Financiamiento
Alfieri comenzó destacando la importancia de la convocatoria a la marcha federal, una demanda que, según él, venía siendo exigida por los sectores gremiales (docentes, no docentes y estudiantiles) ante la falta de diálogo con el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), que nuclea a los rectores.
Explicó que el CIN había mantenido una postura más dialoguista al principio de año con el Secretario de Políticas Universitarias, Alejandro Álvarez. Sin embargo, la presión de los gremios y estudiantes, sumada a las medidas de fuerza como paros al inicio de los cuatrimestres, generó un impacto significativo. Alfieri enfatizó: “sin ley de financiamiento no podemos estar con normalidad en el sistema universitario”.
Describió la situación actual como “muy compleja, muy difícil”, mencionando el aumento de renuncias y la “huida” de investigadores en ciencia y tecnología, el malestar estudiantil y la insuficiencia de las becas. Como estudiante de la provincia de Buenos Aires, resaltó la necesidad del boleto estudiantil, que “como nunca se exigió y y se necesitó, se notó muchísimo eso”.
La marcha, para Alfieri, debe ser un “golpe” para conquistar la Ley de Financiamiento Universitario, que ya cuenta con aprobación del poder legislativo y un fallo judicial que obliga al gobierno a implementarla.
Señaló que el gobierno la vetó inicialmente, se volvió a aprobar y ahora insiste en no cumplirla, lo que podría escalar a la Corte Suprema de Justicia. Sobre la inacción de la Corte, comentó: “sabemos los tiempos que tienen, que son por supuesto acordes a los intereses de las corporaciones que manejan con mayor o menor soltura los temas cuando le conviene”.
El clima universitario y la participación estudiantil
Al ser consultado sobre cómo se prepara la marcha y qué espera de ella, Alfieri expresó su deseo de que sea “grande, sea masiva”. Sin embargo, hizo una distinción importante con el contexto de la marcha de 2024: “La verdad es que el marco no es el mismo del 2024, ¿no? Eso creo que hay que hay que poder ponerlo sobre la mesa”.
Explicó que, en 2024, el ataque del gobierno era más novedoso y generó una reacción mayor, culminando con tomas universitarias. En 2025, hubo un desgaste y una vocación de los rectores y gremios afines (CEDUN y FATUN) de ir hacia la ley de financiamiento, lo que, si bien es positivo, implicó que “la calle no estuvo en el centro”.
También se le preguntó sobre el clima estudiantil y la participación política. Alfieri respondió que está “en creciendo”porque la convocatoria es reciente y las asambleas y acciones se están construyendo. Confía en que será masiva debido a la “mucha bronca” y el malestar material de los estudiantes, que es un factor innegable.
Aspira a que la movilización se parezca más a la de 2024 y no quede “más aislada como fueron las 2005”, que no tuvieron la masividad necesaria para generar un impacto real.
Alfieri lamentó que la política del gobierno esté “quitando ese rol” a las universidades, que históricamente han representado la masificación del acceso y la posibilidad de modificar la vida de muchas familias trabajadoras.
Advirtió que este consenso social sobre la universidad está en disputa. La política de ajuste y el “golpe al pueblo argentino” están rompiendo el tejido social y la aspiración de ascenso social.
Mencionó el pluriempleo y la precariedad laboral, que hacen que la inserción de los universitarios en el mercado sea cada vez más compleja. En esa línea reflexionó: “Entonces, también hay un problema más de fondo que que hace que tengamos que hacer un ejercicio de empezar de cero y decir, ‘Che, bueno, no está resuelto no está resuelto nuestro conflicto, ¿no? Porque cambió eh en la reivindicación”.
Comparó la situación con 2024, cuando la lucha era contra el cierre de las universidades, una narrativa del gobierno que las presentaba como “centros de adoctrinamiento”. Hoy, aunque la situación es similar, las reivindicaciones son más de fondo: salariales, de becas, y de ciencia y tecnología.
Reconoció que la sociedad, también golpeada, no siempre lo toma de la misma manera, por lo que “es otro el el camino creo que hay que recorrer”. Propuso encontrar acciones de cohesión interna y preparar la marcha federal con “clases públicas, con marchas locales”.

