Rubén Eduardo Billa es abogado productor del interior de la provincia del Chaco donde también es referente del Partido Comunista. En esta columna analiza qué situación atraviesa esa región y da cuenta de una realidad socio-productiva compleja pero a la vez alarmante.
El 21 de marzo llovió en el centro chaqueño, después de tres meses de sequía que ni los más memoriosos recuerdan acontecimiento semejante. Agravado con la persistencia de olas de calor nunca vistas. El campo quedó arrasado, como si se les hubiera pasado con lanzallamas: la producción de algodón y soja se considera perdida en un 85 por ciento y la falta de pasto afectará muy seriamente la producción ganadera, con disminución de terneros, vacas flacas por mucho tiempo.
La desesperación llevó a los colonos y pequeños productores a concentrarse en las rutas, para pedir auxilio a los gobiernos provincial y nacional. Y ante esto, el gobernador, el radical Leandro Zdero, que hace pocos días sello su acuerdo electoral con Milei bajo la consigna “Chaco Puede” que enarbolaron los militares de Serrano en la triste noche de la dictadura militar, sólo se limitó a manifestar que “acompañan a los productores, que lamentan esta catástrofe” o sea, sólo anunciaban que los acompañarían al cementerio, pero que no esperen remedios a su enfermedad, no esperen subsidios ni rescate a productores que agonizan.
En este contexto resulta importante hacer un poco de historia. El 11 de marzo de 2008, el Gobierno Nacional aumenta las retenciones a las exportaciones de granos y oleaginosas, elevando los porcentajes del treinta y cinco al cuarenta por ciento en el caso de la soja. Coincide este incremento del impuesto con la elevación abrupta de los precios internacionales de la soja.
La Sociedad Rural Argentina, La Confederación de Sociedades Rurales de la Argentina (CRA), Coninagro que agrupa a buena parte de las cooperativas agrícolas del país y Federación Agraria Argentina constituyen la Mesa de Enlace y programan una serie de medidas de protesta que consistieron en cortes de rutas y llamado a la no comercialización de la producción agraria. La movilización de la Mesa de Enlace influye decididamente en la suerte legislativa del proyecto de ley, y es rechazado por el Senado de la Nación.
En la provincia del Chaco se pronuncian a favor de la ley la Unión de Campesinos Poriajhú y Aprocha que representaban a los productores chicos y medianos respectivamente. En contra de la ley se pronuncian las filiales de Federación Agraria y el mercenario de Castels del Mijd, con apoyo oportunista de Vilma Ripoll y el Movimiento Socialista de los Trabajadores las caperucitas chaqueñas salieron a bancar a los lobos de la Pampa Húmeda, a los fondos de inversión y pooles de siembra, cuando la ley que ellos rechazaban preveía un porcentaje diferencial de retenciones para los productores alejados del puerto y el pago de los fletes a los que se encontraban a más de 500 kilómetros.
No sólo triunfó el contenido económico, sino el político ideológico: el Estado no se debe inmiscuir en la producción del campo, no debe cobrar impuestos, no debe intervenir subsidiando producciones. O sea las banderas del liberalismo.
Era época de bonanza, con la soja a seiscientos dólares la tonelada y los productores medios del Chaco, que trabajan 200 a 800 hectáreas, se sentían harto representados por Biolcatti y por los Vicentín a quienes salieron a bancar. Y soñaban con un ascenso económico ilimitado, en los que no necesitaban la presencia del Estado. Sus méritos eran suficientes para la gloriosa fortuna que los esperaba.
Por eso el discurso de Javier Milei impactó fuertemente en esta burguesía agraria que se cree autosuficiente. Pero dos años irregulares y un año de sequía extrema los devolvieron a la realidad: estamos en una provincia marginal, con un clima irreverente e imprevisible y exacerbado por el cambio climático, que muchos se niegan admitir mientras arrollan con las topadores cientos de miles de hectáreas de monte nativo. Mas topadoras, más motosierras.
Las lluvias llevaron algo de esperanza y alentarán a una buena parte a volver a sembrar con la ilusión de una buena cosecha futura, pero muchos quedarán en el camino sin que logren comprender que las políticas liberales no son las que les convienen por su fragilidad económica.
Mientras tanto, miles de los que sobreviven con la agricultura familiar y otros con sus pocas vaquitas, se hundirán un escalón mas en la pobreza estructural de muchos años y de la que no logró sacarlos los gobiernos llamados progresistas, que sólo aliviaron su situación en estos últimos veinte años con programas de subsistencia, y de subordinación y sometimiento con tan sólo la promesa de una “movilidad social ascendente”, aspiración cada vez más lejana como las luces de las estrellas que esos campesinos miran todas las noches mientras sus esperanzas son una y otra vez destrozadas por la realidad de un sistema económico social que los condena a la inmovilidad eterna de la pobreza a la que siguen sometidos.
En momentos de reagrupamiento de fuerzas, solo la Unión de Campesinos Poriajhú salió con un petitorio que contempla parte de las reivindicaciones de los agrarios chaqueños en el que propone las siguientes medidas que serán un paliativo a la situación angustiante por la que atraviesa el campo:
* Declaración de Situación Desastre para toda la provincia del Chaco.
* Otorgar una asignación mensual de ochocientos mil pesos por el término de un año para todos los campesinos nucleados en los Consorcios Productivos de Servicios Rurales y a los que se encuentran en situación semejante.
* Créditos a los productores agrícolas y ganaderos medianos de veinte millones a tres años sin interés y con un año de gracia.
* Que el gobierno provincial pague el setenta por ciento de las boletas de energía eléctrica de la electrificación rural.
* Estudio científico del impacto de los canales de desagües y de la deforestación, y su impacto en la sequía de estos tres últimos años.