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La Alianza Atlántica quiere cerrar su cerco en los Balcanes y, desde la autoproclamada república de Kosovo, hostiga a Serbia como parte de su proyección hacia Europa del este.

El Nuevo Partido Comunista de Yugoslavia (NPC) hizo un llamado a que “todas las organizaciones comunistas y antiimperialistas” expresen su solidaridad con el pueblo serbio en Kosovo “que está experimentando la violencia de sus fuerzas policiales, así como de las fuerzas de ocupación de la Otan en la región”.

La situación en esa región es compleja a partir de una nueva escalada represiva contra la población serbo-kosovar, por parte de las autoridades de la república autoproclamada república de Kosovo y efectivos de las fuerzas de mantenimiento de paz de la Alianza Atlántica.

Se trata de personas que manifestaban contra la designación de tres alcaldes que surgieron de una elección convocada por el gobierno de Pristina. Los comicios sólo contaron con una participación de poco más del tres por ciento de la población, ya que la abrumadora mayoría de los habitantes de la región, que es de origen serbio, boicoteó las elecciones ya que no reconoce la soberanía de la autoproclamada república de Kosovo.

Pero los manifestantes que marcharon portando una Bandera Serbia de alrededor de 250 metros, también fijaron una clara postura de rechazo a la presencia en su territorio de los contingentes militares de la Alianza Atlántica, cuyos integrantes participaron en la represión que dejó un saldo de caso un centenar de serbios heridos.

Con este telón de fondo, el miércoles pasado en Belgrado, tuvo lugar una fuerte manifestación que se dirigió hacia la embajada de Alemania para protestar contra la postura que exhibe Berlin de apoyo a la población albanesa de la región de Kosovo, así como para exigir que la Otan se retire de la zona. La respuesta no se hizo esperar y su secretario general, Jens Stoltenberg, anunció que la Alianza Atlántica va a desplegar “inmediatamente” setecientos efectivos más en la región.

Y, mientras tanto, el presidente serbio, Aleksandar Vucic, decidió la movilización de unidades del Ejército hacia la zona y aumentó el nivel de alerta de combate, al tiempo que su ministro de Defensa, Milos Vucevic, advirtió que “pese a que no queremos jugar a ningún juego de guerra, las líneas rojas para Serbia son conocidas”.

Por su parte, el NPC denunció que “el pueblo serbio, reunido para defender sus ayuntamientos de las autoridades proimperialistas de Kosovo, fue recibido con violencia severa” y apuntó hacia la policía local y las fuerzas especiales destacadas por la Otan.

Asimismo, hizo hincapié en que “la ocupación de Kosovo y Metohija, así como la violencia reciente, son culpa de EE.UU. y sus aliados de la Otan”, por lo que remarcó que es preciso el “apoyo internacional al pueblo que se pronuncia contra la autoproclamada ‘independencia’ de Kosovo”. Y recordó que, poco antes de que comience la escalada de violencia contra la población serbo-kosobar, el primer ministro del régimen de Pristina, Albin Kurti, fue recibido en la embajada de EE.UU. donde “está claro que obtuvo el permiso de sus amos imperialistas”.