La resistencia y el futuro de la lucha universitaria
Alfieri reconoció la complejidad de la pregunta, pero destacó que se logró “arrancarle el el presupuesto de funcionamiento y actividades del 2024, inmediatamente después de la marcha del 23 de abril”. Señaló que la UBA emergió como negociadora, obteniendo un presupuesto “para prender la luz”. La presión también generó victorias parlamentarias en 2025, frenando vetos. Afirmó: “no tenemos que pensar que es imposible conquistar nuestra ley de financiamiento”.
Describió al gobierno como carente de pragmatismo, lo que se evidencia en su trato al pueblo trabajador y al movimiento estudiantil. “no podemos esperar que que cambie de opinión”.
Recordó que, a principios de año, los rectores tenían un enfoque más dialoguista, pero muchos sectores universitarios decidieron “volver a poner este sistema nacional universitario que tenemos, que es una de las pocas cosas que todavía tenemos a nivel nacional en el país, no fragmentada, no descentralizada, pongámoslo en la calle y hagamos y hagámoslo valer y ganemos nuestra nuestra ley en ese sentido”.
Consideró que el escenario está abierto porque el gobierno tiene su propia ley presentada en el Parlamento, pero se le están “trabando los poroteos” con otras discusiones, lo que lo hace menos sólido para debatir.
Este momento es “especial para que nosotros volvamos a recomponer, volvamos a generar que los estudiantes digan, ‘Bueno, vamos.’ También romper esa resignación de, ‘Bueno, hagamos lo que hagamos, el gobierno no va a dar pelota'”.
Reconoció que esa subjetividad de resignación existe en las facultades.
Finalmente, se lo consultó sobre la necesidad de que la marcha vaya más allá de lo universitario y qué otros sectores deberían sumarse. Alfieri enfatizó la necesidad de una “articulación ahí con el movimiento obrero”, algo que, según él, no se está logrando bien en el contexto actual.
Comparó la masividad de la marcha universitaria de 2024 y la del 24 de marzo, a 50 años del golpe, señalando que “estamos más dificul tenemos mayores dificultades para coordinar eh las luchas y estamos respondiendo de forma más sectorial”.
Atribuyó esto a la política del gobierno, que configura la respuesta de esta manera.
A pesar de los matices y tensiones internas en los sectores sindicales y universitarios, Alfieri cree que la reivindicación universitaria tiene una “transversalidad” que debe ser asumida por todos.
El Movimiento Universitario de Izquierda (MUI)
Para el cierre, Alfieri explicó el rol del Movimiento Universitario de Izquierda (MUI). Señaló que el MUI busca no depender del CIN ni de los rectores, ni estar solo preocupado por cuestiones partidarias. Su objetivo es configurar un movimiento estudiantil “crítico, independiente, eh con un un crisol de apertura identitaria en este contexto histórico”.
Alfieri afirmó que la universidad es un “elemento de poder y de disputa en Argentina”, que forma “cuadros, cabezas, cerebros que piensan proyectos de país”. Por ello, el movimiento estudiantil debe entender que la universidad no es un medio para otra cosa, sino un lugar de disputa en sí mismo.
Criticó que quienes definen los planes de estudio, convenios y políticas universitarias lo hacen en beneficio de un determinado sector, y “hoy en día no es en beneficio de las grandes mayorías”.
El MUI, en este contexto, apunta a discutir de forma independiente y a recuperar a estudiantes que llegan con preguntas e intereses, pero que no necesariamente disienten por la política, sino por la crisis de representación.
Recordó la “historia hermosa” del movimiento estudiantil en Argentina, desde la Reforma de 1918 hasta las luchas contra las leyes en los 90, y su rol importante en los 70, siendo uno de los principales sectores atacados por la dictadura.
Sobre el fianl, reconoció que, si bien no están en una etapa de alza en la UBA, donde experiencias más combativas no obtienen grandes resultados y ganan los centros de estudiantes de servicios, es fundamental que los centros de estudiantes estén “a disposición de estas luchas y también para discutir qué universidad queremos”.
(*)La nota es gentileza del portal Puro Contenido: https://purocontenido.com.ar/