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Pese a la situación de privilegio que tiene con Pfizer, Israel niega la vacunación al pueblo palestino, devastado por décadas de bloqueo y persecución.

Merced a la relación privilegiada que tiene con Pfizer, Israel consigue las dosis de BNT162b2 antes que otros de los clientes de ese laboratorio y, merced a esto, desarrolla una campaña de vacunación contra el Covid-19 que comienza a exhibir buenos resultados.

Así las cosas, mientras Israel pudo vacunar a casi la mitad de su población, Pfizer recortó –unilateralmente- a la mitad, la entrega de dosis comprometidas con Europa, lo que hizo que Italia y Alemania ya hayan amenazado con iniciar acciones legales contra esta industria farmacéutica.

Pero así las cosas, el plan de vacunación diseñado por Tel-Aviv excluye a los alrededor de cinco millones de palestinos que viven dentro de los territorios que el Estado Judío ocupa ilegalmente. Y también a aquellos que habitan en la Franja de Gaza, que es una zona que permanece bloqueada militarmente por el Estado de Israel.

La decisión es clara y coherente con la estrategia de genocidio que, desde hace más de medio siglo, Israel perpetra contra el pueblo palestino.

El ministro de Salud israelí, Yuli Edelstein, señaló al respecto que su país no está obligado legalmente a vacunar a los palestinos en los territorios ocupados. Pero esta aseveración es refutada por las convenciones internacionales que fijan las responsabilidades que tienen cualquier poder ocupante.

Esto fue advertido por la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (Acnudh) que recalca que “Israel no ha asegurado que los palestinos bajo ocupación en Cisjordania y Gaza, vayan a tener acceso en el futuro cercano a las vacunas disponibles”. Y añade que “moral y legalmente, este acceso diferencial al cuidado de salud necesario en medio de la peor crisis de salud global en un siglo es inaceptable”.

El caso es claro. Israel vacuna a quienes viven en los asentamientos que ilegalmente emplazó en territorios palestinos, pero no lo hace con las personas que habitan del otro lado de los muros y alambres de púas con que circunscribe los ghettos hacia los que empuja a la población palestina.

Así las cosas, mientras esta decisión vuelve a exhibir las características del apartheid que impone Israel, también hace hincapié en que es preciso que acabe la ocupación que ese Estado lleva a cabo.

Pero peor aún. Para negar la vacunación a los palestinos, Israel se basa en lo dispuesto por los Acuerdos de Oslo que el propio Estado Judío destruyó sistemáticamente.

El ministro Edelstein se apoya en ese texto para recalcar que su país no tiene responsabilidad legal de vacunar, ya que según los Acuerdos de Oslo, es la Autoridad Nacional Palestina quien asume “la responsabilidad del cuidado de salud de su pueblo, incluyendo la vacunación”.

Y con exagerado cinismo señala: “si es responsabilidad del Ministerio de Salud israelí encargarse del cuidado de los palestinos ¿cuál es exactamente la responsabilidad del ministro de Salud palestino, cuidar a los delfines en el Mediterráneo?”.

Pero tal como lo destaca la Acnudh “la pandemia ha causado estragos en los territorios ocupados y puesto mayor presión sobre el ya resquebrajado sistema de salud palestino, mientras que Gaza atraviesa un lamentable deterioro sanitario tras trece años de bloqueo”.

Por lo que como organismo de la ONU, instó a que Israel cumpla con el Artículo 56 de la Cuarta Convención de Ginebra, que exige que un poder ocupante mantenga los servicios de salud en los territorios ocupados y aplique “las medidas profilácticas y preventivas necesarias para combatir la propagación de enfermedades contagiosas y epidemias”.