Yendo del quilombo a la foto

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Del intento de copamiento del Indiana a regalarle las Malvinas a Pfizer. Todo vale para la lógica mesiánica de una derecha, que ya ni siquiera se preocupa por disimular.

“Es lo que piensa tanto Bullrich como todo el espacio político del PRO”, recalcó el secretario de Derechos Humanos del Centro de ex Combatientes de Islas Malvinas (Cecim), al ser consultado sobre las recientes declaraciones de la titular de esa fuerza política, que señaló que el Gobierno “podría haberle dado” las Islas Malvinas al laboratorio Pfizer. Y fue claro al señalar que “expresan lo que piensan”, por lo que “las disculpas que ahora aparecen son inoportunas y no alcanzan”.
Bullrich eligió decir lo que dijo, desde una de las propaladoras de uno de los conglomerados massmediáticos donde se siente más cómoda ¿Sorprende que ante tamaña barbaridad su interlocutor, Jonathan Viale, lejos de repreguntar, se acoplara al argumento? Difícil.
Varios de los protagonistas de esas mismas propaladoras impulsaron, durante 2012, un documento público en el que se apoyaba la autodeterminación de los kelpers. Entre otros, firmaron aquella vez José Eliaschev, Beatriz Sarlo, Jorge Lanata y Juan José Sebreli.
Pero si para muestra alcanza con un botón, hay varios que corroboran los dichos de Alonso. En sintonía con ese documento, el diputado Fernando Iglesias postulaba que es preciso que el Estado argentino atienda la postura de la población que habita ilegalmente en las Islas Malvinas.
“Esa es tu opinión”, recalcó Iglesias cuando en una entrevista hecha por esos días, el periodista Gustavo Sylvestre le recordó que “ellos son los usurpadores”.

Quema esas cartas

¿Pero es posible que este tipo de miradas, sean aisladas adentro del bloque de representación política que sintetiza Juntos por el Cambio?
Desde antes de convertirse en Presidente, Mauricio Macri ya fijaba su postura respecto a la soberanía en Malvinas. En un reportaje que le hizo Página 12, invitaba a olvidar el tema, ya que desde su perspectiva, recuperar las islas del Atlántico sur ocupadas por Gran Bretaña, “sería un fuerte déficit adicional para la argentina”. Y añadía: “nunca entendí los temas de soberanía en un país tan grande como el nuestro”.
Lo que hizo tras entrar a La Rosada, fue coherente con esta postura. A espaldas del Congreso, el Gobierno Cambiemos impulsó un acuerdo por el que se aceptó que multinacionales realicen prospecciones y avancen en la explotación hidrocarburíferas en la plataforma del Mar Argentino, por medio de licencias entregadas por el Reino Unido.
Mientras que durante 2020, el interbloque legislativo de JxC, fustigó la postura del actual ejecutivo respecto a Malvinas, después de que La Rosada decidiera suspender el intercambio de información que, en materia pesquera, acordó la Presidencia Macri con Gran Bretaña.
Lo hizo por medio de una declaración en la que calificó a la posición gubernamental como “la política de confrontación del canciller Felipe Solá”, que firmaron Mario Negri, Luis Naidenoff, Humberto Schiavoni y Cristian Ritondo, así como Alfredo Cornejo, Maximiliano Ferraro y Patricia Bullrich.
Lo que llaman confrontación fue una medida que tomó distancia del esquema de supeditación absoluta a los intereses del eje que sintetiza la Otan, a la que el Gobierno Cambiemos sometió a la Argentina en términos geopolíticos, geoeconómicos y geoestratégicos.
Porque las islas y el Atlántico sur usurpado por la Otan, son una fuente todavía incalculable de recursos hidiorcarburíferos y pesqueros, pero también la puerta a la Antártida que, en los términos recién expresados, es central en la disputa por la supremacía global en el siglo 21.
Por eso a nadie debería sorprender que quienes plantean esto, sean los lobbystas de Pfizer, esto es, los de fondos especulativos como BlackRock (Ver Temporada de caza en el zoo).
Comenzaba 1989 y el transbordador Indiana recalaba en el puerto de Montevideo, proveniente de Puerto Argentino. Ahí esperaba un grupo reducido de personas encabezadas por una joven que se acercó a Mario Rodríguez Muñoz, que cubría la temporada de verano en Punta del Este para Clarín, al que habían avisado que vaya al puerto, porque alguien iba a intentar copar el Indiana.
“Estate atento que vamos a intentar subir al barco. Vamos a armar quilombo”, le dijo la mujer al periodista quien en una crónica publicada años más tarde por Perfil, señala que “no querían abordar el ferry, querían una foto”.
Un policía portuario alcanzó para que el grupo desistiera de lo que prometió hacer.
Ya sin acné juvenil, Patricia Bullrich, sigue fiel al mesianismo que siempre la caracterizó y construye su figura pública en base a “hacer quilombo” y buscar foto tras foto. Por eso le da lo mismo ser la principal aliada de aquel a quien durante el debate televisivo de candidatos de 2007, dijo que “Macri es corrupto”.
Y también le da lo mismo buscar la foto con la puesta en escena que intentó hacer aquella vez en Montevideo, o denostando la memoria de los caídos en Malvinas.
Desde su mesianismo, Patricia Bullrich, jamás puede comprender que Malvinas es una gesta que interpela mucho de lo mejor que los argentinos tenemos como pueblo. Y que pueblo es esa suma de personas concretas a las que siempre despreció, desde su lugar de clase.