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Dom, Abr
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Política
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En esta columna, el secretario Sindical del Partido Comunista, Mario Alderete, reflexiona sobre un trabajo relacionado con la última reunión de la OIT, donde se trató como tema único y central la situación creada en el mundo por la pandemia del coronavirus. Este es el texto.

Como no podía ser de otra manera la Organización internacional del trabajo (OIT) acaba de realizar una reunión plenaria a los efectos de conformar una visión común sobre la pandemia que golpea a toda la humanidad. En ese sentido, se acordó sin dudas que la peste constituye un drama para la salud de los trabajadores y de sus familias y junto con ello, la consiguiente crisis económica repercutirá adversamente en el mundo del trabajo en tres aspectos fundamentales, a saber: 1) la cantidad de empleo (tanto en materia de desempleo como de subempleo); 2) la calidad del trabajo (con respecto a los salarios y el acceso a protección social); y 3) los efectos en los grupos específicos más vulnerables frente a las consecuencias adversas en el mercado laboral.
Cuál será la incidencia en los niveles de desempleo y subempleo a escala mundial? Las primeras estimaciones de la OIT ponen de manifiesto un aumento sustancial del desempleo y del subempleo como consecuencia del brote del virus y en estimaciones preliminares se señala un aumento del desempleo mundial que oscila entre 5,3 millones (caso "más favorable") y 24,7 millones de personas (caso “más desfavorable”), con respecto a un valor de referencia de 188 millones de desempleados en 2019. Con arreglo al caso hipotético de incidencia “media”, podría registrarse un aumento de 13 millones de desempleados (7,4 millones en los países de ingresos elevados). Si bien esas estimaciones poseen un alto grado de incertidumbre, en todos los casos se pone de relieve un aumento sustancial del desempleo a escala mundial. A título comparativo, la crisis financiera mundial que se produjo en 2008-9 hizo aumentar el desempleo en 22 millones de personas.
Por otro lado, dice la OIT, cabe esperar que el nivel de subempleo aumente sustancialmente. Como se ha constatado en crisis anteriores, es probable que los efectos adversos en la demanda de mano de obra conlleven amplios ajustes en materia de reducción salarial y de los horarios de trabajo. A su vez, el empleo informal es proclive a aumentar al producirse una crisis, pero, debido a las actuales restricciones en materia de circulación de personas y bienes podrían dificultar este tipo de mecanismo de supervivencia. La reducción de la actividad económica y las restricciones en materia de circulación de personas afectan tanto al sector industrial como al de servicios. Las cadenas de suministro a escalas mundial y regional se han visto afectadas adversamente. El sector terciario, en particular las actividades turísticas, los viajes y el comercio minorista, son especialmente vulnerables. Según un análisis preliminar del Consejo Mundial para el Comercio y Turismo, se prevé una disminución de desplazamientos internacionales de hasta el 25% en 2020, lo que podría poner en riesgo millones de puestos de trabajo.
A la vez la oferta de mano de obra disminuye como consecuencia de las medidas de cuarentena y la reducción de la actividad económica. Según se desprende de diversas previsiones, los trabajadores contagiados han perdido ya, en conjunto, miles de meses de trabajo, con la consiguiente pérdida de ingresos (en el caso de los trabajadores desprotegidos) y las repercusiones en el plano laboral formal conllevan también grandes pérdidas de ingresos para los trabajadores en general. Se prevé que las pérdidas globales de ingresos oscilen entre 860 y 3.440 millones de dólares y tales pérdidas de ingresos por el trabajo dará lugar a una disminución del consumo de bienes y servicios, lo que repercutirá adversamente en la continuidad de la actividad empresarial y en la capacidad de recuperación económica
Cabe considerar asimismo la posibilidad de que la cantidad de trabajadores en situación de pobreza aumente sustancialmente. La presión ejercida sobre el nivel de ingresos a raíz de la disminución de la actividad económica tendrá consecuencias devastadoras para los trabajadores que se encuentran por debajo del umbral de pobreza, o cerca del mismo.
