Sidebar

[Offcanvas] Navegación superior

21
Dom, Abr
78 New Articles

Política
Typography
  • Smaller Small Medium Big Bigger
  • Default Helvetica Segoe Georgia Times

Javier Milei debutó ante la Asamblea Legislativa con un decálogo demasiado parecido al Consenso de Washington y que ponen en la mira al universo del trabajo. Precariado versus proletariado, la principal contradicción sigue siendo clara.

Lo más concentrado de la clase capitalista que actúa en el país habló por boca de Javier Milei y lo hizo ante la Asamblea Legislativa reunida el viernes pasado, en un contexto en el que los caprichos y extravagancias del presidente, son apenas una parte secundaria del mensaje dado esa noche, que se puede sintetizar en la frase “venimos por todo y estamos dispuestos a hacer todo por lograrlo”.   

Las características del Pacto del 25 de Mayo, tal como lo dio en llamar el propio Milei, son más que elocuentes: aunque se invita a firmar a libro cerrado, exhibe formalmente una puerta, una transacción que es la misma que por propia impericia, el ejecutivo no supo aprovechar con el proyecto de Ley Ómnibus, cuando buena parte del esquema de representación política se exhibía dispuesto a negociar su apoyo a la iniciativa.

Su contenido va en la misma dirección, aunque fiel al estilo pomposo que caracteriza al mandatario, se lo pretende presentar como una oportunidad fundacional y novedosa, pese a que el Decálogo Milei no deja de ser casi una copia y pega del ya mohoso Consenso de Washington.

Pero por esto no deja de ser muy peligroso, sobre todo si en el tire y afloje se consigue que los gobernadores o al menos un grupo de ellos, acceda a tener el “gesto de buena voluntad” que pidió el Presidente, lo que leído en clave rosca/casta, sería negociar parte de la repartija que deje la rapiña, si prospera el Decálogo Milei.

Para ello una carta de triunfo que supone poseer La Rosada, es su promesa de no interferir en la explotación de los recursos naturales provinciales, así como barajar y dar de nuevo con una nueva ley de coparticipación. Lo primero implica compartir el botín de la entrega que presenta un paquete de negocios que pone al litio y Vaca Muerta en la primera fila, y que ya tiene pidiendo cancha a un esquema de peces gordos encabezados por Black Rock (Ver Volveré y seré DNU y De remate).

Por otra parte, Milei volvió a insistir con su intención de avanzar en reformas en lo laboral, previsional, político y tributario, como así con otros tópicos que aluden al equilibrio fiscal, la reducción del gasto público y “la apertura al comercio internacional”. En síntesis, no dijo nada que no haya dicho antes, la novedad del caso es que volvió a insistir con algunas cosas que habían naufragado con el proyecto de Ley Ómnibus y que lo hizo en un marco que lo vuelve a poner en el medio de la escena.

Y que la gestualidad que escogió, puede leerse como un correlato de cosas que pasaron durante las jornadas previas, en las que tras la controversia con los gobernadores patagónicos que lo puso en el ojo del huracán, Milei recibió a Chrisitan Ritondo quien, como se sabe, es un calificado emisario de Mauricio Macri.

Quizás por eso es que a pocos días de que se parara de manos, el gobernador de Chubut Ignacio Torres, volvió a ser Nachito y fue uno de los primeros en salir a celebrar la propuesta presidencial. “Celebro y acompaño la convocatoria del presidente Milei al Pacto del 25 Mayo.

“Coincidimos en el norte de los ejes planteados, con diálogo y respeto por el federalismo”, dijo por medio de su cuenta en la red social X y aprovechó la volteada para invitar a Milei a participar de la reunión que el jueves venidero prevén llevar a cabo, en Puerto Madryn, los gobernadores patagónicos que hasta anteayer amagaban con querer comerle el hígado.

Entonces, por medio del convite al Pacto del 25 de Mayo, Milei compra tiempo en un momento en el que tiene abiertos varios frentes, pero también le da a la oposición friendly la excusa perfecta para justificar, sin culpas, su aproximación a un gobierno que tiene problemas y está muy desordenado.

