En el Barrio Doctor Montaña de la capital provincial, más de cien familias fueron ayer desalojadas por la policía del predio que habían ocupado tras el desalojo que poco antes sufrieran de un complejo de viviendas en desuso. “Acceder a una vivienda es imposible para miles de correntinos, especialmente si son jóvenes”, advirtió el Secretario Político del PC local, Diego Silva.
Todo el país está atravesado por una severa crisis habitacional y esto es algo que a nadie debería sorprender en un contexto en el que el ajuste sin pausa es la política central para poder acrecentar los negocios y las ganacias de la casta empresarial y multimillonaria para la que gobierna Javier Milei. Ese ajuste provoca un creciente desempleo asociado a la brusca caída del poder adquisitivo del salario, lo que deriva en el aumento de la pobreza y la miseria y en una sociedad mes tras mes más endeudada para poder pagar las boletas del mes anterior e intentar sobrevivir con lo puesto.
En ese marco, otra de las políticas medulares del mileísmo es la drástica reducción de la obra pública, que elimina los planes estatales que estaban destinados a la construcción de vivienda social y programas habitacionales, tal como sucedió con la liquidación del programa Procrear.
Se trata de un combo explosivo que afecta fundamentalmente a las personas jóvenes que, además, componen el segmento etario donde más duramente golpea el desempleo y la precarización de las condiciones de trabajo profundizadas con la reforma laboral. De acuerdo a los datos que se desprenden de un reciente relevamiento elaborado por el Observatorio Federal de Acceso a la Vivienda, en Argentina 2,5 millones de jóvenes de entre 25 y 35 años, esto es el 37 por ciento de esa franja, no se pueden independizar porque no tienen dónde ir a vivir, ya que les resulta imposible pagar el precio de los alquileres que el gobierno nacional desreguló totalmente y que los dibujados índices de inflación no miden. En tanto que para esta juventud trabajadora y precarizada, ahorrar para acceder a una vivienda propia se vuelve un sueño directamente imposible de concretar.
La provincia de Corrientes lejos está de escapar a esta realidad. Por lo cual, lo que está sucediendo en su capital y más puntualmente en el Barrio Doctor Montaña no es ningún un hecho aislado: es un emergente más de este drama social. Ahí, un grupo de vecinos buscó ingresar a las doscientas viviendas deshabitadas de un complejo habitacional cuya construcción fue abandonada por la gestión del gobernador Juan Pablo Valdés. Todo esto derivó en una fuerte represión policial, pese a lo cual más de 500 personas de alrdedor de 100 familias se establecieron en un predio aledaño a la espera de que el gobierno provincial ofrezca alguna solución al problema habitacional que los aqueja. Sin embargo, esa solución sigue sin llegar: ayer fueron nuevamente desalojados del acampe que realizaban detrás del Barrio Montaña.
“Otra vez vivimos en Corrientes una experiencia que se reitera desde hace muchos años, que es la de las ocupaciones que realizan cientos de familias sobre viviendas y terrenos que están en desuso, para poder construir lo que el Estado les niega, que es una casa digna”, subrayó el Secretario Político del Partido Comunista de Corrientes, Diego Silva. “Las unidades habitacionales del Barrio Montaña debieron ser entregadas hace ya diez años e incluso la mayoría de ellas ni siquiera fueron terminadas y permanecen sin estar habitadas por la desidia gubernamental”, denunció. “Así quieren tapar la realidad que se vive en Corrientes, sobre todo entre los jóvenes de la ciudad que se quedan afuera del sueño de la casa propia que era tan natural en otras épocas del país”, reflexionó Silva y añadió que “desde hace unas tres décadas esto ya es imposible para varias generaciones de correntinos”.
En Secretario del PC de local recordó que durante 2014 tuvo lugar en la capital provincial un episodio similar cuando cientos de familias se establecieron en otro predio ubicado cerca del Dr. Montaña, en Barrio Pirayuí. Sobre aquella experiencia, resaltó que “tomaron un terreno totalmente deshabitado y en desuso para comenzar a construir sus casas, lo que hicieron de la forma en que pudieron, sin ningún tipo de asistencia del Estado y ahora es un barrio constituido, con sus casas y veredas, con conexión a las redes de agua y energía eléctrica, que se hicieron como la gente pudo hacer, pero hoy es un barrio sin el apoyo estatal”.
Al respecto, afirmó que algo similar se replica actualmente en diferentes barriadas de la capital, ya que la ciudad de Corrientes “no crece de manera planificada por el Estado, sino de esta manera: gracias a gente que sin la posibilidad de poder acceder a una casa digna a raíz de la ausencia de políticas del Instituto de la Vivienda de la provincia, toma terrenos vacíos para comenzar a construir sus casas y barrios sin ningún tipo de asistencia”. Esto ahora vuelve a ser noticia con la ocupación en el Dr. Montaña, que fue reprimida y desalojada una y otra vez por la policía de Valdés.
Para dar cuenta de la falta de oportunidades que tienen los sectores populares criminalizados y reprimidos por el mismo sistema que los margina, el Secretario Político del Partido Comunista de Corrientes indicó que
“sólo para inscribirse en el Instituto de Vivienda de la provincia hay que tener un recibo de sueldo de un trabajo formal de no menos de quinientos mil pesos, pero aquí tener un trabajo formal y cobrar eso es una utopía para muchos”. Con lo cual, se explica con claridad por qué “se ven obligados a buscar lugares en desuso para poder habitar en una provincia donde la crisis habitacional es muy pronunciada y la respuesta del gobierno de la UCR, que se alió al macrismo y ahora a Milei, sólo pasa por la represión y el desalojo de personas que lo que quieren es algo tan básico y humano como poder acceder a una casa propia”.
Lo que sucede en Corrientes tiene como responsable inmediato a un esquema político que gobierna hace más de dos décadas sin que le importe atender un problema tan crucial como es el habitacional. Aunque si se sopla un poco la hojarasca se vuelve imprescindible pensar qué es lo que pasa con un sistema que, como el capitalista, construye todo un andamiaje discursivo a partir de la exaltación y la defensa de la propiedad privada individual, pero que no puede y no quiere resolver algo tan sencillo como que cada ser humano tenga derecho a un sitio decente para habitar y desde donde poder realizar un proyecto de vida con certezas y felicidad, sin casas sin gente ni gente sin casas. Algo que, en definitiva, el capitalismo aborrece y niega estructuralmente.