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Política
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El asesinato de Nahel M. perpetrado por un policía francés, vuelve a poner en superficie el carácter crimonógeno que está inscripto en el ADN del sistema capitalista.

“No hay una decisión política que permita revertir la realidad. Diego no va a volver, lo entendemos, pero no lo podemos asimilar. Lo recordamos, lo amamos, lo abrazamos”. La frase es conmovedora y fue dicha por Adriana García, que es la madre de Diego Cagliero, un joven de treinta años que fue asesinado por la Policía Bonaerense en un crimen perpetrado en la localidad Martín Coronado durante mayo de 2019.

Pero estas mismas palabras pudieron haber sido dichas por Soledad Laciar, la mamá de Blas Correa que con sólo 17 años fue víctima del Gatillo Fácil en Córdoba o la de Lucas Verón que resultó ultimado en un hecho similar que tuvo lugar en La Matanza el 10 de julio del 2020. Y también por la de Facundo Ferreira, el pibe que tenía apenas doce años cuando le dispararon desde un retén policial causándole la muerte. O las pudo pronunciar Cynthia López, a quien la Policía de la Ciudad le arrebató a su hijo Lucas González, el adolescente que soñaba con jugar en la primera de Barracas Central.

La cosa es que desde que con la Masacre de Ingeniero Budge el abogado comunista León Zimerman le puso nombre a este tipo de delitos, los casos de Gatillo Fácil se multiplicaron exponencialmente lo que permite ubicarlos como una de las principales prácticas entre las más abyectas a las que echa mano el Estado Liberal Burgués a la hora de disciplinar al sujeto social al que el sistema capitalista oprime.

Un dato relevante en tal sentido es el que aporta el relevamiento que lleva a cabo la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional, que da cuenta de que entre las policías de la Ciudad y Bonaerense, perpetraron 172 casos de Gatillo Fácil entre el 10 de diciembre de 2019 y último día de 2022. Al podio de este ominoso ranking lo completan las policías de Santa Fe, Córdoba y Mendoza.

Detrás de cada número hay una historia de profundo dolor, pero también hay un índice que permite escudriñar de qué va buena parte de un sistema que está basado en la desigualdad de la jerarquía social y la explotación de muchos seres humanos por parte de muy pocos. Por lo que, a falta de zanahorias, apela cada vez más al palo.

Pero la violencia institucional como epifenómeno de una característica inscripta en el ADN del sistema capitalista, lejos está de ser un problema exclusivo de Argentina u otras formaciones estatales capitalistas de segundo orden. Esto queda corroborado con la situación que ahora mismo se vive en varias ciudades de Francia, tras el crimen de Nahel M., un pibe de 17 años que fue asesinado el martes pasado por un policía durante un control de tráfico en Nanterre, cerca de París.

El hecho que quedó registrado en imágenes que fueron tomadas por un transeúnte, provocó una reacción de fuerte indignación que se multiplicó en diferentes puntos del país donde desde entonces vienen teniendo lugar movilizaciones articuladas por organizaciones sociales, pero también quema de vehículos y ataques a edificios públicos. Ante este tipo de hechos, en el gobierno temen que la situación pueda transitar hacia un escenario similar al que tuvo lugar durante la noche del 14 de julio de 2009 que acabó con alrededor de 250 personas detenidas, fundamentalmente, en la periferia de Paris.

Con este telón de fondo, al cierre de esta edición la situación era tensa y por medio de una declaración que lleva la firma de su secretario nacional, Fabien Roussel, el Partido Comunista Francés (PCF) exigió “verdad y justicia para Nahel”, al tiempo que recalcó que “nuestra movilización debe ser poderosa y pacífica”. Pero también hizo un llamado a la moderación. “Anoche, en Île-de-France y en varias ciudades del país, se provocaron incendios en ayuntamientos, escuelas, comisarías”, señala el PCF y remarca que “ante las terribles imágenes de la muerte, la ira es legítima, pero no la violencia que en nada ayuda a nuestra lucha por la verdad y la justicia”.

Y, en esta dirección, advierte que “esta violencia es utilizada como hemos visto en las últimas horas, por fuerzas reaccionarias que buscan reducir la vida de nuestros barrios populares a la única manifestación de violencia”, por lo que Roussel hizo un llamado “a la calma y a una fuerte movilización pacífica para que se conozca toda la verdad sobre la actuación de los policías que realizaban los controles, en particular del que disparó, y se haga justicia”.

Pero asimismo hizo hincapié en que es preciso que “se abra el debate público para iniciar, cuanto antes, una política progresista de tranquilidad ciudadana con una policía republicana cercana a los ciudadanos, al servicio de sus expectativas y de sus necesidades”.