Por otro lado, al tiempo que gana centralidad, propone un barajar y dar de nuevo en momentos en que al Congreso ya no le quedan excusas para tratar el DNU 70/2023, que tal como estaban las cosas el viernes por la tarde no suma las adhesiones necesarias para evitar que siga el camino de la frustrada Ley Ómnibus. Y esto se hace extensivo a la Corte Suprema, a la que comienzan a quemarle las manos, sobre todo, los reclamos vinculados al capítulo de ese decreto que está judicializado y que en la práctica plantea una severa y regresiva reforma laboral (Ver “Es urgente un plan de lucha”).

Sobre este particular, vale recordar que la semana pasada la Sociedad Rural, junto a Coninagro y la Came se presentaron ante la Corte como amicus curiae, para apoyar la reforma laboral por medio de un texto en el que dejan en claro que no sólo defienden los intereses económicos de la clase propietaria de la tierra, sino también “un modelo sociocultural, una mirada, una actitud y costumbres”. Por eso es que aclaran que desde su perspectiva, se tienen que derogar las multas a quienes tienen trabajadores en negro, cualquier régimen de indemnizaciones y las contribuciones patronales.


Business are Business

El Pacto del 25 Mayo propone un acuerdo político -o quizás sólo una tregua- que le brinde una pátina de republicanismo a una puja desatada entre dos facciones de lo más concentrado de la clase capitalista que actúa en el país, que días atrás amenazó con descontrolarse.

Al promediar la semana pasada fue un vocero calificado de la clase capitalista, el periodista Marcelo Bonelli, quien dio a conocer una reciente reunión en la que habrían participado Mauricio Macri y Milei, para poner paños fríos sobre el problema de fondo que provocó la situación en la que algunos optimistas quisieron ver una suerte de revuelta federal contra el unitarismo mileísta, encabezada por el gobernador chubutense.

En este punto cabe recordar que una de las características medulares del Estado Liberal Burgués es su carácter simbiótico que tiene con el poder corporativo de la clase capitalista. Y que en esto, tal como lo hizo la Presidencia Macri, el actual gobierno pisa el acelerador a fondo lo que lo convierte en un facilitador de un esquema de negocios en el que aparecen actores fuertes que pugnan por quedarse con la parte del león.

Recientemente la empresa Exxon Mobil comenzó a desprenderse de parte de sus activos de petróleo y gas en la región de Vaca Muerta, algo que había trascendido en agosto de 2023 y que representa negocio de un volumen de alrededor de mil millones de dólares. En Argentina esta petrolera estadounidense está asociada al Fondo de Inversión Qatarí cuyo operador en la región es Macri quien, cuando era presidente, suscribió el memorándum por el que se creaba con Qatar un fondo de inversión por 1.300 millones de dólares con una estructura offshore, para la administración del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses (FGS).

Esto fue judicializado y se denunció a Macri, Gabriela Michetti, quien era el titular del FGS Luis María Blaquier, Susana Malcorra y quien presidía la Anses, Emilio Basavilbaso. Pero menos de cuatro meses después, la denuncia por los delitos de estafas y defraudaciones, administración fraudulenta, y negociaciones incompatibles con el ejercicio de funciones públicas fue desestimada por el juez Daniel Rafecas.

Esto hizo naufragar el intento de creación del fondo argentino-qatarí, porque tras la denuncia resultó políticamente inviable que se fondeara con los recursos del FGS, pero seis años más tarde puede que la perseverancia de Macri rinda frutos, esta vez de la mano de un tándem sumamente variopinto como lo son los gobernadores patagónicos que están a punto de poner la piedra basal de Energía Patagonia S.A., empresa que espera reunir a los gobiernos de la región.

En este punto vale recordar que la Constitución señala que todo lo que está en el subsuelo de sus territorios, es de las provincias. En esta disputa la Presidencia Milei se metió de lleno de la mano de YPF, con una llamativa participación y actitud de quien hoy es el principal asesor del mandatario después de su hermana: Santiago Caputo quien ubicó a su socio, Guillermo Garat, como vicepresidente de la petrolera estatal y desde ahí emprendió movimientos para quedarse con el negocio de las áreas maduras, esto es pozos secundarios que todavía son rentables pero que la empresa descuidó para focalizarse en Vaca Muerta.

Entonces los qataríes, de la mano de Macri, se van de Vaca Muerta pero estrechan vínculos con los gobernadores que tienen la llave del subsuelo de la Patagonia que son los mismos que, liderados por el fugaz golden boy chubutense, se plantaron “para defender el federalismo” contra Milei que por medio de su asesor estrella va por el negocio que tienen esos mandatarios.

