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Política
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Una historia de corridas, cuevas y cueveros. Una inflación alimentada por la clase capitalista que actúa en Argentina ¿De dónde salen los dólares que alimentan al blue? ¿Quiénes son los que buscan provocar una hiperinflación de cara a las Presidenciales?

“El que busca, encuentra”. Este apotegma bíblico volvió a hacerse realidad, la semana cuando en diferentes operativos a cargo de personal de la Afip y el Departamento de Delitos Fiscales de la Policía Federal, fueron allanadas oficinas de quien el director general de Aduanas, Guillermo Michel, caracterizó como “el mayorista de las cuevas, que les distribuía a las cuevas más chicas los dólares en billete”. Los detalles del operativo rozan lo rocambolesco: un tipo que se olvida en una confitería un bolso con un fangote de dólares y una libreta con direcciones que habría permitido llegar hasta otros dos que usaban chalecos rellenos con billetes verdes y, desde ahí, finalmente, hasta las puertas de Nimbus Group.

Quien aparece como titular de esta cueva es un tal Ivo Rojnica (alias El Croata), sobre quien pesa un pedido de captura emitido por el juez Marcelo Martínez de Giorgi, y que según se sospecha podría estar en Brasil, hasta donde habría huido porque alguien le pasó el dato de que lo iban a ir a buscar.

Pero más allá de las especulaciones y de lo que pueda hacer Interpol para dar con El Croata, lo cierto es que Rojnica aparece como la punta de un iceberg, que puede permitir rastrear un camino que lleva a los verdaderos dueños de un negocio tan ilegal como poco transparente, que está controlado por una pequeña banda de operadores/cueveros vinculados a sociedades de bolsa, casas de cambio y bancos.

Se trata de un mercado de escaso volumen, ya que sólo representa el 0,3 por ciento de lo que moviliza el circuito oficial, pero que significativamente, tiene una enorme capacidad de provocar un impacto tóxico que promueve inestabilidad social y que le mete presión al precio oficial del dólar, al tiempo que es utilizado como excusa por el hiperconcentrado tándem que le pone precio a los alimentos de la canasta.

Nada de esto es casual. Estos cueveros actúan en manada junto a buena parte de la massmedia dominante, rompiendo cualquier lógica económica, para aportar a la construcción de climas sociales que responden a intereses políticos concretos de los que son actores centrales. El golpe de cambiario con el que, a principios de 2014, le dieron la bienvenida a Axel Kicillof como ministro de Economía, se perpetró a partir de que el Hsbc publicó que tenía un cliente que estaba dispuesto a pagar 8,40 por cada dólar que le vendieran, cuando en ese momento en el mercado interbancario cotizaba a 7,14. La operación por 3,5 millones de dólares se efectuó con la rapidez de la luz y, por supuesto, arrastró toda la cotización del resto.

Esa vez quien compró (¿a pérdida?) tantos dólares fue Shell, cuyo presidente de entonces, Juan José Aranguren, menos de un año después sería juramentado como ministro de Energía y Minería por Mauricio Macri. Esta maniobra que en el submundo del hampa cuevero se conoce como “marcar el precio”, es la misma que la semana pasada volvió a exhibirse, esta vez, alentada por Javier Milei y Rodrigo Marra (Ver ¡Sálvese quién pueda! ¿Quién podrá salvarse?), quienes a caballo de las denuncias que se hicieron en su contra y los allanamientos a cuevas de cuatro ciudades del país, convocaron a una conferencia de prensa para ratificar sus dichos y lo hicieron en la sede de Bull Market Brokers, que es desde donde pocos días antes se difundieron los “detalles operativos del plan Milei/Ocampo” que plantean “Híper de 45-60 días” (Ver ¡Sálvese quién pueda! ¿Quién podrá salvarse?).

