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Dom, Jun
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Alrededor de cuatrocientos muertos es el saldo de una semana de enfrentamientos entre facciones militares y milicias armadas. El Partido Comunista denuncia la injerencia extranjera en el conflicto.

Desde hace una semana las calles de Jartum y de las principales ciudades sudanesas, son escenario de cruentos combates entre las fuerzas de los dos bandos que protagonizaron el golpe de Estado de octubre de 2021 -que fue encabezado por Abdelfatah al Burhan- y que al cierre de esta edición habían dejado un saldo de alrededor de cuatrocientas personas muertas y cerca de 3.500 heridos, según informó la portavoz de la Organización Mundial de la Salud, Margaret Harris.

En este contexto, el Partido Comunista de Sudán (PCS), alertó que esta situación expone “la temeridad de las ambiciones de las fuerzas contrarrevolucionarias”, tras lo que sostuvo que “el camino de regreso a la vida normal, comienza con un alto el fuego inmediato y completo, la salida de los ejércitos y las milicias de las ciudades y pueblos y que se mantengan alejados de las reuniones de ciudadanos en pueblos y zonas rurales”.

Asimismo, puntualizó que lo que sucede en estos días, “es una continuación de la lucha por el poder y la riqueza del país, alentada por algunas potencias extranjeras y llevada a cabo por grupos armados subordinados a estas potencias extranjeras”. Y recordó que este tipo de injerencia, “es algo sobre que viene advirtiendo nuestro Partido desde hace mucho tiempo”.

Así las cosas, el PCS hizo hincapié en que es preciso que se disuelvan todas las milicias que actúan en el país, pero también “recoger las armas desplegadas en las ciudades y zonas rurales y reconstruir un ejército nacional profesional unificado”. Tras lo que apeló a “la unidad de nuestro pueblo, de todas las fuerzas patrióticas y de los Comités de Resistencia para el restablecimiento de la paz, la seguridad y la estabilidad”.

La inestabilidad es la constante en Sudán desde que el 25 de octubre de 2021, un golpe de Estado disolvió el Consejo de Ministros y el Consejo Soberano de Transición que se había constituido después de que durante 2019 se produjera el derrocamiento de Omar al Bashir. Es imposible comprender ese golpe y todo lo que pasó después, sin hacerlo en clave geopolítica y geoestratégica, pero también en el intento de EE.UU. y la UE de tomar posiciones geoeconómicas en el Sahel donde actualmente tiene una creciente presencia la República Popular China y, sobre todo, Rusia.

Por citar sólo algún ejemplo, en la zona del Darfur donde desde hace más de veinte años se libra una guerra civil, son las fuerzas especiales rusas Wagner PMC, quienes controlan la seguridad en los yacimientos de extracción de oro que es una de las principales riquezas del país.

Y aunque cuando en 2011 sufrió la escisión de Sudán del Sur perdió alrededor del 75 por ciento de los yacimientos de petróleo, todavía produce cerca de un millón de barriles diarios, tiene el ocho por ciento del gas natural licuado del mundo y por su proximidad con el Cuerno de África, frente a su litoral marítimo pasa el doce por ciento del comercio global.