La clave cortoplacista señala que explotar Vaca Muerta es considerablemente más caro que hacerlo en pozos que ya están produciendo y tienen una rentabilidad comprobada, pero para ello Energía Patagonia S.A. va a precisar de una fuerte inversión y es aquí donde aparecen los qataríes.

De esta región sale el ochenta por ciento del total de la energía fósil que produce el país, así como el setenta por ciento de la energía eólica, a lo que se suman dos de las principales represas que abastecen al mercado eléctrico mayorista cuyos contratos de concesión vencen este año, así como las Jorge Cepernic y Néstor Kirchner cuya construcción está frenada a partir de la decisión de la presidencia Milei de “no hacer pactos con comunistas”.

Aunque parezca parte de una ficción distópica, de la mano de sus socios qataríes, Macri amenaza con convertirse en una suerte de Orélie Antoine de Tounens del siglo 21 y este es el verdadero motivo por el que se puso de punta con Santiago Caputo y, sobre todo, con su tío Luis que no es otro que el ministro de Economía a quien Milei ató la suerte de su gobierno que necesita de los dólares que el Messi de las Finanzas prometió conseguir para capear la tormenta que se avecina.

Vale recordar que uno de los puntos del Decálogo Milei puntualiza que se va a requerir “un compromiso de las provincias de avanzar en la explotación de los recursos naturales del país”, algo por lo que históricamente hacen lobby multinacionales dedicadas a la minería y la explotación hidrocarburífera.

Pero es de suponer que ese item también hace que se relaman el bigote algunos gobernadores que una semana antes, en representación de las Provincias Unidas del Sur, advertían que estaba en peligro “la existencia misma de la República Argentina” porque aseveraban que el gobierno nacional tenía “una actitud criminal que persigue hacer sufrir a los habitantes y es disolutoria del sistema federal”.


Las papas queman (y encima están caras)

Pero más allá de las peleas existentes hacia adentro del gobierno, que reflejan pugnas existentes en el seno mismo de la clase capitalista que lejos de cualquier fin altruista se dan por el afán de acumular riqueza y poder, los datos que por estos días deja la realidad son cada vez más alarmantes.

Es que lo que se va conociendo de febrero, da cuenta de que después de cierto amesetamiento durante las primeras tres semanas, durante la última del mes se registró un nuevo repunte de la inflación. Por otra parte, la crisis ya se hace sentir fuerte en el consumo de bienes esenciales, tal como lo revela un reciente trabajo de la consultora especializada Scentia, que indica que durante enero la venta en supermercados registró un retroceso del ocho por ciento interanual y en febrero es del nueve por ciento.

En el caso de los rubros alimentos e higiene personal, la cosa fue peor ya que la caída trepó a casi el catorce por ciento y en el de las ventas online a supermercados lo hizo al 20,7.

Y con la llegada de marzo los cinturones deberán ajustarse más todavía, ya que la nueva suba del precio de las naftas con que debutó el mes, va acompañada por aquellas de las cuotas que cobran las empresas que prestan servicios en medicina prepaga y el sistema educativo de gestión privada, pero también en las tarifas de electricidad.

En este contexto a nadie deberían sorprender algunos datos que aporta la Encuesta de Indicadores Laborales, que da cuenta de que el empleo registrado que se venía recuperando sostenidamente desde la pandemia del Covid-19, comenzó a caer con la llegada de Milei a La Rosada y desde ese momento se perdieron cuarenta mil puestos.

Pero esto no es todo, ya que según un trabajo confeccionado por el Centro de Economía Política Argentina, la drástica caída que se verifica en sectores claves para la dinamización de la creación de empleo como son la construcción, la industria y el transporte, permiten establecer que durante 2024 se van a perder alrededor de 336 mil puestos de trabajo formal.

Con este telón de fondo, el Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina presentó un informe que señala que la entidad espera que la actividad industrial caiga “al menos un cuatro por ciento” durante el presente año a raíz de la merma en la actividad de los sectores vinculados al consumo interno y la obra pública.

Esto va en línea con la actitud que tienen las automotrices que tal como lo reconoció la Asociación de Fabricantes de Automotores, tuvieron una fuerte baja de los procesos industriales durante enero cuando se produjeron 22.643 vehículos, lo que representa un 38,8 por ciento menos que el volumen de diciembre y un 16,7 por debajo del que hubo en el mismo mes de 2023 cuando se fabricaron 27.184 unidades.

