A 50 años del secuestro y desaparición de la Junta Vecinal de la Villa 21-24 de Barracas, presidida por el militante comunista Teodoro Urunaga, se llevó a cabo por las calles del barrio la tradicional Marcha de Antorchas por la Memoria. En este marco también se le rindió homenaje a Salvador Herrera, histórico dirigente del PC y de la resistencia villera durante la dictadura, al cumplirse 20 años de su partida física.
La semana pasada la Villa 21-24 de la Ciudad de Buenos Aires fue escenario de la Marcha de Antorchas por la Memoria en la que, como para cada 29 de abril, se recordó y homenajeó a Teodoro Urunaga, María Ester Peralta, Oscar Alfredo Zalazar y Ricardo Gamarra Ortiz, quienes formaban parte de la primera Junta Vecinal que tuvo el barrio, electa en noviembre de 1975 y secuestrada hace cincuenta años por la última dictadura cívico-militar.
Los cuerpos sin vida de Ricardo, Oscar y Teodoro fueron encontrados pocos días después en Parque Centenario, con claros signos de haber sido torturados, aunque la versión oficial de la Policía Federal indicó que se trataba de "subversivos abatidos en un enfrentamiento". María Ester tenía dos hijos y estaba embarazada de cinco meses cuando se la llevaron y, al igual que su hijo o hija, aún permanece desaparecida.
Urunaga, albañil de profesión, llegó a Buenos Aires desde su Paraguay natal en 1968. Militante político y social, se vinculó al PC y asumió el compromiso de forjar la unidad desde abajo con distintos sectores del movimiento popular. Con ese compromiso indoblegable trabajó con los escasos recursos disponibles en la construcción de obras para la mejora de su barrio y su solidaridad y su militancia lo llevaron a ser elegido por sus vecinos como presidente de la Junta Vecinal de la 21-24, por entonces conocida como villa Kaplan.
A medio siglo del golpe de Estado genocida y del secuestro, la desparición y los asesinatos de los militantes territoriales que estaban al frente de las reivindicaciones de este barrio durante los oscuros años de la Triple A y de la última dictadura, la convocatoria del jueves pasado en la 21-24, para seguir ejerciendo Memoria y no dejar de exigir Verdad y Justicia, contó con la presencia de familiares de los compañeros homenajeados junto a organizaciones sociales, políticas y de derechos humanos; entre ellas la Liga Argentina por los Derechos Humanos y el Partido Comunista.
La marcha por las calles de la 21-24, o barrio Zavaleta, hizo paradas en puntos que son clave para comprender la represión que se desató contra sus vecinos durante la dictadura. El recorrido finalizó frente a la capilla de Nuestra Señora de Caacupé, que es desde donde el padre Daniel de la Sierra se enfrentó a las topadoras que pretendían destruir todo y erradicar definitivamente el barrio.
Esa lucha heroica de la 21-24 no se dio de forma aislada: formaba parte de una resistencia colectiva que abarcaba a distintas villas de la Capital, como la Cildañez y la 31, entre otras, y donde se plasmaba la unidad desde las bases entre militantes del Partido Comunista, del peronismo revolucionario y de curas que abrazaban la teología de la liberación. La Comisión de Demandantes de Villas y Núcleos Habitacionales Transitorios de la Capital Federal, liderada por Salvador Herrera, fue la organización transversal que agrupó esas construcciones de poder popular en los barrios más marginados, donde la presencia del Estado solo se hacía efectiva por medio de su estructura represiva.
En noviembre de 1979, gracias a esa lucha dada en las condiciones políticas más adversas de nuestra historia, un fallo de la Cámara Nacional de Apelaciones, a instancias de una presentación de los abogados del PC y la LADH Victoria Nobelino y Horacio Rebón, dictó un fallo de "No innovar", que les permitió a los habitantes de la Villa 31 no correr la misma suerte que habían corrido los de la villa del Bajo Belgrano, desalojados tras la erradicación del barrio en la previa del mundial de fútbol de 1978. Ese fallo sentó el precedente jurídico a partir del cual todas las villas de la Ciudad de Buenos Aires permanecieron en pie contra las intenciones del intendente de facto, el Brigadier Osvaldo Cacciatore, de pasarlas por encima con tanques y topadoras.
Salvador Herrera presente
La jornada a medio siglo de la desaparición de la Junta Vecinal de esta villa del barrio porteño de Barracas, una de las populosas de CABA junto a la 31 de Retiro, también fue un momento propicio para honrar la memoria de Salvador Herrera. La trayectoria política de este militante ejemplar del Partido Comunista de la Argentina nacido en Salta e instalado desde su juventud en la Capital Federal, contribuyó a escribir importantes páginas de la lucha popular. Herrera fue dirigente del Movimiento Villero en la resistencia a la dictadura y en las conquistas de las reivindicaciones por la radicación de las villas con construcción de viviendas dignas y acceso a servicios básicos durante los sucesivos gobiernos tras la recuperación de la vigencia constitucional. Además, fue uno de los fundadores de la CTA y del MTL, dirigente de ATE y miembro del Comité Central del Partido Comunista.
A veinte años de su muerte, su legado sigue vivo y con su nombre se han creado movimientos sociales, bachilleratos populares, comedores y centros culturales. Desde Cildañez, donde fue presidente de su junta barrial durante distintos períodos, supo articular la resistencia que se multiplicó en cada una de las villas de la ciudad de Buenos Aires, poniéndole el cuerpo a las topadoras y a los operativos represivos comandados por Cacciatore, que en más de una ocasión incorporaban tanques de guerra y cargaban en camiones de basura a las familias desalojadas.
Aquella gesta de los sectores más excluidos de la clase trabajadora hizo posible que miles de familias no fueran expulsadas de sus barrios, que pudieran defender su derecho al arraigo y a luchar por construir una vida a partir de condiciones dignas, algo por lo que continúan trabajando incansablemente tantos otros, como su hija Rosa Herrera, abogada de la Liga Argentina por los Derechos Humanos, desde donde defiende a cientos de familias que se encuentran bajo amenaza de desalojos inminentes por parte del gobierno de Jorge Macri.

El jueves pasado en el contexto de la Marcha de Antorchas por la Memoria a 50 años de la desparición de la comisión barrial de la Zavaleta, también se homenajeó a Salvador Herrera. La encargada de hacerlo fue otra histórica dirigente del Movimiento Villero y vecina de ese barrio del sur porteño desde 1972, Celia González. Celia fue camarada de Salvador y una de las principales dirigentes en plena dictadura de la Comisión de Demandantes de Villas y Núcleos Habitacionales Transitorios de la Capital Federal junto a otros grandes luchadores como Alodia Orrego de Cildañez y Omar Benítez de la 31, o barrio Carlos Mugica, cuya pelea hizo posible que la organización villera le torciera el brazo a la dictadura más sangrienta de nuestra historia. Por lo tanto, a nadie sorprendió que en ese marco fuera precisamente ella, quien año a año organiza la Marcha de Antorchas en su barrio para mantener viva la memoria Teodoro Urunaga, María Esther Peralta, Oscar Zalazar y Ricardo Gamarra Ortiz, quien cerrara el acto para recordar también la lucha de Salvador Herrera.
Una lucha por el derecho de todxs a vivir dignamente. Una lucha que hoy continúa frente a políticas de Mieli y Macri y que, como hace cincuenta años, sigue teniendo en Celia a una de sus más comprometidas protagonistas.