El primer ministro Keir Starmer no se diferencia de los conservadores a la hora de hablar sobre las Islas Malvinas ¿Pero qué dicen los comunistas del Reino Unido de Gran Bretaña?
Mientras que junto a su par francés ultima los detalles para una nueva escalada guerrerista en apoyo al régimen encabezado por Volodymyr Zelensky, el primer ministro Keir Starmer, se toma su tiempo para reafirmar que la postura respecto de la usurpación que Gran Bretaña perpetra sobre las Islas Malvinas y el territorio argentino del Atlántico Sur, no cambia ya sea que en el número 10 de Downing Street haya un torie o que ahí resida el líder del Partido Laborista.
Y como para que a nadie le queden dudas, no hace mucho al presentarse una sesión de control en la Cámara de los Comunes, desechó la posibilidad de que su Gobierno abra una línea de negociación por las Malvinas, cuando tras aseverar que las islas “son británicas y seguirán siendo británicas”, puntualizó que “se trata de una cuestión personal” ya que su tío luchó en la batalla de 1982 y casi pierde la vida cuando su barco fue torpedeado.
¿Pero acaso no hay voces que desde el Reino Unido se alzan diferenciándose de la postura oficial? “No apoyamos el reclamo histórico de Gran Bretaña”, dijo tiempo atrás el secretario general del Partido Comunista Británico, Robert Griffiths, quien pese a reconocer el hecho de que quienes habitan las Malvinas “estén casi ciento por ciento a favor de seguir como un territorio británico de ultramar”, insistió con que resulta preciso encaminar la cuestión hacia lo que definió como “la única solución viable y legítima” que es la que debe llegar tras un proceso de negociaciones. Y, sin dudarlo, recalcó que “el resultado, tarde o temprano, debería ser la soberanía argentina”.
Griffiths también recuerda que la posición de los comunistas británicos no es nueva, ya que en 1982 al estallar el conflicto armado, se manifestaron contra el envío de tropas sosteniendo que la cuestión de la soberanía sobre los territorios australes no tenía que ser resuelta por la fuerza, por lo que instaron a que se genere un espacio de negociaciones “para alcanzar un acuerdo justo, sin la soberanía del imperialismo británico”.
Y, sin dudarlo, hizo hincapié en que por entonces “el principal enemigo del pueblo argentino era la dictadura”, mientras que el de los trabajadores británicos era el gobierno que encabezaba Margaret Thatcher. “Deberíamos haber luchado para hacerlos caer a ambos, unos en solidaridad con otros”, sentenció.