Por estas horas se está desarrollando en Beijing el XVI Foro del Socialismo Mundial “Teoría y práctica de la construcción del PCCh en la nueva era”. De él participa el PCA a través de su responsable de Relaciones Internacionales, Marcelo Rodríguez, y de su Secretario General, Jorge Kreyness. “Una democracia verdadera, asentada en un poder popular, como propone el Partido Comunista de China, se torna un modelo de organización política que ofrece una alternativa superadora ante un sistema donde sólo pequeños núcleos de magnates deciden los asuntos del Estado”, afirmó Kreyness en su exposición ante el foro. Y agregó que “la recuperación del ideal socialista y del comunismo como perspectiva histórica para el futuro de la humanidad tiene mucho que ver con los grandes logros del PCCh”. (*)
Cuando no se lo intenta directamente desprestigiar con la conocida retórica macartista de manual, al desarrollo chino como motor de la economía en un mundo pluricéntrico se lo suele reconocer, no por casualidad y con un anticomunismo más solapado, escindido del desarrollo del socialismo que existe como modelo de gobierno y organización social en el gigante asiático desde el triunfo de la Revolución encabezada por Mao Tse-Tung hace setenta y siete años.
El pensamiento de Xi Jinping, que toma enseñanzas del pensamiento de Mao y de otros líderes como Deng Xiaoping, tal como lo caracteriza un reciente informe presentado por el centro nacional de estudios de alto nivel de la Escuela de Partido del Comité Central del PCCh (Academia Nacional de Gobernanza) y el centro nacional de estudios de alto nivel de la Agencia de Noticias Xinhua, “resume y destila la experiencia práctica del autodisciplinamiento pleno y riguroso del Partido Comunista de China en la nueva era”.
En él se reafirma el eje central de la construcción del socialismo con características propias de su país, como materialmente no podría ser de otra manera. La exposición de Jorge Kreyness, “La influencia del Partido Comunista de China en la construcción de una alternativa mundial”, en el XI Foro del Socialismo Mundial “Teoría y práctica de la construcción del PCCh en la nueva era” en Beijing, echa luz sobre este aspecto y sobre otros tantos que configuran un mundo en disputa. En esa puja permanente, por un lado, el imperialismo yanqui escala todas las vías de agresión para apuntalar su hegemonía declinante y, por el otro, la Comunidad de Futuro Compartido para la Humanidad, promovida por Xi y el PCCh, ofrece un camino alternativo al de un mundo plagado de guerras y de injusticias como consecuencia directa de la crisis civilizatoria del capitalismo.
Reproducimos a continuación la ponencia expuesta por el Secretario General del Partido Comunista de la Argentina en este foro internacional que cuenta con delegaciones llegadas de todas partes del mundo.

La influencia del Partido Comunista de China en la construcción de una alternativa mundial
“En el Occidente capitalista ya casi nadie desconoce los grandes logros alcanzados en su desarrollo económico, científico-tecnológico, político y social por parte de la República Popular China. Pero muchos, especialmente en las elites del poder concentrado, no reconocen, o deforman, el papel determinante que juega el Partido Comunista Chino en la dirección del Estado y de la sociedad.
Especialmente se esconde su papel rector en la planificación de la vida nacional en su conjunto, la cual, gracias a ello, no queda librada a la voluntad de una minoría que pretende enriquecerse a costa del trabajo ajeno, como en el capitalismo, sino que, aplicando las enseñanzas del marxismo, promueve un desarrollo armónico y acelerado que despierta cada vez más la admiración y el respeto de los pueblos de todo el mundo.
Esto constituye a su gran país en un factor de progreso global y en un contribuyente cada vez más influyente a los esfuerzos por la paz y la estabilidad mundial, lo cual alcanza gran relevancia para contrarrestar las políticas militaristas y belicistas que despliegan los centros capitalistas más ricos que no pueden dar otra respuesta a su crisis y a su declive epocal, que las políticas de agresiones y guerras, de sanciones y obstrucción de unas relaciones internacionales justas y equitativas.
Frente a la opción por la financiarización de las economías y el militarismo por parte de los cenáculos del capitalismo más concentrado, la determinación china por los desarrollos de la producción industrial y los avances científicos y tecnológicos para favorecer el bien común de los pueblos, el impulso de un comercio abierto y la proposición de una Comunidad de Destino Compartido para la Humanidad, resaltan como propuestas más que correctas y despiertan adhesión creciente.
Constituyen además una barrera significativa contra la fobia anticomunista desatada, que está en la base del llamado crecimiento de sectores de ultraderecha o neofascistas que expresan la incompatibilidad creciente entre los formatos democrático-burgueses tradicionales y los niveles de centralización y concentración del capital que demandan profundizar la dictadura de los monopolios.
