Paola Gallo es copresidenta del Mopassol (Movimiento por la Paz, la Soberanía y la Solidaridad entre los Pueblos), migrante y abogada de nacionalidad colombiana y argentina, además de ser miembro de la Asociación Americana de Juristas y activista por los DDHH (*). En el marco de una sección especial sobre la causa Malvinas, que lanzamos esta semana desde Nuestra Propuesta, nos aporta su opinión en esta columna.
En homenaje a nuestros héroes y heroínas de Malvinas, presentes ahora y siempre.
Malvinas en la cultura de paz, tiene 3 palabras que quiero definir a los fines de esta reflexión a 43 años de la guerra de Malvinas y bajo un gobierno servil a la ocupación. La primera de ellas es la palabra Cultura. La cultura no la entiendo como una construcción humana que nos hace más bellos o mejores. Considero que la cultura es la construcción humana, que habilita el encuentro humano, donde las experiencias se comparten y el desafío por reconocerse, comprenderse, por compartir, por discutir y construir es una oportunidad de coexistencia, por tanto de humanidad. Allí habita la semilla de las posibilidades humanas, donde la imaginación tiene el aire que necesita para respirar. Todo lo que está por suceder se imagina en el ámbito de la cultura.
La paz es una palabra tan antigua como el lenguaje humano y que tiene muchos significados. Desde este territorio, conocido como nuestra América, paz ha significado entre otras cosas, descolonización. El germen del colonialismo que habita en nuestra cultura es aquella concepción de las personas no como iguales en términos universales, y en consecuencia donde se sostiene que unas personas son superiores a otras. El odio, un sentimiento humano, muy humano, ha sido utilizado como la gran herramienta del colonialismo para legitimar esa superioridad humana en la que sostiene su derecho a apropiarse de territorios y vidas humanas como no humanas. Con esa concepción de desigualdad y de odio como herramienta, nuestro pueblo está siendo sometido al hambre y al sálvese quien pueda, que implica la barbarie colonial. No hay fascismo sin colonialidad.
En los países con una fuerte presencia de ocupación, se sostiene que el problema de ese país es su pueblo. En Colombia crecí con esa idea muy presente en las conversaciones diarias, en los chistes entre conocidos. Recientemente lo vengo escuchando en Argentina, que el problema de Argentina somos los argentinos. Y así, un día se instaló la idea de que el problema de Colombia era también el pueblo venezolano y que el problema de argentina son los bolivianos y se ha hablado de construir un muro que nos divida. El odio hacia nuestra identidad y hacia los pueblos hermanos de nuestra América, es un poder colonial del que debemos liberarnos. Una vez que está instalado ese germen en la cultura, el problema de Colombia son los venezolanos y el problema de Argentina son los bolivianos. Así, nuestros territorios se transforman en escenarios de conflictos, fracturándose la unidad de nuestros pueblos, donde siempre debió reinar la hermandad de los puentes que nos encuentran para la cooperación y la construcción de paz, para el bien vivir de nuestro pueblo.
Malvinas es una palabra, una brújula, un territorio, un derecho, una identidad, una esperanza, es nuestra historia. Malvinas fue durante los primeros años de este siglo XXI columna de integración y de cultura de paz. Y hoy Malvinas es parte de un entramado de poder muy grande de ocupación. La OTAN y sus aliados no solo ocupan Malvinas; entre otros territorios coloniales, ocupan Palestina, ese laboratorio de ocupación y aniquilación que después se aplica en todo conflicto donde la OTAN y sus aliados participan.
En Argentina a lo largo y ancho del territorio se lleva adelante una fuerte avanzada de ocupación. En el Río Paraná, en el Atlántico Sur, en Ushuaia, en la Patagonia Neuquina, pero también en más de 12 provincias argentinas que han entregado la gestión del agua a la empresa Mekorot. El ciberespacio es un territorio colonizado. Es posible que hoy, no haya un solo territorio de nuestro país donde la ocupación no intervenga.
Malvinas es una brújula para la cultura de la paz, donde la descolonización y la defensa por el derecho a la igualdad de las personas y los pueblos, es hoy un profundo debate que estamos perdiendo. Malvinas debe dejar de ser una efemérides, debe pasar a ser la brújula de la cultura en su más amplia acepción. Malvinas debe ser la interseccionalidad de todas las causas, porque allí sigue siendo el territorio donde se debate nuestro futuro.
(*) Paola Gallo es también integrante de la Red de Artistas e Intelectuales en Defensa de la Humanidad, presidenta del Espacio de la Fraternidad Argentino Cubana para la Unidad de Nuestra América, conductora del programa “Entrevista Antifa” y coautora del libro “Malvinas. Descolonización, paz y soberanía” (Ediciones CTERA 2024)