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No menos de quinientas personas fueron asesinadas por el disparo de un misil que destruyó el Hospital Nacional Árabe Al Ahli.

Una cifra superior a las quinientas personas asesinadas, dejó como saldo el ataque que llevó a cabo ayer martes Israel contra el Hospital Nacional Árabe de Gaza, Al Ahli. El impacto del misil que destruyó el nosocomio que se encontraba atestado de pacientes y refugiados, tuvo lugar en el contexto de un ataque de proyectiles teledirigidos que, desde el lunes pasado, es permanente desde la zona ocupada por Israel hacia la Franja.

Ante la inmediata reacción que provocó esta masacre en diferentes puntos del planeta, el gobierno israelí responsabilizó a Hamas por el ataque. Pero con el correr de las horas, diferentes fuentes occidentales advirtieron que Hamas carece de misiles capaces de provocar con un solo impacto los daños que destruyeron el hospital, ya que sólo posee los del tipo Kazán.

Entonces, Tel-Aviv modificó su versión inicial para añadirle que, en realidad, la magnitud de la explosión se debió a que en el nosocomio funcionaba una planta subterránea de fabricación de cohetes, algo difícilmente demostrable porque nada quedó del edificio.

Pero lo que sí quedó es un saldo horrible de personas asesinadas y heridas, en lo que desde Israel se evalúa como un anticipo de la aniquilación total que prometió Benjamín Netanyahu, quien ayer mismo y sin ninguna prueba que lo avale, se apresuró a darle verosimilitud a la versión de que el misil provino de territorio gazatí.

Por su parte, el líder de Hamas, Ismail Haniya, refutó la versión de Tel-Aviv y acusó a Israel y EE.UU., por el ataque que calificó como un “punto de inflexión que confirma la brutalidad del enemigo”, al tiempo que por medio de un discurso televisado, pidió que todos los palestinos “enfrenten la ocupación y a los colonos” y que “todos los árabes y musulmanes protesten en las calles contra Israel hasta que cese la agresión”.

Así las cosas, esta masacre ya comenzó a tener consecuencias políticas. Apenas pasada la medianoche, el ministro de Relaciones Exteriores de Jordania, Ayman Safadi, anunció que quedaba suspendida la reunión prevista para hoy miércoles en Amán, entre Joseph Biden, su par de Egipto, Abdel Fatá al Sisí y el titular de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbás. “Ya no hay nada más de lo que hablar, salvo de parar la guerra”, recalcó Safadi.

En este contexto, el desairado presidente estadounidense, justificó la suspensión de la reunión con la que EE.UU. pretendió aparecer como el gran mediador en el conflicto, diciendo que tuvo que deshacer las valijas a raíz del luto declarado por el presidente Abbas. Y, mientras en Turquía y Egipto se llevaban a cabo manifestaciones de repudio a Israel y EE.UU., desde Líbano Hezbolá anunció que hoy miércoles va a ser “un día de ira sin precedentes” para responder a lo que calificó como “un crimen brutal”.

Y, para cerrar la jornada del martes en la que evidentemente se traspasó una nueva línea roja, cabe preguntarse qué va a hacer la Unión Europea, cuyo alto representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, pidió que se establezca “claramente” la responsabilidad del ataque al hospital, para que sus responsables “puedan rendir cuentas”.

Pero sobre todo y en este marco en el que crece la amenaza de regionalización del conflicto, la pregunta es qué va a hacer Irán. El lunes, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Islámica, Nasser Kanaani, advirtió que la guerra “podría extenderse” con la apertura de nuevos frentes que no se limitarían a una sola frontera, en caso de que Israel persistiera con sus ataques sobre la Franja y tras alertar que el tiempo se estaba acabando, denunció que EE.UU. “ya está militarmente involucrado en el conflicto entre Israel y los palestinos” y añadió que “los crímenes del régimen sionista se llevan a cabo con el apoyo estadounidense y Washington debe rendir cuentas”.