Al producirse una crisis, las Normas Internacionales del Trabajo proporcionan una base sólida para actuar a nivel político. Dichas normas, aprobadas por representantes de los gobiernos y las organizaciones de trabajadores y de empleadores, permiten promover un enfoque que facilite avances y fomente un desarrollo centrado en el ser humano. Por lo tanto, la respuesta a nivel político debería hacer hincapié en dos objetivos a corto plazo: la protección de la salud y el apoyo económico, tanto con respecto a la demanda como a la oferta
Frente a esta gravísima situación la propuesta de la OIT, lamentablemente, no es la promoción de un debate acerca de cómo se construye un mundo que supere las diferentes crisis de todo tipo a la cual nos ha llevado el capitalismo, ahora altamente concentrado y financiero provocador de una guerra no convencional que pone en peligro a toda la humanidad, sino que tal simulacro de propuesta, es la profundización del dialogo social
Dicen que el fomento de la confianza por medio del diálogo es fundamental para que las medidas políticas resulten eficaces. Analizando la grave coyuntura que vivimos no dudamos de compartir ese criterio, porque se trata de una coyuntura de mayor tensión social y de falta de confianza en las instituciones. En consecuencia, es especialmente importante fortalecer los mecanismos de diálogo social y la confianza en los mismos, a fin de sentar unas bases sólidas que propicien una estrecha colaboración entre empleadores, trabajadores y gobiernos. En el marco de políticas internacionales existen pilares fundamentales para luchar contra el Covid-19, por ejemplo, la protección de los trabajadores en el lugar de trabajo para reducir todo lo posible los efectos directos del coronavirus, en consonancia con las recomendaciones y directivas de la OMS, mejora de las medidas de seguridad en el trabajo, suministro de equipos de protección (especialmente para los trabajadores sanitarios y afines, voluntarios y otras personas que estén en contacto permanente con la población), los procedimientos de higiene y los métodos de organización del trabajo (con apoyo de campañas de información y aumento de la concientización), así como del diálogo social entre empleadores y trabajadores y sus representantes, fomento de acuerdos laborales adecuados, por ejemplo, sobre trabajo a distancia, prevención de la discriminación y la exclusión con respecto al Covid-19; acceso a servicios mano de obra, promoción de una política fiscal eficaz, aplicación de políticas monetarias flexibles, apoyo financiero y de concesión de préstamos a sectores específicos y sobre todo a las PYMES, apoyo al empleo y al mantenimiento de ingresos.
Como podremos apreciar, si bien es cierto la gravedad de la situación que vive la humanidad obliga a concentrar el debate en la crisis provocada por el virus, en ningún momento se analiza cómo quedará el mundo luego de una pandemia que se produce en un crucial momento de profunda crisis del sistema capitalista, donde la concentración de la riqueza, la superexplotación, el dominio imperial y la desigualdad social, entre otras cosas, ha permitido, por ejemplo, que un 1% de la población mundial posea tanto capital superior a lo que posee el 50% del resto de la humanidad.
Sin ninguna duda ese tema de tamaña trascendencia deberá ser abordado en la propia OIT donde tienen representación los Estados Nacionales, los dueños de los medios de producción (cámaras patronales) y el movimiento obrero (organizaciones sindicales).
En consecuencia, nos parece que resultaría oportuno tener en cuenta, entre otros importantes conceptos, la reflexión que hizo el Papa Francisco en una entrevista pública significativa tanto por los conceptos expuestos como por quién los dijo. Allí afirma: “Descartamos toda una generación por mantener un sistema económico que ya no se aguanta, un sistema que para sobrevivir debe hacer la guerra, como han hecho siempre los grandes imperios. Pero como no puede hacer la Tercera Guerra Mundial” repitiendo experiencias anteriores, ahora, el capitalismo en crisis civilizatoria y en función de continuar defendiendo sus intereses concentrados y de dominio mundial económico-financiero, intenta el desarrollo de esa guerra por caminos diversos. En tales históricas circunstancias y con la mirada puesta en un horizonte flexible, apoyo financiero y de concesión de préstamos a sectores específicos y sobre todo a las PYMES, apoyo al empleo y al mantenimiento de ingresos.
Como podremos apreciar, si bien es cierto la gravedad de la situación que vive la humanidad obliga a concentrar el debate en la crisis provocada por el virus, en ningún momento se analiza cómo quedará el mundo luego de una pandemia que se produce en un crucial momento de profunda crisis del sistema capitalista, donde la concentración de la riqueza, la superexplotación, el dominio imperial y la desigualdad social, entre otras cosas, ha permitido, por ejemplo, que un 1% de la población mundial posea tanto capital superior a lo que posee el 50% del resto de la humanidad.
Sin ninguna duda ese tema de tamaña trascendencia deberá ser abordado en la propia OIT donde tienen representación los Estados Nacionales, los dueños de los medios de producción (cámaras patronales) y el movimiento obrero (organizaciones sindicales).
En consecuencia, nos parece que resultaría oportuno tener en cuenta, entre otros importantes conceptos, la reflexión que hizo el Papa Francisco en una entrevista pública significativa tanto por los conceptos expuestos como por quién los dijo. Allí afirma: “Descartamos toda una generación por mantener un sistema económico que ya no se aguanta, un sistema que para sobrevivir debe hacer la guerra, como han hecho siempre los grandes imperios. Pero como no puede hacer la Tercera Guerra Mundial” repitiendo experiencias anteriores, ahora, el capitalismo en crisis civilizatoria y en función de continuar defendiendo sus intereses concentrados y de dominio mundial económico-financiero, intenta el desarrollo de esa guerra por caminos diversos. En tales históricas circunstancias y con la mirada puesta en un horizonte donde la humanidad logre terminar con estos sufrimientos, con tanta desigualdad social, con tanta concentración de la riqueza en pocas manos, con el hambre y la superexplotación, con el dominio imperial, etc., tendremos que discutir en profundidad cual es el rol central y decisivo que le corresponde a la clase trabajadora a fin de forjar ese futuro promisorio, esa nueva organización social superadora, es decir, el socialismo, Este tema trascendental debe ser motivo de un próximo trabajo de análisis y propuestas formuladas desde nuestra concepción político-ideológica marxista-leninista.