Así las cosas, lo que vale preguntar es por qué es preciso que se vuelva a cruzar un límite tan delicado como el que cruzó la semana pasada, para que un juez federal se decida a recoger el espinel que, en este caso, permitió dar con la cueva que aparentemente regenteaba Rojnica, un tipo vinculado a otros financistas entre los que aparece Agustín Estrada Palomeque con quien comparte la titularidad de una sociedad de bolsa radicada en Paraguay, pero también -tal como se desprende de la instrucción judicial- otros conocidos de ese ambiente como Martín López Santoro y Federico Pulenta. Y, asimismo, otras dos sociedades registradas en España, idéntico número en Reino Unido y cuatro en Miami que presentan fuertes hilos conductores con cloacas fiscales.

La pregunta es entonces qué hay más allá de lo que surge de la libretita mágica que un tipo se olvidó dentro de un bolso lleno de dólares, pero también de dónde salen todos estos billetes. Y es en este punto donde hay dos datos que vale la pena recordar. Por un lado aquel que aportó no hace mucho el titular del Banco Central, Miguel Ángel Pesce, ante la Federación Argentina de Consejos de Profesionales de Ciencias Económicas, cuando aseveró que hay alrededor de doscientos mil millones de dólares papel en poder de personas físicas o empresas argentinas. Esto representa uno de cada diez dólar/billete de los que circulan en todo el planeta.

Pero además de esto, si se investiga convenientemente el espinel que comienza a poner en superficie el universo de relaciones comerciales de Rojnica, se puede ayudar a comprender -por lo menos en parte- de qué va una parte del entramado que incluye fenómenos como la evasión fiscal, el contrabando, la subfacturación, sobrefacturación y triangulación que queda evidenciada en casos como el de Vicentin, así como el narcotáfico y la fuga crónica de capitales que aporta de manera determinante a profundizar el problema de restricción externa que ahoga a la economía productiva de Argentina.

El affaire que puso en primera plana a Milei, Marra y alias El Croata, vuelve a mostrar una característica que en el actual momento del desarrollo de la Segunda Crisis de Larga Duración del Sistema Capitalista, se exhibe sin ningún pudor: que aquello del libre juego de oferta y demanda es puro chamullo y que la cotización manipulada del precio del dólar, responde a intereses que nada tienen de económicos y que como uno de sus objetivos principales, persigue construir conductas individuales y sociales que provocan un enorme daño cultural. Y también que, al lado de toda esta mugre, la pizza con champagne es un poroto.

 

Te refresca mejor

 

Una semana antes de las Presidenciales y en medio del golpe cambiario, Coca Cola hizo dos cosas: lanzó un spot publicitario en el que exalta el valor de las cosas simples y anunció que después de las elecciones va a aumentar un 35 por ciento los precios de toda su línea de productos, que representan una participación del 65 por ciento de lo que se exhibe en las góndolas de los supermercados.

Los clientes de la multinacional se enteraron antes que el gobierno de esta decisión que implica admitir que, una vez más, Coca Cola no va a respetar los acuerdos de precios que suscribió. Lo hicieron casi en simultáneo con el anuncio por el que el Instituto Nacional de Estadística y Censos, dio a conocer que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de septiembre fue de 12,7 por ciento, esto es, 0,3 más que el de agosto. Y también la misma semana en la que aprovechando el empujón que los cueveros le dieron al precio del dólar ilegal (blue), los formadores de precios le pegaron un nuevo envión de casi el dos por ciento a la canasta de alimentos.

Es que por medio de una estrategia de integración vertical y horizontal, una veintena de firmas dominan el ochenta por ciento de la industria alimenticia, lo que les permite construir una posición dominante para imponer precios que maximizan su tasa de rentabilidad mientras inflan el IPC. Pero también dejan claro qué es lo que prefieren poner en La Rosada. Un trabajo que no hace mucho publicó el Centro de Economía Política Argentina (Cepa), ubica en este grupo a Unilever, Mastellone, Sancor, Danone, Procter and Gamble, Papelera del Plata, Arcor y Molinos Río de la Plata, entre otros conglomerados que sistemáticamente rompieron los acuerdos de precios que hicieron con el actual gobierno, pese a las ganancias extraordinarias que exhiben sus balances y a que durante la pandemia se vieron beneficiados directamente por políticas decididas por La Rosada, como los programas de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción y de Recuperación Productiva II, pero también con el Ingreso Familiar de Emergencia por el que casi seiscientas mil personas siguieron comprando sus productos.