Pero el dato más preocupante en lo inherente al panorama productivo que dejó la semana pasada, fue la decisión del grupo siderúrgico Acindar de cerrar todas las plantas que posee en el país, desde el 18 de marzo hasta el 15 de abril, como consecuencia de la caída de ventas que provoca el proceso de estanflación en curso.

La determinación afecta a las plantas ubicadas en Villa Constitución, San Nicolás, Rosario y Villa Mercedes en las que además se abrieron registros para retiro voluntario de trabajadores. Para tomar una dimensión de la gravedad que tiene esto, alcanza con decir que Acindar provee de insumos básicos a sectores dispares que van desde la industria alimenticia hasta la de la construcción, pasando por la automotriz, la de maquinaria agrícola y la de electrodomésticos. Por eso, si el gigante siderúrgico tiene que desconectarse es porque antes ya lo hizo, en buena medida, todo el resto de esas cadenas productivas.


Lucha e identidad de clase
Si se concreta, el Pacto del 25 de Mayo va a llegar tras una megadevaluación y con otra posible en plena marcha, esto es después de que la Presidencia Milei ya hizo buena parte del trabajo sucio que requiere la clase capitalista.

Con ese aval compra tiempo para intentar pasar el Rubicón que algunos optimistas ubican entre marzo y abril. Y lo hace porque, pese a todo, todavía cuenta con apoyo del universo financiero que la vuelve a levantar con pala aprovechando la bicicleta que fomenta el propio gobierno, pero también sigue teniendo una base de aprobación popular significativa.

Desde esa posición es que con la audacia que suele mostrar, construye su decálogo que sin dudas es toda una tentación para la clase capitalista que actúa en Argentina, ya que se trata de un punteo bastante general, salvo en los item donde apunta explícitamente contra el movimiento obrero organizado.

La profundización de la flexibilización de las relaciones laborales viene avanzando sobre todo a partir de la Presidencia Macri, tal como por entonces lo advertía un relevamiento hecho por el Centro de Estudios del Trabajo y el Desarrollo de la Universidad de San Martín, que ya al promediar 2017 daba cuenta del creciente deterioro en las condiciones de empleo en relación de dependencia y un preocupante crecimiento del trabajo por contratos temporarios.

Este cambio de perfil que se sigue verificando en el mercado laboral argentino atenta contra los derechos laborales adquiridos, el acceso a la protección social y la capacidad de agremiación, pero por otra parte, la creciente precarización provoca incertidumbre en los trabajadores afectados a la hora de planificar su propio futuro.

Es con este telón de fondo que el actual gobierno pretende asestar un golpe letal al universo del trabajo, para intentar quebrar el actual modelo sindical imponiendo una norma que indique que los convenios por empresa estarán por encima de los convenios colectivos de cada sector. Pero también, tal como lo anunció ante la Asamblea, Milei pretende imponer el descuento de la jornada de sueldo a los empleados públicos que realicen paro y que sea la Justicia Electoral quien supervise las elecciones sindicales (Ver “Es urgente un plan de lucha”).

Lo primero que surge de todo esto es que Milei rompe otro mito propio, ya que vuelve a quedar claro que lejos de ponerse al margen del proceso económico como pretende el discurso liberticida, también ahora y en Argentina, el actual gobierno interviene con toda la fuerza que posee el Estado para regular a favor del fortalecimiento y desarrollo de un determinado modelo social.

Para hacerlo echa mano a herramientas que suministra el corpus de leyes propias del Estado Liberal Burgués, que se pretenden instrumentar por medio de un consenso institucional e imponer con el Código Penal y la fuerza policial. Todo, tal como lo explica en el primero de los puntos de su decálogo, para defender a la propiedad privada individual, por supuesto que de aquellos que no la poseen.

¿Pero por qué es que aquí y ahora que se busca profundizar normas que tal como están le permiten al Estado Liberal Burgués regular en favor del capital y en detrimento del trabajo?

Tras el breve interregno abierto con la finalización de la Segunda Guerra Mundial, el capitalismo ingresó en su Segunda Crisis de Larga Duración. El fracaso del modelo de trabajo fordista en las economías capitalistas desarrolladas, coloca el principio de un momento caracterizado -entre otras cosas- por una acelerada carrera en la que aquellos poseedores del capital concentrado, necesitan correr hacia delante en un proceso de más concentración de poder y maximización de ganancias.

