Bajo la cáscara de un supuesto “acuerdo comercial”, el gobierno de Javier Milei consagró un alineamiento incondicional con Estados Unidos, aceptando obligaciones que profundizan la dependencia económica, regulatoria y geopolítica de la Argentina. Con la ampliación de cuotas para exportaciones primarias como contracara de la apertura indiscriminada de bienes industriales y tecnológicos, el entendimiento configura, tal como denunció el Secretario de Relaciones Internacionales del Partido Comunista, Marcelo Rodríguez, “una nueva etapa de sumisión a una potencia en declive que busca recomponer su hegemonía en la región”.
“Es un acuerdo que debe ser repudiado y confrontado por toda la sociedad porque va a tener consecuencias nefastas para nuestra economía y agravará el sometimiento político al cual el gobierno de Milei ya nos tiene acostumbrados”, denunció Marcelo Rodríguez, Secretario de Relaciones Internacionales del Partido Comunista de la Argentina. La lectura atenta de los ítems de este nuevo capítulo de “relaciones carnales” con el Imperio no deja margen a equívocos, aseveró el dirigente del PC. Lo que el gobierno presenta como un “acuerdo comercial” con Estados Unidos es, en los hechos, un acta de sometimiento. No se trata de un entendimiento entre partes soberanas sino de la “aceptación explícita de un esquema de subordinación económica, regulatoria y geopolítica a una potencia en decadencia que busca recomponer su dominio en América Latina” indicó Rodríguez.
En tal sentido, agregó que “el reciente acuerdo firmado entre Argentina y Estados Unidos es una muestra más del alineamiento feroz a los dictámenes de la administración Trump que el gobierno argentino lleva adelante” sostuvo el responsable de Relaciones Internacionales del PCA. Y agregó: “Es un acuerdo en el cual se marcan sobre todo las obligaciones que asume Argentina con respecto a su subordinación a las políticas económicas estadounidenses y en ningún momento tiene en cuenta la defensa de nuestra soberanía ni de la producción local”.
La llamada “letra chica” confirma lo esencial: la Argentina reduce o elimina aranceles para más de 1.600 productos, acepta estándares regulatorios norteamericanos y abre sectores estratégicos a una competencia profundamente asimétrica. A cambio, se le promete la ampliación del cupo de exportación de carne vacuna —de 20.000 a 100.000 toneladas anuales— y la posibilidad de incrementar exportaciones por unos 1.000 millones de dólares.
El modelo es transparente en tanto exige primarización, extractivismo y dependencia. Se consolida y refuerza, a partir de la letra del documento, una serie de beneficios para sectores agroexportadores y para la explotación de recursos estratégicos como el litio y el cobre —claves en la disputa global por la transición energética— mientras se expone a la industria nacional a una presión competitiva que puede resultar devastadora. La historia del industricidio de los años noventa con el menemato es un antecedente que se convierte en actualidad. Acero, aluminio, automotrices y autopartistas deberán competir con productos estadounidenses en condiciones desiguales, sin políticas de protección ni planificación industrial. La pelea de los trabajadores del cordón industrial que va de Zárate a Rosario, pasando por los distintos centros fabriles del país, son un testimonio de esta destrucción en curso, que este acuerdo viene a rematar.
La aceptación de certificaciones técnicas y regulatorias estadounidenses, presentada como una simplificación burocrática —el caballito de batalla de Sturzenegger para destruir la producción nacional—, implica en realidad una subordinación normativa y, sustantivamente, política. En vez de fortalecer capacidades propias, el gobierno genera las condiciones para que las reglas, diseñadas por y para la economía norteamericana, se conviertan en el marco regulatorio de la economía nacional, en una decisión que tiene como objetivo institucionalizar la dependencia de nuestro país y sujetar su economía a una potencia en franco declive.
Rodríguez fue claro al insistir sobre el trasfondo geopolítico: “Este acuerdo es una muestra más de la política de sometimiento del gobierno de Milei, dejando de lado completamente los intereses del país y cediendo ante las necesidades de los Estados Unidos de tener un mayor control sobre nuestros países y sobre nuestra región”. En un escenario internacional marcado por la disputa entre Estados Unidos y China, el acuerdo no es neutral. “Seguramente si se aprueba en el Congreso este acuerdo, uno de sus objetivos no enunciados pero claros que aparece es el de ir en línea con las exigencias de los Washington de sacar a China de la Argentina”, algo que, si bien no será nada sencillo habida cuenta del fluido comercio entre la mayoría de nuestras provincias y el gigante asiático, como reconoció el dirigente comunista y catedrático especializado en China, “dificultará todo lo que se pueda los acuerdos en curso con la República Popular”.
La potencia que impone condiciones no atraviesa un momento de expansión sino de declive, enfrentando crisis internas, pérdida de competitividad industrial y retrocesos en su hegemonía global. En ese contexto, busca asegurar mercados, recursos estratégicos y alineamientos políticos en su “patio trasero”. El gobierno de Milei, lejos de defender una política exterior autónoma, asume con entusiasmo el papel de socio subordinado. Por ello, Rodríguez remarcó que “es un acuerdo que también ser leído en clave geopolítica, ya que sólo tiene en cuenta los intereses de los Estados Unidos y un gobierno cipayo como el nuestro vuelve a hacer gala de su sumisión a los intereses norteamericanos”.
No hay aquí desarrollo nacional ni integración soberana al mundo. Lo que se intenta presentar como modernización es, en realidad, una profundización de la dependencia. Por lo tanto, el Secretario de Relaciones Internacionales del Partido Comunista advirtió que frente a esta ofensiva, la discusión no es técnica sino política. Se trata, en definitiva, de defender la soberanía productiva, la industria nacional y el derecho del país a decidir su inserción en el mundo sin arrodillarse ante los dictados de Washington. Es por eso que Marcelo Rodríguez afirmó que “este acuerdo debe ser repudiado y confrontado por el conjunto del pueblo argentino”.