Las Paso demostraron que Milei tiene, al menos, un tercio de los votos, pero eso no alcanza para ganar una Presidencial y es por esto que en la recta final hacia el 22 de octubre, el candidato por La Libertad Avanza redobla su apuesta al armagedón. Y en esta tarea sabe que no está solo.

Durante el fin de semana, en sus titulares y publicaciones virtuales, la industria massmediática dominante profundizó el machaque que busca aportar a que se cumpla -de una vez por todas- su profecía de que Argentina va a reventar en una hiperinflación propiciatoria de un estallido al estilo 2001. Algunas cosas no cierran en ese postulado, ya que en 2001 Argentina transitaba su tercer año de deflación, esto es, que el IPC daba cifras negativas respecto a 1999, pero de todos modos, nadie tiene la última palabra cuando el diablo está dispuesto a meter la cola.

Y es que lo que se intenta imponer desde el bloque de representación política que va desde la derecha hasta la ultraderecha, incluida la dolarización, requiere de un elemento como una hiperinflación que como pasó durante 1989, deprecié al peso todavía más, al tiempo que licue los salarios lo que por supuesto degradaría hasta límites insostenibles el poder adquisitivo de un universo del trabajo que cobra en pesos, pero al que se lo somete a precios dolarizados tal como lo exhibe sin pudor la movida que ahora lidera Coca Cola.

Ese escenario caótico, es el que consideran un terreno fértil para construir el andamiaje de aquel cambio cultural con el que tanto machacaba Macri, quien ahora se relame el bigote anticipando que Milei viene a cumplir con aquello que a él no le dejaron hacer.

El principal legado de la Presidencia Macri fue el Stand-By que suscribió con el FMI, y el error fundamental de su sucesor fue no repudiarlo ni hacer todo lo posible para que se investigue al ex mandatario y aquellos que fueron sus cómplices (Ver ¿La hora de los enojados?). Y ahora, buena parte de la clase capitalista que actúa en Argentina, está empeñada en provocar una corrida hacia el dólar que genere una crisis de tipo sistémico que afecte a la economía, para despejar el camino a la implementación de un programa que forma parte de una trama geopolítica, geostratégica y geoeconómica que va mucho más allá de Milei y Bullrich, ya que tiene vasos comunicantes directos con la extrema derecha estadounidense e israelí, así como con los fondos buitre que representan lo peor de la financierización del sistema capitalista.

Y si para muestra alcanza con un botón, en una reciente entrevista brindada a La Nación +, Milei aseveró que tiene los fondos para dolarizar, aunque aclaró que no puede revelar el nombre de quienes son con los que negoció la gauchada, porque “hay acuerdos de confidencialidad para estas operaciones”. Pero cuando le preguntaron si se trata del fondo de inversiones BlackRock, el guiño resultó inocultable cuando sostuvo que la cueva presidida por Laurence Fink, “tiene parte del capital accionario de los bancos privados más grandes de Argentina y es el principal acreedor privado con títulos de deuda de nuestro país, mayoritariamente con jurisdicción extranjera”.

 

No es error, no es exceso

 

¿Pero acaso será que esto es sólo una historia de cueveros que merece pasar rápidamente a la sección Policiales? ¿Puede ser que lo de Milei y sus laderos sea apenas una suerte de sucesión de actos de irresponsabilidad, algo causal y atribuible a la falta de experiencia política o a la inestabilidad emocional del candidato? ¿Será apenas un exceso verbal de un candidato excéntrico?