Pero también de búsqueda de legitimación, lo que requiere de consensos políticos hacia en el esquema de representación que actúa dentro de los márgenes de la institucionalidad liberal burguesa.

Una de las claves para comprender de qué va todo esto, aparece con claridad en la presentación que hicieron la Sociedad Rural, Coninagro y Came para solicitar que la Corte les permita ser Amicus curiae en apoyo de la reforma laboral que quiere imponer el DNU 70/2023. Ahí recalcan que lo que vienen a defender es a los poseedores de la tierra, pero sobre todo a “un modelo sociocultural, una mirada, una actitud y costumbres”, esto es, un cambio cultural que pretende retrotraer a Argentina a principios del siglo 20.

Y aunque provocar ese “cambio cultural” es un objetivo que tiene muchos capítulos, uno de ellos -y central- es aquel que persigue aniquilar la conciencia de clase que es la punta de hilo de un ovillo en el que, con sólo tirar un poco, podemos descubrir una construcción atávica y un desarrollo histórico basados en la solidaridad como mecanismo organizativo de resistencia hacia las injusticias, pero también como práctica de apoyo mutuo y acción colectiva por parte de las clases subalternas, ante el ataque de aquellas dominantes.

Esto quiere decir que a partir de esta dinámica de acción colectiva, se puede modificar la percepción entre pares y respecto a otras clases antagónicas. De ahí que en esta etapa, los ganadores del capitalismo pongan tanto énfasis a la hora de generar las condiciones por las que buscan favorecer la transformación de proletariado en precariado.

Por eso es que una de las partes más explícitas del Decálogo Milei sea la referida a la revisión de la relación entre los universos del capital y el trabajo, algo que pretenden hacer apuntalándolo por medio de un acuerdo político que le brinde sustento legal a la naturalización del desempleo, la flexibilización y la precariedad prolongada en el tiempo, acompañada de una baja en el nivel salarial y una profunda incertidumbre para los trabajadores.

¿Pero por qué? Para responder a esta pregunta vale insistir con esto de que el neoliberalismo y los liberticidas como subproducto, son intervencionistas en un Estado Liberal Burgués que es absolutamente permeable a que esto suceda. Y también con que entre las principales tareas del Estado Liberal Burgués, está la de blindar a rajatabla a la propiedad privada individual, algo que hace -e hizo- con gobiernos de derecha o con aquellos que pretendían propiciar el advenimiento de “un capitalismo bueno”.

Pero lo cierto, es que en la actual etapa del desarrollo capitalista, inmersa a escala global en su Segunda Gran Crisis de Larga Duración, un papel central de quien administra el aparato del Estado Liberal Burgués, es asegurar que la renta estatal transmute en capital financiero para garantizar la prosecución de la ronda de concentración y apropiación de recursos naturales, intelectuales y simbólicos.

Por eso es que, como pocas veces antes, aflora la relación simbiótica por la que el Estado Liberal Burgués actúa como garante de la ronda de negocios y la maximización de tasa de rentabilidad de las corporaciones capitalistas. Del otro lado de la moneda también regula, pero avanzando en normas tendientes a desalentar e impedir cualquier tipo de asociación entre integrantes de las clases subalternas. Esto es, trabajar para que el proletariado se convierta en precariado.

El escenario global está atravesado por la desindustrialización y la deslocalización, la robotización y empresas en red, así como la asociación corporativa que por medio de la terciarización favorece la flexibilización que construye un panorama que le plantea a los trabajadores, incertidumbre y fragmentación.

Y en Argentina, atravesamos un momento de derrota cultural que hizo que buena parte de los trabajadores coadyuvaran para poner a Milei en La Rosada. Por eso es que una parte importante de la tarea que impone la hora, sea resistir y reconstruir un imaginario social de clase, así como desmitificar lo que se pretende presentar como atributo sacralizado del capitalismo y aportar a la reorganización de la lucha de clases y la identidad proletaria.

Porque vuelve a quedar claro que, pese a cualquier tensión o conflicto que pueda haber hacia dentro de la clase capitalista, el foco de la contradicción no está entre mercado y Estado, sino entre los universos del trabajo y el capital.