Por eso cada vez más una democracia verdadera, con participación protagónica del pueblo organizado y de respeto a las diversidades y etnias, asentada en un poder popular, como propone el Partido Comunista de China, se torna un modelo de organización política que ofrece una alternativa superadora ante un sistema donde sólo pequeños núcleos de magnates deciden los asuntos del Estado excluyendo a las grandes mayorías de la población, como impone el capitalismo.
La recuperación del ideal socialista y del comunismo como perspectiva histórica para el futuro de la Humanidad tiene mucho que ver con los grandes logros del Partido Comunista Chino, que de este modo brinda una contribución gigantesca a la causa de una sociedad sin clases, sin explotación y sin ningún tipo de opresiones
Por otra parte, es conveniente preguntarse ¿cuál sería ahora la correlación de fuerzas global si la República Popular China no hubiera alcanzado el nivel de desarrollo armónico integral actual?
Sin dudas que el comercio internacional estaría completamente atado a las imposiciones del imperialismo, que este avanzaría a sus anchas en el saqueo de los recursos naturales que demanda el actual desarrollo de las tecnologías sobrepasando la soberanía de las naciones, aun si para ello les fuera necesario invadir, bombardear o exterminar a pueblos enteros.
Aunque hoy asistimos a las escenas horripilantes del genocidio contra el pueblo palestino, al criminal bloqueo contra Cuba, a la intervención de la economía venezolana y al secuestro de su liderazgo o a la guerra desatada contra Irán que produce un descalabro de la economía global, es evidente que el sector concentrado del gran capital no tiene otro recurso que el militarismo y la guerra para imponer su condición de gran potencia, con la contracara de que esas erogaciones militares provocan más y más crisis en su sistema, lo que no solo perjudica el bienestar de sus pueblos, sino que hace más pequeñas las capacidades de los EEUU en contradicción flagrante con el lema MAGA que encabeza la propaganda trumpista.
Por eso son tan valorables las iniciativas chinas, como las de la Franja y la Ruta, o la conformación de los BRICS ahora ampliados, la Organización de Cooperación de Shanghai.
La apuesta china por la industria de calidad y por un comercio internacional abierto y de mutuo beneficio entre las partes se contrapone a la opción del gran capital por favorecer de manera sistemática al complejo militar tecnológico financiero que es quien en verdad gobierna al margen de quien ocupe las funciones institucionales.
Por eso es adecuada la reflexión del camarada Xi Jinping en ocasión de su reciente entrevista con Donald Trump sobre la necesidad de evitar caer en la “Trampa de Tucídides” y apuntando a resolver ese escollo por los caminos que a veces no son los atajos más cortos: los de la paz y la cooperación. Tal referencia no tiene valor tan solo para las relaciones bilaterales. Tiene una influencia urbi et orbi.
En relación con América Latina el rol de China se ha incrementado notablemente con el comercio y las obras de infraestructura.
Y eso ha ocurrido a pesar del constante acoso intervencionista por impedir el libre relacionamiento de los distintos países con el gigante asiático.
En Argentina un gobierno que rechazó el ingreso a los BRICS, que debía producirse en 2024, al inicio de su mandato y que profesa las vetustas teorías liberales de la llamada Escuela de Austria y un furibundo anticomunismo ha pretendido “echar” a China de nuestro país, frenando los compromisos de obra pública con empresas chinas logrando así frenar emprendimientos de importancia para el desarrollo nacional.
Recientemente el Embajador de Washington en Buenos Aires presionó a una pequeña cooperativa proveedora de servicios eléctricos en una región estratégica para que rompa sus contratos con la compañía Huawei, tirando por la borda su proclamada teoría del “libre comercio” con el argumento de que con ese convenio se entregaría “información de seguridad” al Partido Comunista Chino.
Esta es una batalla en curso en la que no está dicha la última palabra. A tal punto que, en su aguda crisis, no pueden prescindir del swap chino que estabiliza las reservas internacionales del país.
Como demuestran estos ejemplos sobre la relación de China con Argentina, el creciente protagonismo de la Republica Popular en el mundo se vuelve insoslayable por la fuerza y pertinencia de su propuesta de avanzar en el beneficio mutuo, en el ganar – ganar y en la iniciativa de gobernanza global impulsada por Xi Jinping.
El motor de esta presencia es el Partido Comunista de China liderado por Xi Jinping, que representa un modelo de organización, planificación y disciplina que, abrevando en la tradicional cultura china y en el marxismo ofrece al mundo una alternativa a la barbarie capitalista y abre las puertas a un futuro de paz y de mejoramiento de las condiciones de vida para el conjunto de la humanidad”.
(* ) Jorge Kreyness - Sec. Gral. del Partido Comunista de la Argentina.