Lejos de eso, todo parece indicar que lo de la semana pasada fue un capítulo más de una estrategia que ya tuvo varios hitos entre los que quizás el más destacado por su peligrosidad, sea el que inauguró Victoria Villarruel con la mirada reivindicativa del genocidio perpetrado por la última dictadura. Y todo esto tiene que ver con una idea fundacional que La Libertad Avanza hace explícita, desde la que se pretende que su liderazgo tiene una suerte de misión mesiánica de hacer tabla rasa de todo lo que el sistema político y la sociedad argentina construyó, para reemplazarlo por un nuevo orden.

En esto también hay una similitud pasmosa con lo plateando por los golpistas de 1976 que, a diferencia de otros gobiernos de facto anteriores, enunciaban que el suyo era un Proceso de Reorganización. Por eso es que además de cargar contra comunistas, el discurso de Milei hace lo propio contra peronistas y radicales, sindicalistas, movimientos sociales y la Iglesia Católico Apostólico Romana. Y hasta se permitió hacer un desplante al Coloquio de Idea. Eso sí, en la lista de sus desaires no aparecen las Fuerzas Armadas ni la Policía, ya que es en estos dos actores en los que piensa sustentar un eventual gobierno suyo en el -tal como lo anunció- espera implementar rápidamente una agenda de superajuste sin tener mayoría legislativa, pero tampoco gobernadores ni intendentes.

Por eso es que hay que tener claro que lo que se expresa en la puja desatada entre Bullrich y Milei para ver quién es el que se ubica más a la derecha del esquema de representación política, tiene mucho que ver con el carácter totalitario que asume el capitalismo en el actual momento de su crisis y que necesariamente se expande hacia todos los ámbitos de la vida humana.

Esto fomenta, de alguna manera, la incapacidad de la sociedad para autoanalizarse y comprender cuál es la naturaleza de aquello que provoca esta decadencia que abarca aspectos ideológicos, económicos y culturales del propio cuerpo social. Y, por otra parte, desnuda las limitaciones que presentan los automatismos a los que se suele apelar a modo de reacción política, desde una mirada reformista que en forma creciente resulta insuficiente.

Esto aporta a la hora de comprender de qué va aquello de que transitamos una crisis civilizatoria que tiene que ver, aquí y ahora, con las respuestas que el sistema va improvisando para salir al cruce de los límites con los que se encuentra el capital para poder proseguir con sus ciclos de acumulación.

El relato preponderante a la hora de analizar las responsabilidades del actual atolladero en el que está Argentina, pone el foco en la codicia del universo de las finanzas o a la corrupción de la política, lo que hace suponer que las soluciones pasarían por una conseguir una gestión técnica que sea eficiente ¿Será así la cosa?

Pero estas miradas fenomenológicas olvidan que el capital es en esencia un tipo de relación social, esto es, que lo es como forma civilizatoria y de organización de la sociedad y que, por lo tanto, actúa como relación social. Y por eso su capacidad para construir subjetividad, lo que también ayuda a explicar por qué mayoritariamente, como sociedad aceptamos la naturalización de que “el dólar sube”, en lugar de pensar y actuar contra quiénes son los que suben arbitrariamente su precio con todos los perjuicios que eso trae para los trabajadores.

Porque, precisamente, uno de los principales límites que tiene la voracidad de la clase capitalista, reside en hasta dónde están dispuestos a soportarla los trabajadores. Y es entonces aquí donde cobra todavía más sentido lo de la necesidad de la tarea de reorganizar la lucha de clases.

Es que en cualquiera de los escenarios que se avecinan, el conflicto va a estar presente y es en el conflicto donde se dan las condiciones para que se manifieste de forma más epidérmica la posibilidad de identificar al enemigo de clase y, por lo tanto, la capacidad de autoconstitución de la clase trabajadora frente a las imposiciones del capital y el mercado. Entonces, una vez más, vale recalcar que el que busca encuentra, sobre todo si sabe qué y donde buscar, pero antes y de cara a las Presidenciales, habrá que cruzar el Rubicón.