 

Protestas y una pregunta

 

Precisamente ayer en Nanterre, Roussel encabezó la columna del PCF que dijo presente “para traer esta demanda de verdad y justicia, para apoyar a la familia y seres queridos de la víctima”, en la multitudinaria Marcha Blanca por Nahel que encabezó su madre, Mounia, en un barrio periférico de París que posee una fuerte presencia de inmigrantes o descendientes de ellos.

“Policía asesina” y “no hay justicia” coreaban los manifestantes mientras avanzaba la marcha que acabó en la Plaza Nelson Mandela, donde nuevamente la policía reprimió. “Estamos hartos de que nos llamen racailles. No somos racailles. Somos vecinos, franceses”, es uno de los reclamos que se escucho durante la marcha y que permite explicar en buena medida la esencia del caso del asesinato de Nahel.

Es que racailles es la forma despectiva con que en Francia se suele denominar a las personas migrantes, algo así como “gentuza” sería la traducción. Y este es otro dato que permite hincar el cuchillo a hueso en esta cuestión.

¿Acaso los “racailles” de allá no son los “negros” o “planeros” de acá? Porque el capitalismo es, ante todo, una forma de relación social y como tal necesita legitimar un sistema inhumano que sólo incluye a una minoría que es la propietaria del capital. Y para eso, nada mejor que construir un “enemigo peligroso” en ese otro cercano que puede estar en Nanterre u otros barrios populares de Francia, pero también en el conurbano bonaerense o Jujuy.

“Dese el Partido hay una crítica al accionar policial”, recalco en diálogo con Nuestra Propuesta la militante del PCF, Clara Malhue, y apuntó que en esta oportunidad en Nanterre se montó un operativo policial con cuarenta mil uniformados. Para tener una dimensión de lo que significa esto, hay que recordar que durante las recientes jornadas de movilización contra la reforma al sistema de pensiones, el gobierno dispuso alrededor de quince mil efectivos y que para los Juegos Olímpicos París 2024 se prevé movilizar a 35 mil.

Todo este despliegue, según palabras del ministro del Interior, Gérald Darmanin, está destinado “a restablecer el orden republicano”. Lo que no pudo explicar satisfactoriamente el funcionario es por qué en lo que va del año, en Francia, trece personas fueron asesinadas en episodios similares al que le costó la vida a Nahel.

“En el fondo lo que temen es que esto derive en una revuelta de mayores dimensiones”, advirtió Clara Malhue y explicó que en las barriadas populares que rodean a la capital y otras ciudades francesas, “sobre todo los jóvenes, suelen estar bien organizados para enfrentar y defenderse de la policía”.

Tras lo que recordó que durante las últimas horas, entre los objetivos de las quemas que incluyeron algunos edificios públicos como sedes municipales, aparece una sucursal bancaria, “algo que tiene otra connotación, ya que puede ser una chispa que encienda una llama en un país como Francia que enfrenta un problema grave de desocupación, represión y racismo, entre otras situaciones que se van acumulando”.

Asimismo, explicó que puntualmente Nanterre es una localidad donde mayoritariamente viven trabajadores, “en la que hay una concentración importante de masa asalariada, pero también de jóvenes que están desocupados y sin demasiadas perspectivas de vida”. Y, por otra parte, es una barriada que tiene tradición de lucha, ya que “ahí hay una universidad muy famosa, que fue clave durante el Mayo Francés de 1968, algo que queda graficado en la forma en que llaman a la estación de metro del lugar, ‘La Folie’, es decir La Locura”.

De ahí que, concluyó Clara Malhue, “lo que está temiendo la burguesía y el Estado es que todo esto escale y vaya a mayores, porque no es la primera vez que los suburbios se sublevan” por lo que “tal como dijo el Partido, es preciso estar atentos y a la vez movilizados”.

Así las cosas al cierre de esta edición los datos oficiales señalan que la policía detuvo a al menos 180 personas en el marco de la represión montada contra las protestas provocadas por el asesinato de Nahel: de ellas 150 fueron realizadas anoche. Por su parte, las autoridades de Clamart que es un suburbio de París, dispusieron un toque de queda.

“Está claro que el contexto deriva de grupos organizados, violentos y equipados (...), pero también de muchos jóvenes”, señaló el presidente Emmanuel Macron a quien la situación sorprendió cuando asistía a un recital de Elton John y en este sentido aseveró que “es responsabilidad de los padres que se queden en casa” Por lo que la pregunta es: ¿podrá quedarse en su casa la madre de Nahel?